Menos de objetividad que de morbo y prensa amarilla -y vendida- hay en toda la parafernalia que ha rodeado este asunto del auto proclamado pastor Javier Soto. La Mesa Ampliada y el Consejo de Pastores -organismos que agrupan a la casi totalidad de las iglesias evangélicas- ya han aclarado que este individuo actúa a título personal y que ni siquiera existe registro de alguna congregación dirigida por él. Sin embargo, los medios de comunicación insisten en presentarlo como un muestreo de los cristianos reformados chilenos, muchos de los cuales por desgracia han pisado el palito, y a través de las redes sociales se han deshecho en elogios para este hombre, a quien consideran el paladín de la valentía que se ha atrevido a trabar la puerta del armario de los gay, incluso a riesgo de cárcel, mientras los integrantes de las instituciones recién mencionadas sólo estarían interesados en congraciarse con el poder político.
Los escupitajos que Javier Soto ha vertido contra los homosexuales no son muy distintos en contenido y finalidad a los que profirió el arzobispo Ricardo Ezzati en su homilía de Navidad, la que además fue transmitida por televisión. La gran diferencia es que el presidente de la Conferencia Episcopal usó ese tono edulcorado de voz grave tan característico de los curas, y que en una situación como esta les entrega un aire de autoridad que a la vez resulta lo suficientemente carismático para no transmitir intenciones represivas. Aparte de que se trata de una persona con vastos estudios de teología (católica, pero en fin...), que es el máximo regente de la iglesia romana local, la que en este país posee un alto grado de influencia. Factor este último que le permite contar con una habitación exclusiva desde donde puede emitir un discurso acompañado de instrumentos que permiten grabarlo, con la seguridad de que luego será difundido por los medios de comunicación. No es un sujeto falto de estudios, de palabras y rasgos faciales hoscos, que especialmente por eso se vea obligado a gritar lo que él considera la verdad en plena calle, o en los reducidos minutos que le otorgan en cuanto espacio lo invitan. Por lo mismo, cuando el sacerdote habla (otrosí, debido a su origen italiano, con un acento extranjero, algo que suele ser apreciado en Chile), en el peor de los casos ha ejercido su derecho a la libertad de expresión, y sólo cabe emitir la propia de manera pausada, respetuosa y con altura de miras. Jamás debe ser comparado con un fanático religioso cuyo único destino tiene que ser la casa de orates.
Hay una cosa que se llama discernimiento de espíritus. Qué va: capacidad de discernir a secas. Por supuesto que la cruzada de Javier Soto puede tener un fin honesto, incluso dentro de los parámetros del cristianismo evangélico. Pero es claro que el método utilizado por este predicador es errado y la prueba de ello es que está provocando más mal que bien. Es cierto que el mensaje de Jesús no terminó siendo muy masivo y que los seguidores honestos se cuentan por unos pocos millares. No obstante, cabe recordar que el Salvador siempre buscó la conversión de todos los seres humanos, y eso es algo que repetimos hasta el cansancio cuando nos topamos con alguien que se decide por el estudio antes que la evangelización. Los mismos que elogian a este pastor por atreverse a quedar como una voz solitaria en un desierto de incrédulos, son los que luego aseveran que la única prioridad es ganar almas y que quien se detiene por otros menesteres es un tibio que se transformará en vómito divino. La comparación con Juan tampoco resiste análisis. El Bautista se fue en contra de un poderoso de altos quilates y la evidencia de eso está en su final. Mucho mayor a unos dirigentes homosexuales o unos parlamentarios de una democracia representativa. En realidad, si quisiera pavonearse con perros peligrosos debería entonces abordar a esos magnates empresariales que está siendo acusados por evasión de impuestos, o que han protagonizado desastres ecológicos como el de Quintero. Más aún: sus actitudes pueden calificarse de sectarias, y los hermanos que lo defienden a rajatabla, con una similar falta de racionalidad, podrían ser acusados de marchar tras un determinado sujeto antes que el propio Cristo. Y en cualquier caso por sus frutos los conoceréis, y en tal sentido no es muy adecuado a la doctrina vanagloriarse de haber vaticinado una catástrofe natural como el incendio de Valparaíso o alegrarse porque el líder de los gay es internado por un accidente vascular, debido a su supuesta vinculación con un castigo divino producto de la inmoralidad (ni los profetas lo hicieron cuando vieron sus advertencias consumadas), cuando lo correcto es esperar la rectificación de tales personas y orar por ellos pese a no estar convertido cuando se hallan en un enredo difícil.
Personajes pintorescos como Javier Soto han existido de antaño. Un buen ejemplo es Hugo Muñoz, el llamado Profeta de Peñalolén, famoso por justificar con la Biblia la tenencia de seis mujeres y quien, por cierto, ha emitido discursos contra los gay igualmente furibundos. El apóstol Juan ya lo decía. Es preciso distinguir la cizaña del trigo y aislar a los falsos maestros, incluso a quienes aparecen con discursos coincidentes con la doctrina, al menos en los aspectos morales más vistosos. Así mismo, hay que contar con el tino para notar el momento en que un hermano se ha equivocado, y procurar que enmiende su error, ya que si persiste en él las consecuencias pueden ser catastróficas, como divisiones al interior de las iglesias y malas influencias en la sociedad. Si este predicador es un auténtico cristiano, antes de gritar sin ton ni son debiera preguntarse si es el Señor quien habla a través de él, como por lo demás asevera que debe ser el estado de un hombre de Dios.
domingo, 28 de diciembre de 2014
domingo, 14 de diciembre de 2014
El Pesebre de la Agnóstica
A menos de una semana de ser instalado, el pesebre gigante que durante diciembre adornará el frontis del palacio de La Moneda, ya ha sido objeto de un interesante debate en las redes sociales. Mientras sus partidarios defienden la iniciativa aseverando que Chile es un país de tradición cristiana donde además la celebración navideña ha arraigado con gran profundidad en la cultura popular, sus detractores -que son la mayoría- reclaman por el alto costo que significó su construcción y montaje -unos quince millones de pesos- en una época de contracción económica, fuera de que añaden que el Estado está separado de cualquier iglesia o religión desde 1925, y a partir de entonces se ha definido como laico. De cualquier manera, salvo una observación puntual de un colectivo de ateos, quienes se sustentaron en el segundo de los puntos recién expuestos, ningún otro grupo de quienes han expresado su rechazo a la obra ha efectuado alguna protesta, ya sea a través de un escrito formal, o en la calle o los medios de comunicación.
Cabe señalar que el mencionado argumento de la oficialidad laica (que fue de algún modo deslizado por el vocero de gobierno, durante su intervención en favor de la erección del discutido nacimiento, cuando acotó que en Chile se respetaban todas las creencias) es muy contundente como objeción a la construcción de esta obra. Pero no sólo por sus causas más obvias -reiteradas hasta el cansancio cuando en cualquier lugar del primer mundo se genera una polémica de características equivalentes-, sino también cuando se entran a comparar tanto la naturaleza de esta iniciativa con la de la actual administración ejecutiva, liderada por una presidente agnóstica que nunca ha mostrado interés por afiliarse a un determinado credo. Rasgo que se extiende a la mayoría de sus asesores, que en el mejor de los casos, si llegan a declarar la simpatía por alguna religión, prefieren, por un asunto de principios, guardarla para su ámbito privado y evitar mostrarla en público, en el afán de no provocar confusiones entre los ciudadanos, que podrían sentir que no se legisla para el bienestar de la totalidad de los chilenos (irónicamente, eso es lo que está sucediendo ahora con la decisión del pesebre), lo cual a la larga pone en duda aquello de la vocación de servicio imparcial. Todo, enmarcado en una alianza política de ideología socialdemócrata y progresista, quienes justamente suelen optar por tomar distancia de los organismos eclesiásticos a la hora de impulsar sus agendas y programas.
¿Por qué entonces, una administración con tales características, toma una determinación confusa tanto para sus votantes como sus adversarios? Curiosamente, una respuesta podría hallarse precisamente en este eslogan de "legislar para todos los chilenos", al satisfacer las inquietudes de uno de los grupos más visibles de la sociedad. Ello pese a la ofensa de otros, que debido a su poca figuración pública suelen ser considerados una minoría, cuando a veces es todo lo contrario. Sin embargo, la explicación podría requerir de menos abstracción filosófica y ser asentada en la contingencia política. La serie de reformas que esta legislatura planea realizar, como el cambio del sistema educacional y la aprobación del aborto, han ocasionado un fuerte conflicto con la iglesia católica, que cuenta con importantes intereses tanto en esos ítemes como en otros, y que además, por la tendencia reaccionaria de sus dirigentes, ha ocupado el lugar que la oposición partidista ha sido incapaz de ejercer durante todo este periodo, ya que aún no se recupera de los desastrosos resultados arrojados en las elecciones del año anterior. Dichas modificaciones tampoco han sido bien recibidas por un sector muy influyente de los empresarios, quienes poseen excelentes canales de comunicación mutua con obispos y políticos derechistas. ¿Nos enfrentamos a un intento por apaciguar los ánimos, mediante una demostración de que el actual ejecutivo no arrastrará a la nación al despeñadero, como algunos auguran, por desacatar las órdenes divinas, las cuales van mucho más allá del ámbito espiritual? Una peculiar tregua navideña.
Como anécdota final, resulta interesante notar que ningún grupo religioso ha alegado por el excesivo costo que implicó la instalación del pesebre, que también es un argumento a considerar. La débil defensa del vocero de gobierno, incluyó la mención al hecho de que en palacio existen tres capellanes: uno católico, otro evangélico y un tercero judío, y que el nacimiento incluía símbolos de esos credos, algo que por cierto no dejó contentos a los ateos. La verdad es que el gran problema es que el armatoste en cuestión no tiene una finalidad espiritual. Sino que, de igual forma que ocurre con esos dictadores y jerarcas que ordenan la construcción de fastuosas catedrales a fin de obtener las indulgencias de rigor, esta obra ha sido guiada por la hipocresía y por un afán de aparentar. A la manera de una administración de tendencia progresista, pero cuyos últimos resultados son idénticos a las demás.
Cabe señalar que el mencionado argumento de la oficialidad laica (que fue de algún modo deslizado por el vocero de gobierno, durante su intervención en favor de la erección del discutido nacimiento, cuando acotó que en Chile se respetaban todas las creencias) es muy contundente como objeción a la construcción de esta obra. Pero no sólo por sus causas más obvias -reiteradas hasta el cansancio cuando en cualquier lugar del primer mundo se genera una polémica de características equivalentes-, sino también cuando se entran a comparar tanto la naturaleza de esta iniciativa con la de la actual administración ejecutiva, liderada por una presidente agnóstica que nunca ha mostrado interés por afiliarse a un determinado credo. Rasgo que se extiende a la mayoría de sus asesores, que en el mejor de los casos, si llegan a declarar la simpatía por alguna religión, prefieren, por un asunto de principios, guardarla para su ámbito privado y evitar mostrarla en público, en el afán de no provocar confusiones entre los ciudadanos, que podrían sentir que no se legisla para el bienestar de la totalidad de los chilenos (irónicamente, eso es lo que está sucediendo ahora con la decisión del pesebre), lo cual a la larga pone en duda aquello de la vocación de servicio imparcial. Todo, enmarcado en una alianza política de ideología socialdemócrata y progresista, quienes justamente suelen optar por tomar distancia de los organismos eclesiásticos a la hora de impulsar sus agendas y programas.
¿Por qué entonces, una administración con tales características, toma una determinación confusa tanto para sus votantes como sus adversarios? Curiosamente, una respuesta podría hallarse precisamente en este eslogan de "legislar para todos los chilenos", al satisfacer las inquietudes de uno de los grupos más visibles de la sociedad. Ello pese a la ofensa de otros, que debido a su poca figuración pública suelen ser considerados una minoría, cuando a veces es todo lo contrario. Sin embargo, la explicación podría requerir de menos abstracción filosófica y ser asentada en la contingencia política. La serie de reformas que esta legislatura planea realizar, como el cambio del sistema educacional y la aprobación del aborto, han ocasionado un fuerte conflicto con la iglesia católica, que cuenta con importantes intereses tanto en esos ítemes como en otros, y que además, por la tendencia reaccionaria de sus dirigentes, ha ocupado el lugar que la oposición partidista ha sido incapaz de ejercer durante todo este periodo, ya que aún no se recupera de los desastrosos resultados arrojados en las elecciones del año anterior. Dichas modificaciones tampoco han sido bien recibidas por un sector muy influyente de los empresarios, quienes poseen excelentes canales de comunicación mutua con obispos y políticos derechistas. ¿Nos enfrentamos a un intento por apaciguar los ánimos, mediante una demostración de que el actual ejecutivo no arrastrará a la nación al despeñadero, como algunos auguran, por desacatar las órdenes divinas, las cuales van mucho más allá del ámbito espiritual? Una peculiar tregua navideña.
Como anécdota final, resulta interesante notar que ningún grupo religioso ha alegado por el excesivo costo que implicó la instalación del pesebre, que también es un argumento a considerar. La débil defensa del vocero de gobierno, incluyó la mención al hecho de que en palacio existen tres capellanes: uno católico, otro evangélico y un tercero judío, y que el nacimiento incluía símbolos de esos credos, algo que por cierto no dejó contentos a los ateos. La verdad es que el gran problema es que el armatoste en cuestión no tiene una finalidad espiritual. Sino que, de igual forma que ocurre con esos dictadores y jerarcas que ordenan la construcción de fastuosas catedrales a fin de obtener las indulgencias de rigor, esta obra ha sido guiada por la hipocresía y por un afán de aparentar. A la manera de una administración de tendencia progresista, pero cuyos últimos resultados son idénticos a las demás.
domingo, 30 de noviembre de 2014
Un Bandido Mexicano
Cada vez que observo las noticias acerca del secuestro de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa, se me vienen a la cabeza aquellas imágenes caricaturescas que la televisión norteamericana, desde los western hasta los dibujos animados de la Warner, nos ha legado como una interpretación estereotipada que ellos finalmente extienden al conjunto de los latinoamericanos. En cuya población, a su vez, dichas producciones han dado origen a una serie de prejuicios cognitivos respecto del vecino sureño de Estados Unidos, algunas relacionadas con una supuesta cultura de la violencia, como el dicho "tiene más dinero que un bandido mexicano".
Lo curioso es que todo parece confirmar que los mismos mexicanos tienen asumido que ésa es una marca registrada de su país, lo cual tienden a remarcar tanto en términos negativos como positivos. Por ejemplo, en esa mezcla de pop, folk y kitsch que son los corridos, de los que en el último tiempo ha llamado la atención una variante que pretende glorificar a los traficantes de drogas, pero que desde siempre han descrito casos de esposos que asesinan a sus cónyuges sólo porque intuyen que les son infieles, en una especie de ajusticiamiento con carácter aleccionador. Está también la estructura política actual -la misma que se halla infestada hasta los cimientos de corrupción-, originada tras un sangriento proceso revolucionario que acabó en un consenso no exento de traiciones y puñaladas por la espalda. Y esas telenovelas maniqueas hasta lo más insoportable, con esos ricos intrínsecamente malos que los mismos libretistas se encargan de demostrar que son minoría entre su clase, forma muy sugestiva de señalar la existencia de problemas históricos como la desigualdad y el abuso de poder, aunque sin asomarse siquiera al ámbito de la denuncia, que después de todo los acaudalados controlan las cadenas de televisión. O esas cantantes histéricas que parece que te van a lanzar una silla en pleno rostro, y que en cierto modo son la respuesta a la exaltación del patriarcado que abunda en los ya mencionados corridos.
Al final, esto rebota en Hollywood, que exporta una enorme cantidad de filmes en los que los mexicanos aparecen como pistoleros o vendedores de drogas. Es en realidad un estigma que se extrapola a todos los latinoamericanos, pero que como toda actividad que busca ganar dinero de la forma más rápida posible, no considera la investigación y prefiere echar mano a lo primero que encuentra, y la víctima es el país que inmediatamente se halla al sur, que además está muy cerca de California, que por su parte recibe un alto flujo de inmigrantes desde él. El asunto radica en que, si entendemos que el arte, incluso el de mala calidad, es un reflejo de la realidad, luego debemos admitir que tales aberraciones son mostradas en el cine porque constituyen el diario vivir en México. Y eso es algo que no sólo se puede descubrir en los medios y las expresiones descritas en el párrafo anterior. Sino que se puede rastrear en la historia de la nación azteca, a partir justamente de la manera en que Hernán Cortés arrasó con ese pueblo (felizmente la mentalidad mexicana ha terminado repudiando al conquistador español); más tarde, la hegemonía de la iglesia católica, que a través de sus obispos o de grupos mercenarios bien pagados o convencidos trató de frenar los avances de orden liberal y progresista ("ahorita", usando una expresión común al mexicano de a pie, se están sucediendo en Chiapas una serie de agresiones y atentados contra las comunidades evangélicas sitas allí, de parte del mismo obispado que ha recibido halagos internacionales por su supuesta denuncia de las anomalías sociales existentes ahí), y luego, las diversas estratagemas que los revolucionarios institucionales, en alianza con los patrones de siempre, con quienes pactaron de manera muy conveniente, han efectuado para perpetuarse en la cima.
En alguna ocasión el escritor Carlos Fuentes señaló que México se había constituido a base de tragedias, y él mencionó tres que en su opinión fueron las más relevantes: la pérdida de la mitad del territorio en la guerra contra Estados Unidos, la dictadura de Porfirio Díaz -a la que siguió la mencionada Revolución- y la masacre de universitarios en Tlatelolco en 1968. Dicen por ahí que los sucesos dolorosos dan origen a notables creaciones culturales y artísticas. Y allí quizá esté un aspecto positivo que ha ocasionado esta espiral ancestral de violencia. La aparición de un pensamiento crítico que se ha ramificado en una multitud de autores y en las más variadas expresiones artísticas. Una riqueza que no sólo han valorado los connacionales, sino que también extranjeros muy instruidos como Gabriela Mistral, quienes le han comunicado al mundo que este país es mucho más que balazos y pillaje. Ojalá esa opinión divergente y diversa se continúe cuestionando los aspectos negativos con firmeza, que eso será la única forma de superar la violencia.
Lo curioso es que todo parece confirmar que los mismos mexicanos tienen asumido que ésa es una marca registrada de su país, lo cual tienden a remarcar tanto en términos negativos como positivos. Por ejemplo, en esa mezcla de pop, folk y kitsch que son los corridos, de los que en el último tiempo ha llamado la atención una variante que pretende glorificar a los traficantes de drogas, pero que desde siempre han descrito casos de esposos que asesinan a sus cónyuges sólo porque intuyen que les son infieles, en una especie de ajusticiamiento con carácter aleccionador. Está también la estructura política actual -la misma que se halla infestada hasta los cimientos de corrupción-, originada tras un sangriento proceso revolucionario que acabó en un consenso no exento de traiciones y puñaladas por la espalda. Y esas telenovelas maniqueas hasta lo más insoportable, con esos ricos intrínsecamente malos que los mismos libretistas se encargan de demostrar que son minoría entre su clase, forma muy sugestiva de señalar la existencia de problemas históricos como la desigualdad y el abuso de poder, aunque sin asomarse siquiera al ámbito de la denuncia, que después de todo los acaudalados controlan las cadenas de televisión. O esas cantantes histéricas que parece que te van a lanzar una silla en pleno rostro, y que en cierto modo son la respuesta a la exaltación del patriarcado que abunda en los ya mencionados corridos.
Al final, esto rebota en Hollywood, que exporta una enorme cantidad de filmes en los que los mexicanos aparecen como pistoleros o vendedores de drogas. Es en realidad un estigma que se extrapola a todos los latinoamericanos, pero que como toda actividad que busca ganar dinero de la forma más rápida posible, no considera la investigación y prefiere echar mano a lo primero que encuentra, y la víctima es el país que inmediatamente se halla al sur, que además está muy cerca de California, que por su parte recibe un alto flujo de inmigrantes desde él. El asunto radica en que, si entendemos que el arte, incluso el de mala calidad, es un reflejo de la realidad, luego debemos admitir que tales aberraciones son mostradas en el cine porque constituyen el diario vivir en México. Y eso es algo que no sólo se puede descubrir en los medios y las expresiones descritas en el párrafo anterior. Sino que se puede rastrear en la historia de la nación azteca, a partir justamente de la manera en que Hernán Cortés arrasó con ese pueblo (felizmente la mentalidad mexicana ha terminado repudiando al conquistador español); más tarde, la hegemonía de la iglesia católica, que a través de sus obispos o de grupos mercenarios bien pagados o convencidos trató de frenar los avances de orden liberal y progresista ("ahorita", usando una expresión común al mexicano de a pie, se están sucediendo en Chiapas una serie de agresiones y atentados contra las comunidades evangélicas sitas allí, de parte del mismo obispado que ha recibido halagos internacionales por su supuesta denuncia de las anomalías sociales existentes ahí), y luego, las diversas estratagemas que los revolucionarios institucionales, en alianza con los patrones de siempre, con quienes pactaron de manera muy conveniente, han efectuado para perpetuarse en la cima.
En alguna ocasión el escritor Carlos Fuentes señaló que México se había constituido a base de tragedias, y él mencionó tres que en su opinión fueron las más relevantes: la pérdida de la mitad del territorio en la guerra contra Estados Unidos, la dictadura de Porfirio Díaz -a la que siguió la mencionada Revolución- y la masacre de universitarios en Tlatelolco en 1968. Dicen por ahí que los sucesos dolorosos dan origen a notables creaciones culturales y artísticas. Y allí quizá esté un aspecto positivo que ha ocasionado esta espiral ancestral de violencia. La aparición de un pensamiento crítico que se ha ramificado en una multitud de autores y en las más variadas expresiones artísticas. Una riqueza que no sólo han valorado los connacionales, sino que también extranjeros muy instruidos como Gabriela Mistral, quienes le han comunicado al mundo que este país es mucho más que balazos y pillaje. Ojalá esa opinión divergente y diversa se continúe cuestionando los aspectos negativos con firmeza, que eso será la única forma de superar la violencia.
domingo, 16 de noviembre de 2014
Un Año de Incertidumbre Para La Teletón
Si hay algo que debiera preocupar a los responsables de La Teletón es el bajo nivel de entusiasmo que la campaña ha generado este año. Algo que se percibe en el ambiente, pese a que nadie se ha detenido a hacer un análisis, ya sea por falta de tiempo, o simplemente de atrevimiento, dado el tenor del evento que estaría sujeto a esa eventual revisión. Por supuesto que los menos interesados en efectuar una reflexión así son los involucrados, quienes además pueden mostrar los resultados de las convocatorias anteriores, que pese a a los inconvenientes que se suscitaron en su momento, sin embargo fueron sacadas adelante. Si bien entre las cifras se puede encontrar un fracaso, el de 2003, oportunidad en que claramente no se alcanzó a reunir lo recaudado, aunque los círculos oficiales recurran a varias artimañas semánticas para no considerarlo así.
Para comenzar, es evidente que la campaña no ha prendido como en años anteriores. Los anuncios publicitarios, tanto de La Teletón en sí como de las firmas comerciales que ofrecen un donativo por la venta de un artículo escogido, empezaron más tarde de lo acostumbrado, y su frecuencia en los medios de comunicación es más distanciada. En ellos, además, ya no se incluye el eslogan "prefiera los productos que están en...", que antaño era divulgado como una manera de provocar una obligación moral en los potenciales clientes. Tampoco las callen lucen atiborradas de lienzos, ya sea colgados en los postes o puestos a nivel del suelo, en un paisaje que no se diferenciaba mucho de la previa a una elección política. Incluso -y éste es un detalle por decir lo menos curioso- de los seis canales de televisión abierta que transmiten el evento, sólo dos -La Red y Telecanal- han colocado al costado alto el característico logotipo de la cruz de Malta con la expresión "faltan 15 días", o los que queden antes del inicio de las denominadas veintisiete horas de amor. Ninguna de las estaciones con mayor convocatoria lo ha hecho, remitiéndose a un recordatorio al término del noticiario central -pero no de las ediciones matinales o vespertinas-. Para colmo, las revistas y suplementos de espectáculos, me parece que por primera vez, se han atrevido a informar sobre las alternativas que la tv paga -que hoy llega a un segmento importante de la población, ya sea de modo formal o a través de los decodificadores de libre recepción- ofrece durante la realización del evento.
A esto, claro está, se suman factores externos. Las acusaciones por evasión de impuestos y falsificación de boletas en contra del magnate Carlos Alberto Délano, propietario del grupo Penta y uno de los socios benefactores más influyentes de La Teletón -dentro y fuera del área que concierne al evento- es un factor que ocasiona escepticismo en la población, a lo que se suma el hecho de que este acaudalado empresario es muy cercano a la derecha criada con Pinochet y a la iglesia católica, grupos que a su vez están siendo severamente cuestionados por el grueso de los habitantes debido a distintas causas. Una coyuntura que no ha sido abordada por los responsables de La Teletón, más allá de destacar la renuncia del mencionado Délano al directorio de la fundación. Se entiende en esto la intención de no desviar la atención de lo más importante, que es la campaña -y sus beneficiarios, los niños lisiados, que no por nada recién nos acordamos de ellos-. Pero la percepción es que los involucrados están oliendo la sensación de hastío general la cual también los ha afectado, y prefieren rendirse ante la dejación, con la idea de que una intervención altisonante sólo empeorará las cosas, confiados finalmente en los réditos positivos que el evento ha otorgado en jornadas pasadas. Cabe agregar que ni siquiera Don Francisco se ha paseado por los estudios de las distintas señales contestando las entrevistas cliché que suele conceder en estos tiempos, lo que ha incidido en que animadores y conductores que ya se colocaban entusiastas a esta altura del mes apenas mencionen la obra de las veintisiete horas. De las que todavía desconocemos cómo se van a desarrollar, ya que por ejemplo nadie ha mencionado esos desafíos tales como reunir a una determinada cantidad de motoristas o parejas besándose para así una dispuesta casa comercial aumente sus donaciones.
En un año, el 2014, en que una serie de cimientos sociales que han sostenido al país durante décadas están comenzando no a ser objetados, sino directamente rechazados, La Teletón, que por sus características ha salido casi siempre incólume de las contingencias que la rodean, también podría acabar siendo víctima de la aspiradora. Hasta cierto punto eso podría resultar positivo, ya que esto serviría para plantear una solución respecto de los elementos hipócritas que rodean la campaña, y que son uno de los factores que provoca la abulia actual. O mejor, cambiar la manera en como se aborda el asunto de los lisiados físicos, ya que los mismos beneficiarios de este evento sienten, más allá de los agradecimientos que les expresan, que no obstante su realización despierta hacia ellos un sentimiento de extrema compasión que los incomoda. Aunque también, tratándose de un acontecimiento como éste, podría hacerme equivocar.
Para comenzar, es evidente que la campaña no ha prendido como en años anteriores. Los anuncios publicitarios, tanto de La Teletón en sí como de las firmas comerciales que ofrecen un donativo por la venta de un artículo escogido, empezaron más tarde de lo acostumbrado, y su frecuencia en los medios de comunicación es más distanciada. En ellos, además, ya no se incluye el eslogan "prefiera los productos que están en...", que antaño era divulgado como una manera de provocar una obligación moral en los potenciales clientes. Tampoco las callen lucen atiborradas de lienzos, ya sea colgados en los postes o puestos a nivel del suelo, en un paisaje que no se diferenciaba mucho de la previa a una elección política. Incluso -y éste es un detalle por decir lo menos curioso- de los seis canales de televisión abierta que transmiten el evento, sólo dos -La Red y Telecanal- han colocado al costado alto el característico logotipo de la cruz de Malta con la expresión "faltan 15 días", o los que queden antes del inicio de las denominadas veintisiete horas de amor. Ninguna de las estaciones con mayor convocatoria lo ha hecho, remitiéndose a un recordatorio al término del noticiario central -pero no de las ediciones matinales o vespertinas-. Para colmo, las revistas y suplementos de espectáculos, me parece que por primera vez, se han atrevido a informar sobre las alternativas que la tv paga -que hoy llega a un segmento importante de la población, ya sea de modo formal o a través de los decodificadores de libre recepción- ofrece durante la realización del evento.
A esto, claro está, se suman factores externos. Las acusaciones por evasión de impuestos y falsificación de boletas en contra del magnate Carlos Alberto Délano, propietario del grupo Penta y uno de los socios benefactores más influyentes de La Teletón -dentro y fuera del área que concierne al evento- es un factor que ocasiona escepticismo en la población, a lo que se suma el hecho de que este acaudalado empresario es muy cercano a la derecha criada con Pinochet y a la iglesia católica, grupos que a su vez están siendo severamente cuestionados por el grueso de los habitantes debido a distintas causas. Una coyuntura que no ha sido abordada por los responsables de La Teletón, más allá de destacar la renuncia del mencionado Délano al directorio de la fundación. Se entiende en esto la intención de no desviar la atención de lo más importante, que es la campaña -y sus beneficiarios, los niños lisiados, que no por nada recién nos acordamos de ellos-. Pero la percepción es que los involucrados están oliendo la sensación de hastío general la cual también los ha afectado, y prefieren rendirse ante la dejación, con la idea de que una intervención altisonante sólo empeorará las cosas, confiados finalmente en los réditos positivos que el evento ha otorgado en jornadas pasadas. Cabe agregar que ni siquiera Don Francisco se ha paseado por los estudios de las distintas señales contestando las entrevistas cliché que suele conceder en estos tiempos, lo que ha incidido en que animadores y conductores que ya se colocaban entusiastas a esta altura del mes apenas mencionen la obra de las veintisiete horas. De las que todavía desconocemos cómo se van a desarrollar, ya que por ejemplo nadie ha mencionado esos desafíos tales como reunir a una determinada cantidad de motoristas o parejas besándose para así una dispuesta casa comercial aumente sus donaciones.
En un año, el 2014, en que una serie de cimientos sociales que han sostenido al país durante décadas están comenzando no a ser objetados, sino directamente rechazados, La Teletón, que por sus características ha salido casi siempre incólume de las contingencias que la rodean, también podría acabar siendo víctima de la aspiradora. Hasta cierto punto eso podría resultar positivo, ya que esto serviría para plantear una solución respecto de los elementos hipócritas que rodean la campaña, y que son uno de los factores que provoca la abulia actual. O mejor, cambiar la manera en como se aborda el asunto de los lisiados físicos, ya que los mismos beneficiarios de este evento sienten, más allá de los agradecimientos que les expresan, que no obstante su realización despierta hacia ellos un sentimiento de extrema compasión que los incomoda. Aunque también, tratándose de un acontecimiento como éste, podría hacerme equivocar.
domingo, 26 de octubre de 2014
Subvenciones: El Fin de La Fiesta
Como era de esperar, la aprobación de la reforma educacional en la cámara de diputados generó una reacción enérgica entre los sostenedores de colegios particulares subvencionados, así como de los sectores políticos que los apoyan, por el apartado que los obliga a transformar sus establecimientos en instituciones sin fines de lucro, en un afán de que los dineros que reciben -buena parte de ellos entregados por el Estado- sean destinados a mejorar las escuelas que tienen a cargo en lugar de desviados a actividades personales. Para el próximo trámite, la discusión en el Senado, se espera que estos grupos desplieguen una amplia gama de protestas, entre las cuales no deberían estar ausentes las marchas callejeras, en donde de seguro los dueños de estas instituciones convocarán a apoderados y alumnos, no sabemos si de forma voluntaria o mediante amenazas.
Antes que nada, es preciso recalcar que en la actualidad el total de la educación pública requiere una cirugía mayor, y eso necesariamente debe incluir a los colegios subvencionados, ya que reciben fondos públicos para su labor, sin los cuales por lo demás simplemente no existirían. Y si nos atenemos a los números que arroja este tipo de establecimientos, vemos que dejan bastante que desear. Para empezar, su tasa de logros no difiere demasiado de sus pares municipales: si ellos tienen un nivel del cuarenta y ocho por ciento, en los regentados alcanza el cincuenta y cinco por ciento. Diferencia casi insignificante que además no es producida por la totalidad de las escuelas subsidiadas, sino por conjunto específico que pertenece a alguna fundación o congregación religiosa. Lo cual tampoco es motivo de alegría -más bien todo lo contrario- pues este segmento se caracteriza por cobrar aranceles bastantes altos que ya alejan de sus aulas a ciertos estamentos sociales, fuera de que en muchos casos sólo permiten el ingreso de jóvenes que profesan el credo que ellos practican, aparte de que varios son segregados por género -principalmente femeninos- lo que impulsa a sus autoridades a impartir una enseñanza supeditada a los roles tradicionales que se le asignan a varones o mujeres.
La sola exposición de estos datos debiera ser suficiente para impulsar la iniciativa de acabar con la educación meramente lucrativa. El sistema de colegios subvencionados -que es preciso recordar abarca el total de la instrucción pública, pues los municipales cuentan con sus propios sostenedores, que son los alcaldes- ha demostrado ser un rotundo fracaso. Es inaceptable que personas que viven -en algunos casos de modo bastante holgado- con recursos estatales a la larga quieran mantener esa condición y sean incapaces de crear una alternativa viable, para colmo en un tema tan sensible para el desarrollo de un país como es la enseñanza. Se trata simplemente aplicar la ecuación lógica de trabajo bien hecho trabajo remunerado. Tampoco es correcto el proceder de aquellos establecimientos que se salvan merced a su calidad, pues reciben fondos del erario público a la vez que excluyen a un sector importante de la población. Por otro lado, el argumento de la libre elección de los padres es una opinión vergonzosa. Está sustentado en el hecho de que si todos los institutos que perciben dinero de los contribuyentes se guían por un manejo en términos pecuniarios más o menos uniforme, entonces se mezclarán niños que quieren aprender con otros que provendrían de hogares destruidos cuyos apoderados expresan la más mínima educación y que por ende sólo asistirían a la escuela a hacer desorden, constituyéndose en manzanas podridas. Un argumento que no resiste el mayor análisis. Sencillamente, quienes así piensan descansan en los eventuales valores que los muchachos traen de sus casas y no les interesa inculcar conocimientos útiles para el desarrollo personal y el espíritu crítico. Fuera de que se han suscitado situaciones de alumnos de locales subvencionados que sólo asisten a clases para jorobar a sus compañeros y a los profesores, y vaya uno a advertirle al encargado respectivo.
En términos individuales, debo aclarar que estoy en desacuerdo con ciertos artículos de la reforma, como el fin de la selección. Si uno de los propósitos de todos estos libelos es asegurar que los jóvenes de escasos recursos accedan a una educación especializada que esté de acuerdo con sus inquietudes personales, entonces es preciso distinguir las habilidades particulares ya en el inicio de la enseñanza secundaria (en la primaria no es tan necesario, en todo caso). Lo otro que es imprescindible revisar es el acuerdo al que el gobierno llegó con la iglesia católica, quizá porque los colegios dependientes de congregaciones o diocesanos se hallan entre los de aceptable calidad media, aunque con altos índices de segregación. Sin embargo, los sostenedores que alegan así como los políticos que los respaldan, lo hacen porque sienten que se les acabó la fiesta, y pretenden que los niños y adultos a quienes en muchas ocasiones mal educan se sumen su resaca.
Antes que nada, es preciso recalcar que en la actualidad el total de la educación pública requiere una cirugía mayor, y eso necesariamente debe incluir a los colegios subvencionados, ya que reciben fondos públicos para su labor, sin los cuales por lo demás simplemente no existirían. Y si nos atenemos a los números que arroja este tipo de establecimientos, vemos que dejan bastante que desear. Para empezar, su tasa de logros no difiere demasiado de sus pares municipales: si ellos tienen un nivel del cuarenta y ocho por ciento, en los regentados alcanza el cincuenta y cinco por ciento. Diferencia casi insignificante que además no es producida por la totalidad de las escuelas subsidiadas, sino por conjunto específico que pertenece a alguna fundación o congregación religiosa. Lo cual tampoco es motivo de alegría -más bien todo lo contrario- pues este segmento se caracteriza por cobrar aranceles bastantes altos que ya alejan de sus aulas a ciertos estamentos sociales, fuera de que en muchos casos sólo permiten el ingreso de jóvenes que profesan el credo que ellos practican, aparte de que varios son segregados por género -principalmente femeninos- lo que impulsa a sus autoridades a impartir una enseñanza supeditada a los roles tradicionales que se le asignan a varones o mujeres.
La sola exposición de estos datos debiera ser suficiente para impulsar la iniciativa de acabar con la educación meramente lucrativa. El sistema de colegios subvencionados -que es preciso recordar abarca el total de la instrucción pública, pues los municipales cuentan con sus propios sostenedores, que son los alcaldes- ha demostrado ser un rotundo fracaso. Es inaceptable que personas que viven -en algunos casos de modo bastante holgado- con recursos estatales a la larga quieran mantener esa condición y sean incapaces de crear una alternativa viable, para colmo en un tema tan sensible para el desarrollo de un país como es la enseñanza. Se trata simplemente aplicar la ecuación lógica de trabajo bien hecho trabajo remunerado. Tampoco es correcto el proceder de aquellos establecimientos que se salvan merced a su calidad, pues reciben fondos del erario público a la vez que excluyen a un sector importante de la población. Por otro lado, el argumento de la libre elección de los padres es una opinión vergonzosa. Está sustentado en el hecho de que si todos los institutos que perciben dinero de los contribuyentes se guían por un manejo en términos pecuniarios más o menos uniforme, entonces se mezclarán niños que quieren aprender con otros que provendrían de hogares destruidos cuyos apoderados expresan la más mínima educación y que por ende sólo asistirían a la escuela a hacer desorden, constituyéndose en manzanas podridas. Un argumento que no resiste el mayor análisis. Sencillamente, quienes así piensan descansan en los eventuales valores que los muchachos traen de sus casas y no les interesa inculcar conocimientos útiles para el desarrollo personal y el espíritu crítico. Fuera de que se han suscitado situaciones de alumnos de locales subvencionados que sólo asisten a clases para jorobar a sus compañeros y a los profesores, y vaya uno a advertirle al encargado respectivo.
En términos individuales, debo aclarar que estoy en desacuerdo con ciertos artículos de la reforma, como el fin de la selección. Si uno de los propósitos de todos estos libelos es asegurar que los jóvenes de escasos recursos accedan a una educación especializada que esté de acuerdo con sus inquietudes personales, entonces es preciso distinguir las habilidades particulares ya en el inicio de la enseñanza secundaria (en la primaria no es tan necesario, en todo caso). Lo otro que es imprescindible revisar es el acuerdo al que el gobierno llegó con la iglesia católica, quizá porque los colegios dependientes de congregaciones o diocesanos se hallan entre los de aceptable calidad media, aunque con altos índices de segregación. Sin embargo, los sostenedores que alegan así como los políticos que los respaldan, lo hacen porque sienten que se les acabó la fiesta, y pretenden que los niños y adultos a quienes en muchas ocasiones mal educan se sumen su resaca.
domingo, 5 de octubre de 2014
Y Ahora Se Viene Hong Kong
Nuevamente una protesta masiva encabezada por jóvenes bien alimentados y de sectores medios altos que desafían a un gobierno autoritario de inclinaciones izquierdistas está llamando la atención de los principales medios de comunicación, que al igual que en casos anteriores, la cubren con esa simpatía frívola que mezcla admiración con prensa amarilla. Ahora es el turno de Hong Kong, donde todo lo que ocurra, aún lo más mínimo, provoca la atención de la comunidad internacional al tratarse del centro financiero y bursátil del Sudeste Asiático. Y los acontecimientos parecen seguir una pauta, algo comprobado hace unos días cuando el presidente de Estados Unidos expresó de modo público su solidaridad y apoyo a los manifestantes.
Devuelto a China en 1997, tras un siglo y medio de dominio inglés, a Hong Kong le fue creado el estatus de región administrativa especial, el mismo que su nueva metrópolis replicaría dos años más tarde cuando le fue regresado Macao, el otro enclave europeo, en ese caso portugués, que persistía en sus costas. Dicha condición, equivalente a una colonia, mantiene a estos dos territorios ligados pero a la vez políticamente separados del gigante asiático, lo que permite situaciones impensadas en aquél, como el derecho a la manifestación pública. Volviendo a la ex posesión británica, cabe señalar que los anglosajones manejaron a esa sociedad de una forma bastante autoritaria, con una férula sobre la organización sindical, un restringido acceso a las elecciones y una serie de normativas ambiguas respecto a la propiedad privada (se podían adquirir departamentos, pero el suelo era estatal). De hecho, los chinos, para asegurar el control de la población del modo que más les acomodaba, sólo tuvieron que dictar unas cuantas prohibiciones contra los medios de prensa. Y además prometieron comicios liberados para 2017, como una forma de mostrar que en términos de democracia eran más avanzados que los anglosajones. Votación que ha motivado las protestas que a diario se difunden por televisión, luego de enterarse que las autoridades de Pekín y del propio Hong Kong aplicarán censura previa a los aspirantes a candidatos.
La verdad es que ésta es otra de esas tantas manifestaciones con sabor a hamburguesa y Coca Cola, y simbolizada por un elemento, en este caso los paraguas, que se acerca más al afiche publicitario que al símbolo ideológico. Los jovenzuelos universitarios de Hong Kong salen a exigir "más democracia" ni siquiera racionalizando el significado de esa palabra (ni aún en su sentido más comercial y superficial, que es por el que finalmente se han decantado) armados de sus teléfonos móviles, usando la tecnología para aparentar progresismo y dejar en claro que son menos monstruos políticos impolutos que ciudadanos comunes y corrientes. Sin embargo, no pasan de ser griteríos y cánticos de porras faltos de contenido, destinados a no ir más allá que demostrar una supuesta reciedumbre contra un gobierno autoritario, que curiosamente tampoco el del agrado de las compañías televisivas y virtuales que informan a cada rato en clave positiva acerca de ellos. Si quieren ser vistos con un poco más de seriedad, entonces estos muchachos deberían plantear cuestiones concretas, como por ejemplo reclamar por los problemas de vivienda que existen en su colonia, donde familias completas a veces sobreviven ya no en departamentos, sino en auténticas jaulas o bodegas de menos de diez metros cuadrados. O expresar solidaridad con sus similares de Macao, que hace un mes organizaron sus propias protestas y fueron violentamente reprimidos... claro: allí no hay bolsas de comercio tan influyentes y los negocios más suculentos se reducen a los casinos y el turismo. Parece que tuvieran la convicción de que esto comienza y termina con ellos, pues al tratarse de jóvenes luminarias, como quienes han protagonizado incidentes parecidos en décadas pasadas, sienten que los demás habitantes tienen la obligación de secundarlos.
El problema es que esto replica lo acaecido en recientes hechos como la llamada primavera árabe, donde también movimientos amorfos sin ideología definida y repitiendo hasta lo banal la palabra democracia se lanzaron contra gobiernos de corte izquierdista, justamente la inclinación política que es vista como la engendradora de paradigmas complejos, para gusto de magnates occidentales que palparon en esta falta de definiciones una forma de transformar países en mercados propios, llenos de jóvenes con alto poder de consumo que sólo alegaban por libertades individuales que ni siquiera eran capaces de listar. Un vacío que acabó llenado por los extremistas musulmanes, quienes contaban con una organización que antecedía por varios años a las denominadas redes sociales. ¿Qué sucederá con los mozalbetes de Hong Kong? Quizá anhelan asaltar el cielo y pasar ellos a legislar como lo hicieron sus pares de la década de 1960, que al final se mimetizaron con los viejos y los terminaron reconociendo como sus maestros, en un proceso que dejó casi todas las cosas igual.
domingo, 14 de septiembre de 2014
Letanías Por El Azar
Como solución a su propuesta de terminar con la selección en los establecimientos educacionales primarios y secundarios que son apetecidos por sus altos niveles de calidad, el gobierno busca remplazar dicha práctica por el sorteo, arguyendo que este último mecanismo deja en igualdad de condiciones a todos los postulantes y no sienta diferencias a priori, que es lo que ocurriría con los exámenes de admisión, donde las respuestas de los alumnos dependerían del entorno familiar y social en el cual han sido criados. La iniciativa ya se está aplicando en los colegios públicos, en teoría como proyecto piloto, pero con un grado de extensión que hace pensar que las autoridades están decididas a incluirla a cualquier costo dentro de la reforma estudiantil que se avecina, pues están seguros, con estudios en mano, que es la mejor opción posible. Un programa de televisión acaba de emitir un reportaje, algo tendencioso, pero de todas maneras muy cercano a la realidad, donde se muestra la angustia de unos apoderados que ven cómo la instrucción que desean legarle a sus hijos depende de una tómbola.
Puede ser que el azar cumpla, siquiera a medias, con las inferencias que los expertos le están susurrando a las autoridades. Sin embargo, este sistema es inaplicable a la educación. Simplemente, porque no es serio. Es preciso recordar que la suerte está relacionada con las supersticiones y las creencias populares -más bien vulgares- anteriores a los descubrimientos científicos, los que precisamente se pretende informar a través de una instrucción de calidad. Además de que se encuentra especialmente ligada a los juegos de apuestas, que junto con el alcohol y el tabaco constituyen potenciales vicios relacionados a su vez con la barbarie y la brutalidad, por ende contrarios a la civilización, algo que también se trata de inculcar mediante la enseñanza. Es muy difícil que un profesor le aconseje a sus alumnos que adquieran billetes de lotería, pues es una cuestión que va en contra de los valores que pretende -y le exigen- impartir. Así como tampoco es probable que les exprese a sus pupilos que las cosas ocurren por un asunto mágico (ni siquiera en clases de religión) o propio de la superchería. Incluso se han efectuado campañas para frenar la ludopatía en los casinos y se han realizado esfuerzos para retirar las máquinas tragaperras existentes en los almacenes de barrio. Por ende es que se abre una legítima interrogante, ¿cómo el docente podrá convencer a los estudiantes de un establecimiento de calidad, en el sentido de que la fortuna es negativa, cuando estos mismos muchachos están ahí gracias a ella?
Pero además cabe consignar otro aspecto. El azar cobra mucha importancia en las sociedades desiguales e injustas, donde las escasas opciones de surgir impulsan a las personas a depositar su esperanza en los juegos de apuestas como una forma de salir de manera rápida y fácil de su mediocre situación. Más aún: incluso los entendidos señalan que quienes han emergido de estos ambientes a base de esfuerzo individual, hasta cierto punto resultaron beneficiados con una cuota de fortuna, ya que en el momento propicio se toparon con el o los sujetos que les entregaron el empuje definitivo. Pues bien. Se ha repetido hasta la redundancia que Chile es una de dichas sociedades adversas, y prueba de ello es el modelo educacional que opera en el país, de mala calidad y además muy diferente de acuerdo al estrato social al que atiende el determinado establecimiento. Y como contrapartida, también se ha insistido en acotar que el método para superar tal desequilibrio es precisamente la instrucción, que le entregará mejores herramientas a los niños pobres para que acaben superando esa condición ya de adultos. Sin embargo, finalmente la misma educación, caballito de batalla contra el desnivel social, acaba también siendo arrojada a la tómbola, uno de las tantas maneras en las cuales estas culturas terminan embobando al populacho a través del recurso del "panem et circenses" que lo mantiene atrapado en una diversión constante que le impide reflexionar acerca de su condición.
Uno está de acuerdo en que, al menos en la enseñanza primaria, la selección debiera ser abolida o al menos reducida a su mínima expresión. Pero cabe agregar, acto seguido, que siempre existirán muchachos que, por diversas circunstancias, estarán aventajados respecto del resto y por lo tanto requieren de un sistema que responda a sus inquietudes educativas y les permita transformarse en un aporte al país, que es lo que finalmente se busca con la educación de calidad. Además es sospechoso que se insista tanto en contra de los exámenes de admisión cuando otros aspectos de la reforma educacional están siendo modificados, como el asunto del lucro, que al parecer será autorizado incluso para quienes sostengan colegios subvencionados por el Estado, aunque bajo estrictas normativas. Se pretende dar una imagen de consecuencia a través de la determinación que es más fácil llevar adelante. Y cuando ni siquiera se ha partido con una iniciativa que busca, a la larga como corresponde, que todos los establecimientos sean de calidad y que ningún apoderado ambicione matricular a su hijo en alguno específico.
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