domingo, 26 de octubre de 2014

Subvenciones: El Fin de La Fiesta

Como era de esperar, la aprobación de la reforma educacional en la cámara de diputados generó una reacción enérgica entre los sostenedores de colegios particulares subvencionados, así como de los sectores políticos que los apoyan, por el apartado que los obliga a transformar sus establecimientos en instituciones sin fines de lucro, en un afán de que los dineros que reciben -buena parte de ellos entregados por el Estado- sean destinados a mejorar las escuelas que tienen a cargo en lugar de desviados a actividades personales. Para el próximo trámite, la discusión en el Senado, se espera que estos grupos desplieguen una amplia gama de protestas, entre las cuales no deberían estar ausentes las marchas callejeras, en donde de seguro los dueños de estas instituciones convocarán a apoderados y alumnos, no sabemos si de forma voluntaria o mediante amenazas.

Antes que nada, es preciso recalcar que en la actualidad el total de la educación pública requiere una cirugía mayor, y eso necesariamente debe incluir a los colegios subvencionados, ya que reciben fondos públicos para su labor, sin los cuales por lo demás simplemente no existirían. Y si nos atenemos a los números que arroja este tipo de establecimientos, vemos que dejan bastante que desear. Para empezar, su tasa de logros no difiere demasiado de sus pares municipales: si ellos tienen un nivel del cuarenta y ocho por ciento, en los regentados alcanza el cincuenta y cinco por ciento. Diferencia casi insignificante que además no es producida por la totalidad de las escuelas subsidiadas, sino por conjunto específico que pertenece a alguna fundación o congregación religiosa. Lo cual tampoco es motivo de alegría -más bien todo lo contrario- pues este segmento se caracteriza por cobrar aranceles bastantes altos que ya alejan de sus aulas a ciertos estamentos sociales, fuera de que en muchos casos sólo permiten el ingreso de jóvenes que profesan el credo que ellos practican, aparte de que varios son segregados por género -principalmente femeninos- lo que impulsa a sus autoridades a impartir una enseñanza supeditada a los roles tradicionales que se le asignan a varones o mujeres.

La sola exposición de estos datos debiera ser suficiente para impulsar la iniciativa de acabar con la educación meramente lucrativa. El sistema de colegios subvencionados -que es preciso recordar abarca el total de la instrucción pública, pues los municipales cuentan con sus propios sostenedores, que son los alcaldes- ha demostrado ser un rotundo fracaso. Es inaceptable que personas que viven -en algunos casos de modo bastante holgado- con recursos estatales a la larga quieran mantener esa condición y sean incapaces de crear una alternativa viable, para colmo en un tema tan sensible para el desarrollo de un país como es la enseñanza. Se trata simplemente aplicar la ecuación lógica de trabajo bien hecho trabajo remunerado. Tampoco es correcto el proceder de aquellos establecimientos que se salvan merced a su calidad, pues reciben fondos del erario público a la vez que excluyen a un sector importante de la población. Por otro lado, el argumento de la libre elección de los padres es una opinión vergonzosa. Está sustentado en el hecho de que si todos los institutos que perciben dinero de los contribuyentes se guían por un manejo en términos pecuniarios más o menos uniforme, entonces se mezclarán niños que quieren aprender con otros que provendrían de hogares destruidos cuyos apoderados expresan la más mínima educación y que por ende sólo asistirían a la escuela a hacer desorden, constituyéndose en manzanas podridas. Un argumento que no resiste el mayor análisis. Sencillamente, quienes así piensan descansan en los eventuales valores que los muchachos traen de sus casas y no les interesa inculcar conocimientos útiles para el desarrollo personal y el espíritu crítico. Fuera de que se han suscitado situaciones de alumnos de locales subvencionados que sólo asisten a clases para jorobar a sus compañeros y a los profesores, y vaya uno a advertirle al encargado respectivo.

En términos individuales, debo aclarar que estoy en desacuerdo con ciertos artículos de la reforma, como el fin de la selección. Si uno de los propósitos de todos estos libelos es asegurar que los jóvenes de escasos recursos accedan a una educación especializada que esté de acuerdo con sus inquietudes personales, entonces es preciso distinguir las habilidades particulares ya en el inicio de la enseñanza secundaria (en la primaria no es tan necesario, en todo caso). Lo otro que es imprescindible revisar es el acuerdo al que el gobierno llegó con la iglesia católica, quizá porque los colegios dependientes de congregaciones o diocesanos se hallan entre los de aceptable calidad media, aunque con altos índices de segregación. Sin embargo, los sostenedores que alegan así como los políticos que los respaldan, lo hacen porque sienten que se les acabó la fiesta, y pretenden que los niños y adultos a quienes en muchas ocasiones mal educan se sumen su resaca.

domingo, 5 de octubre de 2014

Y Ahora Se Viene Hong Kong

Nuevamente una protesta masiva encabezada por jóvenes bien alimentados y de sectores medios altos que desafían a un gobierno autoritario de inclinaciones izquierdistas está llamando la atención de los principales medios de comunicación, que al igual que en casos anteriores, la cubren con esa simpatía frívola que mezcla admiración con prensa amarilla. Ahora es el turno de Hong Kong, donde todo lo que ocurra, aún lo más mínimo, provoca la atención de la comunidad internacional al tratarse del centro financiero y bursátil del Sudeste Asiático. Y los acontecimientos parecen seguir una pauta, algo comprobado hace unos días cuando el presidente de Estados Unidos expresó de modo público su solidaridad y apoyo a los manifestantes.

Devuelto a China en 1997, tras un siglo y medio de dominio inglés, a Hong Kong le fue creado el estatus de región administrativa especial, el mismo que su nueva metrópolis replicaría dos años más tarde cuando le fue regresado Macao, el otro enclave europeo, en ese caso portugués, que persistía en sus costas. Dicha condición, equivalente a una colonia, mantiene a estos dos territorios ligados pero a la vez políticamente separados del gigante asiático, lo que permite situaciones impensadas en aquél, como el derecho a la manifestación pública. Volviendo a la ex posesión británica, cabe señalar que los anglosajones manejaron a esa sociedad de una forma bastante autoritaria, con una férula sobre la organización sindical, un restringido acceso a las elecciones y una serie de normativas ambiguas respecto a la propiedad privada (se podían adquirir departamentos, pero el suelo era estatal). De hecho, los chinos, para asegurar el control de la población del modo que más les acomodaba, sólo tuvieron que dictar unas cuantas prohibiciones contra los medios de prensa. Y además prometieron comicios liberados para 2017, como una forma de mostrar que en términos de democracia eran más avanzados que los anglosajones. Votación que ha motivado las protestas que a diario se difunden por televisión, luego de enterarse que las autoridades de Pekín y del propio Hong Kong aplicarán censura previa a los aspirantes a candidatos.

La verdad es que ésta es otra de esas tantas manifestaciones con sabor a hamburguesa y Coca Cola, y simbolizada por un elemento, en este caso los paraguas, que se acerca más al afiche publicitario que al símbolo ideológico. Los jovenzuelos universitarios de Hong Kong salen a exigir "más democracia" ni siquiera racionalizando el significado de esa palabra (ni aún en su sentido más comercial y superficial, que es por el que finalmente se han decantado) armados de sus teléfonos móviles, usando la tecnología para aparentar progresismo y dejar en claro que son menos monstruos políticos impolutos que ciudadanos comunes y corrientes. Sin embargo, no pasan de ser griteríos y cánticos de porras faltos de contenido, destinados a no ir más allá que demostrar una supuesta reciedumbre contra un gobierno autoritario, que curiosamente tampoco el del agrado de las compañías televisivas y virtuales que informan a cada rato en clave positiva acerca de ellos. Si quieren ser vistos con un poco más de seriedad, entonces estos muchachos deberían plantear cuestiones concretas, como por ejemplo reclamar por los problemas de vivienda que existen en su colonia, donde familias completas a veces sobreviven ya no en departamentos, sino en auténticas jaulas o bodegas de menos de diez metros cuadrados. O expresar solidaridad con sus similares de Macao, que hace un mes organizaron sus propias protestas y fueron violentamente reprimidos... claro: allí no hay bolsas de comercio tan influyentes y los negocios más suculentos se reducen a los casinos y el turismo. Parece que tuvieran la convicción de que esto comienza y termina con ellos, pues al tratarse de jóvenes luminarias, como quienes han protagonizado incidentes parecidos en décadas pasadas, sienten que los demás habitantes tienen la obligación de secundarlos.

El problema es que esto replica lo acaecido en recientes hechos como la llamada primavera árabe, donde también movimientos amorfos sin ideología definida y repitiendo hasta lo banal la palabra democracia se lanzaron contra gobiernos de corte izquierdista, justamente la inclinación política que es vista como la engendradora de paradigmas complejos, para gusto de magnates occidentales que palparon en esta falta de definiciones una forma de transformar países en mercados propios, llenos de jóvenes con alto poder de consumo que sólo alegaban por libertades individuales que ni siquiera eran capaces de listar. Un vacío que acabó llenado por los extremistas musulmanes, quienes contaban con una organización que antecedía por varios años a las denominadas redes sociales. ¿Qué sucederá con los mozalbetes de Hong Kong? Quizá anhelan asaltar el cielo y pasar ellos a legislar como lo hicieron sus pares de la década de 1960, que al final se mimetizaron con los viejos y los terminaron reconociendo como sus maestros, en un proceso que dejó casi todas las cosas igual.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Letanías Por El Azar

Como solución a su propuesta de terminar con la selección en los establecimientos educacionales primarios y secundarios que son apetecidos por sus altos niveles de calidad, el gobierno busca remplazar dicha práctica por el sorteo, arguyendo que este último mecanismo deja en igualdad de condiciones a todos los postulantes y no sienta diferencias a priori, que es lo que ocurriría con los exámenes de admisión, donde las respuestas de los alumnos dependerían del entorno familiar y social en el cual han sido criados. La iniciativa ya se está aplicando en los colegios públicos, en teoría como proyecto piloto, pero con un grado de extensión que hace pensar que las autoridades están decididas a incluirla a cualquier costo dentro de la reforma estudiantil que se avecina, pues están seguros, con estudios en mano, que es la mejor opción posible. Un programa de televisión acaba de emitir un reportaje, algo tendencioso, pero de todas maneras muy cercano a la realidad, donde se muestra la angustia de unos apoderados que ven cómo la instrucción que desean legarle a sus hijos depende de una tómbola.

Puede ser que el azar cumpla, siquiera a medias, con las inferencias que los expertos le están susurrando a las autoridades. Sin embargo, este sistema es inaplicable a la educación. Simplemente, porque no es serio. Es preciso recordar que la suerte está relacionada con las supersticiones y las creencias populares -más bien vulgares- anteriores a los descubrimientos científicos, los que precisamente se pretende informar a través de una instrucción de calidad. Además de que se encuentra especialmente ligada a los juegos de apuestas, que junto con el alcohol y el tabaco constituyen potenciales vicios relacionados a su vez con la barbarie y la brutalidad, por ende contrarios a la civilización, algo que también se trata de inculcar mediante la enseñanza. Es muy difícil que un profesor le aconseje a sus alumnos que adquieran billetes de lotería, pues es una cuestión que va en contra de los valores que pretende -y le exigen- impartir. Así como tampoco es probable que les exprese a sus pupilos que las cosas ocurren por un asunto mágico (ni siquiera en clases de religión) o propio de la superchería. Incluso se han efectuado campañas para frenar la ludopatía en los casinos y se han realizado esfuerzos para retirar las máquinas tragaperras existentes en los almacenes de barrio. Por ende es que se abre una legítima interrogante, ¿cómo el docente podrá convencer a los estudiantes de un establecimiento de calidad, en el sentido de que la fortuna es negativa, cuando estos mismos muchachos están ahí gracias a ella?

Pero además cabe consignar otro aspecto. El azar cobra mucha importancia en las sociedades desiguales e injustas, donde las escasas opciones de surgir impulsan a las personas a depositar su esperanza en los juegos de apuestas como una forma de salir de manera rápida y fácil de su mediocre situación. Más aún: incluso los entendidos señalan que quienes han emergido de estos ambientes a base de esfuerzo individual, hasta cierto punto resultaron beneficiados con una cuota de fortuna, ya que en el momento propicio se toparon con el o los sujetos que les entregaron el empuje definitivo. Pues bien. Se ha repetido hasta la redundancia que Chile es una de dichas sociedades adversas, y prueba de ello es el modelo educacional que opera en el país, de mala calidad y además muy diferente de acuerdo al estrato social al que atiende el determinado establecimiento. Y como contrapartida, también se ha insistido en acotar que el método para superar tal desequilibrio es precisamente la instrucción, que le entregará mejores herramientas a los niños pobres para que acaben superando esa condición ya de adultos. Sin embargo, finalmente la misma educación, caballito de batalla contra el desnivel social, acaba también siendo arrojada a la tómbola, uno de las tantas maneras en las cuales estas culturas terminan embobando al populacho a través del recurso del "panem et circenses" que lo mantiene atrapado en una diversión constante que le impide reflexionar acerca de su condición.

Uno está de acuerdo en que, al menos en la enseñanza primaria, la selección debiera ser abolida o al menos reducida a su mínima expresión. Pero cabe agregar, acto seguido, que siempre existirán muchachos que, por diversas circunstancias, estarán aventajados respecto del resto y por lo tanto requieren de un sistema que responda a sus inquietudes educativas y les permita transformarse en un aporte al país, que es lo que finalmente se busca con la educación de calidad. Además es sospechoso que se insista tanto en contra de los exámenes de admisión cuando otros aspectos de la reforma educacional están siendo modificados, como el asunto del lucro, que al parecer será autorizado incluso para quienes sostengan colegios subvencionados por el Estado, aunque bajo estrictas normativas. Se pretende dar una imagen de consecuencia a través de la determinación que es más fácil llevar adelante. Y cuando ni siquiera se ha partido con una iniciativa que busca, a la larga como corresponde, que todos los establecimientos sean de calidad y que ningún apoderado ambicione matricular a su hijo en alguno específico.

                  

domingo, 31 de agosto de 2014

Las Cubetas de la Caridad

No se han cumplido dos meses desde que fue lanzado a través de las redes sociales y sin embargo el llamado "desafío del cubo de agua" ya es más que un fenómeno masivo. Éste consiste en que una persona se arroja sobre su cabeza una cubeta repleta con el vital elemento, en versión fría, de preferencia incluyendo trozos de hielo, y luego invita a cercanos, conocidos o determinadas celebridades a hacer lo mismo. Todo ello, en el afán de recaudar fondos que financien las investigaciones y los tratamientos en aras de hallar una solución para la esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad de origen neuronal que provoca fallas musculares y parálisis progresiva, y que se ha tornado conocida porque uno de sus pacientes es el conocido físico Stephen Hawking. La idea es que quienes finalmente acepten regarse con el balde experimenten la misma sensación de rigidez corporal que quienes sufren el mencionado mal, cuyos síntomas precisamente se asemejan a la exposición a un líquido congelado.

Uno siempre recibe, en el peor de los casos, con simpatía una iniciativa como ésta, y más si ha sido generada a partir de una denominada "causa noble". A la mayoría de las personas al menos les provoca una sonrisa ver a vecinos, amigos, familiares, rostros televisivos o políticos influyentes en una actividad atípica respecto a las que se les conocen, y si eso está acompañado de una donación (pues arrojarse el agua no sale gratis: de hecho es la evidencia de que el participante ha entregado dinero a la fundación que lucha contra esa enfermedad) mejor aún. Además de que a los impulsores de la iniciativa se les puede elogiar por su ingenio, pues han elaborado una propuesta que, aparte de la simple diversión y la solidaridad, es posible enganchar con el mal que buscan combatir, mediante un ejercicio inocuo para el participante pero que le permite aparecer ante la opinión pública y su propia autoestima como alguien que se ha colocado en el pellejo de aquel que sufre. Por último, que entre tantas noticias negativas, en términos generales como en la coyuntura actual (recordemos que la expansión internacional de este desafío se dio en paralelo a los conflictos en la Franja de Gaza e Irak), aparezca una campaña de alcances mundiales destinada a mejorar el entorno en lugar de destruirlo, es siempre bienvenido, en atención a la tendencia natural de los seres vivos a perseguir la paz y la tranquilidad.

Sin embargo, estos aspectos no evitan que esta campaña pueda ser también blanco de objeciones. Algunas, de hecho, se pueden formular a partir de los mismos resultados positivos que exhibe. Primero, está el viejo afán de generar una imagen de persona que se adhiere a una noble causa, mediante una demostración que por sus grados de originalidad finalmente quedará en la memoria del público. Luego, la supuesta actitud de colocarse en el lugar del otro es demasiado frívola e insípida, rayando en la caricatura, ya que jamás será lo mismo experimentar los síntomas de una enfermedad por dos segundos en lugar de diez años, fuera que los pacientes de esta esclerosis lateral, como ya se anotó, han perdido la movilidad corporal que en condiciones normales les permitiría llevar adelante las formas de diversión efectuadas por sus "benefactores". En otras cuestiones, es preciso agregar que la fundación recaudadora está impulsando diversos modos de combatir este mal, entre los que se cuenta la experimentación con células madre, lo que deriva en debates de índole ética y religiosa, si bien un gran número de cristianos observantes se ha sumado a esta iniciativa. También ha suscitado una cierta polémica el empleo exagerado de agua en este menester, lo cual ha sido recalcado por algunos círculos científicos, en una época en que los recursos naturales están al límite, al punto que recientemente se informó -justo cuando partía este festival de cubetas- que los seres humanos ya se han gastado lo que deberían en un año.

Personalmente no tengo animadversión contra estas iniciativas. Pero siempre hay que prestar atención en quienes se suman a ellas. En muchos casos son celebridades que buscan aparentar, o políticos y magnates que podrían hacer algo mejor que lanzarse agua y desafiar: por ejemplo, decretar o pagar impuestos acordes a sus niveles de riqueza y que precisamente podrían ser utilizados en investigar soluciones para patologías como ésta. Por ese motivo, yo aplaudo a quienes efectuaron su donación sin haberse arrojado el cubo sobre la cabeza. En cuanto a los demás: de acuerdo, pasaron un buen rato y por su altruismo han sido recompensados. Sin embargo, esto no resuelve los problemas de la gente con esclerosis lateral ni mucho menos los males no clínicos de la humanidad.

domingo, 17 de agosto de 2014

Cristianos Sionistas O Cristianos A Secas

El estallido de violencia entre Israel y el grupo pro palestino Hamas, y las consecuencias que siempre van anexas a estos hechos, entre las cuales se hallan los siempre presentes insultos antisemitas, han motivado, a su vez, las manifestaciones de una peculiar asociación cuyos miembros en su mayoría se reparten por el territorio de los Estados Unidos. Se trata de los cristianos sionistas, quienes justifican e incluso aplauden todas las acciones efectuadas por el gobierno hebreo en las zonas ocupadas, incluso las más repudiadas por la comunidad internacional donde se encuentra un número no menor de ciudadanos de origen judío. El argumento en que se sustentan para tomar dicha postura no es de orden político, como los que se han esgrimido durante las últimas semanas -el derecho de la nación israelí a defenderse- sino de carácter religioso: se trata del pueblo escogido, y por ende todo lo que hagan corresponde a promesas y determinaciones divinas, aún cuando el grueso de sus habitantes rechace las enseñanzas de Jesús.

Desde que uno se inicia en los caminos del Señor, se le inculca, por parte de pastores, predicadores y maestros, que el cristiano es eso y nada más. En el sentido de que no se le deben colocar adjetivos, afijos o apellidos a la fe. Pues si así ocurre, se estaría creando un derivado que por su sola naturaleza constituye una desviación flagrante respecto de la recta doctrina. O como se suele decir en los círculos más observantes, una aberración. Por lo tanto, no existe, o no debe existir, el cristiano liberal, el cristiano socialista, el cristiano nacionalista o el cristiano tolerante. Sólo cabe el cristiano a secas o el simplemente cristiano. Y en esa última definición, con el término extra colocado a la izquierda, se remarca la condición del creyente. Ya que está admitido hablar de médicos cristianos o de profesores cristianos, pues en aquellos casos, el empleo del lenguaje deja en claro que el segundo vocablo define una cualidad especial o una limitación del primero. Sin embargo, no es lo mismo decir activistas cristianos que cristianos activistas, por colocar un ejemplo. Ni siquiera cabe la opción de ser cristiano evangélico, bautista o pentecostal. Agregar una nueva palabra equivale a colocar fuego extraño, a reducir los alcances iniciales o a encasillar las posibilidades de universalidad a riesgo de que ciertos aspectos dogmáticos queden fuera del significado.

Volviendo al tema, entonces estos muchachos podrían llamarse a sí mismos como sionistas cristianos. Una definición que los dejaría más cerca de lo que pretenden transmitir. No obstante, igual se precisaría que aclararan la manera en que pretenden utilizar los vocablos y que expusieran los niveles de conocimiento que tienen de ellos. En tal sentido, ¿sabrán qué se entiende por sionismo, o se valdrán de dicha palabra del mismo modo que lo hacen los detractores más enconados de la actitud israelí? Más parece que su realidad está más cerca de lo segundo, y usan los términos en un afán de llamar la atención antes que como la síntesis de algún discurso. Pues cabe decir las cosas como son: estos "cristianos sionistas" acuñan esa expresión por un asunto más de moda, además de buscar provocar a sus supuestos adversarios, quienes por su lado han recurrido a ella con idénticos grados de irracionalidad, tratando a su vez de denostar de la manera más inmediata y básica posible -para ser seguidos por los eventuales oyentes- a la ideología que representa.

Más aún. Estos sujetos ni siquiera tienen una correcta noción del término cristiano. Y la verdad es que en la mayoría de las ocasiones se trata de las mismas personas que en el momento indicado están dispuestos a usar otras adjetivos, como conservador o pro familia. En todas esas situaciones, se trata de címbalos huecos que creen que con colocarse etiquetas están más cerca del cielo, como los hipócritas que gozan de proclamar sus virtudes personales, conducta repudiada en el Sermón del Monte. En circunstancias que para llegar al paraíso basta con definirse como cristiano y nada más.

domingo, 20 de julio de 2014

El Poder De Los Apoderados

Como lo habían anunciado, los grupos de derecha y los sostenedores de los llamados establecimientos educacionales subvencionados -aquellos que siendo privados reciben ayudas estatales, bajo la condición de que alcancen a sectores de la población que no pueden solventar una escuela puramente de pago- salieron a las calles a protestar contra la reforma educacional impulsada por el gobierno. Aseguran, al igual que el resto de los ciudadanos, que una iniciativa de este tipo es imprescindible; pero que la propuesta dada a conocer por las autoridades no constituye el camino correcto. Insisten en que las modificaciones planteadas acabarán con uno de los pocos puntos favorables del actual sistema, como es la capacidad de los padres para elegir la educación de los hijos, debido a la eventual disminución de la entrega de recursos monetarios a estas escuelas que se desprendería del aumento de privilegios en ese ítem para sus pares públicas. Por ello, en esta ocasión optaron por tocar una vena sensible en la población y es así como reunieron a los apoderados cuyos pupilos estudian en estos colegios, en el afán de desfilar en conjunto y de paso esclarecer que no todo es color de rosa y que un amplio sector de la sociedad podría terminar perjudicado.

No es necesario agregar que el tema de la libre elección es una falacia y está más cerca del panfleto que del argumento. Primero, porque dicho albedrío está condicionado a la capacidad económica de los padres -que no lo olvidemos, no son quienes recibirán la educación-, ya que por mucha ayuda estatal que reciba, la mayoría de los establecimientos privados cobran colegiatura y en determinados casos matrícula, sin contar que a su vez, el sostenedor posee su propia libertad: la de aceptar un eventual alumno de acuerdo a sus creencias personales. Los pocos de este grupo que ofrecen inscripción universal o arancel cero son de mala calidad, incluso por debajo de sus equivalentes netamente públicos. En un espectro donde las diferencias al respecto son mínimas, marcadas por un puñado de subvencionados de élite -bastante caros, casi todos-, formados al alero de organizaciones religiosas o asociaciones tradicionales. Ellos mismos, incluso, reconocen que deben exigir el desembolso pecuniario porque los aportes gubernamentales son insuficientes para asegurar una educación digna, y que por lo tanto su política, si bien puede generar repudio en una parte de la ciudadanía, empero esconde una justificación (admitida además por otros segmentos de la población, quienes ven en este procedimiento una manera de apartar a sus dependientes de influencias que consideran negativas, ya se trate de compañeros de curso o de contenidos indeseables). Al contrario, los que aceptan toda clase de educandos en realidad pretenden hacer más dinero con las donaciones, sin importarles el futuro de los jóvenes.

Sin embargo, por otro lado cabría preguntarse si los apoderados merecen tener un poder -valga la redundancia- más allá del que deben ejercer sobre sus respectivos educandos, aspecto que da origen y sentido etimológico a la palabra. Para comenzar, ellos no son profesionales de la enseñanza, y no resulta difícil que den muestras de su falta de información y hasta de ingenuidad ya a la hora de hacer valer ese derecho a escoger la escuela de sus hijos que en el papel se les ha dispensado. Esto, porque se suelen guiar por aspectos externos puestos por los sostenedores como gancho publicitario, y que guardan casi nula relación con la instrucción escolar. Por ejemplo, padres que se deciden por un establecimiento en base a lo llamativo de su nombre (en especial cuando tiene un tufillo anglosajón, pero mezclado con un elemento folclórico extraído del sitio geográfico donde está inmerso, algo así como San Jacinto College o San Alfonso School, que produce una sensación de que desde el barrio se puede estar conectado con altas alcurnias, incluso extranjeras), detalles en el emblema o en los uniformes de los menores -que los obligará a seguir desembolsando dinero-. O que se inclinan por una institución que asevera "ceñirse a valores cristianos y católicos", siendo que no se encuentra ni remotamente cerca de una congregación religiosa, sólo para que los ilusos crean que pertenece realmente a una iglesia. Y que ya adentro, y sustentados en su supuesta sagacidad y en su responsabilidad hacia sus pupilos -que se demostrarían precisamente en su decisión- tratan de fijar normas y establecer contenidos que según ellos son los más adecuados.

En tal sentido, la actitud frente a la educación se está pareciendo a la que se tiene respecto de la salud. Ya que el acceso a esa clase de prestaciones -y a veces, de médicos-, si no es complicado, tampoco es el adecuado, mucha gente opta por la auto medicación y hasta le recomienda a otro un remedio del que con suerte sólo conoce sus características más visibles. Por su parte, la falta de posibilidades para entrar a un nivel de enseñanza bueno en términos cualitativos, hace que las personas comunes se tomen atribuciones que en situaciones más normales serían consideradas una aberración. Es lo que impulsa al grueso de la gente, del mismo modo que lo efectúa con las píldoras, a señalar un determinado colegio como adecuado, sin contar con la información suficiente, y después a intentar recomendar lo que se debe impartir en dicho establecimiento. El excesivo poder de los apoderados está dado por el individualismo económico del actual sistema, pero también porque carecen de un profesor.

domingo, 6 de julio de 2014

Izquierdas e Israel

Los recientes incidentes acaecidos entre israelíes y palestinos, donde jóvenes de ambos pueblos fueron asesinados por grupos de desconocidos, han motivado una nueva oleada de declaraciones y opiniones a nivel internacional, tanto de los más diversos líderes mundiales como de la gente común. Dentro de las últimas, y en lo que ya parece una situación de eterno retorno, igual que el conflicto que las inspira, se encuentran las diatribas de personas que no sobrepasan los treinta y cinco años, y que por ende nacieron en una fecha bastante alejada del Holocausto y demás horrores de la Segunda Guerra Mundial, algunos de quienes participan, pero la gran mayoría sólo asegura pertenecer a colectivos alternativos de izquierda, quienes llegan a lamentarse del por qué Hitler no fue capaz de exterminar a todos los judíos, pues las constantes agresiones que ejecutan en contra de sus vecinos árabes, demostrarían que se trata de una raza peligrosa que tiene planes ocultos para apoderarse del mundo, ya fuere por la vía militar, política o económica, o mediante una combinación de las tres. Incluso no faltan quienes se unen al coro de las pandillas neonazis y niegan la existencia de ese genocidio, o en el mejor de los casos estiman que la cifra de víctimas es exagerada.

Desde su creación hasta mediados de la década de 1990, y salvo intervalos, el estado de Israel fue gobernado por personeros del partido Laborista, que es de centro izquierda. Fueron ellos los que fundaron el país y quienes desalojaron a buena parte de los árabes residentes en las tierras que conquistaron durante la guerra de 1948-49. También llevaron adelante la intervención en Egipto en 1956 -donde fungía otro líder socialista, Abdel Nasser- y el conflicto de los seis días en 1967 que dio origen al problema palestino como lo conocemos hoy. Además primeros ministros salidos de sus filas ordenaron las acciones de venganza contra los autores de la masacre de Munich, algunas de las cuales pueden ser calificadas como terrorismo internacional, ya que varios de los involucrados en ese atentado fueron asesinados, a su vez, con bombas colocadas en sus escritorios, automóviles o departamentos, en céntricas zonas de ciudades como Oslo o París. Todo en una época en que los mencionados palestinos ni siquiera tenían esperanzas de lograr el remedo de Estado que tienen hoy. Sin embargo, se trataba igualmente de la colectividad que alentó la formación de los kibutz, esos verdaderos ejemplos de sociedad igualitaria, incluso en el rango de la utopía, y que llevó a la nación judía, a pesar de su insignificancia, a una situación de prosperidad, bienestar y desarrollo científico que ya se la quisieran sus hostiles vecinos. Mientras al frente se contaba con una horda de salvajes, seguidores de una religión irracional y retrógrada, que no habían titubeado en aliarse con los alemanes en los años 1940, en contra de un enemigo común.

No obstante, hacia fines del siglo veinte se produjo un giro en el votante medio israelí, que empezó a entregarle réditos al derechista -y fascista- partido Likud. Entonces, las nuevas generaciones de izquierdistas -o de quienes se definen de izquierdistas, porque no asisten a ceremonia religiosa alguna, o se echan con lo que encuentren a su paso, ya pertenezca al género opuesto o al suyo propio- experimentaron su propio despertar, y comenzaron a caer en la cuenta de que el sionismo -que defienden tanto los laboristas como los reaccionarios en el país hebreo- era una ideología nociva e intrínsecamente perversa. De pronto Israel se transformó en el villano, que se valía de unos muertos de hace media centuria -y que al parecer serían menos de lo estipulado- para hacerse la víctima. En tal sentido, incluso aquellos aspectos que siempre despertaron elogios, ahora se habían invertido. Los kibutz no eran ya el símbolo de una sociedad que buscaba la igualdad y el bienestar de sus ciudadanos, sino la demostración de un Estado que ocupaba de manera ilegal una zona que pertenecía a otras familias y a otros pueblos, y que había conseguido excelentes estándares de vida para su población, a costa del despojo, tal como Hitler con Alemania por lo demás. Por el contrario, los palestinos empezaron a representar una suerte de lucha épica, donde un puñado de oprimidos se enfrentaba con hondas y piedras a poderosos e impenetrables tanques. Lo que fue reforzado por el hecho de que la OLP, la misma que buscó en su momento una alianza con los nazis, inició acercamientos con las asociaciones de socialdemócratas.

Dejemos la hipocresía a un lado y saquemos al sol los trapos sucios de la historia. Las izquierdas internacionales siempre callaron lo que ocurría en Medio Oriente con el propósito de no incomodar a un grupo político con el que no sólo guardaban afinidad ideológica, sino que además había logrado concretar algunos de sus sueños utópicos. Pero hoy, cuando ese aliado ha decidido valerse por sí mismo, pasa a constituir una amenaza mundial que justifica tendencias tan deleznables como el antisemitismo, precisamente el mayor motivo por el cual fue creado el Estado de Israel y por el que los judíos establecidos en esa parte del globo fueron apoyados en todas sus iniciativas, incluyendo las que en la actualidad se califican de viles. A esos mozalbetes que se encuentran por debajo de los treinta y cinco, les pediría que revisasen los libros para que descubran el impagable aporte que la comunidad hebrea hizo al pensamiento que aseveran respaldar -y conocer-. Si ahora de ese pueblo surgen empresarios y militares ambiciosos, junto a economistas que profesan las versiones más extremistas y aberrantes del capitalismo liberal, no es justificación para repetir lo que sus antecesores intentaron con todas las energías imaginables erradicar.