domingo, 14 de septiembre de 2014

Letanías Por El Azar

Como solución a su propuesta de terminar con la selección en los establecimientos educacionales primarios y secundarios que son apetecidos por sus altos niveles de calidad, el gobierno busca remplazar dicha práctica por el sorteo, arguyendo que este último mecanismo deja en igualdad de condiciones a todos los postulantes y no sienta diferencias a priori, que es lo que ocurriría con los exámenes de admisión, donde las respuestas de los alumnos dependerían del entorno familiar y social en el cual han sido criados. La iniciativa ya se está aplicando en los colegios públicos, en teoría como proyecto piloto, pero con un grado de extensión que hace pensar que las autoridades están decididas a incluirla a cualquier costo dentro de la reforma estudiantil que se avecina, pues están seguros, con estudios en mano, que es la mejor opción posible. Un programa de televisión acaba de emitir un reportaje, algo tendencioso, pero de todas maneras muy cercano a la realidad, donde se muestra la angustia de unos apoderados que ven cómo la instrucción que desean legarle a sus hijos depende de una tómbola.

Puede ser que el azar cumpla, siquiera a medias, con las inferencias que los expertos le están susurrando a las autoridades. Sin embargo, este sistema es inaplicable a la educación. Simplemente, porque no es serio. Es preciso recordar que la suerte está relacionada con las supersticiones y las creencias populares -más bien vulgares- anteriores a los descubrimientos científicos, los que precisamente se pretende informar a través de una instrucción de calidad. Además de que se encuentra especialmente ligada a los juegos de apuestas, que junto con el alcohol y el tabaco constituyen potenciales vicios relacionados a su vez con la barbarie y la brutalidad, por ende contrarios a la civilización, algo que también se trata de inculcar mediante la enseñanza. Es muy difícil que un profesor le aconseje a sus alumnos que adquieran billetes de lotería, pues es una cuestión que va en contra de los valores que pretende -y le exigen- impartir. Así como tampoco es probable que les exprese a sus pupilos que las cosas ocurren por un asunto mágico (ni siquiera en clases de religión) o propio de la superchería. Incluso se han efectuado campañas para frenar la ludopatía en los casinos y se han realizado esfuerzos para retirar las máquinas tragaperras existentes en los almacenes de barrio. Por ende es que se abre una legítima interrogante, ¿cómo el docente podrá convencer a los estudiantes de un establecimiento de calidad, en el sentido de que la fortuna es negativa, cuando estos mismos muchachos están ahí gracias a ella?

Pero además cabe consignar otro aspecto. El azar cobra mucha importancia en las sociedades desiguales e injustas, donde las escasas opciones de surgir impulsan a las personas a depositar su esperanza en los juegos de apuestas como una forma de salir de manera rápida y fácil de su mediocre situación. Más aún: incluso los entendidos señalan que quienes han emergido de estos ambientes a base de esfuerzo individual, hasta cierto punto resultaron beneficiados con una cuota de fortuna, ya que en el momento propicio se toparon con el o los sujetos que les entregaron el empuje definitivo. Pues bien. Se ha repetido hasta la redundancia que Chile es una de dichas sociedades adversas, y prueba de ello es el modelo educacional que opera en el país, de mala calidad y además muy diferente de acuerdo al estrato social al que atiende el determinado establecimiento. Y como contrapartida, también se ha insistido en acotar que el método para superar tal desequilibrio es precisamente la instrucción, que le entregará mejores herramientas a los niños pobres para que acaben superando esa condición ya de adultos. Sin embargo, finalmente la misma educación, caballito de batalla contra el desnivel social, acaba también siendo arrojada a la tómbola, uno de las tantas maneras en las cuales estas culturas terminan embobando al populacho a través del recurso del "panem et circenses" que lo mantiene atrapado en una diversión constante que le impide reflexionar acerca de su condición.

Uno está de acuerdo en que, al menos en la enseñanza primaria, la selección debiera ser abolida o al menos reducida a su mínima expresión. Pero cabe agregar, acto seguido, que siempre existirán muchachos que, por diversas circunstancias, estarán aventajados respecto del resto y por lo tanto requieren de un sistema que responda a sus inquietudes educativas y les permita transformarse en un aporte al país, que es lo que finalmente se busca con la educación de calidad. Además es sospechoso que se insista tanto en contra de los exámenes de admisión cuando otros aspectos de la reforma educacional están siendo modificados, como el asunto del lucro, que al parecer será autorizado incluso para quienes sostengan colegios subvencionados por el Estado, aunque bajo estrictas normativas. Se pretende dar una imagen de consecuencia a través de la determinación que es más fácil llevar adelante. Y cuando ni siquiera se ha partido con una iniciativa que busca, a la larga como corresponde, que todos los establecimientos sean de calidad y que ningún apoderado ambicione matricular a su hijo en alguno específico.

                  

domingo, 31 de agosto de 2014

Las Cubetas de la Caridad

No se han cumplido dos meses desde que fue lanzado a través de las redes sociales y sin embargo el llamado "desafío del cubo de agua" ya es más que un fenómeno masivo. Éste consiste en que una persona se arroja sobre su cabeza una cubeta repleta con el vital elemento, en versión fría, de preferencia incluyendo trozos de hielo, y luego invita a cercanos, conocidos o determinadas celebridades a hacer lo mismo. Todo ello, en el afán de recaudar fondos que financien las investigaciones y los tratamientos en aras de hallar una solución para la esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad de origen neuronal que provoca fallas musculares y parálisis progresiva, y que se ha tornado conocida porque uno de sus pacientes es el conocido físico Stephen Hawking. La idea es que quienes finalmente acepten regarse con el balde experimenten la misma sensación de rigidez corporal que quienes sufren el mencionado mal, cuyos síntomas precisamente se asemejan a la exposición a un líquido congelado.

Uno siempre recibe, en el peor de los casos, con simpatía una iniciativa como ésta, y más si ha sido generada a partir de una denominada "causa noble". A la mayoría de las personas al menos les provoca una sonrisa ver a vecinos, amigos, familiares, rostros televisivos o políticos influyentes en una actividad atípica respecto a las que se les conocen, y si eso está acompañado de una donación (pues arrojarse el agua no sale gratis: de hecho es la evidencia de que el participante ha entregado dinero a la fundación que lucha contra esa enfermedad) mejor aún. Además de que a los impulsores de la iniciativa se les puede elogiar por su ingenio, pues han elaborado una propuesta que, aparte de la simple diversión y la solidaridad, es posible enganchar con el mal que buscan combatir, mediante un ejercicio inocuo para el participante pero que le permite aparecer ante la opinión pública y su propia autoestima como alguien que se ha colocado en el pellejo de aquel que sufre. Por último, que entre tantas noticias negativas, en términos generales como en la coyuntura actual (recordemos que la expansión internacional de este desafío se dio en paralelo a los conflictos en la Franja de Gaza e Irak), aparezca una campaña de alcances mundiales destinada a mejorar el entorno en lugar de destruirlo, es siempre bienvenido, en atención a la tendencia natural de los seres vivos a perseguir la paz y la tranquilidad.

Sin embargo, estos aspectos no evitan que esta campaña pueda ser también blanco de objeciones. Algunas, de hecho, se pueden formular a partir de los mismos resultados positivos que exhibe. Primero, está el viejo afán de generar una imagen de persona que se adhiere a una noble causa, mediante una demostración que por sus grados de originalidad finalmente quedará en la memoria del público. Luego, la supuesta actitud de colocarse en el lugar del otro es demasiado frívola e insípida, rayando en la caricatura, ya que jamás será lo mismo experimentar los síntomas de una enfermedad por dos segundos en lugar de diez años, fuera que los pacientes de esta esclerosis lateral, como ya se anotó, han perdido la movilidad corporal que en condiciones normales les permitiría llevar adelante las formas de diversión efectuadas por sus "benefactores". En otras cuestiones, es preciso agregar que la fundación recaudadora está impulsando diversos modos de combatir este mal, entre los que se cuenta la experimentación con células madre, lo que deriva en debates de índole ética y religiosa, si bien un gran número de cristianos observantes se ha sumado a esta iniciativa. También ha suscitado una cierta polémica el empleo exagerado de agua en este menester, lo cual ha sido recalcado por algunos círculos científicos, en una época en que los recursos naturales están al límite, al punto que recientemente se informó -justo cuando partía este festival de cubetas- que los seres humanos ya se han gastado lo que deberían en un año.

Personalmente no tengo animadversión contra estas iniciativas. Pero siempre hay que prestar atención en quienes se suman a ellas. En muchos casos son celebridades que buscan aparentar, o políticos y magnates que podrían hacer algo mejor que lanzarse agua y desafiar: por ejemplo, decretar o pagar impuestos acordes a sus niveles de riqueza y que precisamente podrían ser utilizados en investigar soluciones para patologías como ésta. Por ese motivo, yo aplaudo a quienes efectuaron su donación sin haberse arrojado el cubo sobre la cabeza. En cuanto a los demás: de acuerdo, pasaron un buen rato y por su altruismo han sido recompensados. Sin embargo, esto no resuelve los problemas de la gente con esclerosis lateral ni mucho menos los males no clínicos de la humanidad.

domingo, 17 de agosto de 2014

Cristianos Sionistas O Cristianos A Secas

El estallido de violencia entre Israel y el grupo pro palestino Hamas, y las consecuencias que siempre van anexas a estos hechos, entre las cuales se hallan los siempre presentes insultos antisemitas, han motivado, a su vez, las manifestaciones de una peculiar asociación cuyos miembros en su mayoría se reparten por el territorio de los Estados Unidos. Se trata de los cristianos sionistas, quienes justifican e incluso aplauden todas las acciones efectuadas por el gobierno hebreo en las zonas ocupadas, incluso las más repudiadas por la comunidad internacional donde se encuentra un número no menor de ciudadanos de origen judío. El argumento en que se sustentan para tomar dicha postura no es de orden político, como los que se han esgrimido durante las últimas semanas -el derecho de la nación israelí a defenderse- sino de carácter religioso: se trata del pueblo escogido, y por ende todo lo que hagan corresponde a promesas y determinaciones divinas, aún cuando el grueso de sus habitantes rechace las enseñanzas de Jesús.

Desde que uno se inicia en los caminos del Señor, se le inculca, por parte de pastores, predicadores y maestros, que el cristiano es eso y nada más. En el sentido de que no se le deben colocar adjetivos, afijos o apellidos a la fe. Pues si así ocurre, se estaría creando un derivado que por su sola naturaleza constituye una desviación flagrante respecto de la recta doctrina. O como se suele decir en los círculos más observantes, una aberración. Por lo tanto, no existe, o no debe existir, el cristiano liberal, el cristiano socialista, el cristiano nacionalista o el cristiano tolerante. Sólo cabe el cristiano a secas o el simplemente cristiano. Y en esa última definición, con el término extra colocado a la izquierda, se remarca la condición del creyente. Ya que está admitido hablar de médicos cristianos o de profesores cristianos, pues en aquellos casos, el empleo del lenguaje deja en claro que el segundo vocablo define una cualidad especial o una limitación del primero. Sin embargo, no es lo mismo decir activistas cristianos que cristianos activistas, por colocar un ejemplo. Ni siquiera cabe la opción de ser cristiano evangélico, bautista o pentecostal. Agregar una nueva palabra equivale a colocar fuego extraño, a reducir los alcances iniciales o a encasillar las posibilidades de universalidad a riesgo de que ciertos aspectos dogmáticos queden fuera del significado.

Volviendo al tema, entonces estos muchachos podrían llamarse a sí mismos como sionistas cristianos. Una definición que los dejaría más cerca de lo que pretenden transmitir. No obstante, igual se precisaría que aclararan la manera en que pretenden utilizar los vocablos y que expusieran los niveles de conocimiento que tienen de ellos. En tal sentido, ¿sabrán qué se entiende por sionismo, o se valdrán de dicha palabra del mismo modo que lo hacen los detractores más enconados de la actitud israelí? Más parece que su realidad está más cerca de lo segundo, y usan los términos en un afán de llamar la atención antes que como la síntesis de algún discurso. Pues cabe decir las cosas como son: estos "cristianos sionistas" acuñan esa expresión por un asunto más de moda, además de buscar provocar a sus supuestos adversarios, quienes por su lado han recurrido a ella con idénticos grados de irracionalidad, tratando a su vez de denostar de la manera más inmediata y básica posible -para ser seguidos por los eventuales oyentes- a la ideología que representa.

Más aún. Estos sujetos ni siquiera tienen una correcta noción del término cristiano. Y la verdad es que en la mayoría de las ocasiones se trata de las mismas personas que en el momento indicado están dispuestos a usar otras adjetivos, como conservador o pro familia. En todas esas situaciones, se trata de címbalos huecos que creen que con colocarse etiquetas están más cerca del cielo, como los hipócritas que gozan de proclamar sus virtudes personales, conducta repudiada en el Sermón del Monte. En circunstancias que para llegar al paraíso basta con definirse como cristiano y nada más.

domingo, 20 de julio de 2014

El Poder De Los Apoderados

Como lo habían anunciado, los grupos de derecha y los sostenedores de los llamados establecimientos educacionales subvencionados -aquellos que siendo privados reciben ayudas estatales, bajo la condición de que alcancen a sectores de la población que no pueden solventar una escuela puramente de pago- salieron a las calles a protestar contra la reforma educacional impulsada por el gobierno. Aseguran, al igual que el resto de los ciudadanos, que una iniciativa de este tipo es imprescindible; pero que la propuesta dada a conocer por las autoridades no constituye el camino correcto. Insisten en que las modificaciones planteadas acabarán con uno de los pocos puntos favorables del actual sistema, como es la capacidad de los padres para elegir la educación de los hijos, debido a la eventual disminución de la entrega de recursos monetarios a estas escuelas que se desprendería del aumento de privilegios en ese ítem para sus pares públicas. Por ello, en esta ocasión optaron por tocar una vena sensible en la población y es así como reunieron a los apoderados cuyos pupilos estudian en estos colegios, en el afán de desfilar en conjunto y de paso esclarecer que no todo es color de rosa y que un amplio sector de la sociedad podría terminar perjudicado.

No es necesario agregar que el tema de la libre elección es una falacia y está más cerca del panfleto que del argumento. Primero, porque dicho albedrío está condicionado a la capacidad económica de los padres -que no lo olvidemos, no son quienes recibirán la educación-, ya que por mucha ayuda estatal que reciba, la mayoría de los establecimientos privados cobran colegiatura y en determinados casos matrícula, sin contar que a su vez, el sostenedor posee su propia libertad: la de aceptar un eventual alumno de acuerdo a sus creencias personales. Los pocos de este grupo que ofrecen inscripción universal o arancel cero son de mala calidad, incluso por debajo de sus equivalentes netamente públicos. En un espectro donde las diferencias al respecto son mínimas, marcadas por un puñado de subvencionados de élite -bastante caros, casi todos-, formados al alero de organizaciones religiosas o asociaciones tradicionales. Ellos mismos, incluso, reconocen que deben exigir el desembolso pecuniario porque los aportes gubernamentales son insuficientes para asegurar una educación digna, y que por lo tanto su política, si bien puede generar repudio en una parte de la ciudadanía, empero esconde una justificación (admitida además por otros segmentos de la población, quienes ven en este procedimiento una manera de apartar a sus dependientes de influencias que consideran negativas, ya se trate de compañeros de curso o de contenidos indeseables). Al contrario, los que aceptan toda clase de educandos en realidad pretenden hacer más dinero con las donaciones, sin importarles el futuro de los jóvenes.

Sin embargo, por otro lado cabría preguntarse si los apoderados merecen tener un poder -valga la redundancia- más allá del que deben ejercer sobre sus respectivos educandos, aspecto que da origen y sentido etimológico a la palabra. Para comenzar, ellos no son profesionales de la enseñanza, y no resulta difícil que den muestras de su falta de información y hasta de ingenuidad ya a la hora de hacer valer ese derecho a escoger la escuela de sus hijos que en el papel se les ha dispensado. Esto, porque se suelen guiar por aspectos externos puestos por los sostenedores como gancho publicitario, y que guardan casi nula relación con la instrucción escolar. Por ejemplo, padres que se deciden por un establecimiento en base a lo llamativo de su nombre (en especial cuando tiene un tufillo anglosajón, pero mezclado con un elemento folclórico extraído del sitio geográfico donde está inmerso, algo así como San Jacinto College o San Alfonso School, que produce una sensación de que desde el barrio se puede estar conectado con altas alcurnias, incluso extranjeras), detalles en el emblema o en los uniformes de los menores -que los obligará a seguir desembolsando dinero-. O que se inclinan por una institución que asevera "ceñirse a valores cristianos y católicos", siendo que no se encuentra ni remotamente cerca de una congregación religiosa, sólo para que los ilusos crean que pertenece realmente a una iglesia. Y que ya adentro, y sustentados en su supuesta sagacidad y en su responsabilidad hacia sus pupilos -que se demostrarían precisamente en su decisión- tratan de fijar normas y establecer contenidos que según ellos son los más adecuados.

En tal sentido, la actitud frente a la educación se está pareciendo a la que se tiene respecto de la salud. Ya que el acceso a esa clase de prestaciones -y a veces, de médicos-, si no es complicado, tampoco es el adecuado, mucha gente opta por la auto medicación y hasta le recomienda a otro un remedio del que con suerte sólo conoce sus características más visibles. Por su parte, la falta de posibilidades para entrar a un nivel de enseñanza bueno en términos cualitativos, hace que las personas comunes se tomen atribuciones que en situaciones más normales serían consideradas una aberración. Es lo que impulsa al grueso de la gente, del mismo modo que lo efectúa con las píldoras, a señalar un determinado colegio como adecuado, sin contar con la información suficiente, y después a intentar recomendar lo que se debe impartir en dicho establecimiento. El excesivo poder de los apoderados está dado por el individualismo económico del actual sistema, pero también porque carecen de un profesor.

domingo, 6 de julio de 2014

Izquierdas e Israel

Los recientes incidentes acaecidos entre israelíes y palestinos, donde jóvenes de ambos pueblos fueron asesinados por grupos de desconocidos, han motivado una nueva oleada de declaraciones y opiniones a nivel internacional, tanto de los más diversos líderes mundiales como de la gente común. Dentro de las últimas, y en lo que ya parece una situación de eterno retorno, igual que el conflicto que las inspira, se encuentran las diatribas de personas que no sobrepasan los treinta y cinco años, y que por ende nacieron en una fecha bastante alejada del Holocausto y demás horrores de la Segunda Guerra Mundial, algunos de quienes participan, pero la gran mayoría sólo asegura pertenecer a colectivos alternativos de izquierda, quienes llegan a lamentarse del por qué Hitler no fue capaz de exterminar a todos los judíos, pues las constantes agresiones que ejecutan en contra de sus vecinos árabes, demostrarían que se trata de una raza peligrosa que tiene planes ocultos para apoderarse del mundo, ya fuere por la vía militar, política o económica, o mediante una combinación de las tres. Incluso no faltan quienes se unen al coro de las pandillas neonazis y niegan la existencia de ese genocidio, o en el mejor de los casos estiman que la cifra de víctimas es exagerada.

Desde su creación hasta mediados de la década de 1990, y salvo intervalos, el estado de Israel fue gobernado por personeros del partido Laborista, que es de centro izquierda. Fueron ellos los que fundaron el país y quienes desalojaron a buena parte de los árabes residentes en las tierras que conquistaron durante la guerra de 1948-49. También llevaron adelante la intervención en Egipto en 1956 -donde fungía otro líder socialista, Abdel Nasser- y el conflicto de los seis días en 1967 que dio origen al problema palestino como lo conocemos hoy. Además primeros ministros salidos de sus filas ordenaron las acciones de venganza contra los autores de la masacre de Munich, algunas de las cuales pueden ser calificadas como terrorismo internacional, ya que varios de los involucrados en ese atentado fueron asesinados, a su vez, con bombas colocadas en sus escritorios, automóviles o departamentos, en céntricas zonas de ciudades como Oslo o París. Todo en una época en que los mencionados palestinos ni siquiera tenían esperanzas de lograr el remedo de Estado que tienen hoy. Sin embargo, se trataba igualmente de la colectividad que alentó la formación de los kibutz, esos verdaderos ejemplos de sociedad igualitaria, incluso en el rango de la utopía, y que llevó a la nación judía, a pesar de su insignificancia, a una situación de prosperidad, bienestar y desarrollo científico que ya se la quisieran sus hostiles vecinos. Mientras al frente se contaba con una horda de salvajes, seguidores de una religión irracional y retrógrada, que no habían titubeado en aliarse con los alemanes en los años 1940, en contra de un enemigo común.

No obstante, hacia fines del siglo veinte se produjo un giro en el votante medio israelí, que empezó a entregarle réditos al derechista -y fascista- partido Likud. Entonces, las nuevas generaciones de izquierdistas -o de quienes se definen de izquierdistas, porque no asisten a ceremonia religiosa alguna, o se echan con lo que encuentren a su paso, ya pertenezca al género opuesto o al suyo propio- experimentaron su propio despertar, y comenzaron a caer en la cuenta de que el sionismo -que defienden tanto los laboristas como los reaccionarios en el país hebreo- era una ideología nociva e intrínsecamente perversa. De pronto Israel se transformó en el villano, que se valía de unos muertos de hace media centuria -y que al parecer serían menos de lo estipulado- para hacerse la víctima. En tal sentido, incluso aquellos aspectos que siempre despertaron elogios, ahora se habían invertido. Los kibutz no eran ya el símbolo de una sociedad que buscaba la igualdad y el bienestar de sus ciudadanos, sino la demostración de un Estado que ocupaba de manera ilegal una zona que pertenecía a otras familias y a otros pueblos, y que había conseguido excelentes estándares de vida para su población, a costa del despojo, tal como Hitler con Alemania por lo demás. Por el contrario, los palestinos empezaron a representar una suerte de lucha épica, donde un puñado de oprimidos se enfrentaba con hondas y piedras a poderosos e impenetrables tanques. Lo que fue reforzado por el hecho de que la OLP, la misma que buscó en su momento una alianza con los nazis, inició acercamientos con las asociaciones de socialdemócratas.

Dejemos la hipocresía a un lado y saquemos al sol los trapos sucios de la historia. Las izquierdas internacionales siempre callaron lo que ocurría en Medio Oriente con el propósito de no incomodar a un grupo político con el que no sólo guardaban afinidad ideológica, sino que además había logrado concretar algunos de sus sueños utópicos. Pero hoy, cuando ese aliado ha decidido valerse por sí mismo, pasa a constituir una amenaza mundial que justifica tendencias tan deleznables como el antisemitismo, precisamente el mayor motivo por el cual fue creado el Estado de Israel y por el que los judíos establecidos en esa parte del globo fueron apoyados en todas sus iniciativas, incluyendo las que en la actualidad se califican de viles. A esos mozalbetes que se encuentran por debajo de los treinta y cinco, les pediría que revisasen los libros para que descubran el impagable aporte que la comunidad hebrea hizo al pensamiento que aseveran respaldar -y conocer-. Si ahora de ese pueblo surgen empresarios y militares ambiciosos, junto a economistas que profesan las versiones más extremistas y aberrantes del capitalismo liberal, no es justificación para repetir lo que sus antecesores intentaron con todas las energías imaginables erradicar.

domingo, 22 de junio de 2014

Una Corona Bajo Los Pies

Han pasado algunos días desde la entronización de Felipe VI en España, el hijo primogénito de Juan Carlos quien debió remplazar a su abdicado padre. Y en las calles del país, aún se pueden ver protestas pro republicanas, varias de ellas surgidas de modo espontáneo, pese a que el gobierno del primer ministro las prohibió para la ceremonia de coronación. Una muestra más de la escasa consideración que buena parte de la ciudadanía peninsular le tiene a su monarquía, a la cual no le aceptan el haber sido repuesta por Francisco Franco, en un intento de ese dictador de perpetuar su régimen más allá de su desaparición física. Antecedente al que se han añadido ciertas coyunturas, como los casos de corrupción que involucran a diversos miembros de la familia real, y el safari efectuado por el viejo Borbón en Botswana, donde se fotografió orgulloso junto a una joven amante y el cuerpo de un elefante recién cazado.

Quizá si la causa más visible que hace que los ibéricos desprecien a sus reyes, en efecto se encuentre en las circunstancias que propiciaron su restauración. Aunque tales elementos no sean los que uno tiende a citar, sino otros que probablemente se hallen en el subconsciente de los españoles, y que guardan relación con su acerbo más conservador, justamente el que los ha impulsado a tolerar, siquiera a regañadientes, una monarquía por ellos mismos poco estimada. Francisco Franco fue un dictador totalitario, tan contemporáneo como similar en sus métodos y megalomanía a Hitler, Mussolini o Stalin. Que salió victorioso luego de una cruenta -y demoledora para el bando contrario- guerra civil, manteniendo el poder por treinta y seis años, dejándolo sólo producto de la muerte. Además, ejerció aprovechando el sistema republicano que se había establecido en 1931, por lo que finalmente los ibéricos permanecieron cuatro décadas y media sin un rey. Y este jerarca imbatible, que ostentaba un poder absoluto -como los Luis previos a la Revolución Francesa, que también formaban parte de la casa de Borbón- y sólo respondía ante los dioses, puso la corona sobre la cabeza de un descendiente del último soberano, pero que había sido escogido previamente por él. Un acto que cuenta con un simbolismo comparable, ya que mencionamos a Francia, a lo efectuado en su instante por Napoleón, cuando le arrebató la cabecera al papa para colocársela por sí mismo.

España tiene el gran problema de contar con un monarca que no fue sucedido ni menos nominado por otro rey. Para colmo, la designación fue obra de un plebeyo que abarcó tanto poder que fue capaz de posicionarse por encima de cualquier nobleza. Y aunque se insista en que estos individuos "reinan pero no gobiernan", lo cierto es que la situación del de la península ibérica da incluso para cuestionar el hecho de llamarlo soberano. Cabe destacar que, más encima, Franco no nombró a Juan, el hijo mayor del depuesto Alfonso XII y heredero legítimo al trono, sino al nieto de éste, a quien preparó de un modo muy parecido al de un maestro frente a un discípulo, encargándose además personalmente de su educación, sustituyendo en este menester nada menos que al mismo padre de Juan Carlos. De nuevo observamos que la familia real se sitúa por debajo de uno de sus supuestos súbditos, el que realmente ocupa el máximo sillón. Mientras en otras latitudes se suscita un proceso lógico donde no cabe duda que el monarca está en una cima reservada para su exclusividad, aún tratándose de regímenes democráticos donde hay leyes que debe cumplir (pero que son especiales para ellos, y en casi todos los casos, anteriores al establecimiento del sufragio universal). Eso permite que sean útiles a determinadas circunstancias, por ejemplo en Bélgica y el Reino Unido, donde su mera presencia sostiene la unidad de esos Estados formados por pueblos poco ligados entre sí, algo que se pretende precisamente imitar en territorio hispano, por el asunto de los regionalismos. Pero es necesario consignar un dato: en las islas británicas la soberanía prácticamente ha determinado su actual sistema político, y aunque estuvo también abolida durante un tiempo -en el protectorado de Oliver Cromnwell-, finalmente fue la misma casa real y sus partidarios quienes la restauraron. Nunca requirieron de un agente externo.

La monarquía española es la menos costosa de Europa, y aunque en la actualidad se encuentre salpicada por escándalos de corrupción, es la nada misma frente a, por ejemplo, su par británico, cuyas inmoralidades y derroches de dinero -de los contribuyentes- alimentan la prensa rosa y el periodismo de farándula. Incluso la casa peninsular sale bastante indemne si se la compara con otros estamentos políticos hispanos, sobre todo los elegidos por el voto popular. Quizá la solución para buena parte de los inconvenientes que están atravesando por allá sea la instauración de una república. Pero mi consejo para los ciudadanos españoles, es que dejen de molestar por un momento a sus nobles y coloquen la atención en aquellas castas que le están haciendo un daño bastante más significativo al país, como los partidos y en especial la iglesia católica. La misma que es la principal opción a erigirse como factor de unidad si la familia real finalmente sucumbe. Y eso sí que sería nefasto.

domingo, 8 de junio de 2014

Rey Muerto y Rey Puesto

Tras la abdicación de Juan Carlos de Borbón y Borbón al trono de España, se ha podido constatar dos situaciones. Primero, que una vez más se confirma la máxima de "a rey muerto (o renunciado, que para el caso es lo mismos), rey puesto, con el traspaso de la corona a manos del hijo mayor del ahora ex monarca. Segundo, que como ha ocurrido en cada ocasión que la monarquía peninsular, independiente del motivo, se vuelve noticia en los medios masivos de comunicación de ese país, sus detractores se vuelcan a las calles pidiendo su abolición, ya teniendo como pretexto la coyuntura económica, el hecho de que este sistema de gobierno fue restaurado por el dictador Franco, o la acusación de que se trata de un anacronismo que contradice los principios de cualquier democracia occidental.

España -y esto ha quedado en evidencia durante las últimas décadas- tiene un importante e histórico problema de unidad nacional, el que queda demostrado por la constante tensión que existe entre las autoridades centrales -independiente de la tendencia política que representen- y los regionalismos, que en épocas recientes, y sin que el país transite hacia una estructura federal -algo impedido precisamente por la gestión de los nacionalistas centralistas-, han adquirido una inusitada preponderancia, al punto que las lenguas locales han experimentado un significativo avance mientras en otros Estados europeos continúan retrocediendo. Esto se ha tornado más que evidente en sectores como Cataluña, donde el grueso de la población se comienza a inclinar en favor de la independencia. Que lo más probable es que no obtengan, realidad que empero no los ha frenado al momento de sancionar leyes que incluso contradicen tradiciones ancestrales españolas, como la prohibición de la tauromaquia. Todavía más, expertos aseguran que jamás ha existido una identidad común allí, salvo la situación geográfica de hallarse en una península separada del resto del continente por la bastante alta cordillera de los Pirineos, y aún esa coyuntura no constituye un factor decisivo, pues en ella también se sitúan Portugal y Andorra, que los más integristas quisieran ver formando parte de la entidad hispana.

Resultado de constituirse como Estado nacional recién en 1492, con la conquista de Granada, cuando Europa ya transitaba por el Renacimiento. Y de sólo meses después, verse favorecidos con el descubrimiento de América, que les entregó una enorme cantidad de territorios que no estaban preparados para administrar. Además de la gran cantidad de señoríos heredados por Carlos de Austria pocos años más tarde. La unidad española fue impuesta desde arriba, ya fuese mediante el trabajo de los llamados Reyes Católicos -y sus sucesores- o de la iglesia romana, que aquí mantuvo una especial servidumbre para con el Papado. Es muy sintomático que Isabel y Fernando hayan sido reconocidos para la posteridad con ese apodo, pues tras haber erradicado por completo a los árabes, establecieron esa religión como la única posible de profesar por sus súbditos, lo cual significó la expulsión de los judíos y musulmanes cuyas familias llevaban siglos viviendo en la península ibérica, aparte de una férrea persecución contra los reformados. Han sido esos dos pilares los que desde entonces han sometido una estructura en la cual no ha participado el pueblo raso, y si ha sido considerado, siempre fue a través de medidas de fuerza. Más aún: España es uno de los dos territorios europeos en donde la monarquía permaneció suspendida por más de cuarenta años pero finalmente acabó restaurada. El otro caso es Inglaterra, que guarda muchas similitudes: es un Estado dividido en cuatro "países constituyentes" (uno de los cuales, Escocia, también está pujando por su independencia) y que se mantiene gracias a su peculiaridad geográfica, en este caso un archipiélago, que al igual que sucede con los hispanos no es controlado totalmente por la administración política, ya que convive con la república de Irlanda.

El problema para España -y que los oportunistas que hoy están jugando a republicanos no se han siquiera detenido a considerar- es que si uno de esos pilares sucumbe, el otro asumirá la completa responsabilidad de mantener una unidad nacional que en muchos aspectos sigue siendo artificial. Y la iglesia católica no es precisamente signo de permisividad o de autonomía regional. Ni siquiera es garantía de democracia. Algo que ha quedado muy demostrado con los vínculos muy estrechos que los obispos mantienen con los grupos más reaccionarios, debido a coincidencias en aspectos morales, pero también culturales y sociales. De hecho, esos grupúsculos han venido manifestando su propio desprecio por la monarquía, en especial después que el ahora abdicado Juan Carlos frenara el golpe de Estado en 1981. Quizá hoy abrigan la esperanza de que el nuevo rey sea favorable a sus propósitos. Es de esperar, para el bien de la ciudadanía española, que esa corona que parece oxidada continúe perfilándose al menos como un posible contra poder, cuestión que los republicanos de último minuto deberían esforzarse en garantizar