domingo, 27 de abril de 2014

Invirtiendo Con Dineros Ajenos

Uno de los aspectos que más destacan los defensores del sistema de AFP es la facultad que esas instituciones tienen de tomar el dinero de sus contribuyentes para invertirlo en distintos negocios, y de ese modo obtener ganancias que a su vez servirían para aumentar el monto ahorrado por cada trabajador, lo cual a la larga redundaría en que éste asegura una mayor cantidad de fondos para cuando necesite de la jubilación. Ecuación que por cierto jamás ha salido de lo ideal, a entender por los reclamos provenientes precisamente de los supuestos beneficiarios, a quienes siempre les resultan insuficientes las asignaciones que reciben.

 Al margen de las consecuencias reales que ha generado esta forma de distribución desde que se instaló (nefastas para los afiliados, pero muy positivas para los propietarios de las administradoras), es interesante detenerse por un momento en este asunto de la inversión. Uno de los elementos primordiales de la lógica del capitalismo es la salvaguarda de los bienes personales, que no pueden ni deben ser arrebatados bajo excusa alguna, y tampoco acabar siendo usufructuados por terceros, al menos sin el consentimiento del propietario. Pues bien: el dinero que las AFP emplean en la participación de negocios externos no les pertenece a estas organizaciones ni a sus dueños, sino que es un descuento legal que se les hace a los empleados a partir de sus remuneraciones, pensando en la época en que la falta de vigor físico les limite la opción de trabajar. Son cifras que los obreros han obtenido como pago por sus labores, que estas organizaciones están obligadas a proteger porque en todos los países se requiere de una instancia que se encargue al respecto. Pero cuando son colocadas en la bolsa o como parte de una transacción, más allá de contar con la autorización jurídica para proceder de tal manera, aún así se ocasiona un dilema ético. Nadie quiere que le saquen recursos para cancelar una deuda, aunque los dos sujetos convivan bajo un mismo techo, e incluso se han suscitado peleas conyugales y hasta rupturas matrimoniales por esto.

Se puede argüir que las AFP, en cuanto organismos financieros, actúan de idéntico modo que los bancos, donde también se valen de los ahorros depositados por las personas para efectuar inversiones y así agrandar el patrimonio, también en atención a la lógica de que el crecimiento de la empresa redundará en beneficios para el ciudadano de a pie que confió su dinero a la institución. Sin embargo, la banca propiamente dicha opera con un principio distinto, o por lo menos, con variaciones respecto a los custodios de las pensiones chilenos. Ahí uno cuenta con la libertad de retirar su monto cuando le da la gana, sin necesidad de esperar hasta cumplir una determinada edad. No ocurre lo mismo con las administradoras de fondos. Y si bien es cierto que los mencionados bancos pueden quebrar y dejar a sus clientes con las manos vacías (aunque algunas legislaciones les exigen devolver los depósitos), si a estas otras corporaciones les va mal en una transacción simplemente pueden sortear el bochorno declarando rentabilidad negativa, que en la práctica significa que el trabajador perdió parte de sus cifras. Fuera de que el ahorro voluntario es un tipo de capital cuyo destino es muy diferente al porcentaje apartado para la jubilación, por lo cual ambas instancias son incompatibles entre sí y sus aplicaciones particulares por ende son imposibles de comparar.

Lo que siempre queda claro al analizar el sistema de las AFP, es que fue diseñado para favorecer a los grandes propietarios que son los únicos capaces de llevar adelante empresas tan complejas como ésta (por lo delicado de la finalidad del dinero administrado, así como por el cuidado en hacer inversiones que no deben arrojar el más mínimo saldo adverso). Eso sí, con una fachada publicitaria convincente, en lo que a otorgar supuestos beneficios al ciudadano pedestre se refiere. Lo más grave es que para armar todo este esquema no se trepidó en contradecir principios fundamentales del capitalismo, algo que adquiere notoriedad en Chile donde se pretende insistir en la variante más extrema que es el nuevo liberalismo. Pero en fin: muchos han opinado que los principios establecidos en la escuela de Chicago en realidad constituyen un "socialismo para ricos". Y el terreno no ha hecho más que confirmar dicha afirmación.

domingo, 13 de abril de 2014

Parlamentarios a Dieta

Revuelo ha causado la propuesta de los diputados Giorgio Jackson y Gabriel Boric, los dos chicos "independientes" y acomodados del movimiento estudiantil del año 2011, de reducir el sueldo de los congresistas en un esfuerzo por aportar a la discusión acerca del financiamiento de la serie de iniciativas legales que ha presentado el gobierno, una de las cuales es justamente la tan anhelada reforma educacional. Con estas declaraciones, se echaron encima a varios colegas, entre ellos una antigua compañera de ruta, Camila Vallejo, quien de modo muy acertado rebatió afirmando que esta clase de medidas no constituyen solución alguna para los problemas que enfrenta el país. En contraste, han hallado un eco favorable en personeros ubicados a la derecha del espectro partidario, los mismos que ven amenazas al crecimiento económico en caso de ser aprobadas las modificaciones tributarias que están en carpeta, las cuales aumentarías los impuestos de las grandes y medianas empresas.

Debemos admitir que una ocurrencia como la presentada por estos diputados tiene la facultad de llamar la atención en una coyuntura local y universal como la actual, donde la política partidista ha perdido apoyo entre los votantes debido a que éstos sienten que existe una actitud de alejamiento y de acomodo generalizada en sus representantes públicos, quienes, en lugar de impulsar grandes cambios y ambiciosos proyectos ideológicos como los de antaño, prefieren lograr consensos con los mayores propietarios del capital monetario, en una alianza que muchos, producto de lo que esperan de cada uno de los integrantes de estos grupos y lo que les han enseñado acerca del supuesto rol social de cada uno de ellos, ven como un acto de corrupción, al menos en el contexto más amplio del término. Surge entonces la percepción de que gobernantes y parlamentarios son sujetos inservibles, que están ahí sólo con el afán de ganar dinero gratis, acumulado gracias al sacrificio de los contribuyentes. Una acusación que apenas roza a sus rivales en el papel, que serían los individuos acaudalados, porque a estos últimos no se les endosa la misma obligación moral.

Por otro lado, determinados colectivos reaccionarios e interesados han sacado provecho electoral de esta situación, anunciándose como apartados de la "añeja práctica política". Su caballo de batalla más común es aseverar que las discusiones distraen de lo esencial, que es solucionar los "reales problemas de las personas". Una tendencia que apenas esconde sus auténticas intenciones, cuales son desincentivar el debate público, instancia en la cual se pueden enfrentar formas de pensamiento capaces, mediante sólidos argumentos, de cuestionar el orden establecido, algo que a la larga se transforma en un prejuicio para quienes están cómodos en el actual estado de cosas. Cabe señalar al respecto, que el establecimiento de una dieta parlamentaria, en casi todas las partes del mundo, siempre fue aprobado tras una agotadora contienda, ya que existían aquellos que se oponían afirmando que era exagerado pagar por opinar acerca de la situación del país, pero que en realidad tenían temor de que llegasen a los congresos líderes que no pertenecían al mismo estamento, desconocidos que iban a defender a quienes representaban y que por ende y de modo irremediable iban a entrar en conflicto con quienes habían dirigido las riendas prácticamente desde siempre a su antojo.

A esto se debe el que hayan sido los más derechistas quienes más aplaudieran la propuesta del dúo Jackson-Boric. El desprestigio, muchas veces producto del prejuicio, social hacia los políticos permite que una medida de esta clase despierte simpatías en el común de la gente. Luego, los grumos más reaccionarios ven en esta artificial controversia un modo de desviar la atención acerca del aumento de impuestos, que los afectará a ellos y a varios de quienes financian sus campañas. A esto se suma la posibilidad de tachar de inconsecuentes a sus adversarios, pues les exigen esfuerzos a otros en favor de los más desposeídos, no obstante ellos no predican con el ejemplo. En definitiva, una ocurrencia de carácter populista que como bien señaló la Vallejo tiene un alcance nulo. Lanzada por dos debutantes demasiado ingenuos, los que sin embargo cuentan con mucho tiempo para aprender lo que es un debate público.

domingo, 30 de marzo de 2014

Jaurías En Libertad

Los defensores de los animales lo hicieron nuevamente y consiguieron que el gobierno retirase el proyecto de ley que permitía a los agricultores y a los habitantes de zonas rurales en general disparar contra los perros asilvestrados sin el temor de que fuesen acusados de maltrato. La iniciativa fue sacada de la discusión parlamentaria junto con otras que habían sido heredadas de la administración anterior, las cuales también desataron polémicas, aunque debido a motivaciones muy diferentes, pues la mayoría de aquellas eran objetadas por su supuesta inspiración mercantil dado su origen en una legislatura de corte derechista liberal, que suelen alejarse del bienestar social, al menos en las aplicaciones más tradicionales de ese concepto. Mientras que los actuales dirigentes, de cuño progresista, estarían sintiendo una sensibilidad más amplia hacia las masas populares sobre todo son más desposeídas, incluso cuando no se trata de grupos humanos.

Convengamos que los impulsores de dicho proyecto ya le habían anotado un punto en contra, cuando al presentarlo, hablaron de la caza de perros salvajes, en lugar del control de los perros asilvestrados, que era la expresión correcta. Lo primero remite al dingo australiano, no a las jaurías de canes abandonados que deambulan por los campos. Para colmo insistieron en repetir la frase equivocada en cuanto medio de prensa les ofreció entrevista, quién sabe si con el afán de llamar la atención con una terminología que les pareció impactante y novedosa, pero que ocasionó un efecto diametralmente contrario al que esperaban. Los oyentes recibieron la impresión inicial de que se intentaba exterminar a una especie inocente, y no faltó el poco informado que concibió la idea de que en la fauna chilena existía un animal hasta ahora desconocido que demandaba ser protegido. Una muestra de ignorancia que fue bien aprovechada por los adoradores de bestias, que aunque jamás lo mencionaron -habrían quedado como escasos de seriedad- trabajaron a partir de esta confusión y la supieron aunar al cabildeo incesante que han efectuado en los últimos años, lo cual tiene justamente a las calles de las ciudades y a los caminos copados de perros callejeros, varios de quienes han atacado a personas a veces con resultados fatales. Alimañas que en ciertos casos son alimentadas por sujetos que creen estar haciendo una obra caritativa.

De acuerdo. Uno puede sentir conmiseración cuando observa a un representante de "el mejor amigo del hombre" deambulando sin rumbo fijo por la acera. Pero el asunto es que los perros, además de peligrosos producto de su mordedura, son animales sucios que transmiten diversas enfermedades a través de sus heces y que son capaces de cargar con los más variopintos parásitos en sus cuerpos. Son buenos donde deben estar, que es al interior de las casas (y viviendas que se encuentren habitadas, por cierto). En la calle, en cambio, constituyen una plaga, y esparcidos por las zonas rurales se transforman claramente en una especie invasora cuyos ejemplares agrupados en jaurías no sólo destruyen el ganado, motivo que llevó a presentar el proyecto antes descrito, sino que compiten en la búsqueda de alimentación incluso atacando a la fauna nativa, que sí exige, desde cualquier punto de vista y en todo instante, una constante salvaguarda. Toda vez que el control humano de una población animal es algo consensuado entre el gran conjunto de biólogos, ecólogos y ecologistas, ya se trate de individuos oriundos o introducidos. Más aún: el sólo hecho de que los canes se yergan como una amenaza para ovinos o bovinos debe ser ya justificación suficiente para disminuir su número. Pues esta clase de amenaza constituye un maltrato animal indirecto, ya que los agresores han sido liberados a su suerte por dueños que no los deseaban, los que con ese tipo de actitudes posibilitan el desarrollo de la subsecuente cadena.

Muchos de quienes aseveran defender los derechos de los animales de seguro reclamaban porque el ahora desechado proyecto estaba favoreciendo a grandes ganaderos y empresarios agrícolas que siempre buscan a través de las leyes confirmar su supremacía sobre los más débiles (discurso que tratándose del campo adquiere un sentido especial, por aquello de los hacendados, los patrones de fundo y la situación actual de los llamados trabajadores de temporada). Es menester recordar que en las zonas rurales hay pequeños propietarios que cuentan con gallineros o con ejemplares de subsistencia, que más que su fuente de capital, lo es laboral. Por lo que su eliminación deviene de modo irremediable en la pérdida de una única fuente de ingreso. Y en cualquier caso, si una jauría de perros destroza a un grupo de vacas significa que habrá menos ejemplares que generen leche, ecuación que debería interesarle a estos activistas que en un afán de consecuencia se suelen tornar en vegetarianos extremos. Aparte de que muchos de ellos, intentando hacer gala de su supuesta filiación progresista, desprecian el mundo campesino dentro que sólo conciben como un hábitat de brutos que andan dando con el rebenque a mujeres, niños y bestias. Y eso, muchachos, es uno de los tantos prejuicios que exhiben los colectivos que con soberbia se consideran superiores.

martes, 18 de marzo de 2014

Don Francisco Corleone

La muerte del comediante Armando Navarrete, más conocido como Mandolino, ha vuelto a sacar al tapete la relación que el animador Mario Kreutzberger, alias Don Francisco, ha sostenido a través de los años con sus más estrechos colaboradores, algunos de quienes, tras alejarse de él, han caído en un injusto ostracismo, situación de la cual se suele culpar al propio conductor televisivo, que habría abandonado a estas personas a su suerte, cuando no habría empleado sus influencias para apartarlas de los medios de comunicación y de las más próximas fuentes de trabajo. Tales elucubraciones, además, son empleadas como pretexto por sus detractores con el afán de objetar la trayectoria del mediático patrocinador, en particular su obra benéfica, cuyo rostro más visible es La Teletón. En este caso se apoyan en otro argumento, cual es su sospechosa falta de opinión respecto a temas importantes de la historia reciente del país, como la dictadura militar, en cuyo periodo pudo erigirse como la figura pública más relevante, al menos entre quienes no ocupan cargos oficiales o eclesiásticos.

Hay una imagen muy emblemática tomada en la víspera de Navidad de 1999, en una conmemoración realizada respecto de esa fiesta por el gobierno de turno en el palacio de La Moneda. Allí, Don Francisco apareció al medio de Ricardo Lagos y Joaquín Lavín, los dos candidatos que habían pasado a la segunda vuelta, abrazándolos a ambos, en medio de la incertidumbre general provocada por un tipo de elecciones hasta entonces inédito en el país. Varios años antes, como bien lo señaló el escritor Pedro Lemebel, fue capaz a riesgo de su propia vida de ayudar a un perseguido político a salir al extranjero, y al día siguiente almorzar con Manuel Contreras y otros jerarcas de la DINA, quizá con el propósito de obtener la venia de la junta militar para llevar a cabo sus obras de beneficencia o sus proyectos puramente particulares. Dos muestras de una impertérrita neutralidad que raya en la falta de compromiso, aunque no de completa ausencia de valentía, al menos de acuerdo a una de las decisiones que tomó en el segundo caso citado. Sin embargo, es precisamente dicha negativa a tomar una postura la que ha transformado su conducta en inaceptable para algunos sectores, ya que se trató de una actitud que exhibió con mayor fuerza -y que definió sus andanzas posteriores- en la época más oscura del quehacer nacional, donde a decir verdad, y en atención a la relevancia de los acontecimientos, es imposible imaginar que se camine sin inclinarse por uno y otro bando.

 Lo más desconcertante -e irritante- de esa mencionada neutralidad fueron los réditos en extremo favorables que acabó cosechando Don Francisco. Ganó fama y fortuna en los años más tristes de la historia reciente, aún mayor que aquellos dirigentes que loaban a Pinochet mientras en las mazmorras del régimen otros compatriotas sufrían lo indecibles. Los mismos políticos que tras la detención del tirano en Londres y aún más luego de los escándalos de sus cuentas secretas prefirieron darle la espalda y mirar hacia el lado insistiendo en que "debemos tener una visión de futuro". Tal vez Kreutzberger percibió ese porvenir antes que los aduladores del dictador siquiera lo vislumbraran. Por ello es que su conducta despierta grados tan altos de suspicacia. Fue el primero en desatarse de los arrumacos al gobierno que, lo quieran sus admiradores o no, le dio la oportunidad de llevar adelante La Teletón. Y a la vuelta del viaje resulta ser el más beneficiado de la camada. Para quienes extraen ese tipo de conclusiones, el proceder del animador se les presenta como doblemente abyecto, ya que tratándose del mayor privilegiado del régimen de facto al mismo tiempo es quien se ha mostrado más desagradecido con los representantes de él. En un grupúsculo donde la traición a fin de cuentas se tornó una fórmula eficaz para salir airoso, empezando por el propio Augusto que cuarenta y ocho horas antes del golpe mantenía su lealtad hacia Allende.

De todos modos la imagen más plausible es que Kreutzberger es ante todo un buen negociante, lo que no sé si sea atribuible a su origen judío. Cruelmente pragmático como los de su tipo, de acuerdo; aunque cabría preguntarle a algún miembro de su etnia si sería aceptable tratar con un nazi con la finalidad de conseguir el aporte necesario para ejecutar un proyecto. Quizá se acerque al estilo de Don Corleone, recordando ese apodo que le endilgó Mike Patton en una jornada de La Teletón, calificativo que parece aceptar con cierto orgullo al extremo que muchos se lo recuerdan en alguna conversación y él no obstante mantiene su impenetrable neutralidad. En fin: en la historia universal abundan los ejemplos de mafiosos hebreos. Por ahora baste con remembrar lo que señaló en una entrevista concedida hace dos décadas atrás, donde aseguró que mientras los televidentes lo ven como Don Francisco, en casa, frente a sus familiares más íntimos, es Mario. El animador es sólo una cáscara llena de simples imágenes que ocultan al hombre real, un tan frío como acertado magnate a quien no le tiembla la mano incluso con los más cercanos cuando constituyen un obstáculo para su progreso individual.

                              

miércoles, 5 de marzo de 2014

La Marginalidad del Tren

Hace varias semanas que la estatal Empresa de Ferrocarriles del Estado (EFE) viene cerrando cruces ferroviarios autorizados por la misma compañía. La principal excusa que motiva este cambio de políticas es que esos pasos han experimentado un deterioro considerable en el último tiempo, y por ende no están resultando seguros para los usuarios. Con ello la institución pretende meterle presión a los municipios, a quienes responsabiliza del mantenimiento de los lugares. Mientras que los aludidos, como era de esperarse, aseveran que sus acusadores son quienes deben encargarse del trabajo, en cuanto propietarios de la franja donde se encuentran instaladas las vías. Y como ocurre siempre, los vecinos, a la postre únicos afectados por estas determinaciones, ven cerrados accesos que llevan años empleando para acudir a sus escuelas o sitios laborales, con toda la carga negativa que ello implica.

Desde que en la década de 1970 se produjera el levantamiento masivo de las líneas férreas -por causas económicas, pero también políticas-, las pocas que subsisten hasta hoy se yerguen en medio del paisaje como una suerte de anomalía, un evento extraño de un pasado entrañable pero que requiere ser superado. Y si estas vías se encuentran en medio de las ciudades -incluso las más pequeñas- esta discordancia es bastante peor. Sus trazados prácticamente parten a las urbes en dos, y a diferencia de las carreteras, no se puede establecer una conexión, al menos directa, entre ellas y las calles. Tener un tren es una joroba para aquellas localidades en que dicho servicio aún existe, que de inmediato suscita el problema de la división entre quienes se hallan a ambos lados de los rieles.

Además a ello se debe sumar un factor generacional. Los más jóvenes, que nacieron en épocas muy posteriores a aquellas en que el ferrocarril conoció su máximo esplendor, para colmo se criaron en medio de una contingencia que privilegiaba, no ya el transporte público a gasolina, sino derechamente el uso del automóvil particular. Para ellos se han construido esas amplias calles y caminos en donde puede circular con relativamente alta velocidad, hasta que una vía férrea, rodeada de malezas cuando no inserta en un terreno yermo, les corta la recta y los obliga a efectuar un desvío, cuando no los fuerza a frenar, observar a ambos lados, atravesar lentamente los rieles para no dañar el parachoques o el guardafango, y tras una pausada aceleración recién recuperar el ritmo. El ferrocarril representa una detención no deseada en el marco del trajín de la vida moderna. Aparte de que el choque entre un tren y cualquier clase de vehículo siempre deviene en pérdida para este último.

En muchos países del primer mundo, donde también el ferrocarril pasó por una desesperante decadencia, hoy en día el diseño y el uso de las líneas es armónico con el paisaje y el resto de los sistemas de transporte. No hay una sensación de que los trenes piden permiso para existir como en Chile, sumidos en una vorágine de calles y ruedas con neumáticos. Sin embargo, esto se ha conseguido luego de se considerara este medio como uno de los tantos probables al momento de trasladar a las personas. Cuestión que no ocurre aquí, donde a cada rato se construyen caminos cada vez más anchos y autopistas con interminables circunvalaciones. El asunto radica en que aquí, más que mejorar el estatus de los rieles y las estaciones, hay que revertir una situación ya consolidada. Algo que parece casi imposible, aunque se insista en que los milagros sí ocurren.

sábado, 22 de febrero de 2014

El Retorno de Piñera

Es claro que las acciones ejecutadas durante estos últimos días por Sebastián Piñera no sólo constituyen una suerte de ceremonia del adiós, a dos semanas de entregar el mando a unas autoridades de diferente signo político. También las ha canalizado con el propósito de aumentar su popularidad en las encuestas, y de este modo, conseguir una especie de imagen positiva en la memoria de la opinión pública, que permita que su gobierno acabe siendo bien evaluado a mediano y largo plazo, con la intención no expresada pero manifiesta de obtener un nuevo triunfo electoral en cuatro años más. Como muestra de aquello, sólo señalar que casi todas sus intervenciones, al menos las que han contado con puestas en escena más llamativas, se remiten a inauguraciones, un tipo de evento que da la sensación de un buen resultado producto de un arduo trabajo.

Esta estrategia no es original. Incluso, su antecedente más palpable se encuentra en sus dos antecesores, que además son sus adversarios políticos, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, quienes a punta de regalías para las clases más desposeídas, disfrazadas de planes sociales, y discursos elaborados por asesores que supieron mezclar con eficacia la firmeza con la conciliación; lograron subir de forma casi geométrica sus porcentajes de aprobación en las encuestas, al extremo que a la última de los nombrados le sirvió justamente para regresar al poder. De seguro que Piñera ha estado consciente de estos hechos al momento de buscar repetir la fórmula, como un instrumento que le permita obtener una aspiración que en realidad es sólo un premio de consuelo frente a su ambición inicial, que consistía en conseguir que un correligionario y allegado a su persona lo sucediera en el cargo (por lejos la mejor calificación que un mandatario puede recibir de la masa popular), y de ese modo asegurar elogios por parte del grueso de los expertos. Es evidente la inclinación por la segunda opción tras no prosperar la primera.

Sin embargo es necesario preguntarse si Piñera, ese empresario avasallador que gracias a su perseverancia ha logrado cuanto se ha propuesto, entre otras cosas ser presidente de la república, será capaz de evitar un nuevo fracaso. Y la verdad es que a la luz de los antecedentes las posibilidades de salir airoso de esta aventura no parecen muy altas. Para empezar, baste sólo recordar que Bachelet salió de palacio con un ochenta y cinco por ciento de aprobación, plataforma que no le alcanzó para ganar la presidencial en su primera vuelta, aunque obtuvo una holgada ventaja en la segunda. De Lagos ni hablar: su casi setenta por cien ni siquiera le sirvió para presentarse a los comicios de 2009, pese a contar con varias voces que lo reclamaban (y que terminaron por aceptar al papanatas de Eduardo Frei, que culminó su mandato con menos de la mitad de los encuestados apoyándolo). La popularidad de Sebastián aún no se empina al sesenta por ciento, por cierto -y es un detalle a considerar aunque parezca banal- la votación que sacó Michelle en el balotaje. Y conste que todos los demás ex gobernantes nombrados en este artículo, ni en sus peores momentos, llegaron a caer por debajo del treinta por ciento, como sí le acaeció al todavía mandatario en ejercicio.

En realidad, este asunto de acabar como un buen recuerdo ha sido una obsesión de nuestros últimos presidentes, y es probable que persista por un largo tiempo. No sólo se ve en su círculo cercano y en los medios masivos de comunicación como señal de un buen gobierno, sino que además este parámetro se ha erigido como una forma de demostrar la distinción de Chile del resto de los países de América Latina, considerados a coro como bananeros, entre otras cosas porque sus líderes vuelven a la vida cotidiana en ciertos casos con menos de una décima parte en las encuestas. Deberían saber que eso también ocurre en los países más desarrollados, y no por ello cargan con una crisis institucional de proporciones ni sus sistemas electorales son colocados en entredicho. Incluso, algunos mandatarios que terminaron con rechiflas desde la galería con el paso de los años han sido revalorizados, mientras otros que gozaron en su momento de la reverencia popular han sufrido una profunda re interpretación de sus acciones. La historia siempre continúa su marcha.

domingo, 2 de febrero de 2014

La Feria Rota

Dos han sido las motivaciones que a los entendidos y a una buena parte del público les han hecho lamentar la reciente quiebra de la Feria del Disco, o como se le denominaba en estos últimos años, Feria Mix. La primera, es el cierre de una empresa que no sólo distribuía el setenta por ciento del material fonográfico, sino que además con un sello musical, el cual, a fuerza de compras de competidores y ofrecimientos a los artistas, llegó a erigirse como el del catálogo más amplio del país, a mucha distancia de su más cercano perseguidor. La segunda, es el fin de un negocio familiar, que por su historia y su crecimiento sostenido se había erigido a sus creadores como un ejemplo de emprendedores, al punto que se estaban transformando en parte de la idiosincrasia nacional.

Y es que este último fue el rasgo que marcó a la Feria del Disco. Una distribuidora que comenzó como una tienda al interior de un taller mecánico y que se transformó en prácticamente el único punto de referencia de ese rubro en el país, que además se amplió a otros ejercicios, como la venta de libros, filmes y entradas de taquilla para diferentes conciertos, fuera del ya mencionado sello. Que en su recorrido se enfrentó a importantes desafíos y salió airosa de todos, como cuando arribó a Chile la cadena argentina Musimundo, que con toda su parafernalia, su dominio de campo y sus novedades, sólo duró dos años en el territorio. Es probable que auténticos triunfos como ése terminen envolviendo al ganador en una suerte de aureola que finalmente le impide ver más allá de sus paredes. Lo que se torna más delicado si hablamos de un negocio pecuniario que contaba con todos los elementos para formar parte del imaginario folclórico local, partiendo por su mismo nombre.

En ese marco, no había que preocuparse si se vendía el material fonográfico a precios que los consumidores consideraban demasiado altos. No obstante, a la par que empezaba su expansión y diversificación, la Feria igualmente comenzó a ser atacada desde un flanco desconocido o en el mejor de los casos extraño, como eran las descargas -autorizadas y de las otras- de material musical y fílmico a través de internet, algo que se hallaba fuera del disco físico (más aún, esta empresa lideró siempre el mercado de la venta de álbumes en línea). Un fenómeno que no fue abordado de modo serio y que carcomió a la industria discográfica concreta en general, y que por sus características encontraba más adaptadas a las pequeñas tiendas dedicadas a un público específico que a las de orientación maximalista, pues la bajada de material por los computadores tiende a ser más masiva, diversa y -lo que le da ventaja frente a una casa establecida- dispersa, a lo que se debe agregar el directo entendimiento con el interesado, producto de la carencia de un intermediario. Pero a qué preocuparse de aquello si hemos ganado todos los desafíos que nos han presentado. Y en ese predicamento la expendedora llevó adelante reformas estructurales que con el tiempo resultaron ser contraproducentes, como ampliar sus negocios y abandonar el esquema familiar con la contratación de un gerente, en el ánimo de cruzar el último umbral y mostrarse como una empresa similar a las demás, que debía ser tomada en serio. En ese contexto es que se re bautizaron  y se colocaron Mix: a fin de deshacerse de una denominación anacrónica y provinciana ajena a la "visión de futuro" que se les exige a todas las emprendidas.

En la Feria del Disco creyeron que por estar en el imaginario colectivo iban a durar para siempre, no importando los vaivenes pecuniarios. Se quedaron en el determinismo de la marca, y renunciaron a una auténtica renovación. Mal acostumbrados por sus victorias ocurridas gracias al ambiente provinciano y aislado de Chile que ellos mismos buscaron superar. Pero que en realidad nuca dejaron porque les resultaba cómodo. Y que en efecto les jugó en contra, no ante los tiburones, sino las bacterias, que como bien lo indica "La Guerra de los Mundos", pueden resultar muy peligrosas pese a su exiguo tamaño.