jueves, 27 de diciembre de 2012

El Mar de Falsas Universidades

Finalmente el gobierno decidió dar una muestra de autoridad, o al menos aparentar que la da, y a través del Ministerio de Educación fue decretado el cierre de la Universidad del Mar, el plantel que siempre fue mostrado como la cara más visible del escándalo de las acreditaciones, hecho además englobado en los múltiples problemas acerca de la calidad de enseñanza que experimenta el sistema chileno, y que ya no se hace necesario ni siquiera mencionar. Resultó bastante fácil cargar con una entidad cuyo nicho estudiantil -y comercial- eran jóvenes de baja extracción social, provenientes de colegios públicos y que de acuerdo a los parámetros evaluadores de nuestras entidades de educación superior -que son cualquier cosa excepto los óptimos- jamás debieron ir más allá de la secundaria. Más todavía si el servilismo de los medios masivos de comunicación contribuyó a crear el clima propicio.

A partir de los mediados de la década de 1990, cuando el nuevo liberalismo económico se desató con mayor fuerza dentro de la sociedad chilena, las inmobiliarias, aquellos esperpentos seudo universitarios creados gracias a las reformas implantadas en 1981, siguieron dos caminos muy definidos. Por un lado, se encontraban las entidades que continuaron centrando sus actividades de captación entre los jóvenes de estratos altos que no lograron superar las pruebas de ingreso exigidas por los miembros del cartel de las veinticinco que responde al nombre de Consejo de Rectores. En dicho predicamento se quedaron Los Andes, Gabriela Mistral o Del Desarrollo. Pero por otro, un puñado de dueños de estas entidades tuvo un olfato dotado de la suficiente agudeza para notar que había una gran posibilidad de ganar dinero atrayendo a muchachos de sectores medios y bajos, quienes por diversas circunstancias -alto costo de los aranceles, evaluaciones diseñadas de espaldas a su realidad- empezaron a quedar excluidos de manera sistemática del club antes mencionado. Esta actitud fue tomada, entre otras, por Autónoma de Chile, Santo Tomás y la hoy vapuleada del Mar, favorecidas por las nuevas instancias de acceso al financiamiento que forzaban a los chicos a endeudarse de forma vitalicia con la finalidad de costear sus carreras, pero que a esas instituciones sólo les acarreaban beneficios. Al medio quedó Andrés Bello, mientras que un número reducido -Diego Portales, Arcis, Academia- permaneció en una situación de espectador independiente.

Lo curioso es que el recién descubierto bochorno de las acreditaciones, si bien involucra a la totalidad de las "universidades" chilenas -las inmobiliarias especialmente, pero en menor medida también las del cartel- ha dejado caer sus consecuencias sólo en aquellos planteles que han amasado su fortuna en base a la cacería de jóvenes de escasos recursos. Que es cierto, consiguieron expandirse mediante un afán de lucro que raya en lo mafioso. Más encima que la propia naturaleza de su crecimiento y de su orientación comercial (se vieron obligadas a instalar filiales en diversas ciudades para atraer la mayor cantidad de estudiantes posible, anexos que para los efectos legales contaban como establecimientos diferentes) hacía imprescindible acudir a prácticas corruptas para conseguir las anheladas aprobaciones. Sin embargo, como siempre ocurre en el país el hilo se corta por el flanco más débil. Los estudiantes de la del Mar se encuentran en el aire, sin saber si podrán continuar o no sus carreras, y pese a todo tienen que seguir pagando los compromisos monetarios adquiridos. Mientras los dueños y responsables de la inmobiliaria, si bien fueron sometidos a juicio y algunos permanecen en prisión preventiva, no han sufrido el embargo de sus bienes ni de sus cuentas. Parece que su condición social ha incentivado las decisiones recién tomadas por las autoridades, quienes no se atreverían siquiera a investigar a un establecimiento cuyo nicho sean alumnos de estratos altos. De hecho ningún medio de comunicación ni funcionario encargado ha pronunciado palabra respecto de otras entidades, aunque se da por sentado que varias forman parte de los negocios turbios (incluso algunos han salido de modo tímido a la luz, como lo acaecido con la Uniacc).

Los estudiantes de la "universidad" del Mar no sólo exigen contar con la certeza de que podrán terminar sus carreras, sino que demandan hacerlo en un plantel del Consejo de Rectores. Los aludidos, como era de esperarse, de inmediato han cerrado toda posibilidad a tal iniciativa, arguyendo lo de siempre: que no aceptan alumnos provenientes de establecimientos que consideran de inferior calidad, que a sus instituciones se entra mediante un proceso riguroso (qué va: siempre cabe el llamado "ingreso especial" que en muchas ocasiones sirve a propósito poco claros) y un largo etcétera de clichés. Cuando por una cuestión ética les corresponde admitir a estos muchachos; pues ellos, con sus determinaciones de estilo clasista y discriminador, los impulsaron a firmar acuerdos con estos esperpentos que en cualquier caso no se encuentran tan abajo de los integrantes de su cartel. Están conscientes que el excluirlos significa el primer paso hacia la eliminación de una forma de competencia, como ya antes lo consiguieron con las escuelas normales y los liceos técnicos. El lucro es un círculo vicioso que sólo se debe romper cuando conviene.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Nos Vemos el Veintidós

¿Por qué un escrito cualquiera que según ciertos intérpretes antojadizos vaticina el fin del mundo en una fecha determinada, llama tanto la atención al extremo que un porcentaje considerable de la humanidad se sienta a esperar el supuesto apocalipsis que vendrá? Quizá debido a la conjunción de varios factores, que se han topado de manera fortuita pero que han provocado un ruido al hacer impacto capaz de lograr que un buen número de ciudadanos pedestres se paralice por un instante para voltear la mirada. Está la coyuntura económica, con una crisis financiera global que se extiende ya por cinco años y pareciera no tener fin. A eso hay que el carácter exótico de la teoría de marras, de origen maya, una civilización amerindia que alcanzó un enorme desarrollo pero respecto de la cual no manejamos información contundente. Y por supuesto, al extremo final de la fila se pueden ubicar a los mismos crédulos de semejantes especulaciones, personas faltas de un mínimo nivel de educación, al menos en estos temas, y que por ende se tornan susceptibles de ser influenciadas por cualquier líder carismático que posea buena labia y habilidad para unificar términos que guardan escasa o nula conexión entre sí, al punto de dotarlos de una aparente coherencia.

Sería interesante detenerse en el asunto de los indígenas mayas. Un pueblo originario americano que alcanzó un importante esplendor político, social y económico en el centro y el sur de México. Pero que mucho antes de la llegada de los españoles había perdido su hegemonía, aunque no desaparecido por completo (de hecho sobreviven muchos de sus representantes hoy), siendo su población sometida por unos parientes, los aztecas. Buena parte de sus descubrimientos fueron impulsados por su casta sacerdotal, que gobernaba con mano de hierro al resto de los ciudadanos, y en que en algún momento de la historia fueron diezmados por una epidemia, justamente la principal causa del colapso de su estructura, puesto que al quedarse sin sus dirigentes, los integrantes de la turba multa, que ni siquiera pensaban en tomar decisiones por sí solos y desde luego jamás habían sido instruidos en el arte de mandar (incluso en términos del auto gobierno), simplemente abandonaron un estilo de vida al cual se habían sometido por un asunto de inercia, pero que probablemente no comprendían ni se interesaban en entender, porque no contaban con la preparación suficiente o arriesgaban la integridad física en aquello.

Es esa cuota de enigma la que los vuelve atractivos. Aparte del exotismo.  Se trata de una civilización que se diluyó antes del arribo de los españoles y que por ende no conoció el contacto directo con los europeos, al contrario de lo acontecido con los aztecas e incas. Agreguemos que no desarrollaron un sistema de escritura complejo (en realidad ninguna tribu amerindia lo hizo) más allá de los pictogramas, donde entre otras cosas se encuentran las supuestas anotaciones apocalípticas que tanto furor y tanta histeria colectiva han ocasionado, y hemos elaborado un misterio que clama a gritos ser descifrado. Y ya que en estos asuntos no sólo participan científicos y paleontólgos, sino que también ciertos aficionados que se presentan como iluminados y cuyo exclusivo campo de acción es la seudociencia, la fórmula que permite crear temores infundados está lista para ser aplicada. La elucubración respecto del fin del mundo maya no es más que una consecuencia de la fascinación por lo desconocido. Fenómeno aumentado por las mismas características del supuesto oráculo, redactado -si así se puede llamar- en condiciones muy rudimentarias, circunstancia que dificulta aún más el descifrado y la correcta interpretación. Porque la otra, que es abundante, claramente no se puede tomar en serio al ser imposible constatar su veracidad.

Más allá del respeto que se merecen las culturas amerindias -en el marco del desprecio al que han sido sometidas por varios siglos-, todas las cosas se deben evaluar en su justa medida. Lo que incluye a los mayas y su desarrollo social e intelectual. Mal que mal estamos hablando de un pueblo que, a despecho de sus importantes descubrimientos astronómicos -en una época en que Europa no dejaba aún la astrología- creía que el cielo era sostenido por los árboles y que la noche se producía porque el Sol era tragado por un espíritu maligno. Asunto este último que era aprovechado por los sacerdotes para a través de la vía del temor religioso -como en la gran mayoría de nuestros vilipendiados cultos abrahámicos- mantener su autoridad y el sistema de castas que los favorecía. El hecho de ser un pueblo que por motivos aún no explicados del todo haya perdido su supremacía, unido al sistemático exterminio de las civilizaciones amerindias desaparecidas o vigentes- de parte de colonizadores y criollos, ha provocado en los colectivos de gente un sentimiento de conmiseración, que se adjunta con la re valorización de lo precolombino. Pero atención: hombres buenos y malos ha habido en todas partes.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

A La Caza de los Perros Salvajes

El Ministerio de Agricultura ha emitido una ordenanza en la cual se permite la cacería, es decir la eliminación con escopeta en mano, de quienes en ese mismo escrito se denominan "perros salvajes", en realidad canes abandonados que deambulan por las diversas zonas rurales del país. Asimismo, ha liberado la cuota de exterminio de dos especies introducidas: el castor y el visón, que están generando estragos ecológicos en las regiones más australes. E incluso se está evaluando aumentar la matanza de guanacos, autóctonos en el norte chileno, pero que se encuentran en una situación de sobre población. Un conjunto de medidas que ya están impulsando a las organizaciones de defensa de los derechos de los animales, a elevar reclamos e interponer acciones legales.

Vamos por partes. Estamos de acuerdo en que existe, por lo menos, una polémica de orden semántico en cuanto a la expresión "perros salvajes", situación inexistente en la naturaleza ya que por definición los canes son animales domésticos, al tratarse en realidad de una subespecie derivada del lobo. Ni siquiera los dingos se merecerían este calificativo, pues han sido sometidos por algunas etnias de aborígenes australianos. El término correcto sería "asilvestrados", que podría emplearse de manera exclusiva para los ejemplares que deambulan por los territorios campestres, en contraste con los "callejeros" que pululan en las zonas urbanas. En este contexto, son válidos los alegatos de quienes advierten que la repartición gubernamental está buscando un subterfugio lingüístico con el propósito de evadir la legislación vigente, que impide o en el mejor de los casos coloca una serie de trabas a la eliminación de los perros vagos bajo la excusa del maltrato animal. De hecho la idea es crear un anillo de seguridad en torno al ganado que de tarde en tarde es diezmado por los ataques de las bestias abandonadas. Una motivación práctica que por cierto es una de las circunstancias en las cuales está admitida la cacería.

No obstante cabe formular una reflexión. ¿Es justo que en aras de la defensa de un animal que en un determinado estado de supervivencia, provoca más mal que bien, debamos aguantar incluso el sufrimiento de otros animales? Al respecto cabe recordar que las jaurías de perros no se limitan a atacar para comer, sino que matan de manera indiscriminada incluso a especies que no les sirven de alimento. Y en ese contexto no sólo se ven afectadas las vacas, las ovejas y las aves de corral, sino que también los humanos que viven en pequeños asentamientos o en el campo. Al respecto, cabe señalar el caso de la localidad de Sierra Gorda, donde abundan los canes vagos provenientes de Calama, dejados allí por dueños inescrupulosos o que al descubrir a sus pares han decidido también asentarse en el lugar. Los lugareños ya no pueden salir a la calle por el temor a que una de esas fieras lo agreda, y de hecho han ocasionado la muerte de varios niños. En resumen, viven encerrados en sus casas de la misma forma que los habitantes de las grandes ciudades que padecen un miedo irracional a la delincuencia. Y conste que a ellos no les va a favorecer la nueva normativa pues se sitúan en la Región de Antofagasta, y el permiso se restringe desde Coquimbo hacia el sur. Como se trata del desierto no se puede recurrir a la excusa de la protección a la agricultura y la ganadería, quedando la potencial eliminación de esas bestias bajo la sospecha del mencionado maltrato. Por ende, los integrantes de aquella aldea, que de seguro más de alguno mantiene una mascota canina, deben continuar evitando el riesgo reduciendo su calidad de vida.

Los amos que abandonan a las mascotas que ya no quieren están conscientes de que no serán eliminadas y de que alguien, aun contra su voluntad, deberá hacerse cargo de ellas, incluso como carne para mordiscos. Conocen las restricciones puestas por la ley de maltrato animal y actúan de forma metódica, seguros de que sus perros continuarán existiendo en un lugar y en unas condiciones que ya no les causarán preocupación. Si dichas proscripciones fueran ablandadas, tengan por hecho de que la cantidad de canes echados a la calle disminuiría drásticamente. Por otra parte, y retomando el asunto del castor y el visón que habíamos dejado de lado, que gentes que no viven en los lugares donde estas bestias efectúan estragos protesten por su erradicación, es un asunto de una ignorancia supina que ni siquiera merece ser comentado, ya que se trata de ejemplares exóticos que están destruyendo el equilibrio ecológico de un determinado hábitat, amenazando a las especies autóctonas. Y en el caso de los guanacos: no olvidar que la vinchuca, siendo un insecto ancestral del norte y centro norte de Chile, empero fue erradicada del país con el propósito de disminuir el contagio de la enfermedad de Chagas. A veces la mejor forma de conservar la naturaleza es la eliminación, como ocurre con la poda de las plantas, donde se cortan los tallos más débiles para que el conjunto adquiera más reciedumbre.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

La Utilidad de la Universidad

Los recientes casos de corrupción en los cuales han estado involucradas autoridades de diversas "universidades" criollas, sumado a la pérdida de importancia social de las lecciones impartidas en los planteles, fenómeno que se da en paralelo al auge sostenido en la consideración positiva que experimentan las llamadas carreras técnicas: son fenómenos que llevan a algunos a plantearse objeciones respecto del orden jerárquico tradicional en el que se suelen ubicar los diversos estamentos de la enseñanza superior. Así, muchos ven a las antiguas "instituciones de estudios generales" como organismos que van rumbo a la obsolescencia; y siendo honestos, existe una buena cantidad de señales que favorece ese tipo de argumentos.

Veamos. Una de las obligaciones más fundamentales a la cual están llamadas las universidades a nivel mundial, al punto de que constituye una de las condiciones más esenciales de su existencia, es la conservación y el almacenamiento de conocimientos, ya sea para simplemente legarlos a las siguientes generaciones, o bien con la finalidad de emplearlos en un posterior proceso de investigación, actividad que por cierto se suele efectuar al interior mismo de los planteles. En atención a dicho mandato, durante siglos estas instituciones fueron la albacea de importantes hallazgos científicos e intelectuales que de no estar bajo su protección quizás se hubiesen perdido. Muchas de estas casas de estudios guardaron en sus bibliotecas y archivos textos únicos que en ciertos casos resultaban claves para entender un determinado acontecimiento. Y su preponderancia en estos aspectos era tal, que muchos artistas, filósofos o físicos que no trabajaron al alero de alguna de ellas al final acababan entregando sus obras pues era la forma más segura de preservarlas. No por nada se ganaron el apodo de "templos del saber".

Sin embargo, la aparición de nuevas tecnologías, como internet, empezó a dar una interesante cuenta de toda esa erudicción. A través del computador hoy se puede acceder a información que hasta sólo un par de décadas estaba disponible de manera casi exclusiva en las aulas o las bibliotecas universitarias, y no precisamente por el interés de los planteles en difundir este material (la mayoría lo hace mal o simplemente no lo hace, dedicando sus respectivas páginas a promover sus carreras y entregar listas de celebridades que estudiaron en su seno), sino a través de bitácoras creadas por profesores, alumnos, fundaciones u organizaciones no gubernamentales interesados en una mayor difusión de ciertos contenidos, quienes prácticamente siempre abren sitios a título personal. Quien escribe estas líneas puede dar testimonio acerca de la excelente calidad de estas iniciativas: muchos portales de filosofía, personalmente, me han servido a la hora de actualizar conocimientos y recordar algunos que comenzaban a olvidarse. Incluso, una enciclopedia como Wikipedia, con todas las objeciones que se le puede hacer, es capaz de entregar datos acerca de un cierto tema de manera contundente y concisa a la vez, al mismo nivel que un académico universitario. Por lo cual, ya no sería necesario siquiera solicitar libros en los anaqueles de la institución.

La pregunta entonces es: ¿están las universidades tomando nota de estos fenómenos? Todo parece indicar, tanto en Chile como en el resto del mundo, que no. Aún se hallan anquilosadas en sus prácticas más tradicionales, e incluso hay académicos que intentan colocar un muro, recurriendo incluso a las sanciones disciplinarias, entre sus alumnos y las nuevas tecnologías, arguyendo que internet constituye una reducción vulgar y banal del conocimiento acumulado, y que quienes están al interior de un plantel deben ceñirse a los mecanismos correctos que además purifican la mente de formas de aprendizaje heteredoxas, más propias de la calle que del aula. Es ahí donde reside su anacronismo. Que además esconde situaciones aún más preocupantes. Al perder su condición de "templos del saber", estas instituciones quedan reducidas a meras vendedoras y expendedoras de títulos. A los cuales sólo pueden acceder los que tienen un mayor ingreso económico, pese a que los demás son capaces de llegar a manejar más y mejor información. Esta situación se está dando a nivel global, donde muchas organizaciones han abolido la gratuidad universal y están forzando a sus alumnos a buscar financiamiento, todo ello con la reciprocidad de las autoridades políticas. De continuar las cosas así, nos veremos rodeados de estructuras mediocres destinadas a proteger a las clases más pudientes y asegurarles obreros baratos, aunque tales obreros estén mejor preparados, simplemente porque en la informalidad hay mayor calidad. Esa parece ser, por desgracia, la futura utilidad de la universidad, si es que no la ha sido desde su origen

jueves, 22 de noviembre de 2012

Más Allá De Un Conflicto Histórico

Entre los cohetes lanzados por Hamas desde la Franja de Gaza hacia ciudades israelíes, y la respuesta tan contundente como irracional del gobierno hebreo, es penoso notar cómo dos organizaciones de extrema derecha, con el objetivo de conseguir ganancias insignificantes, pulverizan barrios enteros y exponen a sus partidarios, los mismos que luego dicen proteger, a bombardeos violentos y ataques mortales. En fin: si a los pocos días se justifican ante una comunidad internacional que se ve incapaz de proponer una solución pacífica y duradera, inhibida por el alcance histórico de los dos pueblos que participan en este conflicto.

Y la verdad es que ambas son bandas abyectas que hace rato deberían haber sido desarticuladas si se les aplican los estándares universales utilizados para definir no sólo el terrorismo, sino la restricción de libertades y el impedimento de la democracia y el desarrollo. De un lado, el ya mencionado Hamas, una entidad creada en 1981, cuando ya los palestinos habían sufrido bastantes pérdidas territoriales y la OLP, el movimiento fundado por Yasser Arafat, por lo menos había despertado la casi total sensibilidad mundial respecto de las penurias de su pueblo -lo que no era fácil, pues frente a los ojos de Occidente se debía demostrar que una importante fracción de las autoridades de la nación judía, a sólo cuarenta años de concluido el Holocausto se había transformado de víctima en agresor, y no en términos de la venganza bíblica-. Y que si bien desde siempre tuvo un programa político, éste jamás dejó de ser acompañado por una vena religiosa integrista, al estilo de iniciativas como la Moral Majority o el Tea Party en Estados Unidos, los nacionalistas católicos irlandeses de los partidos Fianna o la UDI en Chile. Es, en definitiva, una de esas agrupaciones denominadas "confesionales", que se valen de supuestos mandatos divinos para justificar sus procedimientos, los cuales por lo general están reñidos no sólo con la ética y el derecho universales, sino a veces con preceptos de su propio credo. Que no se quedan en el atentado armado contra todo lo que consideran enemigo, sino que luego tratan de imponer normas estrictas, en especial en el campo de la moral personal, llegando a inmiscuirse en la vida privada tanto de sus fieles más incondicionales como de sus simpatizantes ocasionales.

Por otra parte, el Likud, la colectividad política israelí que distorsionó el sionismo -que pese a las críticas que se le pueden formular, es el responsable de los kibutz y mohav- hasta tornarlo un simple fascismo acomodado a la historia del pueblo hebreo, el que por cierto no se merece esta clase de grupúsculos. Surgido como una pandilla de asaltantes de caminos -al igual que su idolatrado David, el rey tirano, violador y abusador en general de mujeres a quien el mismo Señor condenó por sus atrocidades- que jamás conoció los horrores de la Shoah, pues sus fundadores o ya vivían en el Medio Oriente cuando el ascenso del nazismo, o escaparon poco antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial. Cuyos primeros actos en la tierra de Canaán fueron la concreción de atentados dirigidos hacia las autoridades británicas que mantenían la zona como una colonia, y quienes recién hacia la década de 1980, curiosamente coincidiendo con el nacimiento de Hamas, empezaron a adquirir protagonismo en la política israelí, merced a discursos incendiarios, populistas y enmarcados en lo que se denomina las campañas del terror, como las que grupos conservadores occidentales realizan respecto de la delincuencia y los movimientos juveniles alternativos. Es decir, cuando la supervivencia y la consolidación del Estado judío eran cosas más que confirmadas -gracias a los sucesivas legislaturas socialdemócratas que tuvo el país- aparecieron como los salvadores y los enviados divinos dispuestos a acabar con las fuerzas malignas a las que sus adversarios habían sido incapaces de aniquilar.

Ya lo he dicho antes y lo continuaré sosteniendo: la paz definitiva para Israel pasa por la creación de un Estado palestino libre y sin condiciones. Pero dicha nación debe ser capaz de mantener a raya a organizaciones integristas como Hamas, que si bien no es Al Qaeda -incluso han hecho todo lo posible por distanciarse de la organización de Bin Laden, al punto que hoy son uno de los escasos movimientos guerrilleros de orientación o de influencia islámica que no tienen vínculo alguno con la base establecida en Afganistán-, sí equivale a una amalgama de iniciativas confesionales occidentales que no precisamente son agradables. Pueden hacerlo pues los habitantes de este futuro país cuentan con un gran número de personas instruidas y una serie de estructuras democráticas imposibles en otras zonas de mahometanos. Lo cual también ocurre en territorio hebreo. Sin embargo, mientras ambas partes le entreguen sus decisiones a hordas de chovinistas e integristas religiosos y políticos seguiremos escuchando sirenas y hablando de tarde en tarde acerca de bombardeos y lanzamientos de cohetes.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Siervo de un Dios Violador

Si yo estoy en medio de un foro, y por esas casualidades de la vida porto una pistola cargada; y a un tipo se le ocurre decir que una mujer que ha sufrido un embarazo debe resignarse y alegrarse porque ésa es la voluntad de Dios, pues no lo pienso dos veces: en el acto acallo al malnacido dándole un tiro en la cabeza. No sólo por la enorme blasfemia que significa argüir que un ser en principio bueno es capaz de tolerar un acto tan deleznable como el abuso sexual, propio de los genocidios, los gobiernos tiránicos y los lugares donde el poderoso usufructúa del débil a su antojo y con total impunidad. Sino porque en estas palabras existe un manifiesto desprecio hacia las víctimas, lo cual aumenta la humillación padecida por éstas, que por cierto es bastante abismal.

Por fortuna, el congresista norteamericano que cometió este desatino al calor de un debate sobre el aborto se verá obligado a magullar dichas declaraciones en su hogar, pues perdió la reelección. Allí será consolado por una esposa fiel que de seguro piensa igual que él, no tanto porque comparta de manera consciente sus convicciones o los dos hayan sido formados en un ambiente conservador y de respeto a los valores tradicionales, sino debido a que así lo asegura su hombre, y a ella le corresponde callar y hacer eco de lo que afirme el guía familiar, que por algo ha pasado por un cargo público. Sin embargo, el hecho de que en esta ocasión fuesen los votantes quienes obraron de la manera correcta -no siempre ocurre así- en caso alguno debe derivar en una amnesia absoluta respecto del incidente. Ya que se trata de mucho más que la simple necedad de un reaccionario incapaz de observar, siquiera otear, más allá de su propia parcela. Puesto que junto a él existe todo un ejército dispuesto a imponer tales ideas, si no con argumentos sólidos, en su defecto a través de la presión política, económica, social, religiosa y por qué no agregarlo, militar, justamente porque cuentan con los mecanismos para ejercer tal predicamento. Y el hecho de que haya retrocedido algunos ápices no significa que esté reducida a la insignificancia ni menos que se halle en vías de extinción. Si en el futuro se dan las circunstancias, es probable que recupere su reciedumbre e incluso se haga más agresiva de lo que ha sido hasta ahora. Por lo demás es un fenómeno que se ha tornado constante en la historia de Estados Unidos.

Lo que se precisa es extraer lecciones de estos infortunios, con la finalidad de que no se repitan. Hay que dejar en claro que una declaración como la emitida por este ahora ex parlamentario constituye un pensamiento errado en la lógica del cristianismo. Para empezar, porque ofende -y por consiguiente ahuyenta- a prácticamente la mitad de la población, que pertenece al género femenino. Luego, porque se estipula que Dios intenta difundir su mensaje -amor y misericordia- mediante un acto tan aberrante como la violación. Lo cual redunda en una combinación de factores y en un inevitable círculo vicioso. De una parte no se le habla a las mujeres en la forma que ordena Cristo: acogedora, capaz de colocarse en la piel del otro, ausente de insultos y agresiones físicas o verbales. Y enseguida, se les inculca una doctrina que es falsa, alentando su alejamiento de la palabra de vida gracias  una sentencia que no es correcta pero que es dicha como si lo fuera y para colmo por alguien que posee un cierto grado de autoridad -terrenal y espiritual-. En definitiva, no puedo ni debo seguir el camino porque va contra mí y mi mismo ser, al admitir la presencia de los abusadores sexuales como garantía de divulgación y comprensión del evangelio.

Como ya se indicó, este parlamentario se pronunció al calor de un debate sobre el aborto. No es su postura sobre el particular lo que está en objeción aquí (más allá de los casos terapéuticos o de violación el aborto no debiera ser permitido), sino el modo en que se movió con el propósito de defender su postura, lo cual da a entender que carecía de argumentos contundentes. Pues, si lo que se busca es que la ciudadanía tome conciencia respecto de la interrupción del embarazo, ¿qué se saca en provecho insultando a las mujeres, más encima involucrando al Señor como cómplice de un delito tan execrable? Es como quienes pretenden llamar la atención sobre las agresiones de Israel hacia los palestinos acudiendo a la muletilla del antisemitismo. Sólo ocasionan eso que los mismos generales de ejército estadounidenses denominan "daño colateral", que a veces perjudica a un potencial defensor de la causa. Uno no es quien para juzgar las intenciones de este congresista, pero está claro que cometió un pecado y debe rendir cuentas. Ya lo hizo ante el pueblo, sin embargo aún le falta Dios.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

El Otro Lucro Universitario

En medio de los análisis que concluyen que en Chile sobran profesionales universitarios y faltan técnicos, muchas autoridades felicitan a determinadas integrantes del Consejo de Rectores debido a que han decidido crear centros especializados, anexos a sus facultades más reconocibles, donde preparar este tipo de diplomados. Se tratará de recintos independientes -lo cual en la práctica significará que no tendrán contacto con el resto de los educandos- pero que contarán con el respaldo de su casa matriz, lo cual quedará testificado en un rincón del título o de los comprobantes que les entregarán a los alumnos tras cancelar la mensualidad. Allí entrarán los jóvenes de menores recursos que no alcanzaron la puntuación mínima ponderada o que no cuenten con el suficiente poder pecuniario para costear una carrera netamente superior. Incluso quienes tengan la suficiente habilidad y ánimo para cursarla, junto a quienes estará un sicólogo cuya tarea será mediatizar sus expectativas y ajustarlo a su realidad social, so pena de ser exonerado de esta instancia y todas las demás.

Cabe señalar que esta conducta no es nueva. Ni de parte de las "universidades" que forman parte del cartel de las veinticinco como de las inmobiliarias. De hecho, del primer grupo se puede citar al DUOC, antigua repartición de la Pontificia Católica -la más cara del país- y del segundo al Santo Tomás, dependiente del plantel homónimo. Sin embargo, en cualquier otra parte del mundo esta práctica sería vista con extrañeza e incredulidad. Pues, y atendiendo a la lógica de la educación, en el resto de las naciones la enseñanza técnico profesional es responsabilidad prácticamente exclusiva de los establecimientos secundarios, teniendo los superiores una tarea de asesoría o de intermediación entre ambos estamentos que garantice la capacidad de los egresados de ambos de comunicarse entre sí en su futura vida laboral, cuestión que es necesaria para que funcionen los dos engranajes en una relación de mutualidad y que uno no se sienta inferior o en una testera infranqueable frente al otro. Es decir, los rectores y los académicos no intervienen en un proceso que no les incumbe, entrando en escena sólo una vez que se ha efectuado el licenciamiento, con el fin de asegurarles a los titulados que no serán mirados con desprecio por sus similares universitarios, puesto que éstos no tienen valor alguno ante la ausencia de ellos.

En cambio, en Chile nos hallamos frente a un gran número de instituciones que se dicen universidades, que aprovechando los vacíos legales y sociales se apropian de un segmento educativo que no les pertenece, pero que les permitiría ingresar dineros extras a sus arcas, ya engordadas debido a los altos aranceles que cobran y a sus lazos de amistad con los más pudientes. Llevando, además, a miles de jóvenes a un ambiente donde serán considerados alumnos de segunda clase, dándoles la falsa sensación de conformar un plantel de enseñanza superior. A los muchachos se les impide desarrollarse en los secundarios, se les alarga de manera artificial su periodo de instrucción -a la media se le añade un estamento que aparenta ser profesional- y se les coloca frente a los "ganadores" lo cual acaba redundando en comparaciones odiosas. Si los rectores y académicos realmente se preocuparan por los chicos en lugar del lucro, entonces, como se acostumbra en el resto del mundo, acudirían a los liceos, pero no para remplazar a los profesores que diariamente efectúan un esfuerzo más que destacado allí -como varios pretenden valiéndose de ciertas reformas legales-, sino para contribuir de manera desinteresada a acortar la brecha que existe entre ambas locaciones, mediante charlas de asistencia voluntaria y actividades extra programáticas.

Pero todos sabemos que estos personajes detestan a los establecimientos primarios y secundarios y se sienten sobre un aura excepcional en el patético panorama de la educación chilena. Desde luego que mediante el subterfugio de que nos hallamos en presencia de recintos mediocres, argumentan que ellos son los únicos capaces de proveer las herramientas necesarias para una aceptable formación técnico profesional. Así consiguen un nuevo y suculento fajo de billetes que, de seguirse con el modelo que se usa en cualquier otro país, no sólo jamás verían sino que además los obligaría a desprenderse de una parte del tiempo y el dinero que ganan a raudales. Una iniciativa novedosa para mantener la segregación de alumnos de primera y de segunda clase, más sutil porque al fin y al cabo la gran mayoría recibe educación e incluso hasta pueden resultar ser vecinos. Que no obstante, sólo acabará creado una tercera clase de jóvenes: aquellos que por su situación económica ni siquiera podrán acceder a esta instancia técnico profesional, pues ya sabemos que nuestras "universidades" nunca dan algo gratis, sólo lo rebajan de precio en beneficio propio.