domingo, 23 de mayo de 2010

Con Cara de Judío

Lo del comentarista deportivo aficionado -porque no tiene ningún título de periodista, sino de ingeniero comercial- Mauricio Israel roza lo patológico. Aunque, como todos los que siguieron el mismo camino, fueron las circunstancias y la irresponsabilidad compartida con otros los factores que lo arrastraron. Tras hablar unos cuantos años de fútbol en varias estaciones menores -a las cuales probablemente llegó amparado por el compadrazgo que podía ofrecerle su padre, el publicista Alberto Israel-, y creyendo que el nivel de exposición que entrega tal trabajo, más aún si se es un tipo con altos grados de carisma y oratoria, es la justificación para erigirse en una suerte de gurú o guía espiritual, de cualquier cosa menos de lo relacionado con las actividades atléticas; es contratado por Megavisión, el canal que mezcla del modo más perfecto posible chabacanería con moralina hipócrita, y luego de un breve lapso analizando resultados dominicales y tácticas de juego (dentro de los límites de tiempo y de presión comercial que tiene la televisión, especialmente en emisoras que se fijan como casi exclusiva meta la sintonía y la masificación), fue premiado, trasladándosele a los matinales y a los seudo espacios de conversación, donde desplegó toda su versatilidad señalando con el dedo a quienes mantenían, por una u otra causa, deudas impagas con las casas comerciales, los bancos o con cualquier entidad que otorgase préstamos a interés. Lo hacía en parte por voluntad propia, pero era indudable que igualmente cumplía órdenes de un patrón que tiende a disimular la falta de calidad con bisutería mojigata. De cualquier manera, el sitial de honor le duró hasta fines del 2008, cuando, aprovechando su condición de judío, debió huir a Israel con el propósito de despistar a los acreedores que ya discurrían la opción de atarle la soga al cuello. Por cierto, entre quienes lo acosaban para que pagase, se encontraban familiares cercanos y sus más entrañables amigos. Aunque hace unas semanas, efectuó una visita relámpago a Chile, para firmar un compromiso de dudoso cumplimiento, cuyo efecto más plausible, fue detener las acciones judiciales que lo estaban atosigando, incluso a orillas del Mar Muerto.

Al margen de tratarse del enésimo sujeto que condena o prohibe una cosa que practica en secreto, lo interesante en el caso de Mauricio Israel es hurgar en las causas que lo impulsaron a endeudarse al extremo de la irracionalidad. Según declaraciones propias y testimonios de sus cercanos, lo hacía para comprar ropas caras y mejorar su aspecto físico, pues se consideraba feo y escasamente atractivo para las mujeres. Al parecer, no le advirtieron, o él mismo no quiso entender, que cuando un hombre cuenta con una fuerte suma de dinero -y el comentarista de marras la tenía, al menos en su paso por Megavisión-, de igual manera puede dar por sentado que no dormirá solo cada noche; y eso, independiente de sus preferencias sexuales. Pero lo que genera más intriga, y a la vez una mayor dosis de morbo, es que a la par con sus complejos, Israel sentía un henchido orgullo por su origen étnico, al punto de que en varias ocasiones se querelló por injurias cuando alguien le recordaba de manera poco feliz que era judío. Y para inflar su pecho, lo favorecía no sólo su apellido, sino además su rostro, el mismo del cual se avergonzaba en cada oportunidad que estaba solo frente al espejo del cuarto de baño. La suya es una cara de hebreo arquetípica, como la de Woody Allen o Steven Spielberg, por citar un par de ejemplos. Y si bien dicha faz se enmarca en la concepción del nerd, que tiene ciertas connotaciones negativas, a vuelta de página se halla completamente integrada a la sociedad estadounidense, al punto de ser presentada como una de las tantas imágenes del triunfador.

Nos encontramos, pues, ante un nuevo caso de una conducta privada discordante con el discurso público, y por partida doble. Ya que Mauricio Israel no sólo aprovechaba los micrófonos para despotricar contra modestos deudores que sin duda tenían un motivo para dejar de pagar ajeno al simple deseo de no hacerlo, mientras él, con una abundante cantidad de recursos, empero contraía compromisos pecuniarios exorbitantes e irreales. Sino que además le prestaba un flaco favor a su raza, respecto de la cual siempre se mostraba como un defensor a ultranza. Puesto que, no lo olvidemos, los judíos suelen ser vistos como eficientes administradores de su dinero, llegando a ser acusados de tacañería. Y aquí aparece un nuevo elemento propio del morbo: Israel renunció a la facultad ahorrativa atribuida a los suyos, para eliminar de su cuerpo ciertos rasgos étnicos. Un recoveco digno de analizar, aún cuando su insistencia puede arrastrar al inquisidor a los terrenos desafortunados del antisemitismo.

De cualquier manera, me parece que Mauricio Israel no es el exclusivo culpable de sus desgracias. Retomando lo anotado en el primer párrafo, se dejó llevar por las luces del espectáculo y las instrucciones de su empleador. El periodismo deportivo, al cubrir una actividad cuyos éxitos dejan a todos felices, queda prácticamente inhabilitado de trascender a campos como la política o la religión. Luego, esta limitación se convierte en una capacidad de soportar todo tipo de opiniones, desde las más controvertidas -por su nivel de calidad- hasta las más banales y extravagantes. Si un comentarista carismático afina sus armas en la información relevante al mundo atlético, no es difícil que a poco andar se torne un personaje conocido y un líder mediático. De ahí a sentirse con atribuciones casi místicas para guiar a la gente en todos los aspectos de su vida, cabe un paso. El que fue dado por el sujeto de marras, obnubilado por la fama, el egocentrismo, la suculenta oferta de Megavisión y la actitud propia de un miembro de la farándula -tanto por el círculo en el cual acabó moviéndose Israel, como por su conducta frívola a la hora de gastar y contraer deudas-. Estoy seguro que este individuo siquiera se creyó buena parte de lo que vociferaba, lo cual de seguro debió ser invención de un guionista, quien a su vez, actuó de acuerdo a las directrices señaladas por su patrón.

domingo, 16 de mayo de 2010

Las Mentiras Autocumplidas

Parece que el llamado "tercer secreto de Fátima" es en realidad un complejo e interminable listado de vaticinios hechos al gusto de la situación personal y de la época contemporánea del intérprete. Porque Wojtyla, con el fin de acabar con años de ridículas conjeturas, reveló que tal mensaje oculto detallaba el intento de asesinarlo que él mismo sufrió en 1981. Sin embargo, su sucesor, Ratzinger, en una reciente visita a Portugal, ha indicado que el ya trillado secreto detalla las tribulaciones que debería enfrentar la iglesia católica en general y el papa en particular, producto de las acusaciones insidiosas de ciertos individuos interesados en que la estructura romanista se desplome definitivamente. Léase, los casos de pedofilia, que la curia reconoce; pero que acto seguido, siente que han sido exagerados por los enemigos de costumbre. Ahora: los voceros del sumo pontífice recalcan que en realidad, el oráculo se refiere a la totalidad de ataques que recibirá el catolicismo en el denominado "fin de los tiempos", los cuales serían constantes y sucesivos, y motivados por un denominador común: conseguir la ya mencionada destrucción de su aparato institucional, como parte de un intento por destruir la fe cristiana, en la persona de su única instancia religiosa que alabaría a Dios de la manera correcta.

Nótese que en el párrafo anterior no ha sido empleado el término "profecía", debido a que se pretende encontrar una coherencia con el título del artículo. Porque esa palabra, al menos en el marco de la teología cristiana, sólo puede ser usada cuando nos encontramos ante un texto comprobadamente auténtico. Y el vaticinio de Fátima, de forma clara y concluyente, no lo es. No debido a que se preste para las conclusiones antojadizas de intérpretes inescrupulosos, pues, después de todo, cualquier escrito o anuncio de esta clase, por sus propias características, corre el riesgo de ser manipulado en favor de personas interesadas. Sino porque cualquier pronóstico expresado en clave profética, fue cumplido tras la muerte y resurrección de Jesús. Más aún: la misma Biblia advierte acerca de las señales equívocas que incluso pueden ser enviadas por ángeles, y condena con estilo vehemente la "actitud de quedarse mirando al cielo", como la de los apóstoles que permanecieron un buen rato con la boca abierta contemplando las nubes que circularon por la atmósfera tras la ascensión de Cristo. De aquí hacia adelante, los discípulos del camino ya sabemos, o deberíamos saber, que todos los recursos están dados y a disposición de quien los tome, a fin de predicar el evangelio antes que acontezca la Parusía. Es cierto que tanto el propio Señor como algunos autores neotestamentarios -Pablo, Pedro, Judas, Juan-, anticipan que vendrán individuos contrarios a la difusión del mensaje salvífico, que harán todo lo posible por neutralizarlo. Pero la presentan como una actitud común al periodo inmediatamente posterior a la subida de Jesús, que puede ser entendida como el típico rechazo a lo novedoso. Además, los líderes espirituales crean detractores con la misma rapidez que obtienen seguidores, y ese fenómeno se puede constatar a lo largo de la historia.

Los mismos escritores antes mencionados, recalcaron que, independiente de que un cristiano tenga el don de interpretar exactamente una profecía bíblica, empero la tendencia a formular vaticinios propios es abominable a los ojos de Dios y constituye un grave pecado. De hecho, esta conducta fue la que motivó a acuñar la expresión "falso profeta", pese a que hoy cuenta con un campo de aplicación bastante más amplio. En algunas traducciones, su equivalente en koiné suele ser traducido por "charlatán": en cualquier caso, es perfectamente equiparable al significado del vocablo "hereje", tan recurrido por el catolicismo. Y en especial, en las Escrituras se coloca énfasis en el garrafal error de fijar fechas para el término del mundo y la segunda venida de Cristo -que en este contexto, son dos acontecimientos interdependiente e inseparables el uno del otro-, incluso cuando tales calendarizaciones son intencionalmente inexactas, como sucede dentro de la iglesia católica. Por cierto, resulta anecdótico constatar cierta similitud en las actitudes del papa y las de determinados milenaristas de cuño protestante surgidos en el Estados Unidos decimonónico, como Charles Russel o H. H. White. Ambos, y varios otros, indicaron el día y la hora exactos en los cuales iba a acaecer la Parusía. Al obviamente fallar en sus predicciones, se defendieron diciendo que habían cometido un ligero error de cálculo, y tras un breve tiempo dedicado a la "corrección", pronosticaron una nueva fecha, lo cual también fracasó. Al final, la única certeza que quedaba para los espectadores y sus propios fieles, era que estos aprendices de Delfos eran pésimos matemáticos.

En la iglesia católica ocurre algo muy parecido. Un cambio brusco en la sociedad les hace ver que erraron el oráculo, y para evitar reconocer públicamente el desaguisado -y de paso, no ser considerados un hazmerreír-, modifican su contenido y tamaña sorpresa: era similar a lo que estamos padeciendo ahora. Y de manera inverosímil, se ponen a la altura de los mormones, los adventistas o los jehovistas. Como estos últimos, incluso se aprovechan de eventos históricos que de manera fortuita les sirven para salvar sus vaticinios: por ejemplo, los repartidores de la Atalaya, entre sus varios tanteos, determinaron un enésimo acabo de mundo para comienzos del siglo XX. Desde luego que los cataclismos pasaron nuevamente de largo; pero sucede que en 1914 estalló la Primera Guerra Mundial, conflagración de la cual se han valido para afirmar que Jesús ha retornado a la Tierra, en una rebuscada explicación que intenta convencer de que la Parusía se está desplegando de manera episódica. Tal vez hasta allá llegue el romanismo: después de todo, fue también en los albores de la centuria pasada, cuando supuestamente se suscitaron las apariciones de Fátima.

domingo, 9 de mayo de 2010

Imágenes del Patetismo

Tras repasar una y otra vez el video que muestra a las autoridades civiles y militares en ejercicio el veintisiete de febrero, desorientadas y desencajadas, formulándose preguntas entre sí, sin la esperanza de encontrar una respuesta, y comprobando con una mezcla de desesperación y resignación, que poco y nada podían hacer ante el violento terremoto acaecido unas horas antes, no tanto por la falta de recursos, la falla de los mecanismos de alerta o la imposibilidad de constatar el grado de acierto de cada decisión; sino más bien producto del desengaño respecto del real nivel de reacción que tiene el país al momento de ser desafiado por una catástrofe natural de esta envergadura, el cual por cierto, era muy inferior al que los propios encargados creían. Una revelación que arrastra, como el tsunami que afectó las costas de la zona central chilena esa noche -y que los protagonistas del registro audiovisual descartan una y otra vez-, tanto al pueblo como a sus gobernantes, aunque el nivel de desintegración de cada estamento es diferente dependiendo de su grado de responsabilidad y del rol que cada uno juega en la vida nacional.

Analicemos las cosas por partes. Es cierto que Michelle Bachelet es, en el peor de los casos, la menos culpable de todos quienes se reunieron esa fatídica -para el país, por la tragedia experimentada, y para ellos, por la irremediable pérdida de su prestigio- madrugada. Pocas opciones tenía de revertir el grado de desidia y de negligencia delictual de los representantes de las Fuerzas Armadas, en especial de los de la marina. Quienes, además, no se veían muy dispuestos a obedecer órdenes de un gobierno al cual le quedaban dos semanas de mandato, antes de ser sustituido por otro de signo político totalmente distinto. Pero tal muestra de desacato es un reflejo de todos los cuestionamientos que no sin pruebas contundentes se le formularon a la entonces presidente: que carecía de liderazgo, que sus atributos tenían antes que nada una repercusión meramente mediática, que mostraba una ignorancia supina en una importante cantidad de temas, y que anteponía su condición de mujer y los estereotipos que se le atribuyen al género -debilidad, trato suave y maternal- cuando le recalcaban sus defectos. Todo esto sale a la luz en la filmación de marras con pasmosa evidencia, pues los espectadores son testigos de cómo un jefe, o en este caso jefa, es incapaz de imponer sus términos, lo cual genera una situación risible que a la vez da pena.

En especial, porque durante su legislatura, aunque en instancias diferentes a las que nos atañe, Bachelet sí mostró una tenue aunque definitiva capacidad de liderazgo. Fue en los instantes en que le correspondió reprimir a los movimientos sociales, sobre todo a las comunidades mapuches. Por recomendación de ciertos asesores, desde luego, que le aconsejaron por allá por el 2007, aplicar ciertas dosis de mano dura para así salvar su gobierno y al menos estabilizar su popularidad. Lo que con ayuda de míseras limosnas -que en un país con altos índices de injusticia social como Chile, siempre son bienvenidas- consiguió su objetivo. Allí había coordinación para asesinar a indígenas desarmados que sólo reclamaban sus derechos. Y los recursos humanos, económicos, técnicos y logísticos siempre se proveyeron a destajo, incluso para levantar un sólido edificio de acusaciones falsas, como ocurrió con la cineasta Eliana Varela. El asunto fue tratado, en estos cuatro años, como una situación de guerra interna, sólo que el otro bando no era aceptado como legítimo. De igual modo, las Fuerzas Armadas chilenas contaban con un imponente poderío para contrarrestar un enfrentamiento bélico internacional, que todo sabemos, jamás se producirá. Armamento que además, fue reforzado en cantidades estratosféricas por la última legislatura. Adicionalmente, cabe consignar que Chile que más gasto militar ostenta en América Latina, superando por sí solo al resto del subcontinente.

Al final, la oblonga mandataria obró como cualquier régimen totalitario de características militaristas. Se envalentonó cuando al frente tenía a manifestantes incapaces de devolver el golpe, y que formaban parte de su propio pueblo. Pero cuando había que defender a ese mismo pueblo, se develó como una inepta incorregible. Cuando se recuerda a ministros y subsecretarios anunciando ese veintisiete de febrero, que se descartaba la alerta de tsunami mientras las olas barrían con el litoral central, resulta imposible no comparar dichas intervenciones con sus llamados a aplicar medidas preventivas en asuntos como el conflicto mapuche o las protestas de los secundarios. Ahí sí que el aparato público actuó con eficiencia. Porque había que matar a algunas personas molestas para ciertos grupos de poder. Ahora ese resultado podía conseguirse valiéndose del procedimiento opuesto. Para que los representantes de los mismos grupos tuvieran la oportunidad de enriquecerse aún más con la especulación.

miércoles, 28 de abril de 2010

Hogar de Schaeffer

Finalmente, el Hogar de Cristo se encargó de los gastos mortuorios de Paul Schaeffer. La institución católica, fundada por un canonizado (me niego a decir santo) con un propósito supuestamente altruista, obró de la misma forma que lo hizo hace algunos años atrás, cuando se produjo el deceso de otro ser despreciable: el agente de la DINA, Osvaldo Romo Mena. La única diferencia entre ambos sepelios, es que ahora el cortejo fúnebre contaba con cuatro asistentes y no dos, porque el pedófilo alemán al menos fue despedido por un par de familiares adoptivos, a diferencia del obeso torturador, cuya muerte sólo fue capaz de reunir al sepulturero de turno y al representante de la empresa que ofreció el servicio. Ambos, no obstante, coincidían en aspectos significativos: arrastraban un pasado oscuro y tortuoso, que los impulsó a ponerse incondicionalmente bajo las órdenes de la dictadura militar, que encauzó toda su ira con el mundo y su consiguiente desprecio por la humanidad, enviándoles a ejecutar los trabajos más sucios y denigrantes, que los mandamases siempre quieren pero jamás se atreven a hacer, a saber el martirio y la desaparición forzada, permitiéndoles a cambio, darse el gusto de acometer un crimen aberrante e indeseable como la violación sexual, de niños uno, de mujeres indefensas el otro.

Y a pesar de ello, una organización como la iglesia católica, que asevera haber auxiliado a las víctimas de estos sujetos y por extensión a todos los que eran perseguidos por la mencionada dictadura, decide recoger sus cadáveres putrefactos, valiéndose de una filial que, al menos en términos teóricos, está planificada para socorrer a los pobres y los desvalidos sociales. De acuerdo: el papismo tiene una justificación teológica que le permite estos arranques de bondad hacia quienes no murieron en paz, cual es la tesis del purgatorio, donde aterriza el conjunto de las almas, salvo aquellos que hayan sido póstumamente elevados o condenados por la autoridad eclesiástica. Esto último, de cualquier forma, reservado para quienes no han aceptado la curia vaticana como verdadera, o se han consumido en herejías, o en el caso de las mujeres, si se han practicado un aborto. En caso alguno por haber abusado sexualmente del prójimo, ni siquiera por haber abusado del prójimo en todas las acepciones que puede admitir esa palabra. Por ende, estos infames aún tienen la opción de ascender a los cielos e incluso de ser beatificados y canonizados (una vez más, me niego a decir santos). Pero en fin: ya sabemos que la pedofilia ronda en las sacristías de una manera muchos más frecuente que el peor de los anticlericalismos se hubiese imaginado. Así que otros individuos, como Marcial Maciel, no han perdido la gracia.

Lo interesante es que, si vemos este acto como un asunto de imagen, sólo confirma lo que históricamente la iglesia católica ha sido: una institución corrompida e indeseable para el sentido común de justicia que es inherente a todo ser humano. Durante siglos se dedicaron al genocidio, y cuando los adultos empezaron a levantar la voz y a los obispos y papas no les quedó otra que echar pie atrás, entonces se dedicaron a satisfacer sus pasiones reprimidas con los niños. Resulta que en el preciso instante en que su estructura completa es zamarreada por los sucesivos escándalos de pedofilia, de los que tampoco se han eximido los sacerdotes chilenos, deciden, sin que nadie se los ruegue, enterrar a un conspicuo abusador infantil, a través de una de sus divisiones supuestamente caritativas. Peor todavía: a un sujeto que siempre se presentó como el líder de una secta seudo bautista. Mientras siguen vituperando a los sinceros evangélicos que cada domingo marchan por las calles, acusándolos de ser grupos particulares, adjetivo que equivale a falsos. Se oponen férrea, tenaz y violentamente a las clases de fe evangélica en los establecimientos educacionales municipales, y hasta hoy expulsan de sus escuelas e incluso universidades a los alumnos que profesan un credo diferente. Para colmo, cada vez que pueden, sacan a colación esa inmensa mentira que reza que los evangélicos apoyaron en masa al régimen militar, declaración formulada con la intención de que la opinión pública sitúe a los curas en el polo opuesto, cuestión que todos sabemos nunca fue así, y basta mirar alrededor para comprender que todos esos relatos míticos sobre el pasado no fueron más que trabajos de pantalla, para embobar todavía más a los incautos.

Retomando el tema inicial, los romanistas se defenderán arguyendo que este proceder corresponde al perdón y a la misericordia que un cristiano debe demostrar hacia todos los hombres sin excepción. Sería válido, siempre y cuando practicaran lo que predican. Porque, como fue señalado anteriormente, una mujer que se practica un aborto sufre la excomunión automática, sin detenerse el tribunal a pensar que ese embarazo pudo haber sido producto de uno de esos mismos indeseables a los cuales los curas protegen hasta su última morada. Ahí no existe ninguna posibilidad de redención y la mentada misericordia es sustituida por juicios lapidarios e incontestables. Como diría el poeta, dejémonos de pamplinas. El mismo Pedro, que según el catolicismo guarda el llavero de las nubes, afirmó que el perro siempre vuelve a su vómito y el cerdo lavado no aguarda un segundo y se vuelve a revolcar en el barro. Los papistas ampararán siempre a los pedófilos, de manera consciente o inconsciente, porque su propia doctrina los arrastra a rodearse de ellos. Aunque sean herejes.

viernes, 23 de abril de 2010

Dawkins: Ateo y Oportunista

No se puede negar que Richard Dawkins es un tipo con carisma mediático. Cual entusiasta y convencido predicador religioso, ha llevado a cabo campañas publicitarias en distintos países del primer mundo, llamando al unirse al ateísmo y al "goce de la vida". En sus múltiples artículos periodísticos, censura toda clase de credos, acusándolos de ser un obstáculo contra el progreso de la ciencia, a la que señala como la única fuente de conocimiento verídica y por ende, como ruta obligada para todo ser humano. Los argumentos de que se vale son muy simples y están enfocados casi exclusivamente a dividir a la sociedad en buenos y malos. Sólo que este último grupo lo componen quienes siempre se han considerado la opción más correcta posible, y en base a ello, se han sentido impulsados a atribuirse la facultad de dirigir la conducta y el pensamiento de los demás. Una actitud que le da a Dawkins un aura de rebelde y de sujeto políticamente incorrecto; pero que si nos detenemos sólo por unos minutos a analizar, descubrimos que es similar a la de las organizaciones que tanto ataca.

Lo cierto, es que al igual que Mahoma, Buda, Joseph Smith, Marcial Maciel, Jim Jones o cualquiera que se sienta portador de un mensaje destinado a ser comunicado a todo el mundo, porque sólo así la humanidad será mejor: no se resta de las acciones simbólicas y en estos día ha realizado una que de nuevo atrajo la atención de los medios. Pidió que el papa sea detenido y procesado en calidad de cómplice y encubridor por los escándalos de pedofilia que tienen apremiada a la iglesia católica. Idea que no relegó a un mero escrito semanal, ya que presentó una demanda al respecto en un tribunal alemán. Por supuesto que quien les habla, coincide plenamente con sus lectores y con el mismo Dawkins, en la opinión de que, de una vez por todas, el romanismo no responda, sino que pague de modo definitivo por sus crímenes históricos, sometiéndolo a una presión que lo haga desaparecer o, en el peor de los casos, que lo reduzca a su mínima expresión, para de paso, asegurarse de que los curas no se vuelvan a entrometer en la vida privada de las personas, revisando la cama, señalando con el dedo o satanizando el empleo de anticonceptivos, mientras se sientan en la mesa de los poderosos, quienes sí cuentan con un amplio prontuario, pero sobre los cuales no dejan caer su espada de Damocles porque los financian y alimentan. Sin embargo, a poco andar uno encuentra un cierto aroma a oportunismo en la querella presentada por el líder ateo, quien claramente se sube al carro de la contingencia con el fin de obtener un beneficio. Además, que otra vez queda en evidencia su debilidad por los micrófonos y las cámaras de televisión, característica que por cierto, comparte con los ministros religiosos más extremistas y fanáticos.

Y es que, si le quitamos la cáscara -donde se resume prácticamente toda su imagen-, la conducta de Richard Dawkins sólo puede ser definida como un mesianismo de escaso peso, basado casi exclusivamente en una visión maniquea de las cosas. Sus espectadores creen hallar toque de originalidad porque condena de manera virulenta a las religiones tradicionales occidentales -y de paso a todas las corrientes de pensamiento afines-, valiéndose únicamente de las atrocidades cometidas por éstas. Pero cabe recordar que los principales líderes espirituales, desde los más universalistas hasta los más sectarios, comenzaron sus ministerios descuerando las creencias que por entonces dominaban en su entorno. Así acaeció con el mismo Jesús, y con Mahoma, Buda o Confucio. Incluso, en los tiempos modernos hemos sido testigos de movimientos políticos y sociales que se han enfrascado en una lucha por desmitificar y desterrar el fenómeno religioso, como el comunismo y el nazismo, y sus resultados no han sido satisfactorios. Para colmo, Dawkins se la juega por una nueva forma de totalitarismo, pues sólo admite a la ciencia como única verdad posible y llama al mundo a abandonar todo lo demás, ignorando que el empirismo le debe mucho a la filosofía, a la teología y a las artes, entre otras ramas del conocimiento. Jim Jones y Escrivá de Balaguer declararon algo parecido en su momento: soy el auténtico camino y todo lo demás está podrido. Uno condujo a sus fieles al suicidio colectivo; el otro, contribuyó a reposicionar al conservadurismo retrógrado en el diario vivir.

Retomando el tema inicial de este opúsculo, podemos acotar que lo que Richard Dawkins pretende es hacer crecer su figura en los medios de comunicación, para así ganar más adeptos a la espera de una suerte de asalto final, donde podrá dialogar con los dirigentes mundiales para transformar sus diatribas en leyes. Todos quienes creen contar con la fórmula mágica que salvará a la humanidad, se valen de estas triquiñuelas y aprovechan el instante propicio para atraer la atención hacia ellos. Desde luego que los abusos contra niños, y su consiguiente ocultamiento por parte de la curia romana, son sucesos aberrantes que deben ser tratado con el mayor rigor imaginable. Pero examinemos los estímulos y sólo después decidámonos por uno u otro. Fuera de que pedófilos y violadores hay en todas partes, incluso en el ámbito de la ciencia.

miércoles, 14 de abril de 2010

Pedófilos Sí, Homosexuales No

A nadie deberían extrañarle las palabras emitidas por el cardenal Tarciso Bertone, quien aprovechó su visita diplomática -en su condición de funcionario del Vaticano- a Chile, para dejar una vez más en claro el nivel de homofobia que existe al interior de la iglesia católica. Obviamente que la única sensación que pueden causar, al menos entre las personas que tenemos una vocación democrática y no aceptamos para nada al romanismo, es, por decirlo de una manera elegante, escozor, al darnos cuenta que los papistas, a pesar de los golpes y de las claras evidencias, nunca aprenden. Pero en realidad, no son menos duros de cerviz que los demás, quienes creen, con una mezcla de idealismo e ingenio, que por fin esta institución va a cambiar su actitud y va a empezar a proceder según la lógica y en auténtica concordancia con el bien de la humanidad.

Sin embargo, existen varios líderes religiosos, no exclusivamente católicos, y no solamente cristianos, que están mostrando hostilidad hacia la tolerancia que supuestamente en los últimos años, el mundo viene teniendo con la homosexualidad. Algunos, como los musulmanes, no se han quedado en las declaraciones y han pasado de forma manifiesta a la acción: ora persiguiendo y encarcelando a los sospechosos de conducta gay en los países que ostentan un gobierno confesional islámico; ora recurriendo al terrorismo religioso, en los lugares donde son un importante grupo opositor. Y ya dentro de los seguidores de Jesús, podemos encontrarnos con corrientes de pensamiento surgidas en el seno de la Reforma evangélica, como los milenaristas, que asocian dichas instancias de diálogo como la antesala del Apocalipsis definitivo, donde la especie humana, producto de su constante y progresivo pecado, será destruida por la intervención divina. Por último, nos topamos con el catolicismo, que poco menos que considera a la homosexualidad la causa de todas las aberraciones sexuales, incluyendo por cierto los recientes escándalos de pedofilia que tienen apremiados a los representantes del credo de Roma, desde el mismo papa hacia abajo. La verdad es que, si bien es cierto que en el transcurso de la historia, en algunos momentos, la tendencia gay ha sido víctima de una represión vergonzosa, injustificable y cruel; también existen pasajes donde ha gozado de la más amplia libertad de expresión, llegando a haber homosexuales famosos que han dado a conocer su condición. Y no estoy habland de la llamada "belleza griega" de la antigüedad clásica, o de la cultura de los efebos, muy arraigada entre los emperadores romanos; sino de periodos más recientes, donde Occidente ya está bajo la influencia y la férula del cristianismo, como la Edad Media, el Renacimiento o épocas posteriores. Aunque en varios de los casos mencionados, tal aprecio se reduzca al peluquero afeminado que maquillaba a los nobles y a los aristócratas.

Con todo, y aún admitiendo que este siglo acepta la "perversión" homosexual, de manera espantosamente más abierta que las sociedades que lo precedieron, es preciso acotar una cuestión muy interesante. En el pasado, incluso en el más cercano, la pedofilia era tolerada o cuando menos, no se condenaba con la cárcel. Más aún: ni siquiera la violación sexual tenía una connotación tan negativa como la que presenta hoy. Si un tipo deseaba a una mujer y no era correspondido, simplemente la forzaba; y para evitar la vergüenza exterior, el victimario se veía obligado a "compensar" su falta casándose con la agredida, con lo cual el castigo se transformaba en premio. De hecho, este proceder estaba descrito en el Antiguo Testamento, donde era visto como un sacrificio y un acto de penitencia de parte del malhechor, por lo cual, el texto bíblico sentenciaba que la reparación daba por superado el delito. Pese a que Cristo censuró esta costumbre de manera bastante lapidaria ("quien mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón"), durante los dos milenios siguientes permaneció incólume, tornándose un mecanismo eficaz a la hora de conseguir esposa y así cumplir con otro mandato veterotestamentario: "crezcan y multiplíquense, hasta llenar la Tierra para sojuzgarla". El que también, por lo demás, ya está obsoleto.

En parelelo, estos violadores y pedófilos, y el círculo que los rodeaba, el cual en el mejor de los casos miraba hacia el lado, lanzaban lenguas de fuego cuando se mencionaba la palabra homosexualidad. Pero eran tiempos pasados, donde todo estaba mejor, ya que los hombres y también las mujeres eran temerosos de la moralina seudo cristiana. El problema, no obstante, es otro. Las aberraciones sexuales de antaño necesariamente requerían de una segunda persona para ser consumadas, participante que además debía compadecer en actitud pasiva. Lo cual significaba que dicho interlocutor pasaba a convertirse en una víctima: alguien que era dañado al ser empleado en tales menesteres, pues la naturaleza de los mismos está intrínsecamente orientada así. En cambio, el gay, aunque por su sola tendencia pueda ser considerado un desviado, es sin embargo un sujeto autosuficiente, en el sentido de que no se ve forzado a valerse de otros para demostrar sus inclinaciones. Lo cual, significa que si pretende llevar sus ideas a la práctica (salvo la masturbación, el sexo siempre se hace de a dos), es capaz de conseguirlo con el mutuo consentimiento de la contraparte, sin recurrir a la anulación de la voluntad de ésta. Eso es algo que no han comprendido, o no han querido comprender, los homofóbicos, en especial los que provienen de una determinada religión. Y por eso se estremecen cuando comprueban que la sociedad contemporánea es más proclive a señalarlos con el dedo a ellos, en lugar de los amanerados.

jueves, 8 de abril de 2010

Entre Zafrada y Cisarro

Se enojó el niño Víctor Díaz, alias Zafrada. Después de su oportuna aparición en televisión, en medio de los destrozos dejados por el maremoto en Iloca, pidiendo una nueva escuela para su localidad, ha debido soportar el acoso de los periodistas amarillistas, que componen el total de los departamentos de prensa de la mayoría de los medios de comunicación de gran alcance. En medio de la vorágine informativa y de la tan falsa como grandilocuente caridad, ninguno recordó (era que no) que se trataba de un muchacho de siete años, cara visible de toda la candidez con la que se enfrenta al mundo a esa edad, la misma que les permite obtener unos cuantos puntos más de sintonía. Y el mozuelo se ha sentido perseguido como un vulgar delincuente, debiendo ahora, incluso soportar a ociosos turistas que no tienen escrúpulos en llegar a su casa a fotografiarlo, en lo que se ha transformado en una suerte de funa con sonrisa afable, que por cierto es la actitud característica de un pedófilo. De cualquier manera, algo positivo sacó este chiquillo tras su exposición mediática, aparte de las lecciones moralizantes de rigor: un empresario se apiadó y extrajo, cual mago desde la chisteria, una escuela modular, frenando las ansias de los canales de televisión, y de paso solucionando el problema de los dos millones de damnificados, muchos de ellos, estudiantes que también han visto sus establecimientos en el suelo o alejándose en el océano.

Cada vez que me topo con este mozuelo, al otro lado de los rayos catódicos, no puedo dejar de recordar a otro infante un poco mayor que él, que hace algunos meses atrás también hizo noticia, aunque por causas muy diferentes. Se trata de Cristóbal, mejor conocido como el Cisarro. Quizá, porque si nos detenemos no a pensar, sino a reflexionar siquiera un momento, encontraremos varios elementos en común entre ambos. Sus apodos provienen de la incapacidad de pronunciar bien una palabra, ya sea "frazada" o "cigarro". Los dos ha salido de hogares "de esfuerzo" por citar aquel eufemismo utilizado cuando no se quiere mencionar la pobreza. Y su rasgo distintivo tiene un origen similar: el mediocre, por no decir inexistente, sistema educacional público chileno. Lo cual arrastra a los adultos a coincidir a su vez en tratarlos con una mirada bufonesca, que tiende a destacar dichos defectos de lenguaje. Una conducta amparada por el principio de autoridad que un sujeto mayor ejerce, o debe ejercer, sobre un niño, aspecto que en Chile es tratado de la manera más tradicional y represiva, en perjuicio, obviamente, del supuesto subyugado. Aunque, hilando más fino, el mencionado proceder es en realidad orquestado por una determinada clase de adultos: la que ostenta el poder político y económico en el país, y que por ende es dueña de la totalidad de los medios de comunicación más influyentes. Ellos matriculan a sus hijos en costosos colegios de pago, lo cual libera a sus vástagos de estos auténticos estigmas de la pronunciación (y si pese a todo de pronto alguno amenaza con ser una salvedad a la regla, lo envían a un sicólogo, que sólo es un modo sutil de darle una cachetada). Pero además, son los mismos que, ante la exhibición del dolor de un damnificado, corren con cajas de ayuda y escuelas modulares a fin de recibir aplausos espontáneos y de esa forma limpiar su conciencia. Y esto último, equivale a desviar la atención sobre la evasión tributaria que efectúan a diario, o de su férrea oposición al cobro de impuestos decentes, que puede permitir que aquellas familias afectadas por los desastres naturales no permanezcan en la total incertidumbre.

Las diferencias entre Zafrada y Cisarro, si es que las hay, no pasan de ser formales y superficiales. Pero, si se les presta atención, se cae en la cuenta de que calzan a la perfección con la actitud frívola con que la televisión y la prensa escrita pretende presentarnos el mundo que nos rodea. Lo cual les permite a tales instituciones ahondar en la situación particular de cada uno y enseguida abordarlos como dos fenómenos totalmente inconexos entre sí. Sin embargo, los supuestas divergencias no pasan de ser detalles. Un chico fue criado en la placidez del ambiente rural; el otro, en el duro cemento urbano. Uno emitía mal una palabra que definía a un elemento para cobijarse; el otro, a un objeto representante de un abyecto y réprobo vicio. Uno solicitaba una nueva escuela porque dentro de su ingenuidad aún creía en un aparato educacional injustificable e insalvable; el otro, ya se había dado cuenta que dicho aparato no lo iba a llevar a ningún lado, y que resultaba más conveniente delinquir. No obstante, al final de la jornada, ambos se vieron rodeados por adultos inquisidores que les hicieron saber, con un grueso dedo acusador, que la niñez es maravillosa mientras le pides a papá que te compre el juguete promocionado por el comercial, porque lo demás es propio de un chiquillo maleducado, insolente y preguntón. Y como hoy el castigo físico es calificado como una respuesta de trogloditas, se optó por el tono burlesco, que es cierto que un caso tuvo intenciones negativas, dada su condición de ladronzuelo; mientras que en el otro, al menos en primera instancia, quiso mostrar una actitud positiva. Pero cuyo resultado fue igual de nefasto para el afectado.

Para el infortunio de estos mozalbetes, los adultos que no dirigen el modelo político, social y económico, se pliegan al discurso de los mandamases y se comportan como comparsas. Doble calvario para estos niños, porque dichos adultos son los encargados de su cuidado. Pero en realidad, se rompen la espalda en favor de los poderosos y a sus hijos les otorgan migajas que a duras penas han extraído de sus obligadas acciones de sobrevivencia. En definitiva, al mantener una descendencia, también alimentan a sus jefes, que con esto ven concretada su insistencia en los "valores de la familia". Y a los chiquillos que intentan escapar a la norma, de inmediato los intentan encauzar recurriendo a los sicólogos, encargados del trabajo sucio, como antes fueron los curas y los agentes torturadores. Y los métodos de contención no distan mucho, al menos en sus motivaciones primigenias. Al Cisarro lo mantienen encerrado en una estrecha habitación de un hospital, dopado con drogas legales, o, como prefieren llamarle los lamebotas de Freud, fármacos. Mientras que al Zafrada -que ostenta un enviadiable manejo de la retórica- ya pronto le indicarán, test de Rorchard en mano, que debe afrontar las consecuencias de sus actos y aprender de sus errores para no reiterarlos en el futuro: en otros términos, que sea un infante tímido y obediente que sólo abra la boca para decir "sí, mamá", y acabar tan pobre y marginado como el resto de los chilenos medios.