lunes, 20 de julio de 2015

Muerte a los Gatos

Hace unos días, el gobierno de Australia anunció que comenzará una campaña para erradicar a todos los gatos asilvestrados que se encuentren en ese país, mediante la colocación de cebos envenenados y la caza directa. Resulta que hay un grave exceso de población de estos felinos, lo cual ha ido en desmedro no sólo de otras mascotas y de animales de granja, sino de muchas especies autóctonas, algunas de las cuales le han dado una considerable fama a la isla-continente, y que han visto mermado su número debido a que los intrusos les han venido ocupando su hábitat y además los están usando como alimento. Por ello los tratarán de exterminar como si fueran simples ratones, pese a los eventuales reclamos de los defensores de los derechos de los animales, quienes en todo caso, al parecer han optado por no levantar la voz.

Independiente de las opiniones a favor o en contra que se pueden generar en torno a esta clase de medidas, lo interesante es constatar cómo los sentimientos que despierta una determinado animal, la cual llega a ser tomada como símbolo de lo que no se le debe hacer a los llamados "hermanos menores", al final se vuelven perjudiciales para otras especies al punto de amenazar el equilibrio natural mismo. Algo similar a lo ocurrido en Australia acaece en la actualidad en Francia, donde la excesiva población de gatos, incluso de aquellos que no han sido abandonados, ha redundado en una disminución de las aves, que los mininos suelen atrapar por sorpresa. A eso se puede agregar lo que está aconteciendo en África y América Latina, donde los perros callejeros y vagos ya no se contentan con el ganado o las personas que hallan desprevenidas por ahí, sino que también están atacando a la fauna oriunda de cada territorio. Todo ello, frente a la escasa sino nula capacidad de reacción por parte de las autoridades, en gran parte debido a la presión ejercida por parte de grupúsculos que si cuentan con conocimientos sobre ecología, son los más banales y seudocientíficos que se pueden imaginar; pero que a cambio cuentan con un significativo poder económico y excelentes contactos sociales y políticos..

Y he aquí el meollo del problema. Los pro animal posee una mirada tan superficial como dañina, que empieza y termina en aquellas especies utilizadas exclusivamente como mascotas, y que irónicamente, tienen un origen artificial, ya que son el resultado de la domesticación de otras -el gato salvaje europeo o el lobo-. Es cierto que no faltan quienes protestan por la situación de los circos o de las fábricas de cecinas. Sin embargo, mientras en el primer caso se trata de una fauna que han observado sólo en documentales y películas edulcoradas, y de las cuales por ende tienen una visión en extremo romántica, en el segundo hablamos de bestias que por el tipo de familiaridad que se crea hacia ellas, a la larga se les viste con su propio halo idealizado (los cerdos, al igual que los perros y los mininos, abundan en las fábulas, los relatos infantiles y los dibujos animados). En definitiva, o se trata de una atracción primigenia -que no se detiene a examinar las causas de por qué ciertas especies llegaron a transformarse en domésticas-, o de una opinión formada a partir de información exótica y mediatizada por un determinado narrador (y los de la televisión por cable, vaya que poseen fórmulas particulares e innovadoras de hacer penetrar su mensaje). Pero en caso alguno nos encontramos frente a una persona que ha leído un libro de biología o ha salido a explorar al campo o al bosque, y por lo tanto todas sus conclusiones han pasado por el cedazo de un discurso emotivo o antojadizo.

Lo que a fin de cuentas, torna a la parafernalia pro animal en palabrería huera. Propia de ociosos egoístas que no se esfuerzan en adquirir datos más allá de los que les proporcionan los instrumentos que son el resultado de su misma comodidad, a saber, las mascotas y el televisor. No cabe la preocupación por la gente que es atacada por perros o gatos, ya sea de manera directa o a través de las infecciones que estas especies pueden portar. Ni siquiera es admisible el perjuicio económico que a un habitante del campo le genera la destrucción de su ganado, ni de las consecuencias que significa la desaparición de la fauna nativa. En conclusión, los adoradores de bestias sólo son niños alimentados, mimados e ignorante que sólo le ocasionan daño a aquello que aseveran proteger.

lunes, 6 de julio de 2015

La Mesada de Giorgio

En medio de la polémica por un proyecto de ley presentado por algunos diputados que busca rebajar el salario de los parlamentarios, el senador democristiano Patricio Walker, aseveró que los patrocinantes de dicha iniciativa habían pasado "de la mesada al Congreso". Con ello quiso dar a entender que esos miembros de la cámara baja, que surgieron tras las protestas estudiantiles del 2011, no entienden la situación de sus colegas mayores, quienes tienen familia y por ende deben encargarse de la manutención de los hijos y del sostenimiento de un hogar (y a veces de varios, pues hay uno que otro separado obligado a cancelar alguna pensión alimenticia). Pero además, de paso -y lo más probable es que de modo consciente- apuntó su sarcasmo contra Giorgio Jackson, el ex dirigente universitario devenido en congresista, el que en efecto, después de concretar sus estudios superiores el único trabajo remunerado que ha realizado es el de legislador.

Convengamos que lo de Walker es un exabrupto propio de un desubicado sabelotodo, que cree que por los años o el tiempo que lleva ejerciendo un oficio tiene la facultad de responder ante una objeción de alguien que considera novato e ignorante -en definitiva, inferior- con un grado de mordacidad rayano en la insolencia, que por las circunstancias en que fue emitido un determinado comentario, éste puede ser considerado un insulto. Sin embargo, Jackson no sale limpio en este entrevero. Más allá de la forma y el contexto en que las emitió, las críticas del senador son absolutamente comprensibles y constituyen un argumento válido. El ex dirigente universitario, en efecto, carga con menores obligaciones que muchos de sus colegas, en aspectos familiares, económicos e incluso políticos (llegó al parlamento en condición de independiente, con un lenguaje que se plegaba a la moda de atacar a los hombres públicos tradicionales -tanto en el sentido cultural como ideológico del término- y tras provenir del ambiente de las manifestaciones estudiantiles, muy bien miradas en la época en que formó parte de tales movimientos). Su postura demuestra una insensibilidad hacia sus pares que surge de un cúmulo de prejuicios que quizá no sean fáciles de percibir a simple vista, porque no fueron lanzados por una persona identificable como sucedió con Patricio. Pero que provienen de un inconsciente colectivo influenciado por la idea de que en los altos cargos del Estado sólo hay espacio para sinvergüenzas, con notables excepciones -una de las cuales, desde luego, sería el diputado de marras-, y que las únicas maneras de detener su actuar es que con normas moralizadoras y castigadoras entre las que se encuentra el meterse a sus bolsillos, una de las tendencias más recurrentes en las administraciones populistas.

Si Jackson es responsable a la hora de ejercer su cargo (un atributo que él mismo y quienes lo apoyan consideran de alto nivel, cosa que le permitiría exigir lo mismo del resto), debería salir siquiera un momento de la respuesta inmediata y la cobertura mediática, y analizar un poco la historia. La dieta parlamentaria fue instaurada en Chile en la década de 1920 con la finalidad de que los legisladores se dedicaran por tiempo completo a su labor y no la vieran como un pasatiempo reservado a quienes contaban con tiempo suficiente para hacerlo, casi siempre los oligarcas y quienes no se hallaban obligados a vivir de un sueldo. Como por cierto ocurría anteriormente en el país, lo que permitía la existencia de una clase gobernante alejada del pueblo el que además sufría una permanente miseria. Es, de hecho, una de las tantas conquistas sociales que se obtuvieron en aquellos años. Desde entonces, los congresistas empezaron a efectuar su trabajo, cual es redactar leyes y no actuar como si estuvieran en una sobremesa de salón. Y si bien es cierto que ciertos aumentos en las remuneraciones han resultado grotescos (con el agravante de que son los mismos diputados y senadores quienes deben sacar adelante dichas reformas, por lo que se transforman en una viciosa versión del juez y parte), tampoco es muy reflexivo una propuesta formulada para la galería, sin sustento argumentativo (salvo el que puede otorgar la denominada opinión pública, lo que a la larga termina siendo cualquier cosa) y con el afán de hacerse notar como diferente, lo cual se torna -por asociaciones arbitrarias- en sinónimo de renovado, limpiador e impoluto.

Cuando a Jackson le han espetado el por qué de todas formas acepta su remuneración mensual, siendo que la considera excesiva (un argumento capcioso, pues por ley estos dineros son irrenunciables), se defiende aseverando que dona el excedente a una fundación. No arregla para nada las cosas. En primer lugar, porque si la dieta se rebajara como lo propone, lógicamente el dinero entregado a esa organización disminuiría o desparecería. Y luego, porque contribuye a mantener -y exacerbar- ese mismo círculo que tantas críticas ha generado en Chile, donde los grandes acaudalados patalean cada vez que les hablan impuestos, e incluso inventan triquiñuelas para evadir los pocos que les exigen; no obstante son abiertos al instante de donar mendrugos para caridad, acaparando toda la notoriedad y la publicidad que ese ejercicio conlleva. Incluso, ésa es una de las causas por las cuales el discurso de Giorgio ha prendido tanto en el electorado y su misma persona a la vez se ha ganado las felicitaciones de la gente. Una cáscara y poquísimo más.

domingo, 21 de junio de 2015

La Imprudencia Viaja en Ferrari

No joroben. Arturo Vidal cometió un delito grave al manejar ebrio y por ende debió ser sancionado. Tanto en términos judiciales como deportivos. Y no obstante su crimen quedó en la impunidad. Por las mismas causas de siempre: una persona influyente casi nunca va a la cárcel en Chile. Y en este caso específico, quedó demostrado que mientras sea palpable, no importa el origen ni las características de esa ascendencia social.

El número ocho del seleccionado chileno, de partida, conducía su vehículo a exceso de velocidad pues debía regresar a una hora determinada a la concentración y se le estaba haciendo tarde. Es decir, ya estaba faltando al horario de ingreso al trabajo, algo que en cualquier empresa implica desde una amonestación, pasando por una multa, hasta el despido. Luego, tomó el volante tras haber ingerido una considerable cantidad de alcohol, poniendo en riesgo su propia vida, la de su esposa que lo acompañaba y la de los pasajeros del carro con el cual chocó, el que por cierto se dio diez vueltas de campana producto del impacto, por lo que algunos expertos no se explican cómo sus ocupantes terminaron casi ilesos. Además, cabe considerar que un automóvil de lujo, como lo es un Ferrari, cuenta con peculiaridades que no es prudente despreciar, y que precisamente constituyen sus mayores atractivos. Por ejemplo, la velocidad que pueden alcanzar y la resistencia de su carrocería, que le brinda una seguridad adicional a sus integrantes en caso de un accidente, a costa desde luego de los otros involucrados. Un detalle que acarrea un estatus anexo y en consecuencia provoca un determinado nivel de engreimiento en los portadores de estos motorizados, al sentirse dentro de un auténtico tanque, capaz de decidir la existencia de los demás.

Lo más repugnante de todo este escándalo son los argumentos que ciertos hinchas chilenos esgrimen para defender -incluso justificar- a Vidal, los cuales a su vez son una muestra de la degradación en la que ha caído la sociedad criolla. A quienes reprueban, con absoluta razón, la conducta del futbolista, los tachan de envidiosos y se burlan de ellos diciendo que hablan así porque serían unos perdedores y unos cuasi pordioseros que aunque los deseen jamás llegarán a tener los lujos que ostenta el "rey Arturo", entre ellos el automóvil que acaba de estrellar. Un intento de menoscabo que lleva una acusación implícita, en el sentido de que quienes atacan al jugador quisieran acceder a los bienes que éste ha conseguido sin tomar en cuenta el esfuerzo personal que habría efectuado el deportista para terminar en el sitial donde hoy está, simplemente porque no querrían seguir por el mismo camino. No vamos aquí a discutir las falacias que contiene dicha aseveración, ya que pueden ser entendidas analizando la manera en que los practicantes de élite de juegos masivos que mueven importantes sumas de dinero, acaban finalmente en la cima o al menos relativamente cerca de ella. Lo interesante es constatar que el número ocho se salva -o es salvado- porque cuenta con un automóvil, símbolo del individualismo y de la supremacía sobre el resto de la comunidad que en la actualidad, son aspectos que en este país se valoran por encima de cualquier otra cosa. Si tienes carro, y más si es caro y de lujo, cuentas con el permiso para arrollar a quien se te cruce por delante, sólo porque es inferior a ti.

Quizá en ese sentido, lo más patético sea escuchar la respuesta de la presidente Michelle Bachelet (a quien, como a cualquier gobernante, un evento masivo de fútbol le viene de perillas para desviar la atención respecto de los problemas que está enfrentando tanto ella como su legislatura) acerca del incidente, donde se limitó a decir que lo único importante es que tanto Vidal como su esposa no sufrieron heridas. Habría que informarle a esta señora que hubo otro vehículo involucrado, de manera involuntaria, cuyos ocupantes sobrevivieron de milagro con lesiones leves. Pero luego reflexiono y pienso para qué hacerla enterarse de eso. Siendo que hace un año atrás, en el contexto del Mundial de Brasil, y un modo a todas luces desubicado, ironizó junto al arquero Johnny Herrera, respecto del atropello donde éste mató a una peatón que cruzaba la calle, conduciendo en estado de ebriedad. Aunque allí habría que interrogarla sobre en qué queda la condena a los actos de violencia ejercidos contra una mujer. Bueno: lo más probable es que alguno de sus asesores -o asesoras- detenga la pregunta arguyendo que se trata de un acontecimiento sacado de contexto. Pues la mandataria sólo se remitiría a decir "paso".

lunes, 8 de junio de 2015

Demasiada Perfección Es Un Error

Cada día los medios de comunicación nos avisan de una nueva innovación tecnológica en lo que se conoce como la alta definición. Que el detalle, que los pixeles, que la calidad de la imagen... Todo enfocado en mostrar las cosas con el mayor nivel de realismo posible. Incluso por encima de lo que puede captar el ojo humano, lo cual transforma dichas promociones en una irónica contradicción, pues se trata de un grado de nitidez tan superlativo que jamás lo podremos percibir, y por lo tanto tampoco estaremos en condiciones de concebir.

He observado filmes antiguos en sistemas de alta definición, y cabe reconocer, en tales casos la tecnología ha resultado ser un valioso aporte. La calidad de imagen provoca en el espectador un interés por visionar aquellas realizaciones, lo cual es muy significativo, en especial al tratar con personas jóvenes que apenas alcanzaron a conocer el celuloide, y que tienen escasa cuando no nula cultura acerca del blanco y negro. La nitidez, aparejada con la precisión del detalle, permite detenerse en aspectos puntuales que ayudan a comprender de mejor manera los propósitos originales del cineasta, no ya en la producción en conjunto, sino también en escenas particulares, lo que incluso motiva al público medio a elucubrar sus propias y peculiares conclusiones sobre lo que está observando. En resumen, ha vuelto más legendarios a los clásicos, que no pocas mentes, en particular las que asisten a una sala con el mero afán de entretenerse, consideraban anticuados y poco atractivos.

Sin embargo, el problema surge cuando se trata de trabajos más recientes, hechos con tecnologías idénticas o similares a lo que se suele conocer como alta definición. La verdad es que ahí uno tiene la idea de que está viendo películas -aunque parezca un oxímoron- imperfectas o inacabadas desde el punto de vista técnico, más cercanas a las filmaciones caseras que a una obra cinematográfica. O en el mejor de los casos, con un parecido poco agradable a las telenovelas o a las óperas de jabón anglosajonas. En ciertas ocasiones, se genera la sensación de que uno se encuentra sentado en un banco de la plaza mirando alrededor, en vez de encontrarse frente a una realización propiamente tal. Es, en cierto sentido, una situación inversa a lo que ocurre con los clásicos. En estos, la grabación antigua (y en teoría anticuada) al pasar a través de un sistema considerado superior y que busca igualar el viejo registro a su propio nivel, les termina haciendo justifica. Pero las creaciones contemporáneas, frente a sus pares que han quedado con tal nitidez -que les permite mostrar además su valor artístico en total esplendor- corren el riesgo de ser consideradas banales y meras imitaciones.

Quizá aquí esté la causa de que los filmes más recientes sean menos propensos a crear escenas memorables, de ésas que a veces basta ver una foto fija para recordar su producción de origen. Al final una cámara capta las cosas igual como lo hace el ojo humano, y eso limita la facultad de crear realidad o de re interpretar la ya existente. A eso se debe añadir el fácil acceso que las personas comunes y corrientes han adquirido en las épocas recientes respecto de diversos sistemas audiovisuales, logrando no sólo que cualquiera esté en condiciones de transformarse en cineasta -lo cual es un aspecto muy positivo de esta situación- sino ya de que cualquier óculo cuente con la posibilidad de registrar lo que observa para las futuras generaciones. Las películas están adquiriendo una claridad tan perceptible que ya parece que para ver cine lo más práctico es pasearse por la calle. En ese sentido me quedo con una sentencia del protagonista de "El Topo" (producción que casi todos hemos sido obligados a disfrutar en copias piratas de baja resolución, a causa de una controversia con los derechos): "demasiada perfección es un error".


miércoles, 27 de mayo de 2015

La Pequeña Ramera de Babilonia

Que levante la mano aquel que no dijo o pensó, mientras observaba en algún noticiario la detención de diez dirigentes de la FIFA en Zurich, acusados de aceptar sobornos y evadir impuestos, que esto era un secreto a voces. A despecho de escupitajos destemplados que cada cierto tiempo lanzan sujetos como Diego Armando Maradona, nadie con un mínimo de sentido común, podía negar, incluso después de un simple vistazo a ciertas decisiones del organismo rector del fútbol mundial, como la adjudicación del Mundial de 2022 a Catar -país sin ninguna tradición en el balompié o en cualquier otro deporte, desértico y casi deshabitado, pero poblado de jeques millonarios que aparte de todo son serios practicantes y defensores del islam, la religión más avasalladora de los tiempos recientes-, que aquí las habas se cocían como si estuvieran en el interior de un volcán. Bueno: excepto quienes eran beneficiarios directos o indirectos de una de las innumerables redes de influencia que esta institución ha tejido en el transcurso de su historia, la mayoría por ciertos, empresarios acaudalados o políticos de renombre. Un antecedente que permite añadir, con total legitimidad, la sospecha de que las anomalías destapadas hoy en instancias judiciales no eran perseguidas o denunciadas por simple temor. De hecho es sintomático, en tal sentido, que las solicitudes de encartamiento provengan de un país, Estados Unidos, donde el fútbol no es un juego popular -ni provoca esos actos irracionales que los periodistas especializados denominan con el eufemismo de "pasiones"- pese a haber ganado muchos adeptos en las últimas décadas.

Personalmente, las actuaciones de la FIFA, hasta cierto punto, me recuerdan la historia de la iglesia católica. En particular, las conductas de papas y obispos que han impulsado a un gran sector de la sociedad a identificar a esa entidad con la gran ramera descrita en el Apocalipsis, o como la denominó Fernando Vallejo en su célebre libro -de una manera más directa y menos mojigata-, la puta de Babilonia. Y es que el organismo que al menos hasta hoy preside Joseph Blatter ha conseguido el sitial y el poder que ostenta en la actualidad, merced a triquiñuelas semejantes a las que en el pasado efectuaron los representantes del romanismo. Por ejemplo, acercarse a gobiernos de dudosa reputación, varios populistas, y no pocos corruptos y genocidas, con el afán de acrecentar sus arcas y su prestigio, en una relación de colaboración mutua que les permitía a tales dirigentes políticos conservar su sillón. Una simbiosis que en no pocas ocasiones, ha llegado a influir, del mismo modo en que sucede con los papistas hasta ahora en algunos territorios, en la modificación de legislaciones locales, como sucedió en Sudáfrica y Brasil, donde a cambio de obtener sus campeonatos mundiales respectivos, se forzó a modificar los códigos laborales y a subsidiar la entradas a los estadios que no fueron adquiridas. Quizá las dos únicas cosas que le falten a los rectores del fútbol son contar con un Estado propio (casi da igual: está afincados en Suiza, paraíso fiscal dotado del más impenetrable de los secretos bancarios) y efectuar de manera directa masacres masivas, lo cual no pueden hacer producto del cambio de mentalidad de la humanidad en la más reciente cincuentena. Aunque sí han apoyado a tiranos sanguinarios, como los dictadores argentinos, a quienes la sede del torneo mundial de 1978 les sirvió para desviar la atención y mantener su insufrible administración a flote, o lo acaecido con Catar, desde donde ha salido mucho dinero destinado a los musulmanes extremistas.

La iglesia católica es una ramera envejecida, desdentada y acorralada. De más está decir que ya no ostenta el poder de antaño. Aunque se mantenga relativamente saludable por algunos siglos, está claro que su presencia se irá reduciendo cada día más a lo testimonial. Es una de esas prostitutas prácticamente jubiladas a las cuales se acercan los clientes sólo para conversar un rato. De acuerdo: una que supo llevar adelante un importante burdel. Pero en la actualidad, si los curas aparecen en un medio de comunicación, es para debatir acerca de la pobreza, la moralidad o la teología. Ya ni siquiera las personas se confiesan frente a ellos. Y si alguno expulsa sus diatribas morbosas y desesperadas, muy lejos de ser objeto de temor, es de burla. Si continúa siendo la gran puta babilónica, entonces la FIFA vendría siendo algo así como una pequeña meretriz, o una cortesana juvenil (bien puesto ese calificativo, porque vaya que a sus directivos les gusta estar en los palacios, ya sea de jefes de gobierno o de influyentes millonarios). Sin embargo, el problema con el organismo del fútbol es que se está volviendo capaz de arrebatar el puesto que por milenio y medio ha ostentado el romanismo. No asevero que eso sea mejor o peor. Sólo cabría expresar una preocupación por cuestiones que están sucediendo en este preciso instante, como la alianza entre esta institución y un grupo de acaudalados que aparte de eso son fanáticos religiosos, pues es preciso mencionarlo cuantas veces sea necesario, las autoridades y las mayores fortunas de Catar envían cuantiosas sumas de dinero a los terroristas islámicos. Se retorna al Medioevo, con un pacto entre un ente secular y otro religioso que amenaza -con un respaldo bélico y económico significativo- a quienes no acatan su visión del mundo o simplemente los rechazan, en un curioso e impensado cierre de ciclo o un regreso al punto de partida por el camino opuesto.

Es interesante, además, que si Joseph Blatter no continúa al mando de la FIFA, su más probable sucesor sea un jeque musulmán. Tipos que además han comprado clubes de alto o mediano arrastre en Europa, algunos de los cuales han llegado a tener una riqueza sin precedentes. Es lo peligroso de este acuerdo. Como cuando los cristianos pactaron con los emperadores romanos, muchos de quienes después hicieron gala de conversiones superficiales y poco creíbles, logrando que la fe basada en Jesús incluso fuese la única permitida en el imperio, lo que los terminó por transformar en lo mismo que rechazaban, surgiendo ese engendro que es el catolicismo. ¿Se nos viene de veras el islam más extremista, como también aseguraba Vallejo hacia el final de su ya citada Puta de Babilonia? El colombiano tiene aquí tema para escribir otro libro.

jueves, 21 de mayo de 2015

Pratt o El Héroe Como Consuelo

Como cada veintiuno de mayo, y a pesar de la cuenta presidencial y las protestas callejeras surgidas en torno a ese evento, en éste no se han dejado de expresar las loas a la "gesta heroica" de Arturo Pratt y sus marinos en el llamado Combate Naval de Iquique, el hecho histórico que precisamente un día como hoy sea declarado como feriado. Más aún: al comandante de la Esmeralda en la actualidad se lo considera el héroe nacional por antonomasia, por encima de un O`Higgins, un Carrera o un Portales, y debe ser el único de los chilenos involucrados en un suceso de carácter militar acerca de quien sólo se espetan elogios y del cual nadie ha descubierto -o no ha querido buscar- defectos, llegando a ser presentado como el primer y principal modelo a seguir, actitud que se refleja en la manera en que se le cita y presenta, por ejemplo, en la enseñanza básica, donde para estas fechas los niños siempre se disfrazan con uniformes de la armada, cuestión que no ocurre en ninguna otra efeméride ni con cualquier otro prócer.

Pero veamos. ¿Cómo se llegó a eso que hoy se conoce como Combate Naval de Iquique? Nadie de quienes ensalzan a Pratt en éste y otros días del año, o se irritan cuando alguien osa esbozar algunas críticas a su persona, repara en ciertas causas que desencadenaron ese enfrentamiento naval. Por ejemplo, la torpeza del almirante Juan Williams Rebolledo, que en lugar de obedecer una orden superior, que le indicaba dirigir la flota al puerto del Callao, donde los barcos peruanos aún no habían terminado de prepararse (con lo cual se podía haber asestado un golpe definitivo capaz incluso de terminar la guerra antes siquiera que hubiese comenzado): empero decide bombardear una tras otra las localidades costeras bolivianas, conducta que genera el repudio de la comunidad internacional y que sume en la desesperación a las autoridades chilenas, al notar que los buques enemigos han contado con el tiempo suficiente y ya están listos para pelear. Cuando el ya mencionado Williams por fin entiende el mensaje y parte a encontrarse con las naves adversarias, se encuentra con la desagradable sorpresa de que éstas a su vez habían zarpado rumbo a Iquique, y que allá se iban a topar con un par de goletas vulnerables fabricadas de madera. Una de ellas, administrada por un marino a quien sus colegas consideraban un ganso, por haber optado por una carrera universitaria (Arturo era abogado), además de negarse a bajar a los burdeles cuando se llegaba a algún puerto, por mantener su fidelidad con su esposa, a quien regularmente le escribía cartas de amor.

Y ese último dato no deja de ser curioso. Carlos Condell, célebre putañero, y por ende alguien de quien se podía decir que "le sobraba mundo", resultó ser más vivaracho en momentos difíciles, e hizo que el Independencia persiguiera a su Covadonga por las aguas poco profundas de Punta Gruesa, donde finalmente el buque peruano encalló y acabó siendo hundido. Por su parte Pratt, un tipo que aparecía como que carecía de vida más allá de la familia y el trabajo, llevó a la Esmeralda para un lado y otro de la bahía de Iquique hasta que las calderas estallaron. Su salto a la cubierta del Huáscar, que muchos consideran la muestra máxima de su heroísmo, no es más que una actitud desesperada aunque igualmente lógica dado el cariz que había tomado el conflicto. No obstante, su personalidad forjó la imagen de un hombre íntegro y moralmente intachable (al menos en términos sexuales), además de esforzado (por lo de sus estudios superiores), víctima para colmo de los comentarios maliciosos de sus compañeros (entre ellos el propio Condell) lo cual provocó en la población un sentimiento de conmiseración por el débil, con la condición de mártir como guinda de la torta. Un auténtico golpe de suerte para los militares de la época, que fue muy bien aprovechado, de tal manera que gracias a él lograron justificaron una guerra de cuatro años que costó enormes bajas entre obreros y personas del pueblo raso que fueron reclutadas a la fuerza, la cual podrían haber sorteado. Al respecto, cabe recordar el acróstico que un diario de Santiago, cuatro días después del combate, realizó con los nombres de las naves involucradas en el evento, que se listaban formando la palabra Chile, aunque para ello hubo que meter con calzador al carbonero Lamar, anclado en la rada por motivos puramente comerciales y que no participó en la batalla.

De todos los sucesos bélicos desfavorables para el bando chileno en Guerra del Pacífico, dos son especialmente conmemorados: el Combate Naval de Iquique y la Batalla de La Concepción. No es coincidencia. En este último acontecimiento, una compañía de setenta y siete muchachos, entre quienes se incluían -es preciso no olvidarlo- adolescentes y niños de diez años, fueron enviados a la muerte a una remota localidad de la sierra peruana, en medio de los ataques de guerrillas de las cuales se desconocían sus movimientos, y bajo la promesa de ayudas que jamás llegaron, incluso cuando ya se tenía la certeza de cuál iba a ser la suerte de esos chicos. De nuevo, víctimas de actos negligentes y -no es exagerado agregar- criminales, que son elevados a la categoría de héroes para con ello cubrir las determinaciones imbéciles. Y parece una tendencia: de hecho no falta quien habla de los "héroes de Antuco" un término que fue acuñado casi desde el mismo instante en que se supo que esos reclutas en servicio militar habían muerto producto de una orden desquiciada que los obligó a marchar en medio de una tormenta de nieve. ¿Será una prueba de la llamada "hinteligencia" de los militares? En todo caso, al menos en estas situaciones puntuales, les ha resultado bastante eficaz.

domingo, 10 de mayo de 2015

El Eterno Retorno de los Viejos

Las vicisitudes por las cuales está atravesando el gobierno, las cuales ya han provocado el anuncio de un cambio de gabinete, han impulsado a ciertos analistas a resucitar una propuesta que siempre se saca a colación en estos casos, y que debamos admitirlo, en casi todas las ocasiones anteriores ha terminado por imponerse. Se trata de la exigencia de que el mandatario de turno elija a sus ministros entre figuras conocidas, de la vieja guardia o legendarias, ya que éstas cuentan con la experiencia y la habilidades adquiridas necesarias para sacar la administración de lo que, al fin y al cabo, es una crisis. Una alternativa que toma un tinte bastante peculiar en la actual coyuntura, pues la legislatura en ejercicio ascendió al poder en medio de una gran cantidad de expectativas respecto a una serie de reformas profundas en el sistema económico, social y político que rige al país, acompañadas además por un discurso que hace énfasis en el recambio generacional como muestra e impulso a su vez de una urgente renovación de la estructura nacional, la misma que los más antiguos, a no se atrevieron a corregir o la dejaron como estaba porque descubrieron que les convenía a sus intereses personales.

¿En qué se basa esta enésima solicitud de regreso de los viejos? El subterfugio más visible insiste en que ellos son menos propensos a cometer errores que en definitiva afectan a la totalidad de los ciudadanos, pues se trata de la conducción del país. Sin embargo, enseguida cabría preguntarse: ¿en qué han fallado los en teoría más jóvenes, neófitos o inexpertos? Si lo miramos con objetividad, notaremos que las calificadas de equivocaciones, en realidad constituyen choques entre quienes desean modificar aspectos del sistema -ni siquiera remover sus pilares estructurales ni mucho menos cambiarlo por completo- y aquellos que por distintas causas -temor a lo desconocido, prejuicios ideológicos o simple conveniencia- han hecho lo posible durante estos meses por mantener las cosas como están, o en el mejor de los casos han hecho ofrecimientos muy tibios destinados a contrarrestar los que les provocan rechazo, y que son de carácter visiblemente cosmético y publicitario. Es un desafío, además, contra un paradigma que ha funcionado -bien, dentro de sus propios parámetros- por décadas y que al menos en apariencia sólo ha significado beneficios a la sociedad. Transformar incluso algunos pocos recovecos, al calor de ese análisis -aceptado por buena parte de las élites y un número significativo de la población- resulta un camino descabellado que puede arrastrar a la nación al desastre.

Sería, pues, ésa la principal acusación que se le podría formular al llamado impulso juvenil. El de creer que con sólo la fuerza y el vigor se pueden derribar muros, que por su parte cuentan con un importante contingente humano que los defiende. Si se busca realizar reformas significativas, desde luego que bajo cierta lógica se es propenso a cometer equivocaciones, pues el parámetro medidor surge justamente a partir del paradigma que se desea modificar. La sentencia que dictamina que los viejos jamás yerran, contiene por ende elementos capciosos, truculentos y malintencionados. Por supuesto que nunca dejarán de acertarle al blanco. Están tomando decisiones dentro de un sistema respecto del cual, si no participaron en su diseño, se han aclimatado perfectamente en él, y por lo tanto ya saben a qué atenerse en el momento indicado. Se las saben por libro, aseveraría el refranero popular, y no les cuesta enarbolar una solución porque las han memorizado. Y como todo está instaurado desde hace un buen tiempo, no requiere de demasiado movimiento, es más: siempre se trata de regresar las cosas a su sitio de origen. Diferente a quien llega con una oferta novedosa, quien por obligación debe adentrarse en caminos desconocidos y con un dedo inquisidor insistiendo en por qué abandonó un modelo que era seguro porque había dado excelentes resultados.

El asunto final es preguntarle a los viejos qué pasará con esto cuando ellos desaparezcan físicamente o ya no estén en condiciones de tomar las riendas del país. Quedarán detrás una serie de generaciones pobladas por amedrentados, sin atrevimiento para cambiar situaciones visiblemente anómalas y con escasa capacidad de atrevimiento incluso para sostener el statu quo. Nadie los está tratando de anticuados o calificativos por el estilo. Pero estos a quienes muchos catalogan de mozalbetes inexpertos, ya cuentan con experiencia en el servicio privado -que es un factor a considerar- e incluso en el público, trabajando por años como asesores en las sombras. Y eso último, aunque no se vea, constituye un modo de acumular experiencia.