sábado, 4 de abril de 2015

La Frivolidad y La Oquedad

Las locas se volvieron locas cuando los frívolos propietarios de Dolce & Gabanna, una diseñadora de ropa italiana, manifestaron en una entrevista su oposición a la adopción de niños por parte de parejas homosexuales y el respaldo a lo que ellos denominaron "familia tradicional", entendida como un matrimonio entre mujer y varón con no muchos, pero sí algunos hijos, y de preferencia biológicos. Para respaldar sus opiniones, recurrieron a los manidos argumentos de los grupos que rechazan cualquier mecanismo tendiente a regular las relaciones entre componentes del mismo género, entre ellos, aquel que asevera que los niños criados en hogares homoparentales, por el sólo hecho de no conocer de primera fuente una de las dos formas más reconocibles de la humanidad -y de la gran mayoría de las especies terrestres, en realidad-, devendrán irremediablemente en adultos con formación incompleta y por ende errada y tergiversada. Las declaraciones cayeron como una bomba atómica sobre los integrantes de los colectivos gay, no sólo porque este par de confeccionadores de vestimentas son dos afamados empresarios y sodomitas -incluso estuvieron juntos durante mucho tiempo-, sino porque también sus prendas son muy apreciadas entre esta clase de colectividades, al extremo de constituir un perenne punto de referencia.

Aunque dicha situación podría cambiar de aquí en adelante, en especial porque no han faltado otros homosexuales, igualmente muy reconocidos, que han llamado a dejar de comprar lo elaborado por estos diseñadores, así como le han exigido tanto a sus pares como a los heterosexuales que los comprenden, que ya no les dirijan la palabra. Una actitud que ha levantado su propia polvareda. Pues muchos se formulan una legítima interrogante acerca de qué pasa con el discurso de la diversidad que con tanto esmero han enarbolado los gay en pro de que los grupos reaccionarios y religiosos al menos los acepten tal como son. Bandera de lucha que por otro lado esgrime que una sociedad democrática y civilizada es una que respeta a las minorías y que trata de hacer todo lo posible para que cada persona pueda vivir dentro de ella de acuerdo a sus propias particularidades y defectos. Precisamente ésa es una de las lógicas que se ha utilizado con mayor ímpetu cuando alguien sale a atacar las legislaciones en favor del llamado matrimonio igualitario arguyendo que se trata de cuerpos judiciales destinados a unos pocos. Hoy, sin embargo, los mismos afeminados se colocan en la vereda de enfrente, donde según varios de ellos se han instalado desde hace siglos quienes gustan de arrojarles piedras, y les lanzan los guijarros a dos de sus similares por expresar un pensamiento disidente, no calificado así por ser más extraño de encontrar, sino porque no suele ser incluido en los debates o las discusiones públicas. Y parece que esto lleva aparejado el miedo a que quienes comparten la visión de Dolce y Gabanna, estimulados por estos empresarios de prestigio, a su vez comiencen a sacar la voz y acaben demostrando que el conglomerado no era tan unido como se imaginaba.

Porque a fin de cuentas se trata de eso: de intentar acallar al distinto. Y además de condenarlo tachando su opinión de incorrecta y atentatoria contra supuestos derechos que han costado siglos conquistar. Una sanción de orden moral, en definitiva. Equivalente a la de aquellos odiosos grupos religiosos que usan calificativos como pecado, inmundicia y abominación. No obstante, ¿puede ser considerada esta conducta, de una mayoría contra una minoría formada por lo demás por semejantes, como un hecho aislado, un momento pasajero o una explosión emocional a causa de una declaración inesperada? La verdad es que ya hemos sido testigos de muchos berrinches de autoritarismo de parte de los colectivos gay en el último tiempo, provenientes del engreimiento que en algunos ocasiona la sensación de triunfo y de que están las posibilidades para voltear la tortilla, tras muchos años -hay que recalcarlo- de sufrimientos injustos. Una muestra de ello es lo que está acaeciendo en Europa, donde los homosexuales, no contentos conque se apruebe el denominado matrimonio igualitario en varios países de ese continente, ahora están negociando con los sectores políticos la promulgación de leyes que los protejan especialmente, cosa que ya ha acontecido en la región española de Cataluña y está a punto de suceder en Italia (curiosamente, dos lugares cuya historia se ha caracterizado por episodios de intolerancia, debido más que nada a la férula de la iglesia católica), las cuales pretenden impedir incluso que quienes consideran sus prácticas como pecaminosas sean encartados y arrestados, pese a contar con una detallada declaración de principios y argumentos interesantes para respaldar tal postura.

En toda esta pataleta existe una interesante contradicción. Los homosexuales, al menos en las últimas dos décadas, han buscado parecerse al resto y en tal sentido han hecho todo lo posible por eliminar esa caricatura del afeminado cómico que sólo sirve para alegrar la fiesta. En ese afán de demostración, es que vienen presionando para que más países aprueben el matrimonio entre congéneres y la adopción infantil -o la inseminación artificial liberada, en el caso de las parejas de lesbianas-, pues a la larga eso los acerca lo más posible a la llamada familia tradicional. En ese contexto, Dolce y Gabanna, ligados a una actividad que siempre se ha considerado propia de amanerados, pertenecen al universo del gay frívolo clásico. Tal vez por ello deseen desterrar las opiniones de estos diseñadores. Pero no toma mucho rato para que empiecen a molestar con su supuesta condición de especiales y se pongan a insistir en la aprobación de leyes de protección como las mencionadas en el párrafo anterior. Una conducta ambivalente, que responde a un momento específico, y que al no contar con argumentos sólidos y acciones coherentes, pasa de la frivolidad a la oquedad.

jueves, 19 de marzo de 2015

Utilidad y Utilidades en Penta

Una de los argumentos que se ha esgrimido de parte de los defensores de Carlos Alberto Délano y Carlos Eugenio Lavín, los dos propietarios del grupo empresarial Penta que hoy se encuentran encarcelados por fraude al fisco, es aquella manida sentencia de que se trata de personas abnegadas que han generado muchísimos empleos y han contribuido al funcionamiento del motor económico del país. Un par de subterfugios que siempre salen a colación en situaciones como éstas, aunque dichos trabajos no sean remunerados de la manera justa e impliquen enormes esfuerzos de carácter emocional por el lado de los contratados.

No obstante, y a despecho de los pretextos recién mencionados, sería interesante preguntarse qué tipo de contribución han efectuado estos empresarios al desarrollo nacional. E incluso, si vale la pena llamarla así. Pues estamos hablando de negocios de seguros o bancarios dedicados mayormente a la dispensa de créditos. Áreas destinadas exclusivamente al consumo y que por ende no son productivas. Y no es por denostar a los servicios, pues la economía depende tanto del sector terciario como de los otros dos y si no existieran cosas como el comercio o el transporte jamás se podrían distribuir los bienes agrícolas o industriales. Sino porque los rubros en los cuales se ha especializado el grupo Penta se encuentran alejados de los flujos económicos más indispensables, y abarcan más bien necesidades originadas por el funcionamiento del sistema, en sus virtudes pero sobre todo en sus defectos. Así, de un lado tenemos el endeudamiento, ofrecido a personas que a causa de su situación dentro del engranaje son incapaces de satisfacer sus inquietudes más básicas, no sólo en el ámbito físico sino igualmente en el espiritual y emotivo, esto último originado desde el bombardeo publicitario. Y de otro, se halla el aseguramiento, que aunque sea justificado con argumentos en apariencia racionales finalmente constituye un artículo de lujo, que los más acaudalados utilizan para protegerse de los demás.

Se trata de dos movimientos económicos que de partida son superfluos al momento de considerar la preservación de la vida, y además, innecesarios, al menos teóricamente, para que esa existencia sea llevada de buena manera. Ambos son calificados, por los mismos que los promueven, como intangibles, esto es, que en las primeras instancias no se pueden ver o tocar, ni siquiera percibir, por lo que están descartados al instante de cubrir los elementos más esenciales (salud, educación, vivienda, alimentación, vestuario). Y si se llega a recurrir a ellos es tras un proceso de raciocinio (por ejemplo la persona que decide pedir un préstamo, y la institución que lo otorga), a veces muy poco reflexivo, pero raciocinio al fin. Pero fuera de ello, no estamos en presencia de actividades productivas, sino más bien, en el sentido evaluador, neutrales, y en algunos casos perjudiciales. El crédito le genera a quien lo contrae un pasivo que puede llegar a superar varias veces sus ingresos, y aún cuando ciertos endeudamientos se pueden tildar de positivos (ampliación de una casa, empuje para una empresa) a la larga casi siempre terminan reduciendo la capacidad y el capital individuales. El contrato de seguros, por su parte, surge de coyunturas creadas por la propia acumulación pecuniaria, como el temor a perder lo ganado -o que a uno se lo roben-, lo que después deviene en aislamiento y desconfianza.

En conclusión, dos soluciones a necesidades -o fallas- originadas en el propio sistema económico, y que son una muestra de sus características anómalas. De una parte, el crédito, solicitado por quienes no pueden cubrir sus necesidades mediante sus propios recursos -y que en un engranaje que funcionara correctamente, deberían hacerlo-, y del otro, los seguros, tomados por quienes cuentan con medios pero que todavía no han desarrollado la capacidad de disfrutarlos -y que por lo tanto tienen carencias igual que los otros-. Una curiosa reproducción a escala de la desigualdad habida en Chile, a cargo de un par de magnates acusados por evadir impuestos y defraudar al Estado, y desde ahí al resto de los contribuyentes y a los beneficiarios de los programas sociales. Ahí radica la utilidad de Penta: en generar utilidades monetarias a partir del intento por resolver asuntos que en situaciones normales estarían más que superados. Algo que por la propia dinámica imperante no logran conseguir, obligando a los ciudadanos a continuar consumiendo sus ofrecimientos, entregándoles cada vez más dinero. Negocio redondo.

domingo, 1 de marzo de 2015

Y Si Se Van Todos Qué

Frente a la serie de casos de corrupción, ya sea de connotación legal o simplemente ética, en los cuales han aparecido involucrados políticos de todos los sectores, algunos ciudadanos han comenzado a replicar, a través de conversaciones privadas o las redes sociales, el eslogan "que se vayan todos", popularizado en Argentina a fines del 2001, cuando ese país se hallaba en el punto más bajo de una crisis económica sin precedentes. Por su parte, quienes representan a las clases dirigentes, así como una serie de analistas que viven de comentar la actividad pública, se están colocando el parche antes de la herida y expresando su temor porque tal reclamo empiece a subir de tono, y se convierta en una exigencia generalizada que se acabe concretando y al mismo tiempo dejando un vacío de poder, el cual finalmente acabe llenado por un caudillo demagogo quien termine arrastrando a la nación a una situación todavía peor. Muchos de estos opinantes se apresuran justamente en citar por segunda ocasión el ejemplo trasandino, donde el marasmo sufrido hace una década atrás, remató en el ascenso del matrimonio Kirchner Fernández, que según sus observaciones está conduciendo a ese territorio a un despeñadero tan profundo como aquel del que tuvieron que salir.

En primer lugar, cabe señalar que dichos sujetos, más que analistas, son alarmistas. Es difícil que en Chile la actividad política llegue a esa situación de aniquilación total. Primero, porque sus practicantes, a pesar del sinnúmero de defectos que exhiben, cuentan con la capacidad de sostenerse tanto a sí mismos como al sistema, obviamente por esos mismos vínculos mantenidos con los empresarios que han sido tan criticados en la actualidad, y además, y aunque no lo parezca, debido a que aquí todavía existen robustos cimientos de ética, honestidad ideológica y vocación de servicio. Segundo, porque tampoco el ciudadano común chileno es dado a organizar protestas que lleven a un nivel tan extremo de demolición, quizá en parte a causa de los acaecimientos de los años 1970, pero igualmente, porque sabe, o al menos intuye, que el grueso de sus dirigentes no son unos corruptos convulsivos (en realidad, los pocos desfalcadores que hay sólo son corruptos a secas) y que en el peor de los casos se puede confiar en ellos en términos generales. La conclusión a extraer de estos artículos que invocan la preocupación, es que se trata del miedo de ciertas personas que vislumbran la posibilidad de perder los privilegios que han alcanzados merced precisamente al andar de los actuales políticos. Es decir, el siempre presente temor a un monstruo quimérico, en este caso alimentado por voces cada día más altisonantes -aunque poco efectivas- que reclaman asamblea constituyente o la desaparición de los más acaudalados de la actividad pública.

No obstante, coloquémonos en el lugar de las especulaciones y supongamos que la masa política llega a caer en un desprestigio catastrófico o al menos ve significativamente disminuido su grado de influencia (lo último, en todo caso, es plausible que pueda ocurrir en Chile). Lo más probable es que la consecuencia más inmediata no sea la aparición de ese caudillo equivalente a Hitler, Marcos o Duvalier, ya que esta sociedad no está en condiciones de aceptar eso, ni mucho menos tiene el atrevimiento suficiente para allanar el camino. Sin embargo, lo que sí podría darse es que instituciones que no debieran ocupar el espacio de la actividad pública partidista empiecen a crecer y a afianzarse, como los representantes de alguna religión o los mismos gremios empresariales, que por cierto están saliendo casi indemnes, en una trifulca que se originó por los vínculos a veces demasiado estrechos que tenían con determinados políticos. Ya hemos sidos testigos de cómo, ante la debacle que la derecha reaccionaria experimentó en las recientes elecciones, la iglesia católica ha tomado el relevo y se ha transformado en el portavoz de las ideas que ellos defendían, referidas al freno de la reforma educacional o la oposición a legalizar el llamado aborto terapéutico. Cabe recordar a propósito, lo que acaeció en Rusia u otros países comunistas tras la caída de los socialismos reales, donde círculos eclesiásticos católicos u ortodoxos pasaron a ocupar el espacio que quedó vacante, lo cual les ha permitido imponer restricciones que hacen dudar de que esos sean sistemas democráticos. O lo acontecido en Egipto con los musulmanes observantes y después con los militares, que por cierto en América Latina no han dejado de intentar resolver las cosas. O la coyuntura en Ucrania, donde un movimiento civil sin rumbo fijo se decantó en la erección de un acaudalado chocolatero, que en los meses que lleva de gobierno sólo ha contribuido a empeorar la de por sí precaria situación.

Ahí sí que me sumo al temor. ¿Qué pasaría si el río revuelto deviene en ganancia, por ejemplo, para la iglesia católica, institución muy poderosa y la que por cierto tiene más lazos con los círculos empresariales que los propios políticos? Nos ha costado mucho sacar a los obispos del primer plano, algo que sólo se produjo tras los diversos casos de pedofilia en los cuales estuvieron envueltos sacerdotes, algunos de alto rango, y que tampoco fueron fáciles de desenmascarar. Creemos que no contamos con un conjunto de pirañas al acecho, dispuestas a dar el asalto final al menor descuido, cuando la realidad es diametralmente distinta. Y de hecho se trata del colectivo más peligroso, porque es el del cual menos se sospecha, dado que trabaja con la espiritualidad y por extensión con la sensibilidad. No sea que en un futuro cercano debamos aguantar de nuevo a esos sujetos, ahora con el dedo apuntándonos en base a que actuamos mal porque no quisimos gobernar sin sus órdenes ni consejos. Obligándonos a cargar con una culpa más, y resignados a golpearnos el pecho con una pistola cargada y con su bala pasada.

martes, 17 de febrero de 2015

Ateo y Fanático

En medio de las ejecuciones de prisioneros en Medio Oriente llevadas a cabo por miembros del EI, y los últimos atentados efectuados en Europa por extremistas musulmanes, una noticia pasó poco advertida en los noticiarios internacionales. En Estados Unidos, un ateo asesinó a tres jóvenes universitarios que profesaban la fe islámica, según declaró a la policía, porque sentía que debía liberar a la humanidad de las religiones, ya que atentarían contra la lógica científica, situación que además obligaría a sus defensores a reaccionar con violencia homicida, debido a que los nuevos descubrimientos y hallazgos tecnológicos no dejan de contradecir sus teorías, que es una perogrullada agregar, emanan de un ser superior y por ende son irrefutables.

Uno de los argumentos que usan los ateos militantes para disuadir al ciudadano pedestre de que abandone una determinada religión y acto seguido exija la desaparición de todas ellas -ya sea de manera voluntaria o forzada-, es el asunto de los fanáticos, que si no actúan directamente, suelen elaborar discursos carismáticos que impulsan a quienes los escuchan a cometer crímenes. En su documental "La Raíz De Todos Los Males", Richard Dawkins va a Estados Unidos a entrevistar a un carismático pastor evangélico, muy intransigente en asuntos de moralina, que dirige una congregación a la cual pertenecía un muchacho que acabó asesinando a un médico que practicaba abortos. Si bien reconoce la capacidad argumentativa y de refutación del reverendo, igual remata con un discurso donde intenta disuadir a sus eventuales auditores para que éstos den como ciertas sus tesis. Entre otras cosas, busca menoscabar una respuesta que por cierto es muy típica de los ministros de fe, que insiste en que esas conductas no corresponden al cristianismo verdadero y que este chico cometió el crimen de marras por cuenta propia, hecho que demostraría que no se hallaba realmente convertido. Lo mismo que de seguro debe repetir un musulmán moderado respecto de Al Qaeda o el mencionado EI. Para el biólogo británico, tales contestaciones sólo constituyen un forma de evadir la responsabilidad, pues al exponer planteamientos incendiarios (subyacentes en toda religión, por la sola cuestión de defender verdades absolutas e irrefutables emanadas de un ser superior que está más allá de la vida palpable, por ende imposible de comprobar mediante la ciencia o el raciocinio humano) de un modo que influye en mentalidades que ya se sabe son más débiles y necesitadas de un líder, el portador de la prédica es cómplice indirecto del delito.

Entonces, cabe preguntarse: ¿y qué sucede en el caso de este ateo asesino? El tipo, en su confesión a la policía, reprodujo al menos en parte el discurso de los no creyentes militantes, incluido el ya citado Dawkins, que por cierto es en la actualidad la cabeza más visible de ese ateísmo que trata de difundir sus argumentos usando la misma actitud proselitista de las religiones más conocidas. Señaló que los credos debían ser eliminados por su supuesta oposición natural al conocimiento científico, algo que estos sujetos no dejan de reiterar al momento de efectuar su cruzada. Pues bien: ¿aceptarán que al menos, se les indique que puede haber una relación entre sus pensamientos y la forma de exponerlos, y el crimen cometido contra estos jóvenes musulmanes, que además, no participaban en alguna variante extremista de esa religión? Es innegable que el tipo tenía un libro de estos intelectuales como cabecera, o en el peor de los casos los escuchó en un determinado foro o a la pasada en un medio de comunicación. Lo cual se refuerza por el asunto de ir a una universidad a atacar a unos estudiantes, un absurdo inaceptable desde el punto de vista de quien considera un cierta idea como residuo del más cavernario de los absurdos. ¿Dirán que el homicida estaba errado, que sufría una enfermedad, que no corresponde la comparación porque a fin de cuentas no era más que otro fanático, que no había salido completamente de la incidencia religiosa? ¿O contestarán del modo que caracteriza a estos grupos, diciendo que el problemas es con una o varias personas que no necesariamente representa a todo el conjunto o la institución? Una salida válida a veces, pero que equivale al ministro que asevera que tal o cual alocado no tenía el auténtico testimonio.

No faltan quienes han justificado estos crímenes diciendo, en alusión a las facciones terroristas del islam, que "se cosecha lo que se siembra" o "como pecas, pagas". Lo que sólo sirve para constatar que a algunos les repugnan los crímenes únicamente cuando las víctimas piensan similar a ellos, mientras que los que afectan a quienes tienen opiniones contrarias, si no los aplauden, les encuentran razón o les provocan indiferencia. En tal situación, y en concordancia con este ateo, parece que igualmente sienten que es correcto eliminar las religiones de manera violenta. Queda preguntarles, nada más, de qué forma actuarán cuando uno de los suyos decida cometer otro crimen. Es de esperar que no se evadan.

                                      

domingo, 18 de enero de 2015

El Amigo Charlie Hebdo

Hasta que varios de sus integrantes fueron ultimados por un grupo de terroristas islámicos, personalmente desconocía la existencia de Charlie Hebdo. Hoy ya estoy enterado de que se trata de un semanario satírico fundado en Francia allá por la década de 1970, con el nombre de Hara Kiri Hebdo, nombre que se vieron forzados a modificar producto de sus innumerables encontronazos con autoridades que no quedaron bien paradas con sus caricaturas. Y que a partir del año 2000, cuando ya ninguna persona influyente se atrevía a entablar una demanda judicial tras ser retratada en el periódico, comenzaron a explotar un filón que les acarreó un aumento en sus ventas: la religión, en especial la musulmana, que atacaron con especial consideración después de las amenazas en contra de un diario danés que publicó unos dibujos donde Mahoma aparecía con un turbante y una mecha encendida colgando de él; pero en particular, por el estigma que los franceses europeos tienen en contra de sus compatriotas que profesan ese credo, actitud que se ve reflejada en el accionar de la policía y de los medios masivos de comunicación.

Pues lo cierto es que hasta los albores de este siglo, Charlie Hebdo apenas se había involucrado con el islam. Situación que cambió luego de la controversia ocasionada por las viñetas recién mencionadas, en un intento de demostración de solidaridad que con el paso del tiempo se transformó en una majadera bravuconada. Y que demostró que los miembros de este periódico se habían adentrado en un terreno que desconocían (o acerca del que no querían estudiar por considerarlo cultural e intelectualmente inferior). Pues, tal vez sea necesario repetirlo hasta el cansancio, para los musulmanes no hay caricatura que valga al momento de ver una imagen de su profeta. Ya que para ellos Mahoma no puede ser retratado, y en algunos círculos ni siquiera está permitida la reproducción de una figura humana, como forma de prevenir la proliferación de ídolos, en una versión ampliada de uno de los diez mandamientos bíblicos. Por eso es que en el Medio Oriente las artes plásticas han experimentado un bajo desarrollo e incluso en determinados países es negada la producción cinematográfica. En consecuencia la sola exhibición física de su líder espiritual constituye una provocación, y para qué vamos a hablar de una exposición con tono burlesco. Algo que quizá no comprendemos con facilidad quienes hemos sido formados en el paradigma occidental cristiano, donde nunca hemos dejado de fabricar pinturas o esculturas de Cristo, pero que de antemano sabemos que no son reales, y por ende poco nos importa que a la postre acaben como objetos de mofa.

He aquí el meollo del asunto. Se trata de satirizar a mansalva a una cultura que por parecer extraña y distinta asimismo se la considera mediocre. La cual además es atacada en términos generales, pues sus detractores no conocen sus matices los que tampoco se esfuerzan en escudriñar, simplemente porque no creen que existan. Una situación que termina afectando al musulmán pedestre, el mismo que sufre la pobreza en Asia o África y la segregación en Europa. Sin embargo, dentro del islam hay personeros poderosos que no son retratados en las páginas de Charlie Hebdo o un periódico de actitudes afines, muchos de quienes encabezan estos movimientos extremistas cuando no los financian. Se insiste con Mahoma, pero brillan por su ausencia los jeques dueños de empresas  petrolíferas o de clubes deportivos, los monarcas absolutistas del Medio Oriente que fuera de todo son aliados de las potencias occidentales, incluso los líderes de las agrupaciones terroristas. Debe ser porque estos personajes cuentan con un arma de respuesta mucho más efectiva que las tradicionales, como es el dinero, que puede actuar de manera sutil mediante las redes de influencias. Y del cual este mismo semanario fue víctima hace un tiempo atrás, cuando expulsaron de su seno a un dibujante por diseñar unas viñetas críticas de la situación de Palestina, que ciertos círculos de judíos consideraron antisemitas. En fin: los asesinados han sido elevados a la categoría de mártires, y este periódico ha aumentado sus ventas de modo sideral. Quizá sea ése el auténtico poder de las balas...

El problema del primer mundo occidental es que no sabe burlarse del islam. Y parece que tampoco quiere aprender cómo. A modo de ejemplo, existen caricaturas sobre Bin Laden u otros líderes terroristas publicadas en diarios de América Latina, en especial México, que a pesar de ser muy satíricas empero no han devenido en atentados contra sus creadores. Pero en Estados Unidos y en Europa obran con esa misma mentalidad colonialista que los impulsó a invadir territorios con el pretexto de que estaban habitados por salvajes que debían ser civilizados y evangelizados. En la que no cabe espacio para los aportes culturales del otro, porque siempre serán mínimos cuando no nulos. La diferencia es que esas zonas hoy son países independientes, y sus habitantes, por diversas circunstancias, están decididos a hablar y reclamar.


domingo, 28 de diciembre de 2014

Soto y Ezzati

Menos de objetividad que de morbo y prensa amarilla -y vendida- hay en toda la parafernalia que ha rodeado este asunto del auto proclamado pastor Javier Soto. La Mesa Ampliada y el Consejo de Pastores -organismos que agrupan a la casi totalidad de las iglesias evangélicas- ya han aclarado que este individuo actúa a título personal y que ni siquiera existe registro de alguna congregación dirigida por él. Sin embargo, los medios de comunicación insisten en presentarlo como un muestreo de los cristianos reformados chilenos, muchos de los cuales por desgracia han pisado el palito, y a través de las redes sociales se han deshecho en elogios para este hombre, a quien consideran el paladín de la valentía que se ha atrevido a trabar la puerta del armario de los gay, incluso a riesgo de cárcel, mientras los integrantes de las instituciones recién mencionadas sólo estarían interesados en congraciarse con el poder político.

Los escupitajos que Javier Soto ha vertido contra los homosexuales no son muy distintos en contenido y finalidad a los que profirió el arzobispo Ricardo Ezzati en su homilía de Navidad, la que además fue transmitida por televisión. La gran diferencia es que el presidente de la Conferencia Episcopal usó ese tono edulcorado de voz grave tan característico de los curas, y que en una situación como esta les entrega un aire de autoridad que a la vez resulta lo suficientemente carismático para no transmitir intenciones represivas. Aparte de que se trata de una persona con vastos estudios de teología (católica, pero en fin...), que es el máximo regente de la iglesia romana local, la que en este país posee un alto grado de influencia. Factor este último que le permite contar con una habitación exclusiva desde donde puede emitir un discurso acompañado de instrumentos que permiten grabarlo, con la seguridad de que luego será difundido por los medios de comunicación. No es un sujeto falto de estudios, de palabras y rasgos faciales hoscos, que especialmente por eso se vea obligado a gritar lo que él considera la verdad en plena calle, o en los reducidos minutos que le otorgan en cuanto espacio lo invitan. Por lo mismo, cuando el sacerdote habla (otrosí, debido a su origen italiano, con un acento extranjero, algo que suele ser apreciado en Chile), en el peor de los casos ha ejercido su derecho a la libertad de expresión, y sólo cabe emitir la propia de manera pausada, respetuosa y con altura de miras. Jamás debe ser comparado con un fanático religioso cuyo único destino tiene que ser la casa de orates.

Hay una cosa que se llama discernimiento de espíritus. Qué va: capacidad de discernir a secas. Por supuesto que la cruzada de Javier Soto puede tener un fin honesto, incluso dentro de los parámetros del cristianismo evangélico. Pero es claro que el método utilizado por este predicador es errado y la prueba de ello es que está provocando más mal que bien. Es cierto que el mensaje de Jesús no terminó siendo muy masivo y que los seguidores honestos se cuentan por unos pocos millares. No obstante, cabe recordar que el Salvador siempre buscó la conversión de todos los seres humanos, y eso es algo que repetimos hasta el cansancio cuando nos topamos con alguien que se decide por el estudio antes que la evangelización. Los mismos que elogian a este pastor por atreverse a quedar como una voz solitaria en un desierto de incrédulos, son los que luego aseveran que la única prioridad es ganar almas y que quien se detiene por otros menesteres es un tibio que se transformará en vómito divino. La comparación con Juan tampoco resiste análisis. El Bautista se fue en contra de un poderoso de altos quilates y la evidencia de eso está en su final. Mucho mayor a unos dirigentes homosexuales o unos parlamentarios de una democracia representativa. En realidad, si quisiera pavonearse con perros peligrosos debería entonces abordar a esos magnates empresariales que está siendo acusados por evasión de impuestos, o que han protagonizado desastres ecológicos como el de Quintero. Más aún: sus actitudes pueden calificarse de sectarias, y los hermanos que lo defienden a rajatabla, con una similar falta de racionalidad, podrían ser acusados de marchar tras un determinado sujeto antes que el propio Cristo. Y en cualquier caso por sus frutos los conoceréis, y en tal sentido no es muy adecuado a la doctrina vanagloriarse de haber vaticinado una catástrofe natural como el incendio de Valparaíso o alegrarse porque el líder de los gay es internado por un accidente vascular, debido a su supuesta vinculación con un castigo divino producto de la inmoralidad (ni los profetas lo hicieron cuando vieron sus advertencias consumadas), cuando lo correcto es esperar la rectificación de tales personas y orar por ellos pese a no estar convertido cuando se hallan en un enredo difícil.

Personajes pintorescos como Javier Soto han existido de antaño. Un buen ejemplo es Hugo Muñoz, el llamado Profeta de Peñalolén, famoso por justificar con la Biblia la tenencia de seis mujeres y quien, por cierto, ha emitido discursos contra los gay igualmente furibundos. El apóstol Juan ya lo decía. Es preciso distinguir la cizaña del trigo y aislar a los falsos maestros, incluso a quienes aparecen con discursos coincidentes con la doctrina, al menos en los aspectos morales más vistosos. Así mismo, hay que contar con el tino para notar el momento en que un hermano se ha equivocado, y procurar que enmiende su error, ya que si persiste en él las consecuencias pueden ser catastróficas, como divisiones al interior de las iglesias y malas influencias en la sociedad. Si este predicador es un auténtico cristiano, antes de gritar sin ton ni son debiera preguntarse si es el Señor quien habla a través de él, como por lo demás asevera que debe ser el estado de un hombre de Dios.


                                                                  

domingo, 14 de diciembre de 2014

El Pesebre de la Agnóstica

A menos de una semana de ser instalado, el pesebre gigante que durante diciembre adornará el frontis del palacio de La Moneda, ya ha sido objeto de un interesante debate en las redes sociales. Mientras sus partidarios defienden la iniciativa aseverando que Chile es un país de tradición cristiana donde además la celebración navideña ha arraigado con gran profundidad en la cultura popular, sus detractores -que son la mayoría- reclaman por el alto costo que significó su construcción y montaje -unos quince millones de pesos- en una época de contracción económica, fuera de que añaden que el Estado está separado de cualquier iglesia o religión desde 1925, y a partir de entonces se ha definido como laico. De cualquier manera, salvo una observación puntual de un colectivo de ateos, quienes se sustentaron en el segundo de los puntos recién expuestos, ningún otro grupo de quienes han expresado su rechazo a la obra ha efectuado alguna protesta, ya sea a través de un escrito formal, o en la calle o los medios de comunicación.

Cabe señalar que el mencionado argumento de la oficialidad laica (que fue de algún modo deslizado por el vocero de gobierno, durante su intervención en favor de la erección del discutido nacimiento, cuando acotó que en Chile se respetaban todas las creencias) es muy contundente como objeción a la construcción de esta obra. Pero no sólo por sus causas más obvias -reiteradas hasta el cansancio cuando en cualquier lugar del primer mundo se genera una polémica de características equivalentes-, sino también cuando se entran a comparar tanto la naturaleza de esta iniciativa con la de la actual administración ejecutiva, liderada por una presidente agnóstica que nunca ha mostrado interés por afiliarse a un determinado credo. Rasgo que se extiende a la mayoría de sus asesores, que en el mejor de los casos, si llegan a declarar la simpatía por alguna religión, prefieren, por un asunto de principios, guardarla para su ámbito privado y evitar mostrarla en público, en el afán de no provocar confusiones entre los ciudadanos, que podrían sentir que no se legisla para el bienestar de la totalidad de los chilenos (irónicamente, eso es lo que está sucediendo ahora con la decisión del pesebre), lo cual a la larga pone en duda aquello de la vocación de servicio imparcial. Todo, enmarcado en una alianza política de ideología socialdemócrata y progresista, quienes justamente suelen optar por tomar distancia de los organismos eclesiásticos a la hora de impulsar sus agendas y programas.

¿Por qué entonces, una administración con tales características, toma una determinación confusa tanto para sus votantes como sus adversarios? Curiosamente, una respuesta podría hallarse precisamente en este eslogan de "legislar para todos los chilenos", al satisfacer las inquietudes de uno de los grupos más visibles de la sociedad. Ello pese a la ofensa de otros, que debido a su poca figuración pública suelen ser considerados una minoría, cuando a veces es todo lo contrario. Sin embargo, la explicación podría requerir de menos abstracción filosófica y ser asentada en la contingencia política. La serie de reformas que esta legislatura planea realizar, como el cambio del sistema educacional y la aprobación del aborto, han ocasionado un fuerte conflicto con la iglesia católica, que cuenta con importantes intereses tanto en esos ítemes como en otros, y que además, por la tendencia reaccionaria de sus dirigentes, ha ocupado el lugar que la oposición partidista ha sido incapaz de ejercer durante todo este periodo, ya que aún no se recupera de los desastrosos resultados arrojados en las elecciones del año anterior. Dichas modificaciones tampoco han sido bien recibidas por un sector muy influyente de los empresarios, quienes poseen excelentes canales de comunicación mutua con obispos y políticos derechistas. ¿Nos enfrentamos a un intento por apaciguar los ánimos, mediante una demostración de que el actual ejecutivo no arrastrará a la nación al despeñadero, como algunos auguran, por desacatar las órdenes divinas, las cuales van mucho más allá del ámbito espiritual? Una peculiar tregua navideña.

Como anécdota final, resulta interesante notar que ningún grupo religioso ha alegado por el excesivo costo que implicó la instalación del pesebre, que también es un argumento a considerar. La débil defensa del vocero de gobierno, incluyó la mención al hecho de que en palacio existen tres capellanes: uno católico, otro evangélico y un tercero judío, y que el nacimiento incluía símbolos de esos credos, algo que por cierto no dejó contentos a los ateos. La verdad es que el gran problema es que el armatoste en cuestión no tiene una finalidad espiritual. Sino que, de igual forma que ocurre con esos dictadores y jerarcas que ordenan la construcción de fastuosas catedrales a fin de obtener las indulgencias de rigor, esta obra ha sido guiada por la hipocresía y por un afán de aparentar. A la manera de una administración de tendencia progresista, pero cuyos últimos resultados son idénticos a las demás.