Frente a la serie de casos de corrupción, ya sea de connotación legal o simplemente ética, en los cuales han aparecido involucrados políticos de todos los sectores, algunos ciudadanos han comenzado a replicar, a través de conversaciones privadas o las redes sociales, el eslogan "que se vayan todos", popularizado en Argentina a fines del 2001, cuando ese país se hallaba en el punto más bajo de una crisis económica sin precedentes. Por su parte, quienes representan a las clases dirigentes, así como una serie de analistas que viven de comentar la actividad pública, se están colocando el parche antes de la herida y expresando su temor porque tal reclamo empiece a subir de tono, y se convierta en una exigencia generalizada que se acabe concretando y al mismo tiempo dejando un vacío de poder, el cual finalmente acabe llenado por un caudillo demagogo quien termine arrastrando a la nación a una situación todavía peor. Muchos de estos opinantes se apresuran justamente en citar por segunda ocasión el ejemplo trasandino, donde el marasmo sufrido hace una década atrás, remató en el ascenso del matrimonio Kirchner Fernández, que según sus observaciones está conduciendo a ese territorio a un despeñadero tan profundo como aquel del que tuvieron que salir.
En primer lugar, cabe señalar que dichos sujetos, más que analistas, son alarmistas. Es difícil que en Chile la actividad política llegue a esa situación de aniquilación total. Primero, porque sus practicantes, a pesar del sinnúmero de defectos que exhiben, cuentan con la capacidad de sostenerse tanto a sí mismos como al sistema, obviamente por esos mismos vínculos mantenidos con los empresarios que han sido tan criticados en la actualidad, y además, y aunque no lo parezca, debido a que aquí todavía existen robustos cimientos de ética, honestidad ideológica y vocación de servicio. Segundo, porque tampoco el ciudadano común chileno es dado a organizar protestas que lleven a un nivel tan extremo de demolición, quizá en parte a causa de los acaecimientos de los años 1970, pero igualmente, porque sabe, o al menos intuye, que el grueso de sus dirigentes no son unos corruptos convulsivos (en realidad, los pocos desfalcadores que hay sólo son corruptos a secas) y que en el peor de los casos se puede confiar en ellos en términos generales. La conclusión a extraer de estos artículos que invocan la preocupación, es que se trata del miedo de ciertas personas que vislumbran la posibilidad de perder los privilegios que han alcanzados merced precisamente al andar de los actuales políticos. Es decir, el siempre presente temor a un monstruo quimérico, en este caso alimentado por voces cada día más altisonantes -aunque poco efectivas- que reclaman asamblea constituyente o la desaparición de los más acaudalados de la actividad pública.
No obstante, coloquémonos en el lugar de las especulaciones y supongamos que la masa política llega a caer en un desprestigio catastrófico o al menos ve significativamente disminuido su grado de influencia (lo último, en todo caso, es plausible que pueda ocurrir en Chile). Lo más probable es que la consecuencia más inmediata no sea la aparición de ese caudillo equivalente a Hitler, Marcos o Duvalier, ya que esta sociedad no está en condiciones de aceptar eso, ni mucho menos tiene el atrevimiento suficiente para allanar el camino. Sin embargo, lo que sí podría darse es que instituciones que no debieran ocupar el espacio de la actividad pública partidista empiecen a crecer y a afianzarse, como los representantes de alguna religión o los mismos gremios empresariales, que por cierto están saliendo casi indemnes, en una trifulca que se originó por los vínculos a veces demasiado estrechos que tenían con determinados políticos. Ya hemos sidos testigos de cómo, ante la debacle que la derecha reaccionaria experimentó en las recientes elecciones, la iglesia católica ha tomado el relevo y se ha transformado en el portavoz de las ideas que ellos defendían, referidas al freno de la reforma educacional o la oposición a legalizar el llamado aborto terapéutico. Cabe recordar a propósito, lo que acaeció en Rusia u otros países comunistas tras la caída de los socialismos reales, donde círculos eclesiásticos católicos u ortodoxos pasaron a ocupar el espacio que quedó vacante, lo cual les ha permitido imponer restricciones que hacen dudar de que esos sean sistemas democráticos. O lo acontecido en Egipto con los musulmanes observantes y después con los militares, que por cierto en América Latina no han dejado de intentar resolver las cosas. O la coyuntura en Ucrania, donde un movimiento civil sin rumbo fijo se decantó en la erección de un acaudalado chocolatero, que en los meses que lleva de gobierno sólo ha contribuido a empeorar la de por sí precaria situación.
Ahí sí que me sumo al temor. ¿Qué pasaría si el río revuelto deviene en ganancia, por ejemplo, para la iglesia católica, institución muy poderosa y la que por cierto tiene más lazos con los círculos empresariales que los propios políticos? Nos ha costado mucho sacar a los obispos del primer plano, algo que sólo se produjo tras los diversos casos de pedofilia en los cuales estuvieron envueltos sacerdotes, algunos de alto rango, y que tampoco fueron fáciles de desenmascarar. Creemos que no contamos con un conjunto de pirañas al acecho, dispuestas a dar el asalto final al menor descuido, cuando la realidad es diametralmente distinta. Y de hecho se trata del colectivo más peligroso, porque es el del cual menos se sospecha, dado que trabaja con la espiritualidad y por extensión con la sensibilidad. No sea que en un futuro cercano debamos aguantar de nuevo a esos sujetos, ahora con el dedo apuntándonos en base a que actuamos mal porque no quisimos gobernar sin sus órdenes ni consejos. Obligándonos a cargar con una culpa más, y resignados a golpearnos el pecho con una pistola cargada y con su bala pasada.
domingo, 1 de marzo de 2015
martes, 17 de febrero de 2015
Ateo y Fanático
En medio de las ejecuciones de prisioneros en Medio Oriente llevadas a cabo por miembros del EI, y los últimos atentados efectuados en Europa por extremistas musulmanes, una noticia pasó poco advertida en los noticiarios internacionales. En Estados Unidos, un ateo asesinó a tres jóvenes universitarios que profesaban la fe islámica, según declaró a la policía, porque sentía que debía liberar a la humanidad de las religiones, ya que atentarían contra la lógica científica, situación que además obligaría a sus defensores a reaccionar con violencia homicida, debido a que los nuevos descubrimientos y hallazgos tecnológicos no dejan de contradecir sus teorías, que es una perogrullada agregar, emanan de un ser superior y por ende son irrefutables.
Uno de los argumentos que usan los ateos militantes para disuadir al ciudadano pedestre de que abandone una determinada religión y acto seguido exija la desaparición de todas ellas -ya sea de manera voluntaria o forzada-, es el asunto de los fanáticos, que si no actúan directamente, suelen elaborar discursos carismáticos que impulsan a quienes los escuchan a cometer crímenes. En su documental "La Raíz De Todos Los Males", Richard Dawkins va a Estados Unidos a entrevistar a un carismático pastor evangélico, muy intransigente en asuntos de moralina, que dirige una congregación a la cual pertenecía un muchacho que acabó asesinando a un médico que practicaba abortos. Si bien reconoce la capacidad argumentativa y de refutación del reverendo, igual remata con un discurso donde intenta disuadir a sus eventuales auditores para que éstos den como ciertas sus tesis. Entre otras cosas, busca menoscabar una respuesta que por cierto es muy típica de los ministros de fe, que insiste en que esas conductas no corresponden al cristianismo verdadero y que este chico cometió el crimen de marras por cuenta propia, hecho que demostraría que no se hallaba realmente convertido. Lo mismo que de seguro debe repetir un musulmán moderado respecto de Al Qaeda o el mencionado EI. Para el biólogo británico, tales contestaciones sólo constituyen un forma de evadir la responsabilidad, pues al exponer planteamientos incendiarios (subyacentes en toda religión, por la sola cuestión de defender verdades absolutas e irrefutables emanadas de un ser superior que está más allá de la vida palpable, por ende imposible de comprobar mediante la ciencia o el raciocinio humano) de un modo que influye en mentalidades que ya se sabe son más débiles y necesitadas de un líder, el portador de la prédica es cómplice indirecto del delito.
Entonces, cabe preguntarse: ¿y qué sucede en el caso de este ateo asesino? El tipo, en su confesión a la policía, reprodujo al menos en parte el discurso de los no creyentes militantes, incluido el ya citado Dawkins, que por cierto es en la actualidad la cabeza más visible de ese ateísmo que trata de difundir sus argumentos usando la misma actitud proselitista de las religiones más conocidas. Señaló que los credos debían ser eliminados por su supuesta oposición natural al conocimiento científico, algo que estos sujetos no dejan de reiterar al momento de efectuar su cruzada. Pues bien: ¿aceptarán que al menos, se les indique que puede haber una relación entre sus pensamientos y la forma de exponerlos, y el crimen cometido contra estos jóvenes musulmanes, que además, no participaban en alguna variante extremista de esa religión? Es innegable que el tipo tenía un libro de estos intelectuales como cabecera, o en el peor de los casos los escuchó en un determinado foro o a la pasada en un medio de comunicación. Lo cual se refuerza por el asunto de ir a una universidad a atacar a unos estudiantes, un absurdo inaceptable desde el punto de vista de quien considera un cierta idea como residuo del más cavernario de los absurdos. ¿Dirán que el homicida estaba errado, que sufría una enfermedad, que no corresponde la comparación porque a fin de cuentas no era más que otro fanático, que no había salido completamente de la incidencia religiosa? ¿O contestarán del modo que caracteriza a estos grupos, diciendo que el problemas es con una o varias personas que no necesariamente representa a todo el conjunto o la institución? Una salida válida a veces, pero que equivale al ministro que asevera que tal o cual alocado no tenía el auténtico testimonio.
No faltan quienes han justificado estos crímenes diciendo, en alusión a las facciones terroristas del islam, que "se cosecha lo que se siembra" o "como pecas, pagas". Lo que sólo sirve para constatar que a algunos les repugnan los crímenes únicamente cuando las víctimas piensan similar a ellos, mientras que los que afectan a quienes tienen opiniones contrarias, si no los aplauden, les encuentran razón o les provocan indiferencia. En tal situación, y en concordancia con este ateo, parece que igualmente sienten que es correcto eliminar las religiones de manera violenta. Queda preguntarles, nada más, de qué forma actuarán cuando uno de los suyos decida cometer otro crimen. Es de esperar que no se evadan.
Uno de los argumentos que usan los ateos militantes para disuadir al ciudadano pedestre de que abandone una determinada religión y acto seguido exija la desaparición de todas ellas -ya sea de manera voluntaria o forzada-, es el asunto de los fanáticos, que si no actúan directamente, suelen elaborar discursos carismáticos que impulsan a quienes los escuchan a cometer crímenes. En su documental "La Raíz De Todos Los Males", Richard Dawkins va a Estados Unidos a entrevistar a un carismático pastor evangélico, muy intransigente en asuntos de moralina, que dirige una congregación a la cual pertenecía un muchacho que acabó asesinando a un médico que practicaba abortos. Si bien reconoce la capacidad argumentativa y de refutación del reverendo, igual remata con un discurso donde intenta disuadir a sus eventuales auditores para que éstos den como ciertas sus tesis. Entre otras cosas, busca menoscabar una respuesta que por cierto es muy típica de los ministros de fe, que insiste en que esas conductas no corresponden al cristianismo verdadero y que este chico cometió el crimen de marras por cuenta propia, hecho que demostraría que no se hallaba realmente convertido. Lo mismo que de seguro debe repetir un musulmán moderado respecto de Al Qaeda o el mencionado EI. Para el biólogo británico, tales contestaciones sólo constituyen un forma de evadir la responsabilidad, pues al exponer planteamientos incendiarios (subyacentes en toda religión, por la sola cuestión de defender verdades absolutas e irrefutables emanadas de un ser superior que está más allá de la vida palpable, por ende imposible de comprobar mediante la ciencia o el raciocinio humano) de un modo que influye en mentalidades que ya se sabe son más débiles y necesitadas de un líder, el portador de la prédica es cómplice indirecto del delito.
Entonces, cabe preguntarse: ¿y qué sucede en el caso de este ateo asesino? El tipo, en su confesión a la policía, reprodujo al menos en parte el discurso de los no creyentes militantes, incluido el ya citado Dawkins, que por cierto es en la actualidad la cabeza más visible de ese ateísmo que trata de difundir sus argumentos usando la misma actitud proselitista de las religiones más conocidas. Señaló que los credos debían ser eliminados por su supuesta oposición natural al conocimiento científico, algo que estos sujetos no dejan de reiterar al momento de efectuar su cruzada. Pues bien: ¿aceptarán que al menos, se les indique que puede haber una relación entre sus pensamientos y la forma de exponerlos, y el crimen cometido contra estos jóvenes musulmanes, que además, no participaban en alguna variante extremista de esa religión? Es innegable que el tipo tenía un libro de estos intelectuales como cabecera, o en el peor de los casos los escuchó en un determinado foro o a la pasada en un medio de comunicación. Lo cual se refuerza por el asunto de ir a una universidad a atacar a unos estudiantes, un absurdo inaceptable desde el punto de vista de quien considera un cierta idea como residuo del más cavernario de los absurdos. ¿Dirán que el homicida estaba errado, que sufría una enfermedad, que no corresponde la comparación porque a fin de cuentas no era más que otro fanático, que no había salido completamente de la incidencia religiosa? ¿O contestarán del modo que caracteriza a estos grupos, diciendo que el problemas es con una o varias personas que no necesariamente representa a todo el conjunto o la institución? Una salida válida a veces, pero que equivale al ministro que asevera que tal o cual alocado no tenía el auténtico testimonio.
No faltan quienes han justificado estos crímenes diciendo, en alusión a las facciones terroristas del islam, que "se cosecha lo que se siembra" o "como pecas, pagas". Lo que sólo sirve para constatar que a algunos les repugnan los crímenes únicamente cuando las víctimas piensan similar a ellos, mientras que los que afectan a quienes tienen opiniones contrarias, si no los aplauden, les encuentran razón o les provocan indiferencia. En tal situación, y en concordancia con este ateo, parece que igualmente sienten que es correcto eliminar las religiones de manera violenta. Queda preguntarles, nada más, de qué forma actuarán cuando uno de los suyos decida cometer otro crimen. Es de esperar que no se evadan.
domingo, 18 de enero de 2015
El Amigo Charlie Hebdo
Hasta que varios de sus integrantes fueron ultimados por un grupo de terroristas islámicos, personalmente desconocía la existencia de Charlie Hebdo. Hoy ya estoy enterado de que se trata de un semanario satírico fundado en Francia allá por la década de 1970, con el nombre de Hara Kiri Hebdo, nombre que se vieron forzados a modificar producto de sus innumerables encontronazos con autoridades que no quedaron bien paradas con sus caricaturas. Y que a partir del año 2000, cuando ya ninguna persona influyente se atrevía a entablar una demanda judicial tras ser retratada en el periódico, comenzaron a explotar un filón que les acarreó un aumento en sus ventas: la religión, en especial la musulmana, que atacaron con especial consideración después de las amenazas en contra de un diario danés que publicó unos dibujos donde Mahoma aparecía con un turbante y una mecha encendida colgando de él; pero en particular, por el estigma que los franceses europeos tienen en contra de sus compatriotas que profesan ese credo, actitud que se ve reflejada en el accionar de la policía y de los medios masivos de comunicación.
Pues lo cierto es que hasta los albores de este siglo, Charlie Hebdo apenas se había involucrado con el islam. Situación que cambió luego de la controversia ocasionada por las viñetas recién mencionadas, en un intento de demostración de solidaridad que con el paso del tiempo se transformó en una majadera bravuconada. Y que demostró que los miembros de este periódico se habían adentrado en un terreno que desconocían (o acerca del que no querían estudiar por considerarlo cultural e intelectualmente inferior). Pues, tal vez sea necesario repetirlo hasta el cansancio, para los musulmanes no hay caricatura que valga al momento de ver una imagen de su profeta. Ya que para ellos Mahoma no puede ser retratado, y en algunos círculos ni siquiera está permitida la reproducción de una figura humana, como forma de prevenir la proliferación de ídolos, en una versión ampliada de uno de los diez mandamientos bíblicos. Por eso es que en el Medio Oriente las artes plásticas han experimentado un bajo desarrollo e incluso en determinados países es negada la producción cinematográfica. En consecuencia la sola exhibición física de su líder espiritual constituye una provocación, y para qué vamos a hablar de una exposición con tono burlesco. Algo que quizá no comprendemos con facilidad quienes hemos sido formados en el paradigma occidental cristiano, donde nunca hemos dejado de fabricar pinturas o esculturas de Cristo, pero que de antemano sabemos que no son reales, y por ende poco nos importa que a la postre acaben como objetos de mofa.
He aquí el meollo del asunto. Se trata de satirizar a mansalva a una cultura que por parecer extraña y distinta asimismo se la considera mediocre. La cual además es atacada en términos generales, pues sus detractores no conocen sus matices los que tampoco se esfuerzan en escudriñar, simplemente porque no creen que existan. Una situación que termina afectando al musulmán pedestre, el mismo que sufre la pobreza en Asia o África y la segregación en Europa. Sin embargo, dentro del islam hay personeros poderosos que no son retratados en las páginas de Charlie Hebdo o un periódico de actitudes afines, muchos de quienes encabezan estos movimientos extremistas cuando no los financian. Se insiste con Mahoma, pero brillan por su ausencia los jeques dueños de empresas petrolíferas o de clubes deportivos, los monarcas absolutistas del Medio Oriente que fuera de todo son aliados de las potencias occidentales, incluso los líderes de las agrupaciones terroristas. Debe ser porque estos personajes cuentan con un arma de respuesta mucho más efectiva que las tradicionales, como es el dinero, que puede actuar de manera sutil mediante las redes de influencias. Y del cual este mismo semanario fue víctima hace un tiempo atrás, cuando expulsaron de su seno a un dibujante por diseñar unas viñetas críticas de la situación de Palestina, que ciertos círculos de judíos consideraron antisemitas. En fin: los asesinados han sido elevados a la categoría de mártires, y este periódico ha aumentado sus ventas de modo sideral. Quizá sea ése el auténtico poder de las balas...
El problema del primer mundo occidental es que no sabe burlarse del islam. Y parece que tampoco quiere aprender cómo. A modo de ejemplo, existen caricaturas sobre Bin Laden u otros líderes terroristas publicadas en diarios de América Latina, en especial México, que a pesar de ser muy satíricas empero no han devenido en atentados contra sus creadores. Pero en Estados Unidos y en Europa obran con esa misma mentalidad colonialista que los impulsó a invadir territorios con el pretexto de que estaban habitados por salvajes que debían ser civilizados y evangelizados. En la que no cabe espacio para los aportes culturales del otro, porque siempre serán mínimos cuando no nulos. La diferencia es que esas zonas hoy son países independientes, y sus habitantes, por diversas circunstancias, están decididos a hablar y reclamar.
Pues lo cierto es que hasta los albores de este siglo, Charlie Hebdo apenas se había involucrado con el islam. Situación que cambió luego de la controversia ocasionada por las viñetas recién mencionadas, en un intento de demostración de solidaridad que con el paso del tiempo se transformó en una majadera bravuconada. Y que demostró que los miembros de este periódico se habían adentrado en un terreno que desconocían (o acerca del que no querían estudiar por considerarlo cultural e intelectualmente inferior). Pues, tal vez sea necesario repetirlo hasta el cansancio, para los musulmanes no hay caricatura que valga al momento de ver una imagen de su profeta. Ya que para ellos Mahoma no puede ser retratado, y en algunos círculos ni siquiera está permitida la reproducción de una figura humana, como forma de prevenir la proliferación de ídolos, en una versión ampliada de uno de los diez mandamientos bíblicos. Por eso es que en el Medio Oriente las artes plásticas han experimentado un bajo desarrollo e incluso en determinados países es negada la producción cinematográfica. En consecuencia la sola exhibición física de su líder espiritual constituye una provocación, y para qué vamos a hablar de una exposición con tono burlesco. Algo que quizá no comprendemos con facilidad quienes hemos sido formados en el paradigma occidental cristiano, donde nunca hemos dejado de fabricar pinturas o esculturas de Cristo, pero que de antemano sabemos que no son reales, y por ende poco nos importa que a la postre acaben como objetos de mofa.
He aquí el meollo del asunto. Se trata de satirizar a mansalva a una cultura que por parecer extraña y distinta asimismo se la considera mediocre. La cual además es atacada en términos generales, pues sus detractores no conocen sus matices los que tampoco se esfuerzan en escudriñar, simplemente porque no creen que existan. Una situación que termina afectando al musulmán pedestre, el mismo que sufre la pobreza en Asia o África y la segregación en Europa. Sin embargo, dentro del islam hay personeros poderosos que no son retratados en las páginas de Charlie Hebdo o un periódico de actitudes afines, muchos de quienes encabezan estos movimientos extremistas cuando no los financian. Se insiste con Mahoma, pero brillan por su ausencia los jeques dueños de empresas petrolíferas o de clubes deportivos, los monarcas absolutistas del Medio Oriente que fuera de todo son aliados de las potencias occidentales, incluso los líderes de las agrupaciones terroristas. Debe ser porque estos personajes cuentan con un arma de respuesta mucho más efectiva que las tradicionales, como es el dinero, que puede actuar de manera sutil mediante las redes de influencias. Y del cual este mismo semanario fue víctima hace un tiempo atrás, cuando expulsaron de su seno a un dibujante por diseñar unas viñetas críticas de la situación de Palestina, que ciertos círculos de judíos consideraron antisemitas. En fin: los asesinados han sido elevados a la categoría de mártires, y este periódico ha aumentado sus ventas de modo sideral. Quizá sea ése el auténtico poder de las balas...
El problema del primer mundo occidental es que no sabe burlarse del islam. Y parece que tampoco quiere aprender cómo. A modo de ejemplo, existen caricaturas sobre Bin Laden u otros líderes terroristas publicadas en diarios de América Latina, en especial México, que a pesar de ser muy satíricas empero no han devenido en atentados contra sus creadores. Pero en Estados Unidos y en Europa obran con esa misma mentalidad colonialista que los impulsó a invadir territorios con el pretexto de que estaban habitados por salvajes que debían ser civilizados y evangelizados. En la que no cabe espacio para los aportes culturales del otro, porque siempre serán mínimos cuando no nulos. La diferencia es que esas zonas hoy son países independientes, y sus habitantes, por diversas circunstancias, están decididos a hablar y reclamar.
domingo, 28 de diciembre de 2014
Soto y Ezzati
Menos de objetividad que de morbo y prensa amarilla -y vendida- hay en toda la parafernalia que ha rodeado este asunto del auto proclamado pastor Javier Soto. La Mesa Ampliada y el Consejo de Pastores -organismos que agrupan a la casi totalidad de las iglesias evangélicas- ya han aclarado que este individuo actúa a título personal y que ni siquiera existe registro de alguna congregación dirigida por él. Sin embargo, los medios de comunicación insisten en presentarlo como un muestreo de los cristianos reformados chilenos, muchos de los cuales por desgracia han pisado el palito, y a través de las redes sociales se han deshecho en elogios para este hombre, a quien consideran el paladín de la valentía que se ha atrevido a trabar la puerta del armario de los gay, incluso a riesgo de cárcel, mientras los integrantes de las instituciones recién mencionadas sólo estarían interesados en congraciarse con el poder político.
Los escupitajos que Javier Soto ha vertido contra los homosexuales no son muy distintos en contenido y finalidad a los que profirió el arzobispo Ricardo Ezzati en su homilía de Navidad, la que además fue transmitida por televisión. La gran diferencia es que el presidente de la Conferencia Episcopal usó ese tono edulcorado de voz grave tan característico de los curas, y que en una situación como esta les entrega un aire de autoridad que a la vez resulta lo suficientemente carismático para no transmitir intenciones represivas. Aparte de que se trata de una persona con vastos estudios de teología (católica, pero en fin...), que es el máximo regente de la iglesia romana local, la que en este país posee un alto grado de influencia. Factor este último que le permite contar con una habitación exclusiva desde donde puede emitir un discurso acompañado de instrumentos que permiten grabarlo, con la seguridad de que luego será difundido por los medios de comunicación. No es un sujeto falto de estudios, de palabras y rasgos faciales hoscos, que especialmente por eso se vea obligado a gritar lo que él considera la verdad en plena calle, o en los reducidos minutos que le otorgan en cuanto espacio lo invitan. Por lo mismo, cuando el sacerdote habla (otrosí, debido a su origen italiano, con un acento extranjero, algo que suele ser apreciado en Chile), en el peor de los casos ha ejercido su derecho a la libertad de expresión, y sólo cabe emitir la propia de manera pausada, respetuosa y con altura de miras. Jamás debe ser comparado con un fanático religioso cuyo único destino tiene que ser la casa de orates.
Hay una cosa que se llama discernimiento de espíritus. Qué va: capacidad de discernir a secas. Por supuesto que la cruzada de Javier Soto puede tener un fin honesto, incluso dentro de los parámetros del cristianismo evangélico. Pero es claro que el método utilizado por este predicador es errado y la prueba de ello es que está provocando más mal que bien. Es cierto que el mensaje de Jesús no terminó siendo muy masivo y que los seguidores honestos se cuentan por unos pocos millares. No obstante, cabe recordar que el Salvador siempre buscó la conversión de todos los seres humanos, y eso es algo que repetimos hasta el cansancio cuando nos topamos con alguien que se decide por el estudio antes que la evangelización. Los mismos que elogian a este pastor por atreverse a quedar como una voz solitaria en un desierto de incrédulos, son los que luego aseveran que la única prioridad es ganar almas y que quien se detiene por otros menesteres es un tibio que se transformará en vómito divino. La comparación con Juan tampoco resiste análisis. El Bautista se fue en contra de un poderoso de altos quilates y la evidencia de eso está en su final. Mucho mayor a unos dirigentes homosexuales o unos parlamentarios de una democracia representativa. En realidad, si quisiera pavonearse con perros peligrosos debería entonces abordar a esos magnates empresariales que está siendo acusados por evasión de impuestos, o que han protagonizado desastres ecológicos como el de Quintero. Más aún: sus actitudes pueden calificarse de sectarias, y los hermanos que lo defienden a rajatabla, con una similar falta de racionalidad, podrían ser acusados de marchar tras un determinado sujeto antes que el propio Cristo. Y en cualquier caso por sus frutos los conoceréis, y en tal sentido no es muy adecuado a la doctrina vanagloriarse de haber vaticinado una catástrofe natural como el incendio de Valparaíso o alegrarse porque el líder de los gay es internado por un accidente vascular, debido a su supuesta vinculación con un castigo divino producto de la inmoralidad (ni los profetas lo hicieron cuando vieron sus advertencias consumadas), cuando lo correcto es esperar la rectificación de tales personas y orar por ellos pese a no estar convertido cuando se hallan en un enredo difícil.
Personajes pintorescos como Javier Soto han existido de antaño. Un buen ejemplo es Hugo Muñoz, el llamado Profeta de Peñalolén, famoso por justificar con la Biblia la tenencia de seis mujeres y quien, por cierto, ha emitido discursos contra los gay igualmente furibundos. El apóstol Juan ya lo decía. Es preciso distinguir la cizaña del trigo y aislar a los falsos maestros, incluso a quienes aparecen con discursos coincidentes con la doctrina, al menos en los aspectos morales más vistosos. Así mismo, hay que contar con el tino para notar el momento en que un hermano se ha equivocado, y procurar que enmiende su error, ya que si persiste en él las consecuencias pueden ser catastróficas, como divisiones al interior de las iglesias y malas influencias en la sociedad. Si este predicador es un auténtico cristiano, antes de gritar sin ton ni son debiera preguntarse si es el Señor quien habla a través de él, como por lo demás asevera que debe ser el estado de un hombre de Dios.
Los escupitajos que Javier Soto ha vertido contra los homosexuales no son muy distintos en contenido y finalidad a los que profirió el arzobispo Ricardo Ezzati en su homilía de Navidad, la que además fue transmitida por televisión. La gran diferencia es que el presidente de la Conferencia Episcopal usó ese tono edulcorado de voz grave tan característico de los curas, y que en una situación como esta les entrega un aire de autoridad que a la vez resulta lo suficientemente carismático para no transmitir intenciones represivas. Aparte de que se trata de una persona con vastos estudios de teología (católica, pero en fin...), que es el máximo regente de la iglesia romana local, la que en este país posee un alto grado de influencia. Factor este último que le permite contar con una habitación exclusiva desde donde puede emitir un discurso acompañado de instrumentos que permiten grabarlo, con la seguridad de que luego será difundido por los medios de comunicación. No es un sujeto falto de estudios, de palabras y rasgos faciales hoscos, que especialmente por eso se vea obligado a gritar lo que él considera la verdad en plena calle, o en los reducidos minutos que le otorgan en cuanto espacio lo invitan. Por lo mismo, cuando el sacerdote habla (otrosí, debido a su origen italiano, con un acento extranjero, algo que suele ser apreciado en Chile), en el peor de los casos ha ejercido su derecho a la libertad de expresión, y sólo cabe emitir la propia de manera pausada, respetuosa y con altura de miras. Jamás debe ser comparado con un fanático religioso cuyo único destino tiene que ser la casa de orates.
Hay una cosa que se llama discernimiento de espíritus. Qué va: capacidad de discernir a secas. Por supuesto que la cruzada de Javier Soto puede tener un fin honesto, incluso dentro de los parámetros del cristianismo evangélico. Pero es claro que el método utilizado por este predicador es errado y la prueba de ello es que está provocando más mal que bien. Es cierto que el mensaje de Jesús no terminó siendo muy masivo y que los seguidores honestos se cuentan por unos pocos millares. No obstante, cabe recordar que el Salvador siempre buscó la conversión de todos los seres humanos, y eso es algo que repetimos hasta el cansancio cuando nos topamos con alguien que se decide por el estudio antes que la evangelización. Los mismos que elogian a este pastor por atreverse a quedar como una voz solitaria en un desierto de incrédulos, son los que luego aseveran que la única prioridad es ganar almas y que quien se detiene por otros menesteres es un tibio que se transformará en vómito divino. La comparación con Juan tampoco resiste análisis. El Bautista se fue en contra de un poderoso de altos quilates y la evidencia de eso está en su final. Mucho mayor a unos dirigentes homosexuales o unos parlamentarios de una democracia representativa. En realidad, si quisiera pavonearse con perros peligrosos debería entonces abordar a esos magnates empresariales que está siendo acusados por evasión de impuestos, o que han protagonizado desastres ecológicos como el de Quintero. Más aún: sus actitudes pueden calificarse de sectarias, y los hermanos que lo defienden a rajatabla, con una similar falta de racionalidad, podrían ser acusados de marchar tras un determinado sujeto antes que el propio Cristo. Y en cualquier caso por sus frutos los conoceréis, y en tal sentido no es muy adecuado a la doctrina vanagloriarse de haber vaticinado una catástrofe natural como el incendio de Valparaíso o alegrarse porque el líder de los gay es internado por un accidente vascular, debido a su supuesta vinculación con un castigo divino producto de la inmoralidad (ni los profetas lo hicieron cuando vieron sus advertencias consumadas), cuando lo correcto es esperar la rectificación de tales personas y orar por ellos pese a no estar convertido cuando se hallan en un enredo difícil.
Personajes pintorescos como Javier Soto han existido de antaño. Un buen ejemplo es Hugo Muñoz, el llamado Profeta de Peñalolén, famoso por justificar con la Biblia la tenencia de seis mujeres y quien, por cierto, ha emitido discursos contra los gay igualmente furibundos. El apóstol Juan ya lo decía. Es preciso distinguir la cizaña del trigo y aislar a los falsos maestros, incluso a quienes aparecen con discursos coincidentes con la doctrina, al menos en los aspectos morales más vistosos. Así mismo, hay que contar con el tino para notar el momento en que un hermano se ha equivocado, y procurar que enmiende su error, ya que si persiste en él las consecuencias pueden ser catastróficas, como divisiones al interior de las iglesias y malas influencias en la sociedad. Si este predicador es un auténtico cristiano, antes de gritar sin ton ni son debiera preguntarse si es el Señor quien habla a través de él, como por lo demás asevera que debe ser el estado de un hombre de Dios.
domingo, 14 de diciembre de 2014
El Pesebre de la Agnóstica
A menos de una semana de ser instalado, el pesebre gigante que durante diciembre adornará el frontis del palacio de La Moneda, ya ha sido objeto de un interesante debate en las redes sociales. Mientras sus partidarios defienden la iniciativa aseverando que Chile es un país de tradición cristiana donde además la celebración navideña ha arraigado con gran profundidad en la cultura popular, sus detractores -que son la mayoría- reclaman por el alto costo que significó su construcción y montaje -unos quince millones de pesos- en una época de contracción económica, fuera de que añaden que el Estado está separado de cualquier iglesia o religión desde 1925, y a partir de entonces se ha definido como laico. De cualquier manera, salvo una observación puntual de un colectivo de ateos, quienes se sustentaron en el segundo de los puntos recién expuestos, ningún otro grupo de quienes han expresado su rechazo a la obra ha efectuado alguna protesta, ya sea a través de un escrito formal, o en la calle o los medios de comunicación.
Cabe señalar que el mencionado argumento de la oficialidad laica (que fue de algún modo deslizado por el vocero de gobierno, durante su intervención en favor de la erección del discutido nacimiento, cuando acotó que en Chile se respetaban todas las creencias) es muy contundente como objeción a la construcción de esta obra. Pero no sólo por sus causas más obvias -reiteradas hasta el cansancio cuando en cualquier lugar del primer mundo se genera una polémica de características equivalentes-, sino también cuando se entran a comparar tanto la naturaleza de esta iniciativa con la de la actual administración ejecutiva, liderada por una presidente agnóstica que nunca ha mostrado interés por afiliarse a un determinado credo. Rasgo que se extiende a la mayoría de sus asesores, que en el mejor de los casos, si llegan a declarar la simpatía por alguna religión, prefieren, por un asunto de principios, guardarla para su ámbito privado y evitar mostrarla en público, en el afán de no provocar confusiones entre los ciudadanos, que podrían sentir que no se legisla para el bienestar de la totalidad de los chilenos (irónicamente, eso es lo que está sucediendo ahora con la decisión del pesebre), lo cual a la larga pone en duda aquello de la vocación de servicio imparcial. Todo, enmarcado en una alianza política de ideología socialdemócrata y progresista, quienes justamente suelen optar por tomar distancia de los organismos eclesiásticos a la hora de impulsar sus agendas y programas.
¿Por qué entonces, una administración con tales características, toma una determinación confusa tanto para sus votantes como sus adversarios? Curiosamente, una respuesta podría hallarse precisamente en este eslogan de "legislar para todos los chilenos", al satisfacer las inquietudes de uno de los grupos más visibles de la sociedad. Ello pese a la ofensa de otros, que debido a su poca figuración pública suelen ser considerados una minoría, cuando a veces es todo lo contrario. Sin embargo, la explicación podría requerir de menos abstracción filosófica y ser asentada en la contingencia política. La serie de reformas que esta legislatura planea realizar, como el cambio del sistema educacional y la aprobación del aborto, han ocasionado un fuerte conflicto con la iglesia católica, que cuenta con importantes intereses tanto en esos ítemes como en otros, y que además, por la tendencia reaccionaria de sus dirigentes, ha ocupado el lugar que la oposición partidista ha sido incapaz de ejercer durante todo este periodo, ya que aún no se recupera de los desastrosos resultados arrojados en las elecciones del año anterior. Dichas modificaciones tampoco han sido bien recibidas por un sector muy influyente de los empresarios, quienes poseen excelentes canales de comunicación mutua con obispos y políticos derechistas. ¿Nos enfrentamos a un intento por apaciguar los ánimos, mediante una demostración de que el actual ejecutivo no arrastrará a la nación al despeñadero, como algunos auguran, por desacatar las órdenes divinas, las cuales van mucho más allá del ámbito espiritual? Una peculiar tregua navideña.
Como anécdota final, resulta interesante notar que ningún grupo religioso ha alegado por el excesivo costo que implicó la instalación del pesebre, que también es un argumento a considerar. La débil defensa del vocero de gobierno, incluyó la mención al hecho de que en palacio existen tres capellanes: uno católico, otro evangélico y un tercero judío, y que el nacimiento incluía símbolos de esos credos, algo que por cierto no dejó contentos a los ateos. La verdad es que el gran problema es que el armatoste en cuestión no tiene una finalidad espiritual. Sino que, de igual forma que ocurre con esos dictadores y jerarcas que ordenan la construcción de fastuosas catedrales a fin de obtener las indulgencias de rigor, esta obra ha sido guiada por la hipocresía y por un afán de aparentar. A la manera de una administración de tendencia progresista, pero cuyos últimos resultados son idénticos a las demás.
Cabe señalar que el mencionado argumento de la oficialidad laica (que fue de algún modo deslizado por el vocero de gobierno, durante su intervención en favor de la erección del discutido nacimiento, cuando acotó que en Chile se respetaban todas las creencias) es muy contundente como objeción a la construcción de esta obra. Pero no sólo por sus causas más obvias -reiteradas hasta el cansancio cuando en cualquier lugar del primer mundo se genera una polémica de características equivalentes-, sino también cuando se entran a comparar tanto la naturaleza de esta iniciativa con la de la actual administración ejecutiva, liderada por una presidente agnóstica que nunca ha mostrado interés por afiliarse a un determinado credo. Rasgo que se extiende a la mayoría de sus asesores, que en el mejor de los casos, si llegan a declarar la simpatía por alguna religión, prefieren, por un asunto de principios, guardarla para su ámbito privado y evitar mostrarla en público, en el afán de no provocar confusiones entre los ciudadanos, que podrían sentir que no se legisla para el bienestar de la totalidad de los chilenos (irónicamente, eso es lo que está sucediendo ahora con la decisión del pesebre), lo cual a la larga pone en duda aquello de la vocación de servicio imparcial. Todo, enmarcado en una alianza política de ideología socialdemócrata y progresista, quienes justamente suelen optar por tomar distancia de los organismos eclesiásticos a la hora de impulsar sus agendas y programas.
¿Por qué entonces, una administración con tales características, toma una determinación confusa tanto para sus votantes como sus adversarios? Curiosamente, una respuesta podría hallarse precisamente en este eslogan de "legislar para todos los chilenos", al satisfacer las inquietudes de uno de los grupos más visibles de la sociedad. Ello pese a la ofensa de otros, que debido a su poca figuración pública suelen ser considerados una minoría, cuando a veces es todo lo contrario. Sin embargo, la explicación podría requerir de menos abstracción filosófica y ser asentada en la contingencia política. La serie de reformas que esta legislatura planea realizar, como el cambio del sistema educacional y la aprobación del aborto, han ocasionado un fuerte conflicto con la iglesia católica, que cuenta con importantes intereses tanto en esos ítemes como en otros, y que además, por la tendencia reaccionaria de sus dirigentes, ha ocupado el lugar que la oposición partidista ha sido incapaz de ejercer durante todo este periodo, ya que aún no se recupera de los desastrosos resultados arrojados en las elecciones del año anterior. Dichas modificaciones tampoco han sido bien recibidas por un sector muy influyente de los empresarios, quienes poseen excelentes canales de comunicación mutua con obispos y políticos derechistas. ¿Nos enfrentamos a un intento por apaciguar los ánimos, mediante una demostración de que el actual ejecutivo no arrastrará a la nación al despeñadero, como algunos auguran, por desacatar las órdenes divinas, las cuales van mucho más allá del ámbito espiritual? Una peculiar tregua navideña.
Como anécdota final, resulta interesante notar que ningún grupo religioso ha alegado por el excesivo costo que implicó la instalación del pesebre, que también es un argumento a considerar. La débil defensa del vocero de gobierno, incluyó la mención al hecho de que en palacio existen tres capellanes: uno católico, otro evangélico y un tercero judío, y que el nacimiento incluía símbolos de esos credos, algo que por cierto no dejó contentos a los ateos. La verdad es que el gran problema es que el armatoste en cuestión no tiene una finalidad espiritual. Sino que, de igual forma que ocurre con esos dictadores y jerarcas que ordenan la construcción de fastuosas catedrales a fin de obtener las indulgencias de rigor, esta obra ha sido guiada por la hipocresía y por un afán de aparentar. A la manera de una administración de tendencia progresista, pero cuyos últimos resultados son idénticos a las demás.
domingo, 30 de noviembre de 2014
Un Bandido Mexicano
Cada vez que observo las noticias acerca del secuestro de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa, se me vienen a la cabeza aquellas imágenes caricaturescas que la televisión norteamericana, desde los western hasta los dibujos animados de la Warner, nos ha legado como una interpretación estereotipada que ellos finalmente extienden al conjunto de los latinoamericanos. En cuya población, a su vez, dichas producciones han dado origen a una serie de prejuicios cognitivos respecto del vecino sureño de Estados Unidos, algunas relacionadas con una supuesta cultura de la violencia, como el dicho "tiene más dinero que un bandido mexicano".
Lo curioso es que todo parece confirmar que los mismos mexicanos tienen asumido que ésa es una marca registrada de su país, lo cual tienden a remarcar tanto en términos negativos como positivos. Por ejemplo, en esa mezcla de pop, folk y kitsch que son los corridos, de los que en el último tiempo ha llamado la atención una variante que pretende glorificar a los traficantes de drogas, pero que desde siempre han descrito casos de esposos que asesinan a sus cónyuges sólo porque intuyen que les son infieles, en una especie de ajusticiamiento con carácter aleccionador. Está también la estructura política actual -la misma que se halla infestada hasta los cimientos de corrupción-, originada tras un sangriento proceso revolucionario que acabó en un consenso no exento de traiciones y puñaladas por la espalda. Y esas telenovelas maniqueas hasta lo más insoportable, con esos ricos intrínsecamente malos que los mismos libretistas se encargan de demostrar que son minoría entre su clase, forma muy sugestiva de señalar la existencia de problemas históricos como la desigualdad y el abuso de poder, aunque sin asomarse siquiera al ámbito de la denuncia, que después de todo los acaudalados controlan las cadenas de televisión. O esas cantantes histéricas que parece que te van a lanzar una silla en pleno rostro, y que en cierto modo son la respuesta a la exaltación del patriarcado que abunda en los ya mencionados corridos.
Al final, esto rebota en Hollywood, que exporta una enorme cantidad de filmes en los que los mexicanos aparecen como pistoleros o vendedores de drogas. Es en realidad un estigma que se extrapola a todos los latinoamericanos, pero que como toda actividad que busca ganar dinero de la forma más rápida posible, no considera la investigación y prefiere echar mano a lo primero que encuentra, y la víctima es el país que inmediatamente se halla al sur, que además está muy cerca de California, que por su parte recibe un alto flujo de inmigrantes desde él. El asunto radica en que, si entendemos que el arte, incluso el de mala calidad, es un reflejo de la realidad, luego debemos admitir que tales aberraciones son mostradas en el cine porque constituyen el diario vivir en México. Y eso es algo que no sólo se puede descubrir en los medios y las expresiones descritas en el párrafo anterior. Sino que se puede rastrear en la historia de la nación azteca, a partir justamente de la manera en que Hernán Cortés arrasó con ese pueblo (felizmente la mentalidad mexicana ha terminado repudiando al conquistador español); más tarde, la hegemonía de la iglesia católica, que a través de sus obispos o de grupos mercenarios bien pagados o convencidos trató de frenar los avances de orden liberal y progresista ("ahorita", usando una expresión común al mexicano de a pie, se están sucediendo en Chiapas una serie de agresiones y atentados contra las comunidades evangélicas sitas allí, de parte del mismo obispado que ha recibido halagos internacionales por su supuesta denuncia de las anomalías sociales existentes ahí), y luego, las diversas estratagemas que los revolucionarios institucionales, en alianza con los patrones de siempre, con quienes pactaron de manera muy conveniente, han efectuado para perpetuarse en la cima.
En alguna ocasión el escritor Carlos Fuentes señaló que México se había constituido a base de tragedias, y él mencionó tres que en su opinión fueron las más relevantes: la pérdida de la mitad del territorio en la guerra contra Estados Unidos, la dictadura de Porfirio Díaz -a la que siguió la mencionada Revolución- y la masacre de universitarios en Tlatelolco en 1968. Dicen por ahí que los sucesos dolorosos dan origen a notables creaciones culturales y artísticas. Y allí quizá esté un aspecto positivo que ha ocasionado esta espiral ancestral de violencia. La aparición de un pensamiento crítico que se ha ramificado en una multitud de autores y en las más variadas expresiones artísticas. Una riqueza que no sólo han valorado los connacionales, sino que también extranjeros muy instruidos como Gabriela Mistral, quienes le han comunicado al mundo que este país es mucho más que balazos y pillaje. Ojalá esa opinión divergente y diversa se continúe cuestionando los aspectos negativos con firmeza, que eso será la única forma de superar la violencia.
Lo curioso es que todo parece confirmar que los mismos mexicanos tienen asumido que ésa es una marca registrada de su país, lo cual tienden a remarcar tanto en términos negativos como positivos. Por ejemplo, en esa mezcla de pop, folk y kitsch que son los corridos, de los que en el último tiempo ha llamado la atención una variante que pretende glorificar a los traficantes de drogas, pero que desde siempre han descrito casos de esposos que asesinan a sus cónyuges sólo porque intuyen que les son infieles, en una especie de ajusticiamiento con carácter aleccionador. Está también la estructura política actual -la misma que se halla infestada hasta los cimientos de corrupción-, originada tras un sangriento proceso revolucionario que acabó en un consenso no exento de traiciones y puñaladas por la espalda. Y esas telenovelas maniqueas hasta lo más insoportable, con esos ricos intrínsecamente malos que los mismos libretistas se encargan de demostrar que son minoría entre su clase, forma muy sugestiva de señalar la existencia de problemas históricos como la desigualdad y el abuso de poder, aunque sin asomarse siquiera al ámbito de la denuncia, que después de todo los acaudalados controlan las cadenas de televisión. O esas cantantes histéricas que parece que te van a lanzar una silla en pleno rostro, y que en cierto modo son la respuesta a la exaltación del patriarcado que abunda en los ya mencionados corridos.
Al final, esto rebota en Hollywood, que exporta una enorme cantidad de filmes en los que los mexicanos aparecen como pistoleros o vendedores de drogas. Es en realidad un estigma que se extrapola a todos los latinoamericanos, pero que como toda actividad que busca ganar dinero de la forma más rápida posible, no considera la investigación y prefiere echar mano a lo primero que encuentra, y la víctima es el país que inmediatamente se halla al sur, que además está muy cerca de California, que por su parte recibe un alto flujo de inmigrantes desde él. El asunto radica en que, si entendemos que el arte, incluso el de mala calidad, es un reflejo de la realidad, luego debemos admitir que tales aberraciones son mostradas en el cine porque constituyen el diario vivir en México. Y eso es algo que no sólo se puede descubrir en los medios y las expresiones descritas en el párrafo anterior. Sino que se puede rastrear en la historia de la nación azteca, a partir justamente de la manera en que Hernán Cortés arrasó con ese pueblo (felizmente la mentalidad mexicana ha terminado repudiando al conquistador español); más tarde, la hegemonía de la iglesia católica, que a través de sus obispos o de grupos mercenarios bien pagados o convencidos trató de frenar los avances de orden liberal y progresista ("ahorita", usando una expresión común al mexicano de a pie, se están sucediendo en Chiapas una serie de agresiones y atentados contra las comunidades evangélicas sitas allí, de parte del mismo obispado que ha recibido halagos internacionales por su supuesta denuncia de las anomalías sociales existentes ahí), y luego, las diversas estratagemas que los revolucionarios institucionales, en alianza con los patrones de siempre, con quienes pactaron de manera muy conveniente, han efectuado para perpetuarse en la cima.
En alguna ocasión el escritor Carlos Fuentes señaló que México se había constituido a base de tragedias, y él mencionó tres que en su opinión fueron las más relevantes: la pérdida de la mitad del territorio en la guerra contra Estados Unidos, la dictadura de Porfirio Díaz -a la que siguió la mencionada Revolución- y la masacre de universitarios en Tlatelolco en 1968. Dicen por ahí que los sucesos dolorosos dan origen a notables creaciones culturales y artísticas. Y allí quizá esté un aspecto positivo que ha ocasionado esta espiral ancestral de violencia. La aparición de un pensamiento crítico que se ha ramificado en una multitud de autores y en las más variadas expresiones artísticas. Una riqueza que no sólo han valorado los connacionales, sino que también extranjeros muy instruidos como Gabriela Mistral, quienes le han comunicado al mundo que este país es mucho más que balazos y pillaje. Ojalá esa opinión divergente y diversa se continúe cuestionando los aspectos negativos con firmeza, que eso será la única forma de superar la violencia.
domingo, 16 de noviembre de 2014
Un Año de Incertidumbre Para La Teletón
Si hay algo que debiera preocupar a los responsables de La Teletón es el bajo nivel de entusiasmo que la campaña ha generado este año. Algo que se percibe en el ambiente, pese a que nadie se ha detenido a hacer un análisis, ya sea por falta de tiempo, o simplemente de atrevimiento, dado el tenor del evento que estaría sujeto a esa eventual revisión. Por supuesto que los menos interesados en efectuar una reflexión así son los involucrados, quienes además pueden mostrar los resultados de las convocatorias anteriores, que pese a a los inconvenientes que se suscitaron en su momento, sin embargo fueron sacadas adelante. Si bien entre las cifras se puede encontrar un fracaso, el de 2003, oportunidad en que claramente no se alcanzó a reunir lo recaudado, aunque los círculos oficiales recurran a varias artimañas semánticas para no considerarlo así.
Para comenzar, es evidente que la campaña no ha prendido como en años anteriores. Los anuncios publicitarios, tanto de La Teletón en sí como de las firmas comerciales que ofrecen un donativo por la venta de un artículo escogido, empezaron más tarde de lo acostumbrado, y su frecuencia en los medios de comunicación es más distanciada. En ellos, además, ya no se incluye el eslogan "prefiera los productos que están en...", que antaño era divulgado como una manera de provocar una obligación moral en los potenciales clientes. Tampoco las callen lucen atiborradas de lienzos, ya sea colgados en los postes o puestos a nivel del suelo, en un paisaje que no se diferenciaba mucho de la previa a una elección política. Incluso -y éste es un detalle por decir lo menos curioso- de los seis canales de televisión abierta que transmiten el evento, sólo dos -La Red y Telecanal- han colocado al costado alto el característico logotipo de la cruz de Malta con la expresión "faltan 15 días", o los que queden antes del inicio de las denominadas veintisiete horas de amor. Ninguna de las estaciones con mayor convocatoria lo ha hecho, remitiéndose a un recordatorio al término del noticiario central -pero no de las ediciones matinales o vespertinas-. Para colmo, las revistas y suplementos de espectáculos, me parece que por primera vez, se han atrevido a informar sobre las alternativas que la tv paga -que hoy llega a un segmento importante de la población, ya sea de modo formal o a través de los decodificadores de libre recepción- ofrece durante la realización del evento.
A esto, claro está, se suman factores externos. Las acusaciones por evasión de impuestos y falsificación de boletas en contra del magnate Carlos Alberto Délano, propietario del grupo Penta y uno de los socios benefactores más influyentes de La Teletón -dentro y fuera del área que concierne al evento- es un factor que ocasiona escepticismo en la población, a lo que se suma el hecho de que este acaudalado empresario es muy cercano a la derecha criada con Pinochet y a la iglesia católica, grupos que a su vez están siendo severamente cuestionados por el grueso de los habitantes debido a distintas causas. Una coyuntura que no ha sido abordada por los responsables de La Teletón, más allá de destacar la renuncia del mencionado Délano al directorio de la fundación. Se entiende en esto la intención de no desviar la atención de lo más importante, que es la campaña -y sus beneficiarios, los niños lisiados, que no por nada recién nos acordamos de ellos-. Pero la percepción es que los involucrados están oliendo la sensación de hastío general la cual también los ha afectado, y prefieren rendirse ante la dejación, con la idea de que una intervención altisonante sólo empeorará las cosas, confiados finalmente en los réditos positivos que el evento ha otorgado en jornadas pasadas. Cabe agregar que ni siquiera Don Francisco se ha paseado por los estudios de las distintas señales contestando las entrevistas cliché que suele conceder en estos tiempos, lo que ha incidido en que animadores y conductores que ya se colocaban entusiastas a esta altura del mes apenas mencionen la obra de las veintisiete horas. De las que todavía desconocemos cómo se van a desarrollar, ya que por ejemplo nadie ha mencionado esos desafíos tales como reunir a una determinada cantidad de motoristas o parejas besándose para así una dispuesta casa comercial aumente sus donaciones.
En un año, el 2014, en que una serie de cimientos sociales que han sostenido al país durante décadas están comenzando no a ser objetados, sino directamente rechazados, La Teletón, que por sus características ha salido casi siempre incólume de las contingencias que la rodean, también podría acabar siendo víctima de la aspiradora. Hasta cierto punto eso podría resultar positivo, ya que esto serviría para plantear una solución respecto de los elementos hipócritas que rodean la campaña, y que son uno de los factores que provoca la abulia actual. O mejor, cambiar la manera en como se aborda el asunto de los lisiados físicos, ya que los mismos beneficiarios de este evento sienten, más allá de los agradecimientos que les expresan, que no obstante su realización despierta hacia ellos un sentimiento de extrema compasión que los incomoda. Aunque también, tratándose de un acontecimiento como éste, podría hacerme equivocar.
Para comenzar, es evidente que la campaña no ha prendido como en años anteriores. Los anuncios publicitarios, tanto de La Teletón en sí como de las firmas comerciales que ofrecen un donativo por la venta de un artículo escogido, empezaron más tarde de lo acostumbrado, y su frecuencia en los medios de comunicación es más distanciada. En ellos, además, ya no se incluye el eslogan "prefiera los productos que están en...", que antaño era divulgado como una manera de provocar una obligación moral en los potenciales clientes. Tampoco las callen lucen atiborradas de lienzos, ya sea colgados en los postes o puestos a nivel del suelo, en un paisaje que no se diferenciaba mucho de la previa a una elección política. Incluso -y éste es un detalle por decir lo menos curioso- de los seis canales de televisión abierta que transmiten el evento, sólo dos -La Red y Telecanal- han colocado al costado alto el característico logotipo de la cruz de Malta con la expresión "faltan 15 días", o los que queden antes del inicio de las denominadas veintisiete horas de amor. Ninguna de las estaciones con mayor convocatoria lo ha hecho, remitiéndose a un recordatorio al término del noticiario central -pero no de las ediciones matinales o vespertinas-. Para colmo, las revistas y suplementos de espectáculos, me parece que por primera vez, se han atrevido a informar sobre las alternativas que la tv paga -que hoy llega a un segmento importante de la población, ya sea de modo formal o a través de los decodificadores de libre recepción- ofrece durante la realización del evento.
A esto, claro está, se suman factores externos. Las acusaciones por evasión de impuestos y falsificación de boletas en contra del magnate Carlos Alberto Délano, propietario del grupo Penta y uno de los socios benefactores más influyentes de La Teletón -dentro y fuera del área que concierne al evento- es un factor que ocasiona escepticismo en la población, a lo que se suma el hecho de que este acaudalado empresario es muy cercano a la derecha criada con Pinochet y a la iglesia católica, grupos que a su vez están siendo severamente cuestionados por el grueso de los habitantes debido a distintas causas. Una coyuntura que no ha sido abordada por los responsables de La Teletón, más allá de destacar la renuncia del mencionado Délano al directorio de la fundación. Se entiende en esto la intención de no desviar la atención de lo más importante, que es la campaña -y sus beneficiarios, los niños lisiados, que no por nada recién nos acordamos de ellos-. Pero la percepción es que los involucrados están oliendo la sensación de hastío general la cual también los ha afectado, y prefieren rendirse ante la dejación, con la idea de que una intervención altisonante sólo empeorará las cosas, confiados finalmente en los réditos positivos que el evento ha otorgado en jornadas pasadas. Cabe agregar que ni siquiera Don Francisco se ha paseado por los estudios de las distintas señales contestando las entrevistas cliché que suele conceder en estos tiempos, lo que ha incidido en que animadores y conductores que ya se colocaban entusiastas a esta altura del mes apenas mencionen la obra de las veintisiete horas. De las que todavía desconocemos cómo se van a desarrollar, ya que por ejemplo nadie ha mencionado esos desafíos tales como reunir a una determinada cantidad de motoristas o parejas besándose para así una dispuesta casa comercial aumente sus donaciones.
En un año, el 2014, en que una serie de cimientos sociales que han sostenido al país durante décadas están comenzando no a ser objetados, sino directamente rechazados, La Teletón, que por sus características ha salido casi siempre incólume de las contingencias que la rodean, también podría acabar siendo víctima de la aspiradora. Hasta cierto punto eso podría resultar positivo, ya que esto serviría para plantear una solución respecto de los elementos hipócritas que rodean la campaña, y que son uno de los factores que provoca la abulia actual. O mejor, cambiar la manera en como se aborda el asunto de los lisiados físicos, ya que los mismos beneficiarios de este evento sienten, más allá de los agradecimientos que les expresan, que no obstante su realización despierta hacia ellos un sentimiento de extrema compasión que los incomoda. Aunque también, tratándose de un acontecimiento como éste, podría hacerme equivocar.
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