Tras conocerse la captura de Carlos Gutiérrez Quiduleo, el último de los involucrados en el asalto a un banco en 2007, que entre otras consecuencias implicó la muerte del cabo de Carabineros Luis Moyano, cuyo cuello fue atravesado por una bala mientras perseguía en una motocicleta a los atracadores: más de una autoridad se aprestó a reclamar por el supuesta protección que este sujeto habría recibido de algunas comunidades mapuches del sur. Incluso se identificó a una de ellas en particular, la de Temucuicui, quizá con el propósito de justificar los violentos allanamientos, más bien asaltos, de que son víctimas los habitantes de esa reducción desde hace ya varios años. Hasta el ministro del Interior se apresuró en afirmar que las policías consiguieron ubicar a este tipo tras verlo salir de dicha reserva, aunque ya habrían tenido antecedentes de que se refugiaba en ese territorio.
Dejemos de lado por ahora el asunto de la represión contra las comunidades mapuches (después de todo, Gutiérrez Quiduleo era un hermano de etnia, por lo que existía alguna motivación emocional en sus pares que alentaba su defensa) y centrémonos en la manera como las autoridades, la prensa y las personas más influyentes de la sociedad han venido tratando a los delincuentes comunes en el último tiempo, conducta que además ha estampado una huella decisiva en la mentalidad de la gente común. Cada uno de estos actores, en coro y al unísono, han exigido una legislación cada vez más dura en contra de sujetos a quienes con una intención manifiesta se les tacha de antisociales. El resultado de tales medidas se ha traducido en cárceles cada día más abarrotadas de reos, en las cuales ya no queda espacio para la rehabilitación, una instancia que por lo demás una alta mayoría de quienes están fuera de los recintos penitenciarios considera innecesaria o inútil. Mientras que los infractores legales, se trate de novatos incautos o de avezados cacos, deben resignarse a sufrir un interminable desprecio comunitario, que los mantiene detrás -o debajo- de un muro infranqueable, condición que no pueden abandonar aunque muestren evidentes signos de arrepentimiento, y que además acaban padeciendo también sus familiares y descendientes.
Entonces, frente a una sociedad que los persigue con la única finalidad de agredirlos -al menos verbalmente- y que considera que hacer el bien es no concederles cualquier clase de perdón, estos tipos intentan, como todo ser humano, sobrevivir en un ambiente hostil de la manera que resulte lo más práctica y eficaz posible. Y ante el hostigamiento exclusivo por parte de los agentes exteriores, la protección entre pares adquiere una decisiva relevancia. Pues, ¿cómo va a reaccionar un conjunto de personas a quien todos los demás consideran un gueto peligroso? En poco tiempo se darán cuenta que tienen problemas y características que se inter relacionan y que igualmente los unen, y buscarán la ayuda mutua para encontrar una solución. La misma comunidad ha agrupado a estos individuos en definiciones peyorativas que acarrean procedimientos acordes a tal forma de descripción. Ante lo cual los aludidos -que por su situación ya traen antecedentes de violencia- recogen el guante y aceptan el desafío, como sucede por cierto en casi la totalidad de las culturas.
Si seguimos considerando a los delincuentes comunes sólo como la hez de la sociedad -mejor dicho, como la hez de la que se debe limpiar la sociedad-, sólo conseguiremos que estos sujetos y sus familiares adquieran una todavía mayor conciencia de grupo y formen un conjunto cada vez más hermético e impenetrable, con todas las consecuencias para el bienestar comunitario que ello significa. El muro será entonces más elevado e infranqueable y aunque estaremos satisfechos de ello los primeros días, estoy seguro de que nos lamentaremos a largo o incluso mediano plazo. Una situación a la que se debe agregar esa curiosa mescolanza de liberalismo económico y conservadurismo moral que impregna a Chile, donde el sector social y los apellidos determinan los destinos de una persona. Tendremos que los hijos de cacos repetirán el oficio de sus padres casi como se tratara de una determinación genética, derivando en la creación de una auténtica etnia, quién sabe, hasta de un pueblo. Pero de uno que no gusta al resto y que no le hace bien a los ciudadanos comunes, lo cual resultará sumamente grave.
viernes, 29 de noviembre de 2013
viernes, 22 de noviembre de 2013
Mi Mamá Me Mató
No la debe estar pasando muy bien Pilar Castillo Cardemil, la universitaria de veinte años que mató a su hija a pocas horas de haber nacido. La condena social a un hecho como éste -que de todas maneras es deleznable- no sólo se manifiesta en los comentarios de la gente común, en el modo en que lo han tratado los medios de comunicación, o en la alta pena carcelaria que de seguro su autora recibirá. Sino además en un aspecto puntual que ha servido para aumentar las dosis de morbo y frivolidad que muchos miembros de la opinión pública requieren para resistir la noticia de un delito considerado de extrema gravedad: la más que probable seguidilla de agresiones físicas a las cuales la madre asesina se verá enfrentada en prisión, ya que en los códigos consuetudinarios imperantes en esos recintos, las filicidas son vistas como lo peor, en una situación muy similar a lo que ocurre con los violadores en los cautiverios masculinos.
Ignoro qué opinión habrá tenido esta mujer respecto del aborto. Aunque, antes que nada, es imprescindible recordar que esa práctica en Chile es ilegal a todo evento, y dadas las condiciones sociales en las que se encontraba inmersa esta muchacha, es probable que jamás se hubiese podido contactar con un médico que de manera clandestina aceptara interrumpir su embarazo, fuera de que no contaba con los recursos económicos para llevar adelante tan por lo demás peligrosa acción. Pero esa misma pertenencia a un sector medio bajo, carente de las instancias adecuadas en el acceso a la información, en especial en el plano sexual (en caso contrario tal vez habría logrado evitar la preñez), e impregnado de una serie de prejuicios morales inconexos, a causa de la influencia directa o indirecta de la iglesia católica (cuya muestra más cabal es justamente la prohibición más que absoluta de los malpartos provocados): lo más probable es que hubiesen impulsado a Pilar a admitir la idea de que la práctica abortiva era el más irredimible de los crímenes, y que el empleo de anticonceptivos sólo contribuía a agrandar el grave pecado de sostener un coito fuera del matrimonio o sin una pareja realmente estable. A esto se suma el hecho de que la joven era la primera de su familia en estudiar en una universidad, y que por ende no debía decepcionar a su entorno ni mucho menos a sus padres con una sorpresa que además de dificultar su egreso de la educación superior, iba a transformarse en la comidilla del barrio, alimentando a las vecinas envidiosas quienes eran incapaces de asumir que una del mismo sector era capaz de llegar tan arriba, y que estaban esperando una caída de esta clase para demostrar que ellas imaginaban lo correcto.
Frente a un cuadro tan adverso, entonces Pilar tomó una decisión pragmática. Ocultó un embarazo que por trabas legales y culturales no podía interrumpir, se encerró en su dormitorio cuando sospechó el trabajo de parto, y aguardó a que su bebé naciera para en el mismo instante degollarla y así acabar con los problemas que le significaba. Así de paso evitaba deshonrar a sus padres. ¿No es esto sino una consecuencia lógica? Para muchos probablemente no. En especial a aquellos histéricos y alarmistas que sostienen que si se continúa dejando al libre albedrío el aborto, el siguiente crimen a aprobar será el infanticidio. Este caso los contradice. Fuera de que les demuestra que en nombre del bien, o de lo que algunos grupos sociales y religiosos -de los que suelen formar parte- consideran lo correcto, se pueden cometer atrocidades extremas. ¿No quieres avergonzar a tus progenitores con una preñez no deseada, aparte consecuencia de una relación furtiva con un desconocido? ¿Deseas superarte a ti mismo, siguiendo una carrera universitaria asumiendo con responsabilidad todas las obligaciones de un alumno? ¿Buscas un principio de acuerdo con la moralina más ultramontana? Entonces enmienda tu error en el momento preciso. Que en esta situación, fue cuando se dio la oportunidad de ultimar a una guagua recién parida. Más que un crimen se trató de un modo muy particular de ofrecer penitencia.
El caso de Pilar recuerda al de otro sujeto que llevaba el apellido Castillo, Ramón, mejor conocido como Antares de la Luz, quien inventó toda una parafernalia religiosa con la finalidad de justificar su rechazo a la paternidad. En esa coyuntura se recurrió a los delirios místicos, mientras que acá su colocaron en práctica los valores de una sociedad liberal donde la competencia y el triunfo en cualquiera de sus acepciones es lo único importante. Vaya combinación: religiosidad y nuevo liberalismo, que en Chile ya nos han obligado a conmovernos con dos casos de infanticidio en un mismo año. Sin contar aquellos que no alcanzan a llegar a los medios masivos de prensa.
Ignoro qué opinión habrá tenido esta mujer respecto del aborto. Aunque, antes que nada, es imprescindible recordar que esa práctica en Chile es ilegal a todo evento, y dadas las condiciones sociales en las que se encontraba inmersa esta muchacha, es probable que jamás se hubiese podido contactar con un médico que de manera clandestina aceptara interrumpir su embarazo, fuera de que no contaba con los recursos económicos para llevar adelante tan por lo demás peligrosa acción. Pero esa misma pertenencia a un sector medio bajo, carente de las instancias adecuadas en el acceso a la información, en especial en el plano sexual (en caso contrario tal vez habría logrado evitar la preñez), e impregnado de una serie de prejuicios morales inconexos, a causa de la influencia directa o indirecta de la iglesia católica (cuya muestra más cabal es justamente la prohibición más que absoluta de los malpartos provocados): lo más probable es que hubiesen impulsado a Pilar a admitir la idea de que la práctica abortiva era el más irredimible de los crímenes, y que el empleo de anticonceptivos sólo contribuía a agrandar el grave pecado de sostener un coito fuera del matrimonio o sin una pareja realmente estable. A esto se suma el hecho de que la joven era la primera de su familia en estudiar en una universidad, y que por ende no debía decepcionar a su entorno ni mucho menos a sus padres con una sorpresa que además de dificultar su egreso de la educación superior, iba a transformarse en la comidilla del barrio, alimentando a las vecinas envidiosas quienes eran incapaces de asumir que una del mismo sector era capaz de llegar tan arriba, y que estaban esperando una caída de esta clase para demostrar que ellas imaginaban lo correcto.
Frente a un cuadro tan adverso, entonces Pilar tomó una decisión pragmática. Ocultó un embarazo que por trabas legales y culturales no podía interrumpir, se encerró en su dormitorio cuando sospechó el trabajo de parto, y aguardó a que su bebé naciera para en el mismo instante degollarla y así acabar con los problemas que le significaba. Así de paso evitaba deshonrar a sus padres. ¿No es esto sino una consecuencia lógica? Para muchos probablemente no. En especial a aquellos histéricos y alarmistas que sostienen que si se continúa dejando al libre albedrío el aborto, el siguiente crimen a aprobar será el infanticidio. Este caso los contradice. Fuera de que les demuestra que en nombre del bien, o de lo que algunos grupos sociales y religiosos -de los que suelen formar parte- consideran lo correcto, se pueden cometer atrocidades extremas. ¿No quieres avergonzar a tus progenitores con una preñez no deseada, aparte consecuencia de una relación furtiva con un desconocido? ¿Deseas superarte a ti mismo, siguiendo una carrera universitaria asumiendo con responsabilidad todas las obligaciones de un alumno? ¿Buscas un principio de acuerdo con la moralina más ultramontana? Entonces enmienda tu error en el momento preciso. Que en esta situación, fue cuando se dio la oportunidad de ultimar a una guagua recién parida. Más que un crimen se trató de un modo muy particular de ofrecer penitencia.
El caso de Pilar recuerda al de otro sujeto que llevaba el apellido Castillo, Ramón, mejor conocido como Antares de la Luz, quien inventó toda una parafernalia religiosa con la finalidad de justificar su rechazo a la paternidad. En esa coyuntura se recurrió a los delirios místicos, mientras que acá su colocaron en práctica los valores de una sociedad liberal donde la competencia y el triunfo en cualquiera de sus acepciones es lo único importante. Vaya combinación: religiosidad y nuevo liberalismo, que en Chile ya nos han obligado a conmovernos con dos casos de infanticidio en un mismo año. Sin contar aquellos que no alcanzan a llegar a los medios masivos de prensa.
lunes, 11 de noviembre de 2013
Qué Pena Tu Comentario
Varias semanas han pasado ya del "¿cuánto cobraría Roxana Miranda por hacer el aseo en mi casa?", ese desafortunado comentario publicado por el cineasta Nicolás López en la red, haciendo mención a la candidata presidencial del partido Igualdad, y no obstante el exabrupto continúa generando coletazos. Tantos, que inspiran la redacción de este artículo. A estas alturas, uno no deja de plantearse la pregunta que se suele recordar en este tipo de casos: qué se le estaba pasando por la mente al sujeto para publicar una sentencia tan desatinada.
Y es que tratándose de una persona que proviene del mundo de la cultura y el arte -y el cine lo es, aunque se insista en que también constituye una fuerte industria-, nadie se espera que busque hacerse notar con un escupitajo tan elemental y matonesco, cuyos índices de creatividad además son nulos. Lo peor, que encierra una actitud de desprecio con caracteres clasistas. Estamos de acuerdo en que Roxana Miranda es un ingrediente pintoresco y extravagante en estos comicios electorales (no el único de cualquier forma), al tratarse de una pobladora y simple ama de casa que llega de la mano de un movimiento que parte de un hecho muy puntual como es solicitar una solución a las deudas domiciliarias de las casas entregadas por el Estado (que en ciertas ocasiones es una realidad muy dramática donde es posible, por el sistema de dividendos empleado en Chile, encontrarse con situaciones de usura), tema que a pocos les importa porque los demás suponen que se trata de un asunto relacionado con los barrios marginales repletos de gente que no quiere trabajar conformándose con las regalías otorgadas por ese mismo aparato público contra el que protestan, aparte de ser el sitio desde donde emergerían los odiosos delincuentes. Sin embargo, el injustificado ataque de López se produce después de que el comando de esta mujer difunde una fotografía que muestra a la susodicha sentada frente a una máquina de coser terminando el traje que iba a utilizar en el debate que se aproximaba. Podría haberle solicitado un presupuesto para diseñar el vestuario de su próxima película, y todos, incluyendo la aludida, habrían quedado felices.
Desconozco si López ya tiene decidido por quien votará este diecisiete de noviembre, así como ignoro las causas que lo condujeron a transformarse, siquiera por un momento, en Fele, el bravucón de su filme "Promedio Rojo". Sin embargo, es interesante notar que, más allá de las mayoritarias voces de condena a este exabrupto, existió un no despreciable puñado de personas que aplaudieron al cineasta a través de las redes de internet incluso añadiendo más alusiones burlescas cada cual más vulgar. Tales entusiastas tienen un punto en común entre ellos: son partidarios de Michelle Bachelet, la representante de la reciclada -y jamás renovada- Concertación, quienes se hallan en una situación de éxtasis a causa de las encuestas que le asignan a la oblonga ex mandataria un triunfo aplastante que de paso erradicaría la posibilidad de una segunda vuelta. Tan seguros se encuentran de que será así, que no trepidan en exhibir un engreimiento insoportable frente a una rival que en su mejor exposición no superará el uno por ciento de los sufragios. Quizá porque temen que esa ínfima cantidad de escrutinios les amague la victoria a último momento, y los obligue a aterrizar su orgullo; o debido a que en la privacidad notan que un ama de casa oriunda de un arrabal es capaz de exponer de mejor manera asuntos que ellos han atribuido como sus propias banderas de lucha, por lo que en teoría debieran ser finalmente seguidos por ese mismo sector social del que se levanta esta contrincante que fuera de todo cuenta con una opinión independiente. Más aún: algunos olvidan que están agrediendo a una mujer, excusa de la que se valieron cuando a comienzos de año su privilegiada recibió un salivazo en pleno rostro, durante un mitin.
¿No estaremos presenciando una condena contra una "rota sublevada"? De hecho los ataques de los partidarios de Bachelet hacia Miranda se reducen a una serie de prejuicios que los patrones de antaño exponían acerca de las masas más modestas. Desde que no le ha trabajado un día a nadie hasta que huele mal. En ambos casos, se trataba del temor frente a quien, debido a su género y condición social, debía mantenerse callada y sumisa ante los brazos paternales que le aseguran que si actúa así será mejor para ella, ya se trate de inculcar temor o vanas esperanzas.
Y es que tratándose de una persona que proviene del mundo de la cultura y el arte -y el cine lo es, aunque se insista en que también constituye una fuerte industria-, nadie se espera que busque hacerse notar con un escupitajo tan elemental y matonesco, cuyos índices de creatividad además son nulos. Lo peor, que encierra una actitud de desprecio con caracteres clasistas. Estamos de acuerdo en que Roxana Miranda es un ingrediente pintoresco y extravagante en estos comicios electorales (no el único de cualquier forma), al tratarse de una pobladora y simple ama de casa que llega de la mano de un movimiento que parte de un hecho muy puntual como es solicitar una solución a las deudas domiciliarias de las casas entregadas por el Estado (que en ciertas ocasiones es una realidad muy dramática donde es posible, por el sistema de dividendos empleado en Chile, encontrarse con situaciones de usura), tema que a pocos les importa porque los demás suponen que se trata de un asunto relacionado con los barrios marginales repletos de gente que no quiere trabajar conformándose con las regalías otorgadas por ese mismo aparato público contra el que protestan, aparte de ser el sitio desde donde emergerían los odiosos delincuentes. Sin embargo, el injustificado ataque de López se produce después de que el comando de esta mujer difunde una fotografía que muestra a la susodicha sentada frente a una máquina de coser terminando el traje que iba a utilizar en el debate que se aproximaba. Podría haberle solicitado un presupuesto para diseñar el vestuario de su próxima película, y todos, incluyendo la aludida, habrían quedado felices.
Desconozco si López ya tiene decidido por quien votará este diecisiete de noviembre, así como ignoro las causas que lo condujeron a transformarse, siquiera por un momento, en Fele, el bravucón de su filme "Promedio Rojo". Sin embargo, es interesante notar que, más allá de las mayoritarias voces de condena a este exabrupto, existió un no despreciable puñado de personas que aplaudieron al cineasta a través de las redes de internet incluso añadiendo más alusiones burlescas cada cual más vulgar. Tales entusiastas tienen un punto en común entre ellos: son partidarios de Michelle Bachelet, la representante de la reciclada -y jamás renovada- Concertación, quienes se hallan en una situación de éxtasis a causa de las encuestas que le asignan a la oblonga ex mandataria un triunfo aplastante que de paso erradicaría la posibilidad de una segunda vuelta. Tan seguros se encuentran de que será así, que no trepidan en exhibir un engreimiento insoportable frente a una rival que en su mejor exposición no superará el uno por ciento de los sufragios. Quizá porque temen que esa ínfima cantidad de escrutinios les amague la victoria a último momento, y los obligue a aterrizar su orgullo; o debido a que en la privacidad notan que un ama de casa oriunda de un arrabal es capaz de exponer de mejor manera asuntos que ellos han atribuido como sus propias banderas de lucha, por lo que en teoría debieran ser finalmente seguidos por ese mismo sector social del que se levanta esta contrincante que fuera de todo cuenta con una opinión independiente. Más aún: algunos olvidan que están agrediendo a una mujer, excusa de la que se valieron cuando a comienzos de año su privilegiada recibió un salivazo en pleno rostro, durante un mitin.
¿No estaremos presenciando una condena contra una "rota sublevada"? De hecho los ataques de los partidarios de Bachelet hacia Miranda se reducen a una serie de prejuicios que los patrones de antaño exponían acerca de las masas más modestas. Desde que no le ha trabajado un día a nadie hasta que huele mal. En ambos casos, se trataba del temor frente a quien, debido a su género y condición social, debía mantenerse callada y sumisa ante los brazos paternales que le aseguran que si actúa así será mejor para ella, ya se trate de inculcar temor o vanas esperanzas.
viernes, 1 de noviembre de 2013
En Su Propia Feca
Se veía venir lo que finalmente le ocurrió a Emilio Sutherland y su espacio televisivo "En Su Propia Trampa". Y no porque en este país los delincuentes tengan derechos mientras las personas honradas deban vivir entre cercas, como les gusta vociferar a los histéricos de siempre. Es simple: un programa que insiste en menoscabar a personas comunes y corrientes tachádolas de delincuentes, aún sin tener pruebas para acusarlos, tarde o temprano cae en una estratagema que finalmente motiva acciones en su contra, tanto porque el desmedido correlato de fuerzas desencadena de manera irremediable situaciones de abuso de parte del más fuerte -que se atribuye el mandato de encauzar al débil aunque éste no lo quiera-, como porque la humillación hacia el contrincante siempre genera una conmiseración en el espectador, quien siente que se halla frente a una injusticia.
El formato de "En Su Propia Trampa" remite a los antiguos programas de cámara escondida, sólo que en este caso el objeto de la broma es alguien despreciado -o que los propios creativos del espacio buscan que sea reprobado- por la comunidad. Por ello, en lugar de recibir premios y vítores por parte de quienes se habían reído a costa de él, ahora el afectado se ve obligado a aceptar un doble escarnio. El humor, mientras tanto, juega su propio rol esencial. Dado que los chivos expiatorios son sujetos que cometen delitos de poca monta, por los cuales es probable que nunca recibirán una pena de cárcel, entonces resulta justo y necesario (remitiéndose a los márgenes conceptuales delimitados por el proceder de quienes dirigen la producción televisiva) someterlos a un castigo extra judicial, que no traspase, eso sí, las barreras que la misma legislación permite. Es ahí donde la burla descarnada adquiere una vital importancia. Ya que la carcajada, al ser tratada en sus significaciones más simples, aparece como antónimo de la seriedad, condición imprescindible si se busca encauzar o condenar a una persona. Eso y el carácter de farándula que muestra el programa dejan al individuo con pocas opciones de argüir una defensa, toda vez que la sociedad emplea la risa y él suele ser catalogado de antisocial.
Por otro lado, las mismas estructura y característica de esta propuesta la limitan a enfocarse en los pobres diablos y a carecer de un mecanismo que sea capaz de enfrentarla a peces más gordos. Y no me refiero a los "ladrones de cuello y corbata" que sus detractores piden que Sutherland y su consorte ausculten. Sino a aquellos integrantes del hampa común que cometen delitos más graves, como los homicidas, los abusadores sexuales o los traficantes de drogas. Está, desde luego, el factor miedo. Pero además influyen las restricciones propias de un formato donde se tiende a insistir en el humor matonesco y segregativo. Una acción negativa de "mayor connotación social" de modo irremediable requiere un trato más serio, pues entre otras cosas, está la posibilidad de que las propias víctimas del desafuero se sientan igualmente ofendidas. Fuera de que aquí la burla puede ser vista como una visión banal de un suceso que para muchos componentes de la opinión pública no es para la risa. Entonces, el consuelo es remitirse a abusar de los menos afortunados -incluso en el contexto de la escoria humana- llegando al extremo de inventar o mostrar comportamientos absolutamente legales como delitos -por ejemplo, el llamado falso cura o las espiritistas fraudulentas- o de efectuar acciones contra un menor de edad que rayan en el secuestro y el maltrato.
Es cierto que hay víctimas de robos callejeros a quienes se les debe una explicación, y carteristas y ladronzuelos que tal vez merezcan una lección. Sin embargo, eso debe venir de parte de la justicia. No sólo de la formal, sino de una concepción en tal sentido que emane de la misma sociedad que hoy procede de manera irracional, no por la decisión libre de sus componentes, sino a través de la influencia de un espacio televisivo. Y eso comenzará a ocurrir, cuando, entre otros procedimientos, se deje de esconder la impotencia generalizada cometiendo abusos contra los más desposeídos, ya se trate de pobres simples o de delincuentes pobres.
El formato de "En Su Propia Trampa" remite a los antiguos programas de cámara escondida, sólo que en este caso el objeto de la broma es alguien despreciado -o que los propios creativos del espacio buscan que sea reprobado- por la comunidad. Por ello, en lugar de recibir premios y vítores por parte de quienes se habían reído a costa de él, ahora el afectado se ve obligado a aceptar un doble escarnio. El humor, mientras tanto, juega su propio rol esencial. Dado que los chivos expiatorios son sujetos que cometen delitos de poca monta, por los cuales es probable que nunca recibirán una pena de cárcel, entonces resulta justo y necesario (remitiéndose a los márgenes conceptuales delimitados por el proceder de quienes dirigen la producción televisiva) someterlos a un castigo extra judicial, que no traspase, eso sí, las barreras que la misma legislación permite. Es ahí donde la burla descarnada adquiere una vital importancia. Ya que la carcajada, al ser tratada en sus significaciones más simples, aparece como antónimo de la seriedad, condición imprescindible si se busca encauzar o condenar a una persona. Eso y el carácter de farándula que muestra el programa dejan al individuo con pocas opciones de argüir una defensa, toda vez que la sociedad emplea la risa y él suele ser catalogado de antisocial.
Por otro lado, las mismas estructura y característica de esta propuesta la limitan a enfocarse en los pobres diablos y a carecer de un mecanismo que sea capaz de enfrentarla a peces más gordos. Y no me refiero a los "ladrones de cuello y corbata" que sus detractores piden que Sutherland y su consorte ausculten. Sino a aquellos integrantes del hampa común que cometen delitos más graves, como los homicidas, los abusadores sexuales o los traficantes de drogas. Está, desde luego, el factor miedo. Pero además influyen las restricciones propias de un formato donde se tiende a insistir en el humor matonesco y segregativo. Una acción negativa de "mayor connotación social" de modo irremediable requiere un trato más serio, pues entre otras cosas, está la posibilidad de que las propias víctimas del desafuero se sientan igualmente ofendidas. Fuera de que aquí la burla puede ser vista como una visión banal de un suceso que para muchos componentes de la opinión pública no es para la risa. Entonces, el consuelo es remitirse a abusar de los menos afortunados -incluso en el contexto de la escoria humana- llegando al extremo de inventar o mostrar comportamientos absolutamente legales como delitos -por ejemplo, el llamado falso cura o las espiritistas fraudulentas- o de efectuar acciones contra un menor de edad que rayan en el secuestro y el maltrato.
Es cierto que hay víctimas de robos callejeros a quienes se les debe una explicación, y carteristas y ladronzuelos que tal vez merezcan una lección. Sin embargo, eso debe venir de parte de la justicia. No sólo de la formal, sino de una concepción en tal sentido que emane de la misma sociedad que hoy procede de manera irracional, no por la decisión libre de sus componentes, sino a través de la influencia de un espacio televisivo. Y eso comenzará a ocurrir, cuando, entre otros procedimientos, se deje de esconder la impotencia generalizada cometiendo abusos contra los más desposeídos, ya se trate de pobres simples o de delincuentes pobres.
miércoles, 23 de octubre de 2013
El Cerdo de Antioco Epífanes
Cansa ver a Benjamin Netanyahu insistir en cada foro internacional en la necesidad de efectuar un ataque armado contra Irán. Y es un agotamiento que, al provenir de la majadería del primer ministro israelí, además repugna. No sólo porque no represente la historia del pueblo hebreo, que más allá de cierta propaganda surgida en el último tiempo, continúa siendo un ejemplo de superación y supervivencia frente a las peores atrocidades que puede cometer un ser humano.
Netanyahu llegó al gobierno producto de una reacción por parte de los votantes de Israel ante las amenazas del ex presidente iraní Mahmoud Ahmanidejab, quien a su vez fue elegido por los ciudadanos de ese país a causa del constante acoso que sufrían desde Estados Unidos. En ambos casos se trató de una respuesta natural frente a una agresión, la cual, como era lógico que ocurriera, estuvo menos guiada por un carácter reflexivo que por el instinto básico de defender la integridad física. Así, el ultimátum fue contestado con una declaración inesperada y éste más tarde con acusaciones infundadas. La inclusión de la nación persa en el llamado "eje del mal" por parte de la administración de George Bush, determinación que legitimaba una invasión, aún bajo conceptos diseñados por ese mandatario, movió a su par en el Medio Oriente a lanzar su propio escudo protector recurriendo -como es la costumbre cuando todo gira en base a aspectos puramente superficiales y elementales- a lo primero que podía echar mano, como era Israel, estratégico aliado militar en la zona del régimen estadounidense, anunciando que haría todo lo posible por borrarlo del mapa y de paso negando el holocausto. Mientras que Benjamín no quiso quedarse atrás y contraatacó ilustrando con malas copias de caricaturas de los años 1950 la supuesta cercanía que tenían los expertos en Irán de fabricar una bomba atómica de ya vaya uno a saber cuánto alcance. Insultos para allá y para acá como en las peleas colegiales, antes que los iracundos escolares lleguen a las manos.
La gravedad de este asunto es que aquí no están de por medio simples puñetazos, sino pueblos enteros e importantes arsenales de armas. Con el propósito de contestar las ofensas el discurso se torna cada vez más virulento, al extremo de que se comienza a temer de que en un determinado momento los ataques verbales ya no surtirán el efecto esperado y se deberá acudir de lleno a la agresión física. Y en estos casos abundan los ejemplos donde una palabra dicha de modo más negativo que lo aconsejable termina por generar un confuso incidente que precisamente por la cantidad de interpretaciones que puede ofrecer se transforma en el subterfugio perfecto para iniciar una acción bélica. Sin embargo, en la escalada que ahora nos atañe se ha producido un pequeño pero significativo punto de inflexión. Ahmanidejab dejó la presidencia de Irán y su sustituto es un moderado en términos tanto diplomáticos como religiosos, quien está dispuesto a disminuir el programa nuclear de su país al punto que le sugieran las potencias internacionales. En cambio, Netanyahu continúa escupiendo fanfarronadas y pretextos insostenibles en cada ocasión que se le presenta, llegando a aseverar que cuando se le presente la oportunidad de todas maneras bombardeará Irán por cuenta propia porque aún con el más concesionario de los gobernantes constituye una amenaza para su seguridad personal. Una verborrea desatada que por sí sola representa un peligro para la paz mundial. Y que insiste en repetir en los foros donde a nadie le importa, cuando las prioridades más urgentes son la crisis económica, el desastre ecológico y menos la pobreza. Menos cuando el supuesto contrincante hace rato de decidió ir por el camino del diálogo, dejando al exaltado gritando solo.
Hasta no hace mucho, el Medio Oriente se hallaba bajo el fuego cruzado de dos imbéciles que buscaban arrojarse bombas mutuamente sin importar las consecuencias. Elegidos además por sus propios pueblos. Hoy, empero, uno de esos estúpidos insufribles ha salido de escena gracias a sus mismos votantes. Queda el otro. Por ello, ciudadanos de Israel, hagan lo que corresponde y envíen a su anacrónico líder a la trastienda cuanto antes. No sea que Adonay les acabe pidiendo cuentas por haber iniciado el Armagedón.
Netanyahu llegó al gobierno producto de una reacción por parte de los votantes de Israel ante las amenazas del ex presidente iraní Mahmoud Ahmanidejab, quien a su vez fue elegido por los ciudadanos de ese país a causa del constante acoso que sufrían desde Estados Unidos. En ambos casos se trató de una respuesta natural frente a una agresión, la cual, como era lógico que ocurriera, estuvo menos guiada por un carácter reflexivo que por el instinto básico de defender la integridad física. Así, el ultimátum fue contestado con una declaración inesperada y éste más tarde con acusaciones infundadas. La inclusión de la nación persa en el llamado "eje del mal" por parte de la administración de George Bush, determinación que legitimaba una invasión, aún bajo conceptos diseñados por ese mandatario, movió a su par en el Medio Oriente a lanzar su propio escudo protector recurriendo -como es la costumbre cuando todo gira en base a aspectos puramente superficiales y elementales- a lo primero que podía echar mano, como era Israel, estratégico aliado militar en la zona del régimen estadounidense, anunciando que haría todo lo posible por borrarlo del mapa y de paso negando el holocausto. Mientras que Benjamín no quiso quedarse atrás y contraatacó ilustrando con malas copias de caricaturas de los años 1950 la supuesta cercanía que tenían los expertos en Irán de fabricar una bomba atómica de ya vaya uno a saber cuánto alcance. Insultos para allá y para acá como en las peleas colegiales, antes que los iracundos escolares lleguen a las manos.
La gravedad de este asunto es que aquí no están de por medio simples puñetazos, sino pueblos enteros e importantes arsenales de armas. Con el propósito de contestar las ofensas el discurso se torna cada vez más virulento, al extremo de que se comienza a temer de que en un determinado momento los ataques verbales ya no surtirán el efecto esperado y se deberá acudir de lleno a la agresión física. Y en estos casos abundan los ejemplos donde una palabra dicha de modo más negativo que lo aconsejable termina por generar un confuso incidente que precisamente por la cantidad de interpretaciones que puede ofrecer se transforma en el subterfugio perfecto para iniciar una acción bélica. Sin embargo, en la escalada que ahora nos atañe se ha producido un pequeño pero significativo punto de inflexión. Ahmanidejab dejó la presidencia de Irán y su sustituto es un moderado en términos tanto diplomáticos como religiosos, quien está dispuesto a disminuir el programa nuclear de su país al punto que le sugieran las potencias internacionales. En cambio, Netanyahu continúa escupiendo fanfarronadas y pretextos insostenibles en cada ocasión que se le presenta, llegando a aseverar que cuando se le presente la oportunidad de todas maneras bombardeará Irán por cuenta propia porque aún con el más concesionario de los gobernantes constituye una amenaza para su seguridad personal. Una verborrea desatada que por sí sola representa un peligro para la paz mundial. Y que insiste en repetir en los foros donde a nadie le importa, cuando las prioridades más urgentes son la crisis económica, el desastre ecológico y menos la pobreza. Menos cuando el supuesto contrincante hace rato de decidió ir por el camino del diálogo, dejando al exaltado gritando solo.
Hasta no hace mucho, el Medio Oriente se hallaba bajo el fuego cruzado de dos imbéciles que buscaban arrojarse bombas mutuamente sin importar las consecuencias. Elegidos además por sus propios pueblos. Hoy, empero, uno de esos estúpidos insufribles ha salido de escena gracias a sus mismos votantes. Queda el otro. Por ello, ciudadanos de Israel, hagan lo que corresponde y envíen a su anacrónico líder a la trastienda cuanto antes. No sea que Adonay les acabe pidiendo cuentas por haber iniciado el Armagedón.
jueves, 17 de octubre de 2013
El Tío y La Beata
Algo de calidad debe tener "El Tío", el filme que intenta relatar la biografía de Jaime Guzmán, como para antes de su estreno comercial haberse ya ganado un premio en un festival internacional. Por lo demás la propia hermana del fundador de la UDI se ha referido en términos positivos a la obra, lo cual constituye un punto de respaldo frente a los reclamos de los cercanos al asesinado político derechista, que han insistido en tratarla de infamante. O quizá, el entusiasmo de Rosario provenga del hecho de que es su hijo, un conocido actor, quien interpreta a este controvertido personaje, entregándole un curioso y morboso sentido al título de la película.
Si hay algo que personalmente me genera rechazo en los detractores de Guzmán, es su insistencia en sacar a colación su supuesta inclinación sexual homosexual. No tanto porque en ella acaben confluyendo los aspectos negativos de este personaje -que no olvidemos, fue o intentó ser el soporte intelectual de la dictadura de Pinochet-, ni porque todos los comentarios acerca de él se reduzcan a los típicos, manidos y desabridos chistes homofóbicos. Son conductas que desde luego ya debieran ser desaprobadas desde un principio. Sin embargo, el meollo del asunto es que estas bromas encuentran su motivación en la opción de vida que tomó el fundador de la UDI, cual es mantener su soltería. Son burlas que están llenas de prejuicios hacia quienes deciden renunciar al matrimonio y al emparejamiento, emitidas por personas sumidas en la ignorancia que del mismo modo que aquellos que odian a quienes exhiben una opinión política opuesta, son incapaces de comprender los diversos caminos que puede elegir un ser humano. Y de las cuales, quizá de manera inconsciente, se hace eco la película mencionada en el párrafo anterior, pues ya sabemos la connotación que ha adquirido la palabra "tío" en especial después de la serie de escándalos de pedofilia que se han suscitado al interior de establecimientos educacionales. Una situación que atañe a los clanes familiares, que suelen emplear el vocablo para aludir a un integrante que no se ha desposado y sobre el que se tejen toda clase de conjeturas.
Por otro lado, siempre he creído que el homicidio de Guzmán, perpetrado por una pandilla de extremistas izquierdistas en 1991, tuvo ciertos elementos homofóbicos o que estaban relacionados con la ya citada sospecha hacia los no vinculados. Es probable que sus asesinos hayan sido presa de ese temor infantil hacia lo extraño o desconocido, y hayan discurrido que un soltero es un tipo peligroso que debe tener algo oculto. O que se envalentonasen imaginando que alguien que no había formado una familia era un blanco fácil por no contar con gente alrededor que le sirviera de escudo. También, que se hubiesen sentido parte de una labor mesiánica, no por ultimar a un visible colaborador de la dictadura, sino a un sujeto que con su sola conducta subvertía el modo de actuar comunitario, en especial en un tema tan delicado como las relaciones amorosas. En tal sentido, quienes lo ametrallaron contaban con una visión moral tan estrecha como la del más patológico de los reaccionarios, ya que mientras éstos se escandalizan por quienes le faltan el respeto a los valores tradicionales, aquellos tienden a sancionar ciertos comportamientos tachándolos de antisociales. Lo cierto es que en la mentalidad de la época, independiente de su signo político, un varón que no se casa a los cuarenta y cinco años era un paria con problemas cerebrales y de seguro que quienes cometieron ese absurdo magnicidio creyeron que no los iban a perseguir porque se cargaban a un individuo raro, y ésos siempre generan dudas.
Y algo de aquello existió. Estoy seguro que las circunstancias habrían sido mucho más difíciles, para sus autores y el resto de la sociedad, si la víctima hubiese sido un dirigente de la UDI casado y con hijos. Además de que Guzmán siempre fue objeto de burlas entre sus propios pares por su soltería. De idéntico modo que un libertino sexual resulta un dolor de cabeza para los conservadores porque lo imaginan seduciendo a sus mujeres, un militante derechista que ha permanecido sin casarse en una situación de total coherencia constituye una muestra de que esta gente puede ser consecuente y no es hipócrita. Tal vez ahí esté la causa del asesinato de Jaime y no su colaboración con la dictadura.
Si hay algo que personalmente me genera rechazo en los detractores de Guzmán, es su insistencia en sacar a colación su supuesta inclinación sexual homosexual. No tanto porque en ella acaben confluyendo los aspectos negativos de este personaje -que no olvidemos, fue o intentó ser el soporte intelectual de la dictadura de Pinochet-, ni porque todos los comentarios acerca de él se reduzcan a los típicos, manidos y desabridos chistes homofóbicos. Son conductas que desde luego ya debieran ser desaprobadas desde un principio. Sin embargo, el meollo del asunto es que estas bromas encuentran su motivación en la opción de vida que tomó el fundador de la UDI, cual es mantener su soltería. Son burlas que están llenas de prejuicios hacia quienes deciden renunciar al matrimonio y al emparejamiento, emitidas por personas sumidas en la ignorancia que del mismo modo que aquellos que odian a quienes exhiben una opinión política opuesta, son incapaces de comprender los diversos caminos que puede elegir un ser humano. Y de las cuales, quizá de manera inconsciente, se hace eco la película mencionada en el párrafo anterior, pues ya sabemos la connotación que ha adquirido la palabra "tío" en especial después de la serie de escándalos de pedofilia que se han suscitado al interior de establecimientos educacionales. Una situación que atañe a los clanes familiares, que suelen emplear el vocablo para aludir a un integrante que no se ha desposado y sobre el que se tejen toda clase de conjeturas.
Por otro lado, siempre he creído que el homicidio de Guzmán, perpetrado por una pandilla de extremistas izquierdistas en 1991, tuvo ciertos elementos homofóbicos o que estaban relacionados con la ya citada sospecha hacia los no vinculados. Es probable que sus asesinos hayan sido presa de ese temor infantil hacia lo extraño o desconocido, y hayan discurrido que un soltero es un tipo peligroso que debe tener algo oculto. O que se envalentonasen imaginando que alguien que no había formado una familia era un blanco fácil por no contar con gente alrededor que le sirviera de escudo. También, que se hubiesen sentido parte de una labor mesiánica, no por ultimar a un visible colaborador de la dictadura, sino a un sujeto que con su sola conducta subvertía el modo de actuar comunitario, en especial en un tema tan delicado como las relaciones amorosas. En tal sentido, quienes lo ametrallaron contaban con una visión moral tan estrecha como la del más patológico de los reaccionarios, ya que mientras éstos se escandalizan por quienes le faltan el respeto a los valores tradicionales, aquellos tienden a sancionar ciertos comportamientos tachándolos de antisociales. Lo cierto es que en la mentalidad de la época, independiente de su signo político, un varón que no se casa a los cuarenta y cinco años era un paria con problemas cerebrales y de seguro que quienes cometieron ese absurdo magnicidio creyeron que no los iban a perseguir porque se cargaban a un individuo raro, y ésos siempre generan dudas.
Y algo de aquello existió. Estoy seguro que las circunstancias habrían sido mucho más difíciles, para sus autores y el resto de la sociedad, si la víctima hubiese sido un dirigente de la UDI casado y con hijos. Además de que Guzmán siempre fue objeto de burlas entre sus propios pares por su soltería. De idéntico modo que un libertino sexual resulta un dolor de cabeza para los conservadores porque lo imaginan seduciendo a sus mujeres, un militante derechista que ha permanecido sin casarse en una situación de total coherencia constituye una muestra de que esta gente puede ser consecuente y no es hipócrita. Tal vez ahí esté la causa del asesinato de Jaime y no su colaboración con la dictadura.
miércoles, 2 de octubre de 2013
El Final del Grupo De Los Diez
Una ironía muy cruel que se ha suscitado tras el suicidio de Odlanier Mena es que él mismo acabó por ser la última víctima de este integrante de la Caravana de la Muerte que por acompañar en sus tropelías a Sergio Arellano Stark fue premiado con el hito histórico de haber sido designado el primer director de la CNI. Un abusador de los derechos humanos que además se auto eliminó al igual que Allende, con una de sus tantas pistolas de colección las cuales, al menos en otra época, de seguro lo retrotraían al orgullo de formar parte de aquellos prohombres que "salvaron a Chile del cáncer marxista". Imposible no continuar con el humor negro, al comparar este acto con lo obrado por el "compañero presidente" quien, entre las humaredas que cubrían el palacio de gobierno, lo último que vio en vida fue el cañón de la ametralladora que le obsequió Fidel Castro.
Por su parte, a quienes aún defienden de modo público la dictadura militar -porque muchos que hoy rasgan vestiduras aseguraron su posición gracias a los servicios que prestaron en aquellos años, y en consecuencia tratan de que todas las aberraciones que se formaron en dicho periodo, y que garantizan su solvencia económica, se mantengan-, este acontecimiento les ha servido para reclamar en contra de la situación de los que ellos denominan "soldados presos políticos". En esta coyuntura, con un elemento dramático adicional, puesto que el coronel Mena se perforó la sien en respuesta por el cierre del penal Cordillera, el cual debía habitar de lunes a viernes a causa de fechorías, y el traslado tanto de él como de los otros nueve recursos a Punta Peuco, una prisión donde la piscina es más pequeña, hay una cancha de tenis menos y existe un menor número de hectáreas de esparcimiento. De seguro que la aflicción del condenado suicidado se tornó insostenible cuando se enteró de que debía mudarse a un recinto sito treinta kilómetros al norte de Santiago, y que sus familiares se verían obligados a gastar más dinero en bencina para llevarlo a casa en sus salidas dominicales, unos encuentros que además tendrían una hora de reducción.
Porque la verdad sea dicha, ese palacete que era el penal Cordillera estaba hecho para que sus residentes no se aquejaran. Para empezar era en realidad un patio trasero del Comando de Telecomunicaciones, una dependencia del ejército donde siempre iban los militares cuando un juez les osaba seguir un proceso por los abusos cometidos en los años 1970- 1980. Todo el sector era un barrio castrense, con atención garantizada en el Hospital Militar, distante a una cuadra, y a pocos metros de las residencias de los reos más conocidos, entre ellos Manuel Contreras. Además de tratarse de una cárcel creada durante una legislatura socialdemócrata especialmente para el infame "Mamo" luego de que recibiera sus primeras condenas por las desapariciones forzadas que ordenó siendo principal cabeza de la DINA. El tipo contaba con una apreciable cabaña para él solo, con televisión por satélite, ducha con agua caliente, kinesiólogo, enfermera, paramédico y cuatro gendarmes que más que custodiarlo le hacían arrumacos. Todo lo cual -en otra de las crueles ironías que han desencadenado este caso- perdió tanto para su persona como para el resto de los reclusos cuando solicitó una entrevista y habló más de la cuenta, como miente insultando y calumniando a sus víctimas. Factor clave que motivó la drástica decisión de Mena, quien por su lado también había hecho públicos los disensos que sostenía en la misma prisión con este oscuro personaje.
Ahora todos a dormir en Punta Peuco, otro penal que fue creado como consecuencia de las atrocidades cometidas por Contreras, en esa ocasión el asesinato de Orlando Letelier. Nueve inquilinos que deberán compartir con los residentes habituales los sitios de esparcimiento. Dicen que se tienen disputas de hace años y que algunos intentarán saldarlas. Al menos podrán experimentar el miedo a la venganza, uno de los principales dolores de cabeza que deben sufrir los delincuentes que ingresan a una cárcel común. Y las canchas de tenis y la piscina podrían ser las primeras manzanas de la discordia.
Por su parte, a quienes aún defienden de modo público la dictadura militar -porque muchos que hoy rasgan vestiduras aseguraron su posición gracias a los servicios que prestaron en aquellos años, y en consecuencia tratan de que todas las aberraciones que se formaron en dicho periodo, y que garantizan su solvencia económica, se mantengan-, este acontecimiento les ha servido para reclamar en contra de la situación de los que ellos denominan "soldados presos políticos". En esta coyuntura, con un elemento dramático adicional, puesto que el coronel Mena se perforó la sien en respuesta por el cierre del penal Cordillera, el cual debía habitar de lunes a viernes a causa de fechorías, y el traslado tanto de él como de los otros nueve recursos a Punta Peuco, una prisión donde la piscina es más pequeña, hay una cancha de tenis menos y existe un menor número de hectáreas de esparcimiento. De seguro que la aflicción del condenado suicidado se tornó insostenible cuando se enteró de que debía mudarse a un recinto sito treinta kilómetros al norte de Santiago, y que sus familiares se verían obligados a gastar más dinero en bencina para llevarlo a casa en sus salidas dominicales, unos encuentros que además tendrían una hora de reducción.
Porque la verdad sea dicha, ese palacete que era el penal Cordillera estaba hecho para que sus residentes no se aquejaran. Para empezar era en realidad un patio trasero del Comando de Telecomunicaciones, una dependencia del ejército donde siempre iban los militares cuando un juez les osaba seguir un proceso por los abusos cometidos en los años 1970- 1980. Todo el sector era un barrio castrense, con atención garantizada en el Hospital Militar, distante a una cuadra, y a pocos metros de las residencias de los reos más conocidos, entre ellos Manuel Contreras. Además de tratarse de una cárcel creada durante una legislatura socialdemócrata especialmente para el infame "Mamo" luego de que recibiera sus primeras condenas por las desapariciones forzadas que ordenó siendo principal cabeza de la DINA. El tipo contaba con una apreciable cabaña para él solo, con televisión por satélite, ducha con agua caliente, kinesiólogo, enfermera, paramédico y cuatro gendarmes que más que custodiarlo le hacían arrumacos. Todo lo cual -en otra de las crueles ironías que han desencadenado este caso- perdió tanto para su persona como para el resto de los reclusos cuando solicitó una entrevista y habló más de la cuenta, como miente insultando y calumniando a sus víctimas. Factor clave que motivó la drástica decisión de Mena, quien por su lado también había hecho públicos los disensos que sostenía en la misma prisión con este oscuro personaje.
Ahora todos a dormir en Punta Peuco, otro penal que fue creado como consecuencia de las atrocidades cometidas por Contreras, en esa ocasión el asesinato de Orlando Letelier. Nueve inquilinos que deberán compartir con los residentes habituales los sitios de esparcimiento. Dicen que se tienen disputas de hace años y que algunos intentarán saldarlas. Al menos podrán experimentar el miedo a la venganza, uno de los principales dolores de cabeza que deben sufrir los delincuentes que ingresan a una cárcel común. Y las canchas de tenis y la piscina podrían ser las primeras manzanas de la discordia.
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