miércoles, 23 de septiembre de 2009

Nacional Socialdemócratas

Ayer correspondió el sorteo de las parejas que intervendrán en el Grupo Mundial de la Copa Davis, y coincidió que Chile enfrentará a Israel. Digo esa palabra en dos sentidos: uno de absoluta obviedad, porque un acto entregado al azar las cosas siempre coinciden; y otro, referido a dos hechos puntuales que conformarán la estructura general de este artículo. Resulta que ambos equipos tenísticos debieron desplazarse a Suecia para medirse con el combinado local, en fechas muy distintas y con resultados muy dispares, ya que mientras los connacionales cayeron por 4-1 el año 1975, los hebreos derrotaron a los anfitriones 3-2 a comienzos de este 2009. Pero los dos desafíos estuvieron cruzados por un factor común: las airadas y a veces irracionales protestas de los suecos, tanto contra la dictadura de Pinochet, como hacia la violenta incursión israelí en Palestina, respectivamente. La intención de los manifestantes era la misma: hacerle sentir a los extranjeros que se hallaban en un ambiente ajeno y hostil, debido a que representaban a países cuyos regímenes habían sido condenados, con justos argumentos, por la comunidad internacional. Y de paso, aunque fuese un efecto no deseado, darle un aliento a sus coterráneos. No lograron todos sus objetivos, pues las llaves se disputaron, y sin público; y una de ellas, terminó con un triunfo para el vapuleado visitante.

¿ Por qué saco a colación esto? Porque muchos han visto en los incidentes de 1975 una movilización de exiliados que no temen ser tachados de antipatriotas con tal de llamar la atención sobre una cruel tiranía. La cual, además, habría revestido un carácter simbólico, por tener Suecia una tradición socialdemócrata. Cuando en verdad, aquellas manifestaciones fueron engrosadas ante todo por jóvenes suecos, los mismos rubios nórdicos que insultaban a los refugiados chilenos llamándolos "cabezas negras". Supongo que habrán empleado el mismo calificativo para referirse al equipo de tenis, al que vieron como una monotonera de chimpancés enviados por el gorila Augusto Pinochet ( un tipo de raza que, además, sólo puede darse en América Latina, jamás en la rubia, blanca y culta Europa). En definitiva, un puñado de muchachos del primer mundo que se sentían invadidos por indígenas y mestizos que no sintonizaban con su entorno, y que más encima les ocupaban los puestos de trabajo. Si señalaban a las raquetas rivales con el dedo, era porque el insufrible gobierno de facto que entonces administraba Chile, era la evidencia más cabal que los arrivados del ultramar eran bestias que estaban un escalafón más abajo en la evolución humana, y por ende, podían llegar a destruir todo vestigio de civilización. Lo de la sociedad de bienestar sueca y del paraíso socialista democrático y libertario, sólo fue más leña para la pira: nosotros somos los desarrollados y en consecuencia los únicos aptos para alcanzar esto; los otros, peligrosos ladrones que vienen a robar lo que hemos conseguido, de la misma manera que les es tan fácil hacerse con el poder.

Casi veinticuatro años después, la situación se volvió a repetir. Ignoro si en Suecia se produjeron masacres de judíos. Pero cabe señalar que los cultos y avanzados europeos son quienes más integrantes de esa etnia han enviado a las hogueras y las fosas comunes, y desde mucho antes que la Segunda Guerra Mundial. Incluso, si ahora critican los deslices de Ahmanidejab en cuanto al bullado Holocausto, lo hacen esencialmente para ocultar sus crímenes ancestrales y aparecer como prueba de una etapa superada. ¿ Que protestaban contra las incursiones militares en Palestina? Los rubiecitos de hoy hablan de "perros judíos" de la misma manera en que sus padres gritaban "cabezas negras". Nada más que muestras de racismo. Y solapadamente, intentos oscuros y cuestionables de apoyar a su combinado local. Aunque en los actuales tiempos, los más chicos ya le han perdido completamente el miedo al poderoso, y en su propia casa, jugando con sus propias reglas y tragándose todas las trampas que éste ha puesto en el camino: igual puede vencerlo. Ya que, como acotamos, el equipo de Israel ganó por tres partidos a dos.

Recomiendo esto a quienes quisieran, en la confrontación de la próxima Copa Davis, recordar la cuestión palestina con algún insulto de carácter antisemita. Aunque es probable que esto no ocurra, pues los chilenos, al menos en apariencia, tenemos bien aprendida la lección de lo ocurrido contra Argentina en el 2000. Toda vez que el actual presidente de la federación de tenis es judío, misma ascendencia étnica de la entrometida Sonia Fried, la madre de Nicolás Massú. Acuérdense que hace un cuarto de siglo fueron vituperados del mismo modo bajo el pretexto de una causa noble, con el fin no confesado de dar la imagen de un rival temible. Muy parecido a los reproches que desde Europa nos hacen a los latinoamericanos, a quienes nos acusan de resucitar conflictos bélicos resueltos a medias, con las confrontaciones deportivas.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Clase Política o Casta Política

Desde los años 1990, en Chile se viene acuñando el concepto de la "clase política", en el sentido de un estrato social, con su propia posición de poder, algunas características que permiten distinguirla de sus pares, y un determinado nivel de ingresos económicos. Que en definitiva, son las maneras de evaluar a este tipo de grupos. En el resto del mundo, al parecer este término no conoce un equivalente, y como consecuencia, cuando lo empleamos para referirnos a la supuesta clase política de otro país, ellos piensan que hablamos de buenos modales o de refinamiento. Quizá, porque nadie concibe que un gobierno democrático, que es elegido por personas de múltiples caudales monetarios, bautice a quienes ostentan cargos públicos con un nombre que sería más propio de lugares donde existe la nobleza o que se rigen por monarquías absolutas.

Y es ahí donde descubrimos la primera anomalía de las muchas que presentan nuestros servidores públicos, vistos tanto en términos generales como cada individuo en particular. Y que han empujado al chileno medio a desatender los procesos electorales. Los políticos han creado su propio sector socio económico, o lo han intentado crear, valiéndose de una terminología establecida por los medios masivos de comunicación, diseñada a gusto de los dueños de estos últimos; pero que los mismos afectados, que al final también tienen ciertos intereses, no han tratado de corregir. Y esto en un país cuyos rasgos más visibles son la mala distribución del ingreso -que la clase de marras no padece- y la escasa, cuando no nula, movilidad social. Se legitiman, entonces, aquellas quejas que alegan falta de representatividad de parte de los políticos, una cuestión que se agrava todavía más si nos detenemos en aspectos más puntuales, como que los hijos de quienes ya han ganado comicios pueden heredar los cargos o en su defecto, postular a otro puesto dentro de la administración estatal. Un hecho muy propio de sitios donde se la da una exacerbada importancia a la familia y donde además muy pocos miembos de los sectores más desposeídos tienen siquiera la más mínima oportunidad de mejorar su situación.

Esto es, además, reforzado por esa peculiaridad del sistema electoral chileno, donde quien desee votar debe primero incluirse en un registro público, y de ahí para adelante, está obligado a participar en todos los comicios convocados por el Estado. En resumen, inscripción voluntaria con sufragio obligatorio, absolutamente al revés de todas las democracias del mundo. Esto hace que los votantes siempre sean los mismos, y por lo tanto, también sean susceptibles de ser heredados mediante una sucesión dinástica. Luego, nos enfrentamos a dos clases sociales, dentro de la inamovilidad que en ese aspecto caracteriza a Chile. Dos castas, definitivamente. El problema es que ésta, la de los electores, por motivos obvios cuenta con menos recursos monetarios que sus al fin y al cabo beneficiarios, y por ende se ve resignada a permanecer en el escalafón inmediatamente inferior. Es decir, tenemos una estructura que dentro de sí misma se presenta como un binomio de estamentos cerrados, donde, como en todos los países latinoamericanos, existe una suerte de pueblo y quienes lo dominan. Y el hijo del que elige terminará eligiendo, mientras el vástago del gobernante acabará siendo electo igual que su padre. Una versión a escala de las viejas oligarquías de terrateniente rurales que tanto daño le ha hecho al subcontinente, adaptada, además, a la mentalidad del siglo XXI.

El desencanto con la política, al menos en su estilo más conocido, es un fenómeno global y propio del actual periodo de la historia. En otras latitudes, casi siempre, porque los servidores públicos, al igual que en Chile, tienen ciertos intereses y han conformado un grupo humano y social donde sólo caben los pares, aunque dependan para conservar su posición, de sus respectivos votantes. Pero al menos, en el mundo desarrollado hay una garantía de plena movilidad, que de vez en cuando permite dar sospresas. Además, los electores cumplen múltiples funciones en el aparataje social y no están con las manos atadas como aquí -y la prueba de ello es, por ejemplo, los comicios españoles del 2004-. Nosotros, en cambio, parece que ya hemos aceptado ser las nanas o los jardineros de los más acomodados, a quienes continuamos alimentando, porque no hay otra alternativa y menos nos queda tiempo para organizarla.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

El Subterfugio de la Clase Media

Como ha sido la costumbre desde el retorno a la democracia, la clase media conforma uno de los tantos temas que la derecha ha impuesto en los medios masivos de comunicación, los cuales, cuentan con propietarios afines a su pensamiento político. Así, ha desviado permanentemente la atención respecto de cuestiones realmente urgentes de solucionar, como la justicia laboral, la mala distribución del ingreso o los problemas de carácter ecologista: todos, por cierto, descalabros dejados por la dictadura de Pinochet, de la que fueron acérrimos colaboradores y por lo mismo, aún defienden. Mientras, en la Concertación, sus máximos dirigentes están comprometidos económica y estratégicamente con varios de sus pares opositores, debido a lo cual, permiten que estos temas se enquisten en la agenda y una vez ahí funcionen como virus computacionales.

Veamos. En Chile, la industria empezó a aparecer recién en 1940, con la creación de la CORFO. Y hasta hoy, tiene un rol poco participativo en la economía chilena, que depende mayoritariamiente de la agricultura -y por extensión, de las materias primas- y los servicios. Desde la Ilustración, con la irrupción de los burgueses, y en especial a partir de la Revolución Industrial, la clase media ha estado vinculada, justamente, a industriales independientes que son capaces de pararse como una alternativa en cuento a la generación de riqueza, ante los nobles y los terratenientes. En cambio, por acá tenemos que los primeros representantes de este sector social, surgidos de manera tímida a comienzos del siglo XX, fueron intelectuales que se desempeñaron en el servicio público -abogados, docentes, funcionarios estatales en general-: gente que vivía de un sueldo y no tenía mayor interés en generar caudal monetario. A partir del año antes mencionado, el grueso de las corporaciones fabriles corrió por cuenta del Estado, por lo cual no había empresarios privados comandando las industrias criollas. Tampoco existía un número significativo de profesionales relacionados con la actividad, que también aumentan las cifras de la clase media; y los pocos que podían contarse, venían de los estratos altos y por sus redes de contacto tendían a permanecer allí.

El exitismo y la hipocresía, no sólo moral, que han caracterizado a Chile desde 1990 -y que los políticos de las dos grandes alianzas se han esmerado en preservar, debido a intereses personales-, ha a su vez, impulsado a algunos a denominarse clase media, como modo de convencerse de que ya no están en el último peldaño de la sociedad, donde además, deambulaban desde que habían nacido. Con ello, se fue paulatinamente quedando obsoleta esa tesis del cuerpo popular que los movimientos de reivindicación social venían proponiendo desde la crisis del salitre a fin de presentar la imagen de una nación que lucha unida contra una minoría explotadora y subyugadora. Ahora, ese pueblo que por más de cinco décadas protestó en la calle por sus derechos, que sacrificó vidas en cada huelga, que eligió la Unidad Popular y después enfrentó decidido al régimen militar; estaba partido en dos grandes bloques que a su vez desprendían fragmentos más pequeños, pero igualmente irreconciliables ( las famosas claves C1, C2, C3, D y E). Durante la década de 1990, la sobrevalorada época del tigre mestizo, la clase media de entonces se autoproclamaba de tal para acentuar el desprecio generalizado que por esos años existía contra los pobres, y con esa actitud, ganarse un sitio en alguna mesa de la oligarquía, aunque fuera la de la cocina junto a la servidumbre. Del 2005 en adelante, con los subsidios poco racionales otorgados por la Bachelet, los arribistas de antaño lloran porque los tratan como el bocadillo del emparedado, que ellos ayudan a preparar con sus impuestos, pero que al final sólo lo disfrutan los otros dos estratos sociales: uno gracias a su dinero y las leyes que les permiten pagar bajos sueldos; el otro, por el apuntalamiento monetario que le entrega la administración política de turno.

En Chile nunca ha existido una auténtica clase media. Siempre hemos tenido dos instancias: el pueblo y quienes los dominan. Y los últimos, se han valido de esta subdivisión artificial que ha caracterizado a los treinta años más recientes de nuestra historia, para mantener su poder y su estructura abusiva. La desprolijidad conque la Concertación trató la injusticia social en la década de 1990, donde el chorreo del neoliberalismo sólo ensució las pocas prendas de vestir a las que pueden acceder los chilenos, ayudó a consolidar este paragima. Y las regalías clientelistas y escasamente reflexivas repartidas por Bachelet, terminaron por edificar el muro que faltaba entre dos supuestos arquetipos que, finalmente, sólo son representantes del mismo pueblo raso. Con matices, desde luego; pero con la misma condición de oprimidos.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Las Mujeres de Gabriela

Las reciente publicación de sus cartas a Doris Dana, para muchos interesados, develan defintivamente el aspecto más oculto de la vida de Gabriela Mistral: era lesbiana. Con esto, los colectivos feministas y homosexuales se ganan, aunque sea de manera póstuma, una nueva estrella para su firmamento, la cual, además, le arrebatan a la sociedad bienpensante. No importa que este supuesto nuevo hallazgo no constituya ningún aporte al momento de analizar lo verdaderamente interesante, como es la calidad literaria y artística de la poeta. Ni que tampoco, contribuya a la completa aceptación del llamado poder gay, que una vez más, se vale de un ícono externo al que intenta reinterpretar mediante investigaciones pretendidamente serias, en vez de potenciar los elementos que están en su propio seno, los cuales hace rato demandan su oportunidad.

Es cierto: Gabriela Mistral es una cosa lejana y etérea para muchísimos chilenos. Y eso, a pesar que nos sentimos orgullosos de decir que fue uno de nuestros dos premios Nobel; el único, además, obtenido por una mujer de habla hispana. Ayudaron a tal situación, ciertas actitudes de la propia escritora. Por ejemplo, el haber emigrado muy joven a México, país donde desarrolló buena parte de su talento, que no se circunscribió al ámbito lírico, porque fue la diseñadora del sistema educacional que hasta hoy rige a ese país. Como consecuencia, su radicación definitiva en el extranjero, lo cual la convirtió en una desconocida por estos pagos ( bajo estas circunstancias, hasta comprendo que le hayan otorgado el Premio Nacional de Literatura sólo seis años después del galardón de la Academia Sueca). Finalmente, se pueden citar algunas consideraciones más anecdóticas, como el hecho de que en vida publicó poco, sólo cuatro poemarios y una antología, y que su primera colección de versos apareció cuando la autora ya había pasado los treinta años de edad, no por iniciativa propia, sino de un grupo de académicos norteamericanos. Además, que los dos mejores, "Tala" y "Lagar", fueron ampliamente conocidos afuera antes de aparecer en Chile. Esto último, es un factor importante para comprender los arquetipos que aquí se han formado de Gabriela Mistral, a saber, la enamorada doliente de "Desolación" y la tierna maestra primaria de "Ternura". Dos caricaturas, contra las cuales han luchado los críticos literarios serios y que han sido la motivación para que sus idólatras más empedernidos -que suelen provocarle nada más que perjuicios a su objeto de alabanza- anuncien descubrimientos sensacionalistas como el que encabeza este artículo.

Sin embargo, más allá de la ignorancia histórica que los chilenos tienen en torno a la poeta -producida tanto por la falta de acceso a sus obras como por una decisión propia-, cabe señalar un hecho que muy pocos han tomado en cuenta, cual es el rol que tuvo la dictadura de Pinochet en alimentar todos estos prejuicios. Debido a que Pablo Neruda, simbólicamente fallecido el 23 de septiembre de 1973, fue durante gran parte de su vida militante comunista, lo cual no trepidó en recalcar en varios de sus últimos poemas, además de incondicional simplatizante y activista del régimen de la Unidad Popular; el gobierno militar requería de una estatua que desterrara de la memoria colectiva de los chilenos al vate rojo. Y lo que más estaba a la mano era la figura de la Gabriela, por diversas causas, entre las cuales pueden contarse la desinformación y la imagen ascética y aséptica que muchos en este rincón del mundo se esmeraron en darle. Cabe recordar, al respecto, que casi nadie por estos pagos había leído para entonces los escritos sociales de la Mistral, que en vida le significaron un fuerte rechazo de parte de sectores pudientes y no sólo en Chile. Más aún, ese tema lo trata en buena parte de su obra literaria que permaneció inédita hasta su muerte, y la cual, si no ha permanecido en esa condición, sólo se ha publicado en el extranjero o en ediciones limitadas para especializados. Por otro lado, cuando en 1989 se celebró el centenario de su nacimiento, la autoridad de facto desplegó una intensa maquinaria publicitaria que incluyó microprogramas en televisión -siempre mostrando la imagen tradicional-, homenajes rimbombantes al estilo de un gobierno de esa calaña, y varios concursos literarios para estudiantes con el nombre de la poeta ( yo gané uno, de hecho). A poco de las primeras elecciones multipartidistas en diecisiete años, y con Pinochet y sus secuaces intuyendo las escasas posibilidades de triunfo de los entonces candidatos oficialistas, no venían mal estos recordatorios, que mostraban a los militares preocupados por la creatividad artística, como para dejar en claro que el "apagón cultural" que caracterizó a ese periodo, no era sino un mito marxista.

Al final, tanta saturación derivó en un fruto no deseado. El chileno medio empezó a perder interés por una mujer que, después de tantas décadas, se les presentaba como una dama irrestrictamente conservadora. Ya en democracia, además, se hacía necesario restaurar la figura de Neruda, un hecho que hizo que el común de la gente creyera que existió una rivalidad ideológica entre ambos, cuando en realidad fueron amigos personales. También, otros revalorizados, como Vicente Huidobro y Pablo de Rokha, empezaron a exigir su espacio. Con respecto a Gabriela Mistral, muchos aceptaron que ya había tenido su recompensa. Cuando verdaderamente, fue sólo otra víctima del llamado "pago de Chile". Una mujer pobre -que no es lo mismo que una mujer a secas-, de la precordillera, provinciana en una época en que escaseaban las rutas terrestres, que fue capaz de educar pese a no contar con título universitario, que debió abandonar el colegio víctima del matonaje escolar, que debió abandonar muy joven su país de origen porque en él no la tomaban en cuenta, y eso último para no regresar jamás. Ahora que Chile ha pasado de pacato a frívolo, se populariza un aspecto superficial de su existencia y se vuelven a dejar bajo la alformbra las características que auténticamente han definido a la Mistral y que la hicieron merecedora del Premio Nobel. Por suerte que existió en un tiempo en que no se conocía la prensa de farándula, porque habría sufrido bastante más, cortesía de un país donde el chisme refleja con total cabalidad los insufribles grados de hipocresía.

jueves, 27 de agosto de 2009

Élite o Simple Oligarquía

El sólo origen del galicismo élite, retrotrae a todo lo que uno entiende o ha escuchado sobre la histórica cultura de la alta sociedad francesa, que parte desde la formación de su emblemática monarquía absoluta y perdura hasta hoy. Y en esa contextualización, se incluyen hasta las caricaturas y los estereotipos. Como dicha cultura se consolidó en el Renacimiento, podemos expandir su significado, otorgando eso sí unas mínimas concesiones, a los demás países del centro y sur de Europa que florecieron intelectual y artísticamente hablando en aquella época, como la Península Italiana y, hasta cierto punto, Alemania, Inglaterra o Suiza. En cambio, el sentido del término no es extrapolable a la Península Ibérica, porque allí las clases más acomodadas, si bien mostraron una importante y sincera preocupación por el gusto estético, mantuvieron un relativo aislamiento con el resto del continente, que en el caso de España, derivó hacia un vínculo de extrema subyugación con la iglesia católica, y todo su aparato inquisidor, que por motivos obvios y que no es necesario detallar aquí, frena el interés por comprender las obras de arte. De ahí que en ese lugar sea más adecuado hablar de pléyade, el equivalente en lengua española para élite.

Con la Ilustración -y su consecuencia política más inmediata, la Revolución Francesa- el término élite se popularizó en todo el mundo, siendo utilizado amplia y descuidadamente en territorios donde no se conocía su mística original ni se pensaba averiguar al respecto. En América Latina, los sectores más pudientes, siempre interesados en resaltar su lejano abolengo europeo, y acaso acomplejados por tener el infortunio de haber nacido en una tierra plagada de indígenas hieréticos que jamás se han preocupado de admirar una ópera o un tratado filosófico de Descartes, no tardaron en adoptar el vocablo como autónimo, lo cual les permitió adquirir, de paso y de manera poco consciente, un eufemismo que podían emplear cuando algún revoltoso de ésos que proclaman la justicia social les recordaran lo que en realidad eran: una hermética -tanto en sentido cultural como social- y tiránica oligarquía. Sin embargo, las contradicciones entre la élite verdadera y la autoproclamada, saltan a la vista. En Europa, este grupo socio-cultural, y hasta cierto punto socio-político, ha desarrollado una refinación estética que no sólo le permite disfrutar de una obra artística, sino también asimilarla y aprender y aprehender de ella. En el intertanto, también asimila a su creador, que muchas veces proviene de un núcleo social distinto, por último en condiciones de mecenazgo. Se da entonces una relación de beneficio mutuo, donde el autor encuentra seguridad para continuar su trabajo, mientras su protector ensancha su capacidad de reconocer y aceptar una obra nueva y diferente, sin armar escándalos de índole moralina. Además, estamos frente a piezas inéditas y artistas originales, lo cual equivale a decir impredecibles y que no se amoldan a los cánones establecidos. Personas que pueden sacar algo sorprendente prácticamente desde la nada.

Diametralmente opuesto a la actitud de sus "homónimos" latinoamericanos, que gastan su dinero no en comprar las creaciones de sus connacionales, sino en viajar a Europa para suspirar a los pies de la Tour Eiffel o junto a las esculturas de Joan Miró. Se toman fotos y, más como un recuerdo de turista que otra cosa, adquieren réplicas de pinturas famosas, porque las han visto en los folletos de viajes, en los reportajes de la televisión pagada o en las láminas que profesores con la misma mentalidad que ellos les dieron a mostrar en sus colegios exclusivos. No se percatan que uno u otro perteneció a tal o cual movimiento, como por nombrar el clasicismo, el romanticismo, el dadaísmo y el surrealismo. Siendo que sus "pares" del Viejo Continente, son capaces hasta de recibir a los críticos de arte para dejarse enseñar por ellos. Acá ni hablar de aprendizaje, más encima con pastiches copiados a veces sobre hojas de papel. El único fin es aparentar sobre la última visita al
Louvre ante los vecinos y amigos, colgando los cuadros en la pared.

No pretendo resucitar la manida monserga de que miramos mucho a Europa sin darnos cuenta de que somos mestizos de pelo lacio y pómulos altos. De hecho, esa es una actitud chauvinista y alienante, oculta debajo de un supuesto paradigma ideológico, que le ha hecho mucho daño a América Latina. Me refiero aquí al error que se comete al llamar a nuestra rancia oligarquía como élite, cuando sigue siendo el mismo puñado de familias que dominan la economía y hacen todo lo posible, incluso el día de hoy, por entrampar la movilidad social. No aceptan lo que viene de fuera, salvo bajo las condiciones explicadas en el párrafo anterior, y su supuesto gusto estético es una enorme aunque muy bien disfrazada farsa. De hecho, una de sus actitudes ha sido imponer lo externo como forma de anular las propuestas autóctonas y por su intermedio, neutralizar a los que cuestionan su excesivo poder. Una conducta política que afecta a lo cultural, porque con sectores que históricamente han contado con facultades omníbodas, nadie se salva.

jueves, 20 de agosto de 2009

El Burdo Amor a la Patria

Si analizamos su etimología, ya tenemos que el concepto de "patria", puede entenderse, de manera inequívoca, como una imposición superior a cargo de un ser que, debido a los rasgos de nuestra personalidad, está obligado a colocarse por encima de nosotros, y dictar desde su testera una serie de normas imprescindibles para que nos vaya bien en la vida, entendida esa frase como un conjunto de aspectos que, de acuerdo a los cánones establecidos por la sociedad de consumo y la llamada civilización cristiana occidental, nos tendrán que conducir al siempre asequible y bien ganado éxito. En esa relación, en consecuencia, quedamos reducidos a niños inexpertos cuya conducta debe ser moldeada, modificada y enrielada.

Por lo mismo, como buenos vástagos en un lugar donde sólo hay espacio para el modelo familiar ideal, debemos sentir amor por la patria. Por ese concepto abstracto que en términos más simples se circunscribe al país o Estado en el qe nacimos y/o vivimos, pues él nos ha dado la existencia y ahora nos cobija sin, al menos en apariencia, solicitar algo a cambio. Pero que, en una definición más amplia, incluye un territorio, una serie de símbolos artísticos representativos -bandera, escudo, himno, escarpela-, una historia común a sus habitantes y un acerbo cultural que en su sentido más elemental responde al significado del término "folclor". Todos estos componentes, que antes de ser unidos o simplemente mezclados se transforman en valores, al final conforman, o pretenden conformar, una suerte de identidad gregaria que se ofrece como un obsequio sorpresivo y a la vez grato al individuo, más que nada porque nunca lo pidió o pensó en pedirlo. Sin embargo, el receptor está obligado a recibirlo, no porque se trata de una conducta de buena crianza, sino mucho más que eso: negarse a aceptar el regalo lo convierte en, de acuerdo al paradigma que domine a una cierta época y a una determinada sociedad, un maligno, un delicuente o un desadaptado. Es la idea de devoción filial en su versión más básica y conservadora: tu padre te alimenta, te viste y te permite dormir en tu casa; por último, te engendró y te otorgó un apellido y un linaje: por lo mismo, debes respetarlo de forma incuestionable aunque sea un ogro imposible de aguantar... eso es la demostración más pura del amor.

Eso hace que la patria se asocie a fuerzas que en el imaginario público presentan características represoras, como los militares. De hecho, defender o servir a la patria siempre o casi siempre es asociado con participar en una guerra, sin esperar compensación a cambio, sólo por venerar a un paño de género o a una canción. Y eso, aunque la conflagración sea civil. Esto es más patente en Estados más jóvenes, como los que se constituyeron a partir de las grandes oleadas colonizadoras de los siglos XVI y XIX. Por cierto, que en esta situación se hallan los países latinoamericanos y africanos, como asimismo algunos del Medio Oriente. Pero también, naciones del llamado primer mundo, como Canadá y Estados Unidos: especialmente es emblemático el caso de este último, cuya condición de potencia hegemónica se ha solventado en base a contar con el ejército más poderoso a nivel internacional. En el contexto específico de América Latina -me limitaré al ejemplo que, por motivos obvios, nos es más cercano-, el concepto de patria, en cada territorio particular, ha sido envasado por una oligarquía tradicional y tradicionalista, a la cual no le alcanza para ser denominada élite, y que ha expandido el radio de influencia de tal concepción, mediante el yugo autoritario, personificado en las fuerzas armadas locales. Dicha oligarquía ha establecido las "tradiciones" patrióticas y ha demarcado las fronteras de acuerdo a su conveniencia, teniendo la opción de montar un enfrentamiento bélico con algún vecino, y de ese modo insuflar de tarde en tarde el sentimiento nacionalista. Por su parte, las expresiones propia de estratos sociales más bajos o de culturas no oficiales, producto justamente de este actuar, permanecen en constante conflicto con la autoridad, la cual siempre ha buscado anularlas parcial o totalmente.

En conclusión, como se trata de países jóvenes con un origen un tanto difuso, los altos mandos pretenden cohesionar a sus gobernados a través de la uniformidad y el despotismo. Sin embargo, si vamos a aquellos territorios con más historia y que sí han conformado un auténtico Estado nacional -Europa, Lejano Oriente-, tenemos que todos ellos se reconocen como entidades multiculturales, a veces sin un núcleo común reconocible a primera vista, y donde campean ampliamente el federalismo y el regionalismo ( en muchas ocasiones, la autoridad local tiene más capacidad de actuación que la central). En tales sitios, la idea de patria se ha formado a partir del pueblo, quien ha definido a lo largo de siglos los aspectos de cada idiosincrasia específica, los cuales están perfectamente aunados. Incluso, en algunas partes pueden existir varias identidades coexistiendo o confluyendo mutuamente, llegando hasta a ser interdependientes entre sí, sin por eso perder sus peculiaridades. Y a pesar de tal multilateralismo, son capaces de crear cosas como la Unión Europea, un verdadero Estado colectivo que se maneja con el concepto de los organismos internacionales, pero que se ha transformado, de una entidad diplomática a una política. Más aún: en muchos de estos países, los símbolos patrios son anónimos, porque fueron creados de manera conjunta por todos y cada uno de sus componentes. Y los que ostentan autor conocido, como La Marsellesa, se ganaron el sitial porque por diversas circunstancias acabaron masificándose entre el pueblo. Por lo mismo, concluyo afirmando que el amor real, ése que no es servil y que no se impone por el temor, es el amor al pueblo; no a la patria.

jueves, 13 de agosto de 2009

Los Hijos de la Delincuencia

Cada vez que se arresta a un menor de edad en Chile, y sale a relucir su nutrido prontuario y por contraste su corta edad, no faltan las notas de prensa que recorren el entorno del recién atrapado, esperando encontrar padres ausentes, madres ya encarceladas o en su defecto despreocupadas, y una pandilla cómplice de sus delitos que, a fin de cuentas, ha sido el único núcleo afectivo en la vida del recién atrapado. Estas semanas, por la abultada cantidad de información sobre adolescentes y niños acusados de la más variopinta gama de asaltos, dichas anotaciones han saturado los canales de televisión y los medios escritos. Desde luego, tal inquietud no obedece a una preocupación social, mucho menos, pretende aportar a la rehabilitación del pequeño caco; sino que está impulsada por un afán comercial en pro de la sintonía, lo cual, a la larga -y esto lo saben los administradores de los mencionados medios, que tienen una idea política clara- provocan más daño en los afectados, sean vicitimarios o víctimas, que bien.

Hay, sin embargo, un dato que las estaciones y los periódicos no consideran, o si lo hacen, es de manera intencionalmente superficial. Varios de estos muchachos no cuentan con una figura adulta que se haga cargo de ellos, pues sus padres ya cumplen condena por quebrantar la ley, una situación en especial delicada para aquellos que sólo conocen a su madre. Y, a la par que ha aumentado el número de menores apresados, y que éstos han rebajado su edad de iniciación -con chiquillos bastante "duchos" que, a veces, frisan los doce años-, tales casos también se cuentan de manera directamente proporcional. Pero, si analizamos el problema más detalladamente, nos encontramos conque sus progenitores han caído por delitos de baja peligrosidad o que no son violentos, como el llamado micro narcotráfico, que en varias ocasiones, se confunde con el mero consumo. Esto coincide con el hecho de que estamos ante penalizaciones recientes, en concreto vigentes desde el 2005, cuando fue reformada la normativa antidrogas -la cacareada "ley 20.000"-, que considera que cualquier cantidad de sustancia prohibida, por insignificante que ésta fuese, es motivo suficiente para sospechar de su portador y por ende levantarle un proceso. En consecuencia, caen a la prisión, si no producto de una condena definitiva, sí debido a una prisión preventiva, que en determinados casos, que pueden pasar por un defensor incompetente o un fiscal poco interesado en acelerar la causa, se prolonga por muchos meses. Por una figura legal que, insisto, no demanda una protección extra por parte de la sociedad, pues esta clase de vendedor de estupefacientes no tiene gran poder dentro del mundo del hampa, por lo que no requiere de sicarios que maten a sus rivales o lo defiendan de eventuales ataques a su patrimonio, y sólo lleva a cabo su comercio con quienes compran la mercancía por propia voluntad.

Además, que se trata de un sujeto que se involucra en un delito por simple necesidad, y en este caso no se trata del manido discurso que busca comprender la actitud de los malhechores. Porque la prueba está en las bajas cantidades de sustancia que transa, y en el nulo interés que tiene en escalar mayores posiciones dentro de este submundo. Muchos micro traficantes ocasionales en un determinado momento quedan cesantes y con hijos que mantener, y ante la posibilidad que éstos vayan a buscar el sustento en otras actividades reñidas con la legalidad, pero que ya generan una sensibilidad social más alta -por ejemplo el robo-, deciden dedicarse a esto de manera temporal, para abandonarlo cuando se han vuelto a estabilizar laboralmente. Pues bien: tal cadena se ha cortado con estas nuevas y claramente exageradas imposiciones judiciales que, por otro lado, sólo contribuyen al hacinamiento de las cárceles. Luego, los menores se quedan solos, se ven forzados a trabajar o, en la mayoría de las situaciones -porque nadie emplea a un ex convicto ni a sus descendiente- a delinquir por cuenta propia. Y cuando los progenitores salen en libertad, lo hacen con un roce más acabado con el mundo del hampa, del cual aprenden técnicas y tácticas que los insertan de manera abierta en actividades más reprobables.

Por su parte, los chiquillos han aprendido lo propio en los centros de reclusión para menores, por lo que ya tenemos una familia unida en la experticia del delito, y el resentimiento hacia un sistema que sólo les ofreció el encierro cuando le pidieron ayuda -en el instante en que de verdad requerían de esa ayuda-, siendo que su intención no era destruirlo, sino sobrevivir dentro de él. Y las listas de tipos peligrosos se engrosan diariamente, gracias a una iniciativa hecha a gusto de los bienpensantes y de quienes buscan quedar bien con su conciencia pero del mismo modo mantener su poder -la ley 20.000 condena el narcotráfico minorista, propio de los pobres; pero no hace lo propio con el lavado de dinero, actividad propia de los ricos y de los más acuadalados negociadores de droga-. Y atención, porque se pretende fallar una ley antipiratería que pondrá a los vendedores de libros y discos en cuneta al mismo nivel que estos vendedores, con lo cual el número de adultos detenidos y de niños abandonados aumentará significativamente. Preparémonos para los muchachos dequiciados que nos acecharán y para los magistrados y legisladores igualmente enajenados que de seguro, ya están ideando la manera de meter a tantos ciudadanos, como esos vehículos viejos que son compactados y reducidos a pequeñas cajitas en los cementerios de automóviles.